1600 Combate del galeon San Diego en Manila 14 / XII

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1600 Combate del galeón San Diego en Manila 14/XII


Combate naval ocurrido a la entrada de la bahía de Manila entre dos buques españoles al mando de don Antonio de Morga y dos holandeses al mando de Olivier van Noort. La victoria fue española, pero acabó con la tragedia del hundimiento del galeón San Diego y el asesinato de más de doscientos españoles por parte de los holandeses.

Este combate tiene sus prolegómenos en las Provincias Unidas holandesas cuando se organiza una expedición por los comerciantes de Rotterdam y Amsterdam, que entregan el mando a Olivier van Noort con la misión de abrir nuevas rutas comerciales en el Pacífico, además de atacar los puertos y los buques españoles que encontrara en su ruta.

La flota de Noort estaba compuesta por el Mauritius, navío insignia de doscientas setenta y cinco tn., el Hendrik-Frederik, de trescientas cincuenta tn. y los más pequeños de cincuenta, tn. Eendracht y Hope.

Zarpó la escuadra de Amsterdam el día trece de septiembre del año de 1598. Llegaron al estrecho de Magallanes, pero debido a las tempestades y otros contratiempos tardaron más de catorce meses en entrar en el Pacífico después de su partida.

Siguiendo la costa chilena hacia el norte consiguió capturar a dos pequeños mercantes sin mucho valor. Las autoridades españolas estaban alerta y los españoles organizaron la defensa. Los problemas para el holandés se incrementaron al sufrir la pérdida del Hendrik-Frederik y Hope, a lo que se añadió las enfermedades de los largos viajes, más los variados problemas internos.

Llegado a la altura de Perú van Noort decide atravesar el océano Pacífico en busca de más fortuna, llegando a las Marianas en septiembre del año de 1600, donde en la isla de Guam repone lo necesario y entra en Filipinas por el estrecho de San Bernardino en octubre de 1600. Con varias argucias, de hecho se hacía pasar por francés con permiso del Rey de España para comerciar libremente, consigue hasta un nativo que con sus indicaciones le permite llegar hasta las inmediaciones de Manila.

Van Noort sabía que con sólo dos naves y ciento cincuenta hombres no podía tomar Manila pero apostado a la entrada de la bahía podía capturar a los numerosos juncos y champanes chinos que entraban en el puerto cargados de mercancías o incluso apoderarse de algún galeón español.

El gobernador español de Filipinas, don Francisco Tello, disponía de pocas defensas, además de haber enviado hombres y armas en una expedición de castigo contra los piratas moros de Mindanao. Aunque sabían que las intenciones del enemigo no eran atacar Manila, su bloqueo podía resultar desastroso. No había más remedio que armar una flota y salir al encuentro del enemigo.

En Manila se encontraba don Antonio de Morga, consejero y lugar teniente general del gobernador, en asuntos de gobierno y guerra. Por desgracia las relaciones entre ellos no eran buenas, acusándose mutuamente en cartas al Rey de corrupción y difamación.

En Cavite se encontraba el galeón San Diego, a la espera de la buena estación para partir hacia Acapulco. También estaba un patache portugués, el San Jacinto que había llegado de las Molucas. Había dos galeras en construcción y un pequeño buque de cincuenta toneladas que estaba casi terminado en el arsenal de Cavite, el San Bartolomé.

Para armar esta flota se encargó a don Juan Ronquillo del Castillo, pero Morga le acusó de no hacer nada y el gobernador le hizo detener, proponiéndose el mismo Morga como encargado de armar estos buques, mientras para organizar la defensa terrestre se nombró a don Cristóbal Téllez.

Morga requisó el San Diego que pertenecía a los comerciantes Luis de Bellver y Anton Thomas, era de trescientas tn. y construido en la isla de Cebú. Para armarlo se cogieron cañones de los fuertes de Manila, quedando con 14 cañones de bronce, de los cuales sólo dos eran de a 12 libras, un "sacre" de a 8, tres de a 5 libras, tres de a 3 libras y cinco pedreros o falcones.

