1610 Primer combate naval de Playa Honda 24 / IV

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Primer combate naval de Playa Honda. 24 / IV / 1610



Al poco de llegar a las islas Filipinas, en 1609, el nuevo gobernador don Juan de Silva, que tomó posesión el 15 de abril de ese año, se encontró con el grave problema de los holandeses y sus ataques en todas las posesiones españolas y portuguesas. Llegó acompañado de cinco compañías de infantería y una actitud beligerante.

Al mismo tiempo llegó a las Indias Orientales una fuerte escuadra holandesa. En ese año de 1609 habían llegado las dos naciones a una paz poco duradera, sólo doce años, hasta 1621. Tuvo efecto en Europa, pero no en oriente y en el océano Pacífico. Compuesta de 13 buques de guerra, 225 cañones y 2.800 hombres, la escuadra holandesa salió de Texel el 22 de diciembre de 1607 al mando del almirante Pieter Willemsz Verhoeven para atacar a los portugueses y españoles. Combatieron a los portugueses en Mozambique, Sumatra y Johore. En febrero de 1609 se encontraban en Java. Tras la muerte de este comandante y otros oficiales el 22 de mayo de 1609 a manos de los nativos de Bantam (isla Banda, en la actual Indonesia), la escuadra se puso al mando del vicealmirante Wittert.

Con una escuadra de tres galeones y un patache intentaron en 1609 un desembarco en IloIlo, en la isla de Panay, de escasa guarnición, pero reforzados oportunamente por 300 soldados que el gobernador Silva destinada a Molucas al mando de don Fernando de Ayala. Tras ser derrotados, los holandeses, al mando del vicealmirante Francois de Wittert, se presentaron en la bahía de Manila para atacar la plaza el día 4 de noviembre de 1609.

Fondearon durante dos días a una legua de Manila. Al tercer día se hicieron a la vela dos galeones y el patache para reconocer las defensas de Manila y, al acercarse demasiado al puerto, hubo un intercambio de disparos sin consecuencias. Pocos días después desembarcaron los holandeses, embarcando poco después tras ser rechazados por las tropas españolas.

La escuadra holandesa quedó fondeada en Playa Honda, al norte de la bahía de Manila, desde donde controlaba la llegada de embarcaciones de comercio, de China, Japón, Macao e India. Permanecieron en esta situación unos seis meses, reforzados con la llegada de otro galeón de 16 cañones desde las Molucas. Los holandeses no pretendían ocupar Manila, su estrategia de ahogar la economía de Filipinas era más lucrativa.

Silva poco podía hacer con sus escasas fuerzas, sólo disponía de 800 soldados, un viejo galeón excluido, cuatro pequeños galeones sin valor militar y algunas galeras. Durante estos meses, los españoles pusieron en estado de combate a varios buques, fundieron cañones para la escuadra con las campañas de las iglesias y la clavazón con las rejas de las ventanas. El gobernador mandó construir una galera y un galeón en Marinduque, astillero encargado de construir buques mercantes, y situado a 40 leguas de Manila. Otra galera salió con jarcias y pertrechos destinados al galeón en construcción, pero ya de vuelta se sublevaron algunos tripulantes chinos y se apoderaron de la nave, matando a varios españoles, entre ellos a su capitán Cardoso. Para reemplazarla, Silva ordena la construcción de otra galera, que se hizo en tan sólo dos meses.

Al comenzar el mes de abril de 1610 regresaron los holandeses a la bahía de Manila para reconocer de nuevo las defensas españolas. Regresaron a su fondeadero para continuar su lucrativa captura de mercantes indefensos, persuadidos de la debilidad de los españoles. Los holandeses no habían descubierto los preparativos defensivos de los españoles. Sin conocimiento del enemigo, llegó a Cavite el galeón construido en Marinduque, que se llamaría San Juan Bautista. Con todos los buques disponibles, el gobernador Silva se dispuso a atacar al enemigo.

El 21 de abril de 1610 se hizo a la vela la escuadra española con el galeón capitana San Juan Bautista, en la que embarcó el mismo gobernador como general de la escuadra, el galeón almiranta Espíritu Santo, al mando de don Francisco de Silva, sobrino del gobernador, tres pequeños galeones o pataches, dos galeras, dos galeotas, 4 fragatas mercantes con bastimentos y otros buques menores. En total embarcó unos 70 cañones y casi 800 hombres.

Al amanecer del 24 de abril encontró a la escuadra holandesa fondeada en Playa Honda con sólo tres galeones, el cuatro a unas leguas de distancia y el patache en alta mar buscando nuevas capturas. El comandante Wittert, creyendo que los buques españoles estaban mal armados y eran muy viejos, levó anclas y se acercó a la escuadra española. En las siguientes dos horas se impuso el mayor calibre de los cañones españoles. Tras la muerte de Wittert se rindió la capitana holandesa. La almiranta holandesa se acoderó a la almiranta española y, tras un duro combate, rindió a la holandesa. Los pataches españoles atacaron al tercer galeón holandés Aigle, que Fernández Duro llama León de Oro, al que pegaron fuego, quedando varado en la costa. Después de otras cuatro horas de combate, se acercó el cuarto galeón holandés. Viendo que la batalla estaba perdida se alejó del combate perseguido por dos galeones españoles.

La noticia de la victoria española llegó a Manila la mañana del 27 de abril. Los españoles tuvieron 153 muertos (30 marineros y 70 soldados según Fernández Duro) y 70 heridos, de los que murieron algunos en los días posteriores a la batalla. De los holandeses se conoce que tuvieron al menos 85 muertos y 120 prisioneros en las dos naves capturadas.

El botín conseguido fue enorme, dinero, joyas, sedas, 70 cañones, municiones, pertrechos de jarcia, hierro, clavazón y otros géneros que fueron bien recibidos en los almacenes reales, importando todo unos 500.000 pesos. También se pudo recapturar varios buques que tenían presos los holandeses y liberar a numerosos españoles presos en los buques capturados.

Bibliografía:

A.H.N. Diversos-Colecciones, 26, N. 19. Relación de la victoria sobre corsarios holandeses en Manila. Sevilla, 1611.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tomo III. Museo Naval. Madrid, 1973.

Fulgosio, Fernando.: Crónica de las islas Filipinas. Rubio, Grillo y Vitturi Editores. Madrid, 1871.

Más, Sinibaldo de.: Informe sobre el estado de las islas Filipinas en 1842. Tomo I. Madrid, 1848.

Pérez Rosales, Laura, Der Sluis, Arjen van.: Memorias e historias compartidas. Intercambios culturales, relaciones comerciales y diplomáticas entre México y los Países Bajos, siglos XVI-XX. Universidad Iberoamericana. México, 2008.

Suárez Fernández, Luis.: Historia general de España y América: América en el siglo XVII. Tomo IX. Ediciones Rialp. Madrid, 1990.

Compilada por Santiago Gómez.

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