1564 Toma del Peñon de Velez de la Gomera

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Toma del Peñón de Vélez de la Gomera



Esta posición es como su nombre indica, un islote rocoso y utilizado como presidio posteriormente, se le conoce también con el nombre de isla de San Antonio, está situado en el mar Mediterráneo en el norte de África, a ochenta y cinco metros de distancia de la tierra firme y frente a desembocadura del río Uadi Tameda ó La Rambla en lo que hoy es costa del reino de Marruecos.

Tiene una altura máxima de setenta y siete metros, y su longitud máxima es de doscientos veinticinco metros, y fue unido a una isleta contigua, con un puente de madera de ciento diez metros de larga por sesenta y cinco de ancha, siendo su posición con respecto al meridiano de Greenwich, en latitud Norte 35º 10’ 30’’ y en longitud Oeste de 4º 17’ 55’’.

Se conquistó por primera vez con acuerdo entre el rey de Portugal y el de Aragón don Fernando “El Católico”, por las tropas que al mando de don Pedro Navarro, lo lograron el día veintitrés de julio del año de 1509.

Después de varios intentos de reconquista por parte de los berberiscos, lo consiguieron por traición, pues le llevaron a una mujer, que consiguió asesinar al alcaide Villalobos, que era quien a su vez había dejado Navarro al frete de su resguardo, sucediendo esto el día veintidós de diciembre del año de 1522.

Por lo que volvió a ser utilizado como anteriormente, o sea el refugio de piratas y corsarios berberiscos, que tanto daño hacían en las poblaciones de las costas del Mediterráneo español, por ello el rey Felipe II, ordenó su reconquista en el año de 1563.

Por lo que durante el invierno y la primavera del año de 1564 se estuvo reuniendo la escuadra y los efectivos militares, que se habían puesto al mando de don García de Toledo y como segundo a Martínez de Leyva, la escuadra esta compuesta por noventa y tres galeras, más sesenta naves de trasporte, para llevar a seis mil españoles, dos mil alemanes y mil doscientos italianos.

La escuadra de galeras, se componía de las de España, el Papa, Doria, Malta y Toscana, que se había juntado al declarar el Papa, la guerra contra los infieles, con lo que la escuadra comenzó a salir a la mar, desde el puerto de Málaga, el día veintinueve de agosto del año de 1564.

Al poco de salir la escuadra, se le reunió otra del reino de Portugal, que así concurría a la llamada del Papa.

En la noche del 31 de agosto estaban frente a la costa, por lo que se retrasó el desembarco al día uno de septiembre, realizándolo en las playas de Alcalá, logrando en muy poco tiempo el poner a todos en tierra y con víveres para tres días.

Ya en tierra se organizaron, presentando combate y consiguiendo el tomar posesión de las Torres, prosiguieron el avance en dirección Este, se encontraron con alguna oposición de bandas rifeñas, que como siempre aprovechaban el terreno para evitar ser vistos, por lo que se envió a la caballería ligera al mando de don Juan Villarroel en su persecución, lo que despejó el campo de acción.

Al quedar libres de enemigos, se comenzaron los trabajos de fortificación de las Torres y con una buena fuerza de protección y defensa, una vez aseguradas se dirigieron a la Gomera.

Para toma de esta fortaleza, se organizó una fuerza al mando de Sancho M. de Leyva, con una vanguardia en la que formaban los caballeros de Malta, con las compañías de los tercios de Nápoles, a los que se sumaban cuatrocientos hombres desembarcados de las galeras de don Álvaro de Bazán, que consistían en dos mangas de arcabuceros, y a los que se sumaban un nutrido grupo de caballeros aventureros, que como siempre en busca de fortuna y bienes se habían unido a la expedición.

Al final de toda esta fuerza, iban el resto del ejercito, que trasportaban a brazo, por la aspereza del terreno, que impedía el que rodaran las piezas de artillería, que les llevaba mucho esfuerzo y dureza, pero no había otra solución que el llevarla en andas y entre todos, para poder atacar con suficiente fuerza a la plaza.

Consiguieron el sentar sitio a la plaza, y en poco tiempo la tomaron, sin sufrir grandes pérdidas, viendo el camino despejado, se reconoció el terreno y se vió que el mejor lugar donde asentar la artillería era en las crestas del Cantil, pues desde aquí se dominaba a toda la fortaleza del Peñón de Vélez de la Gomera, pero al mismo tiempo se descubrió un molino, que estaba en las crestas del Baba, por lo que decidieron el colocar allí otra batería.

El Peñón estaba a cargo del caid Kara Mustafa, el gran luchador que había vuelto a poner en aprietos al comercio del Mediterráneo, que pensaba que en aquel lugar estaba muy bien defendido y por lo tanto fuera de todo peligro de ataque, ya que había levantado más las murallas, que a su ves habían levanto los españoles y dándoles más grosos, por lo que suponía que soportarían mucho mejor los proyectiles de la artillería.