El San Bartolomé fue terminado rápidamente, armado con 10 cañones y puesto al mando de don Juan de Alceda, mientras el patache portugués se puso al mando del capitán don Esteban Rodríguez Pérez.

Los holandeses contaban con el Mauritius armado con 24 cañones y unos cien hombres y el Eendracht con 10 cañones y cuarenta hombres. Los buques holandeses eran más fuertes, veloces y marineros, además de superar a los españoles en una artillería de mayor calibre y dotaciones mejor preparadas.

El 11 de diciembre de 1600 comenzó el embarque de los oficiales, tropa y marinería. En total el San Diego debía contar con unos cuatrocientos cincuenta hombres, demasiados para una nave tan pequeña. La responsabilidad de Morga era enorme. Una derrota significaría la posible pérdida de las Filipinas para España y una victoria era ocasión de distinguirse ante su rey.

Recibe instrucciones del gobernador de atacar sin demora a los holandeses y si huyen perseguirlos hasta el estrecho de Malaca, donde debían esperar hasta junio los vientos favorables para el retorno. Se estaba esperando de Acapulco al galeón Santo Tomás y se debía impedir su captura, por lo que Morga zarpa el día doce de diciembre. Tenía órdenes de atacar la nave insignia holandesa, desentendiéndose de la pequeña Eendracht.

En la madrugada del día catorce de diciembre son avistadas dos naves enemigas ancladas en la entrada a la bahía de Manila. Pese a las andanadas del enemigo, el San Diego se acerca y aborda al holandés, sabiendo Morga que su única baza está en su mayor número de hombres.

Con un fuerte choque que hace escorarse a la nave holandesa, los españoles barren la cubierta con sus disparos y unos treinta hombres al mando de un alférez lo abordan se apoderándose de la cubierta, del castillo y la toldilla. Los holandeses no viendo otra salida se refugiaron bajo cubierta solicitando la rendición.

Después de seis horas de combate, se descubre una vía de agua en el San Diego, mientras se produce un incendio en el Mauritius. Morga decide cortar las amarras que los unen con la intención de llegar a una isla cercana.

La vía de agua era tan grande que no consigue llegar a la isla de Fortuna a tan sólo dos leguas y el San Diego se hunde. Sólo cien hombres logran llegar a nado a la isla. Mientras tanto la mayoría de los náufragos pidieron auxilio a los holandeses, que habían controlado el incendio.

Noort ordenó disparar contra los españoles que le pedían ayuda, por lo que doscientos cincuenta hombres fueron apaleados al intentar abordar el buque, el resto recibió una lluvia de proyectiles que fueron efectuados tanto por la artillería como con los mosquetes. No tentando más a la suerte, el holandés decidió alejarse lentamente con las velas del trinquete, las únicas que le habían quedado medio sanas.

¿Pero que había sucedido con el San Bartolomé? Habiéndose retrasado llegó al combate cuando los españoles eran dueños de la situación. La fragata abandonó el lugar, desobedeciendo así a Morla, para dar caza al Eendracht que intentaba huir. También en esta ocasión los españoles abordaron al holandés y lo capturaron cuando el capitán Viesmann se rinde. El capitán Alceda tuvo sólo dos muertos y algunos heridos.

Cuando regresaba con su presa se cruzó con el holandés que se alejaba, pero el capitán Alceda, satisfecho con lo conseguido, se desentendió y entró en Manila. La victoria fue española, pero a un alto costo.

Hasta aquí el relato oficial de los hechos. La realidad parece que fue otra y que don Antonio de Morga cometió demasiados errores, debido quizás a su desconocimiento de las cosas de la mar. El primer error fue dejar al San Jacinto en el cual podían haber embarcado parte de la abarrotada cubierta y puentes del San Diego.

