1625 Ataque anglo-holandes a Cadiz

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1625 Ataque anglo-holandés a Cádiz



El 1 de noviembre de 1625 se presentó una escuadra combinada de holandeses e ingleses, (con diferencias en el número según autores), no bajaba en total del centenar de naves transportando un ejército de diez mil hombres.

Por los repetitivos ataques a esta ciudad desde 1598 se había ido reforzando sus defensas, construyendo unas nuevas y las existentes aumentado su poder de fuego con más piezas de artillería, en la bahía tenían como base las galeras de España, en esta ocasión eran doce al mando del duque de Fernandina, don García Álvarez de Toledo Osorio y la escuadra de galeones de la Guarda del Estrecho, la cual en éste momento disponía de catorce unidades al mando de don Roque Centeno.

Óleo representando la reunión de los mandos españoles para repeler el ataque anglo-holandés a Cádiz.
Los mandos españoles por Zurbarán
Cortesía del Museo del Prado. Madrid.

Por orden de los dos jefes y viendo la superioridad enemiga, decidieron poner a resguardo sus respectivas escuadra, trasladándolas a La Carraca, al mismo tiempo se avisó al duque de Medina Sidonia, a la sazón capitán general de la guarda de Andalucía.

A su vez las dotaciones de los buques formaron la primera línea de defensa, retrasando con sus fuegos todo lo que pudieron a los enemigos, de forma que dieron tiempo a la llegada de refuerzos, quienes poco a poco se iban incorporando procedentes de las fuerzas del ejército, consiguiendo formar una autentica muralla infranqueable.

Los enemigos desembarcaron muy rápidamente al lado del fuerte de Puntales, pero al ver las fuerzas que les esperaban estuvieron dubitativos a pesar de ser superiores, pero nada más poner pie en tierra fueron recibidos con descargas cerradas de arcabuces, causándoles grandes pérdidas, esto todavía les hizo dudar más y en vez de mirar a los españoles se miraban entre ellos, este detalle visto por su jefe lord Wimbledon, le forzó a tomar la decisión de convocar Consejo de Guerra, acordándose realizar el reembarque pues las esperanzas depositadas en la sorpresa, no fueron tales y al parecer esto les acobardó, cuando daban por segura la victoria pero se había trocado; precisamente al estar todas las dotaciones de los buques, la reacción fue mucho más rápida en formar y proteger la zona, con esta circunstancia no contaban los enemigos siendo la causa principal de abandonar el terreno y las aguas.

A todo esto se sumó el fuego de los diferentes castillos y fortalezas, causándoles la pérdida de al menos cincuenta buques a los ingleses y otros doce a los holandeses, con sus consiguientes bajas en la dotaciones siendo varios miles. No es de extrañar que ante semejante recibimiento quedaran desalentados a las primeras de cambio. Y es que siempre España no ha perdido.

En un alarde de valor don Roque ordenó regresar a los buques sus dotaciones, consiguiendo en muy poco tiempo dar la vela, cuando los enemigos comenzaban a abandonar la bahía, en su huida se apoderaron de once carabelas de transporte estando fondeadas dándoles remolque, al ver los anglo-holandeses la salida de la escuadra española bien formada acortando la distancia por minutos y ellos en su desordenada marcha, para no caer en manos españolas decidieron abandonar las presas para poder huir más rápidos.

Ante esta reacción don Roque Centeno se dio por satisfecho al poder ir represando todos los buques, a los que trasbordaron pilotos y marineros, regresando con ellos a sus puntos de fondeo, llevándose una gran acogida por el pueblo y el agradecimiento sobre todo, de los capitanes y mercaderes que en ellos tenían sus intereses.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

O‘Donnell y Duque de Estrada, Hugo.: Los Álvarez de Toledo el Mar. Junta de Castilla y León. María del Pilar García Pinacho (Ed.) Los Álvarez de Toledo Nobleza viva. 1998.

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