A su vez los sistema de espionaje ya le habían advertido de la preparación de la expedición, por lo que con tiempo suficiente, había llenado la fortaleza de todo tipo de vituallas, para poder soportar un asedio de un año, a parte de enviar emisarios al rey de Fez, su señor, para que éste se presentará cuanto antes con fuerzas suficientes para desalojar a los cristianos de su posiciones o las que pudieran tomar.

Al terminar de tomar posiciones los españoles, los oficiales se pusieron a inspeccionar el peñón, para analizar por donde se podía llevar a efecto el ataque, pero ante ellos se presentaba un peñasco, que parecía un erizo en cuanto a defensas y con multitud de obstáculos, lo que le hizo razonar que: «Pareciendo a muchos oficiales que era intento temerario tomar una fortaleza de tan singular asiento y que parecía inexpugnable.»

A su vez las correrías de los musulmanes, les impedían incluso descansar, pues atacaba y se marchaban en forma de guerrilla, sólo con la intención de hacerles la vida lo más difícil posible y mermar su moral.

Pero Mustafa, desafiando en demasía a los cristianos, se dedicó a recorrer las costas del levante español, para conseguir más refuerzos, para los doscientos hombres que al mando del español renegado y pasado a las filas de los musulmanes Ferret, como defensa del Peñón, con lo que había debilitado mucho la capacidad de defensa.

Pero a pesar de todo los cristianos, supieron mantener a raya a los que les atacaban por tierra, pero al mismo tiempo y con la buena puntería de los artilleros, consiguieron en muy poco tiempo abrir varias brechas en las defensas del Peñón, sobre todo en una de ellas que quedaba algo más cerca, lo que ya daba paso a poder realizar un asalto definitivo, lo que significó un aumento en la moral de los efectivos atacantes.

Esto tuvo el efecto contrario en los defensores, pues ante la persistencia del ataque, la constancia en él y la buena puntería no pasaba día, en el que algún pedazo de muro se viniera abajo, esto les llevo a la convicción de más pronto o más tarde, el ataque se realizaría, y ellos eran muy pocos para enfrentarse a tan superiores fuerzas, a parte de que desde Fez no daban señales de acudir en su apoyo, por lo que determinaron ir abandonado el peñón a escondidas.

Por ello y al frente de sus fuerzas, el renegado Ferret, aprovecho la nocturnidad para conseguir llegar a tierra, con la mayoría de sus fuerzas, mientras que otro renegado, esta vez al contrario, se entrevisto con Doria, al que puso en su conocimiento, que la fortaleza estaba prácticamente abandonada.

Por ello Juan Andrea Doria, escogió a doce de sus hombres más cercanos y cruzando el terraplén entre el peñón y la playa, acercándose a la puerta de la muralla, donde fue recibido por un oficial turco, que no se opuso a que pasase, lo único que le pidió es la Gracia para él y sus veintisiete hombres que quedaban en todo el Peñón, y que se habían quedado por la escapada nocturna de su propios compañeros, que los habían dejado solos de una forma tan cobarde.

De esta forma tan sutil y silenciosa se reconquistó el Peñón, la entrada oficial de las fuerzas españolas fue el 5 de septiembre de 1564, consiguiendo un buen botín de artillería ya que se había quedado toda y que consistía en veinticinco cañones, con toda su munición y víveres para mucho tiempo.

Al reconocer don García de Toledo las fortificaciones, lo primero que ordenó fue el comenzar a reparar los daños recibidos, al terminar estos, dejó de guarnición a mil seiscientos hombres, mientras el resto reembarcaba con todos sus bastimento de guerra, que resultó como a su llegada muy cansado.

Pues estando a mitad del trabajo, llegaron desde Fez las tropas que enviaba el Rey, pero ya llegaban tarde para socorrer a los suyos, por lo que tuvieron que ponerlos en fuga y al mismo tiempo cargar los bastimentos en las naos de carga, para ello se iban turnando las fuerzas en una u otra labor.

Una vez el enemigo en fuga y todos a bordo, se hicieron a la mar con rumbo a Málaga, donde arribaron algo cansados, pero muy contentos por la forma tan fácil en que se había conquistado la fortaleza, que a simple vista parecía inexpugnable, pero ya se comenzó a demostrar, que una buena preparación artillera del terrenos a conquistar merma las fuerzas materiales y sobre todo las morales del enemigo, lo que deja en franquicia las puertas de la victoria y ahorra muchas vidas.

A su desembarco, el jefe de la expedición don García Álvarez de Toledo, se le otorgó el virreinato de Sicilia.

Desde ese día hasta hoy, y a pesar de haber sufrido nuevos ataques a lo largo de los siglos, como el de Muley Amet con diez mil hombres en 1680, más otro en 1701, con catorce mil hombres, al mando de Muley Sidam, siendo estos los más considerables, hubieron muchos más, pero a pesar de todo ello la bandera de España, no ha dejado de ondear en la cima de la muralla del Peñón de Vélez de la Gomera.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. sin iniciales del compilador.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 67, 1929, paginas 693 a 696.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid, 1973.

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