El desorden a borde del galeón español era indescriptible, con sus casi quinientos hombres a bordo. Morga no podía poner remedio y no daba órdenes a sus oficiales. En su mente sólo había una cuestión, capturar lo antes posible al holandés. Se desentendió de varios consejos para añadir lastre y así hacerlo más equilibrado.

Morga zarpó de noche sin dar aviso al San Bartolomé que lo hizo una hora más tarde justo al amanecer. Con los primeros disparos del holandés, ordena responder, pero no ocurre nada. La causa es que el navío estaba demasiado cargado y entraba agua por la boca de los cañones, disparándose sólo con varias piezas dispuestas en el puente.

Ante el duro castigo que le hacía la artillería enemiga decide abordarlo sin esperar la llegada del San Bartolomé. El contramaestre le dice que debe reducir vela, pero Morga ordena que no se recojan y arremete de frente, produciendo un choque violento.

Cuando varios grumetes vuelven con los estandartes enemigos para entregárselos a Morla, le encuentran en el puente rodeado de colchones, pálido y postrado. En el buque holandés hay trescientos españoles esperando órdenes para perseguir al enemigo bajo los puentes. Mientras tanto llega el buque de Alceda y dispara al holandés por el otro costado, pero algunos españoles le piden que cese el fuego al estar ya capturado y el propio secretario de Morga le ordena perseguir al Eendracht.

Morga permanecía mudo no daba ninguna orden y los holandeses se percatan de ello. A las cinco horas del abordaje se corre el rumor de haberse abierto una vía de agua, causada por la violencia del choque o un cañonazo del holandés. La cantidad de objetos que se encontraban desperdigados en la bodega impedía controlar la avería, por lo que el español estaba sentenciado.

La primera orden de Morga después de varias horas es que corten las amarras. Varios oficiales y el jesuita Diego de Santiago (había tres sacerdotes) le dicen que antes de cumplir esa orden hay que apoderarse completamente del buque holandés y pasar todos los hombres al Mauritius, pues era la única posibilidad de salvación.

Según el propio Morga había sido el último en saltar al agua, pero los testigos afirman que fue de los primeros y alcanzó una balsa, eso sí, llevando como trofeo los dos estandartes que le habían entregado.

El asunto prometía escándalo. En una canoa indígena se dirige Morga a Manila para presentar su informe antes de que llegara el capitán Alceda, convirtiéndolo en la versión oficial. El gobernador, sabiendo que había cometido una imprudencia al nombrarlo almirante, le apoya, pero no puede evitar el escándalo cuando los testigos que han sobrevivido hablan.

Tristes hechos en los que se mezclan las ambiciones personales con la historia de hombres que entregan su vida por su Rey y su Patria. Lo cierto es que Antonio de Morga consiguió ser nombrado en el año de 1603 Presidente de la Audiencia de Méjico. Una “graciosa” sic. culminación a su “brillante carrera” sic. De mayores cosas se verán en nuestra Historia.

Mientras tanto Olivier de Noort consiguió llegar al estrecho de Malaca y arribó finalmente a Rotterdam el día veintiocho de agosto del año de 1601, consiguiendo con ello dar la vuelta al mundo.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1895-1903.

Fernández Duro, Cesáreo.: Disquisiciones Náuticas. Madrid, 1996.

Fernández Duro, Cesáreo.: Naufragios de la Armada Española. Establecimiento tipográfico de Estrada, Díaz y López. Madrid, 1867.

Rivera Díaz, Johanna Andrea.: Restauración y conservación de metales arqueológicos submarinos: plata y bronce. Objetos provenientes del naufragio del galeón San Diego. Universidad de Chile, 2004.

Rodríguez González, Agustín Ramón.: El primer y único combate del San Diego. Revista Española de Defensa, diciembre 1999, nº 142.

Compilada por Santiago Gómez Cañas.

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