1568 Estalla la guerra en Flandes

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1568 Estalla la guerra en Flandes



Al estallar la guerra en Flandes en 1568, don Sancho Dávila estaba al mando de sus tropas enfrentándose al conde Hochstraete a orillas del Mosa, donde le venció. En el posterior combate librado en Quesnoy resultó vencido y herido.

Se repuso rápidamente acudiendo en socorro de la ciudad de Middelburg por hallarse sitiada, para ello reunió treinta charrúas (buques planos y de poco calado, pero de mucha manga para poder navegar por los canales) armando algunas de ellas, para llegar aprovechó la marea vaciante que le daba más velocidad consiguiendo coger por la retaguardia las posiciones enemigas, las cuales fueron conquistadas y desalojadas de ingleses, tomando las plazas de Rauma y Ramekens.

Se repararon los destrozos de la guerra en ambas posiciones y con diez de las charrúas se puso con rumbo a Amberes, aquí se encontró con una fuerte oposición pues los enemigos disponían de treinta naves iguales, pero no se arredró y consiguió vencerles, sobre todo al darle fuego a la capitana enemiga causando el típico desconcierto en sus filas.

El siguiente año, los orangistas atacaron de firme las dos poblaciones conquistadas de Rauma y Ramekens, donde de nuevo acudió a socorrerlas, el enfrentamiento se prolongo desde las diez de la mañana hasta las tres de la tarde, cuando en ese momento se encontraban a la altura de Flessinga.

En ese momento los orangistas fueron reforzados, obligando a Sancho a ceder terreno, pero para evitar un desastre retrocedía dando siempre la cara al enemigo, esta táctica le permitió alcanzar Amberes y protegerse.

Volvió a reorganizar sus fuerzas navales consiguiendo reunir veintidós galeones y doce charrúas pero de las más grandes, le dio el mando de la vanguardia a Juan Martínez de Recalde regresando para intentar llevar los socorros a la ciudad de Rauma.

Sufrieron un duro y sangriento combate con los orangistas, se perdieron dos de los galeones cargados con víveres, pero lograron meter en la ciudad el resto de sus fuerzas, con la perdida de cuatrocientos hombres y él herido por la explosión de un barril de pólvora.

Los buques se refugiaron acoderados a la misma fortaleza, pero los enemigos intentaron pegarles fuego con brulotes, como esta forma de actuar era conocida por Sancho, por prevención había ordenado formar una primera línea de defensa con los botes de los buques y estos se encargaron de ir desviando a los voraces artefactos flotantes, por ello le supuso al enemigo un total fracaso.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Sin iníciales del compilador.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 6, 1909 página 1297.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Parker, Geoffrey.: El ejército de Flandes y el Camino española 1567-1659. Traducido por Rodríguez Alonso, Manuel. Alianza Editorial. Madrid, 2000.

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