1282 Combate naval de Nicotera

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Combate naval de Nicótera 14 / X / 1282



Este combate casual tuvo lugar en el golfo del mismo nombre, entre una escuadra de galeras sicilianas y aragonesas, contra una superior en número y fuerza de angevinas, compuesta a su vez por galeras napolitanas, provenzales y güelfas, el 14 de octubre de 1282.

Al producirse el 31 de marzo de 1282, la denominadas «vísperas sicilianas», comenzó una larga guerra, entre las casas reinantes en Aragón y de Anjou.

A lo largo de esta contienda se sucedieron varios encuentros navales, en los que la escuadras de Aragón, consiguieron el dominio del mediterráneo occidental, como consecuencia del esfuerzo realizado por la corona y el sacrificio de sus habitantes.

Carlos de Anjou, al suceder la sublevación en Sicilia, dispuso que sus fuerzas, que se estaban preparando para ir a enfrentarse contra el imperio de Bizancio y que se estaba concentrando en Nápoles, las hizo trasladar a Reggio, de donde zarparon, llegando a Messina y bloqueándola el 25 de julio, por lo que sus habitantes decidieron enviar emisarios al rey de Aragón don Pedro III; una noche consiguieron forzar el bloqueo los embajadores y se presentaron ante el Rey, rogándole les prestara el socorro necesario.

Convencido el Rey de la buena voluntad de los emisarios, ordenó se preparara una escuadra para tal propósito, por lo que en un corto espacio de tiempo se consiguió tenerla dispuesta, zarparon al mando de Ramón Marquet y Pedro de Queralt, llegando al puerto de Palermo el 4 se septiembre, por lo que en poco más de cuarenta días, habían salido los embajadores, hablado con el Rey y éste ordenar la expedición y ésta llegar a Palermo, todo un record de comunicación y rapidez, para la época.

La armada aragonesa estaba compuesta solo por veintidós galeras, pero eso si, con tripulaciones escogidas, era muy inferior en número a la angevina, pero sin preocupar en demasía tal desproporción, se hicieron a la mar y se presentaron el 9 de octubre, a muy poca distancia del puerto.

Al ser avistada la escuadra aragonesa, por los angevinos que permanecían en el puerto de Messina, podían haber atacado por su mayor número a la enemiga, pero nada hicieron al respecto y se mantuvieron en sus posiciones, quizás pensando que su mayor número frenaría a los aragoneses y que estos no se atreverían a atacarles.

Ante la pasividad de sus almirantes, Carlos de Anjou dio orden de levantar el sitio lo antes posible, pues pensó que aquello era una avanzada de la verdadera escuadra enemiga, así que unido a estás prisas, abandonaron en el campo todo lo que no podía embarcarse rápidamente, consiguiendo cruzar el estrecho y refugiarse en tierras calabresas.

Los habitantes de Messina, ante la llegada de Carlos de Anjou, consiguieron esconder quince de sus galeras y lograr con ello que no fueran destruidas o capturadas, por lo que al entrar la escuadra aragonesa, se unieron a ellas aumentando considerablemente el número, decidiendo situarse en crucero en el mismo estrecho de Messina, para prevenir cualquier nuevo ataque.

El 11 de octubre, estando en esta misión, las galeras aragonesas comenzaron la caza de un convoy enemigo, lo que les llevó a las mismas aguas del puerto de Reggio, en él se encontraba la escuadra angevina, que con sus setenta y dos galeras se encontraba allí fondeada.

Al ver Marquet y Queralt, la escuadra enemiga, comenzaron a desfilar por delante del puerto, en clara alusión a que salieran a combatir, permaneciendo durante todo el día en esta actitud, pero los angevinos, mermados de brazos para maniobrar con sus naves, no les hicieron caso, ante esta pasiva actitud los almirantes aragoneses, decidieron poner rumbo a Messina.

El 14 de octubre, zarparon del puerto de Messina dieciséis galeras aragonesas, para sus acostumbrados cruceros de protección, estando al mando de Queralt, cuando al llegar a unas cuarenta millas del puerto de Reggio, estando en las aguas del golfo de Nicótera, se avistó a una gran fuerza naval de los angevinos, que habían zarpado de Reggio con rumbo a Salerno, con la intención de completar el armamento y las dotaciones de que tan escasos estaba.

Esto lo hicieron ese día, porque suponían que el fuerte viento de levante reinante en esa fecha, impediría hacerse a la mar a las galeras aragonesas, sin caer en la cuenta, que las galeras a remo, eran algo más libres en su navegación que la marcada por el capricho del dios Eolo.

Sin tener en cuenta la diferencia del número, pues eran cuarenta y cinco las galeras angevinas, lo que significaba casi el triple de su fuerza, Queralt, confiando en la excelente preparación de sus tripulaciones y su mejor adiestramiento, se decidió a lanzarse en su persecución, lo que obligó a las angevinas, a forzar de remo para no ser alcanzadas.

Pero esta forzada marcha descompuso el orden de la escuadra enemiga, por lo que algunas de sus galeras en su loca huida, se dirigieron a la costa, lo que les llevó a que algunas de ellas vararan contra los arrecifes, mientras que otra cantidad de ellas, pusieron rumbo al golfo de Nicótera.

Viendo este desorden en la escuadra enemiga, Queralt, demandó un último esfuerzo a sus tripulaciones, por lo que si cabe aumentaron la velocidad de sus galeras, yendo en persecución de las que se dirigían al golfo, consiguiendo darles alcance antes de que las pudieran embarrancar y perderlas.

Estaba claro, que los enemigos no pensaron en ningún momento presentar combate, de hecho cuando alguna de las galeras era alcanzada, las tripulaciones angevinas se lanzaban al mar, intentando ganar la tierra a nado, siendo apresadas sin ningún tipo de enfrentamiento.

Solo cuatro galeras a sueldo de Carlos de Anjou, alquiladas a la República de Pisa, viéndose acorraladas presentaron combate, pero no eran enemigos de cuantía suficiente, dada la desproporción de galeras, esta vez a favor de las aragonesas, siendo el resultado su rápido abordaje y consiguiente hundimiento.

Del resto de las galeras, se pudieron apresar veintidós de ellas, ya que el resto fueron hundidas o deshechas sobre los arrecifes, a parte de no haber sufrido casi pérdidas las aragonesas, convirtiéndose en una de las memorables victorias de la Armada del reino de Aragón, todo gracias a la intrepidez, audacia y decisión del almirante Queralt.

Los bajeles capturados fueron remolcados, en ellos iban cuatro mil enemigos prisioneros, convirtiéndose en clamor de alegría su entrada en el puerto de Messina.

Llegando a realizarse, fiestas y torneos en honor al triunfador, pues no dejaba de ser una hazaña casi imposible de conseguir, con tan pocas unidades y lograr un éxito de tan gran magnitud, a tan bajo coste de vidas y materiales.

Esta y otras hazañas, fueron la que consiguieron que el reino de Aragón se adueñara del Mediterráneo por espacio de muchos siglos, contribuyendo con ello al temor que se les tenía en esa época.

Bibliografía:

Condeminas Mascarós, F.: La Marina Española (Compendio-Histórico). Barcelona. Editorial Apolo. 1923.

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Fernández Duro, Cesáreo. La Marina de Castilla. Desde su Origen y Pugna con la de Inglaterra, hasta la Refundición en la Armada Española. Madrid. 1894.

Montero Sánchez, Antonio.: Compendio de la Historia de la Marina Militar de España. Rivadeneyra. Madrid, 1900.

Salas y González, Francisco Javier.: Marina Española de la Edad Media. Imprenta Ministerio de Marina. Tomo I, 1925, 2ª Edición. Tomo II, 1927. Edición póstuma.

Zurita, Jerónimo.: Anales de la Corona de Aragón. C. S. I. C. Institución ‹Fernando el Católico› Zaragoza, 1967. Facsímil de la Edición Príncipe de 1562 y la mejorada de 1585.

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