1638 Fuenterrabia combate contra franceses

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1638 Fuenterrabía combate contra franceses



Francia declaró la guerra a España y en poco tiempo su ejército, de unos veinte mil hombres a las órdenes del príncipe de Condé, atravesó el Bidasoa el 1 de junio de 1638 invadiendo casi inmediatamente Guipúzcoa, haciendo hincapié especial en Fuenterrabía la cual por sus defensas, fue sitiada por tierra y mar con una escuadra de sesenta y cuatro buques, al mando del arzobispo de Burdeos, el famoso marino francés Henri Escoubleau de Sourdis. La escuadra bloqueadora estaba compuesta por 44 galeones gruesos, de ellos el principal e insignia de ella, La Couronne de dos mil toneladas siendo prácticamente el mayor construido y otro de los grandes era Le Vaisseau du Roy de mil; aparte de dos pataches, cuatro urcas, doce buques de transporte y otros doce brulotes. En palabras del mismo don Antonio de Oquendo, al ver sobre todo a los más grandes dijo: «nunca me había visto así en la mar»

Dada la situación se recibieron órdenes en Coruña de hacerse a la mar, por ello Hoces cumplió la orden y navegando pegado a la costa, con permiso Real iba incorporando otros buques a su escuadra, para poder arribar a Guetaria y establecer en ella la base de operaciones de la escuadra. Sabedor de la superioridad de los franceses y que de seguir sería una pérdida total de ella, decidió convocar consejo de capitanes en su galeón, pero todos decidieron había que cumplir las órdenes Reales, oídos todos ellos se decidió ir a buscar el combate sin ningún miedo; fue informado que Pasajes había quedado limpia de enemigos, decidiendo intentar arribar a este puerto para estar más cerca del enemigo y de su base, pero una vez más en nuestra historia el dios Eolo no lo consintió.

Provocando encontrarse en la mar sin resguardo y sin poder navegar a donde él quería, para poder al menos jugar sus bazas, no siendo muchas pero no les sería tan fácil a los enemigos derrotarle. Así la situación le forzó a tomar la decisión de acercarse lo más posible a la costa formando su escuadra «en fortaleza»; desembarcó la artillería por quedar «ciega» al dar solo una banda, posicionándola en la costa para proteger sus alas.

Viéndose tan apurado envío emisarios al capitán general del ejército, para ver si le podía enviar tropas y artillería para reforzar la suya, pero no pudieron llegar a tiempo. Informado el príncipe francés de la situación y composición de la escuadra española decidió ir a combatirla presentándose el 20 de junio, con trece de los más grandes galeones de su escuadra, quienes viendo la disposición de la española, fondearon igualmente a distancia de un tiro de cañón. Comenzando el combate, pero dada la superioridad artillera gala, estos iban causando grandes daños en los españoles, porque además prácticamente no se desperdiciaba disparo ninguno, por la formación adoptada para la defensa y a pesar de los cañones instalados en tierra, quienes efectuaban mucho y certero fuego, no se podía de ninguna manera compensar el recibido.

Al ver los franceses el poco fuego que recibían y para terminar de arreglarlo se levanto una brisa del ENE, dándoles la ventaja de poder lanzar sus brulotes, ocasión que no desperdiciaron, por ello los pusieron en movimiento contra la formación española, al verlos intentaron desasirse de su posición picando los cables de las anclas, pero se creó una gran confusión impidió se pudieran mover, además el viento los arrastraba contra la costa, siendo la causa por la que mayoría fue a parar a ella, estando en esta posición y varada contra las rocas la capitana fue alcanzada por uno de los navíos incendiarios, provocando de inmediato un incendió que devoró la nave en poco tiempo, así como el resto de galeones, logrando salvarse solo el Santiago y unos mil hombres, quienes consiguieron alcanzar las rocas a nado.

Así terminó está desafortunada jornada que si bien el enemigo era superior tampoco era la primera vez que se combatía en estas condiciones, pero las circunstancias y el destino quiso que en esta ocasión, no fuera una más de las muchas victorias españolas conseguidas sobre las olas en inferioridad numérica. Al producirse el incendio de la capitana, Hoces verificó la salida de todos sus hombre incluidos los heridos, pues al estar varado sobre las rocas, permitía descender a los compañeros que no podían hacerlo por su propio pie, al terminar ellos y casi yéndose a pique la nave, fue cuando saltó Hoces a las rocas, ascendiendo por ellas y salvándose así de aquella hoguera en que se había convertido su hermoso galeón.

A los pocos días aparecieron los refuerzos demandados quienes sólo pudieron ayudar a sus compañeros a recuperarse y trasladar los heridos a las carretas para ser transportados a lugares más seguros y tranquilos, al mismo tiempo que Hoces con unos cuantos de sus oficiales y gente de mar, en caballos y carretas, se trasladaron a Coruña, donde dio la mala noticia, posteriormente a Hoces ciertos historiadores lo maltrataron, entre ellos el Padre Moret y un tal Bernal O’Reilly. (No sabemos en qué se fundan ni su experiencia para hacer tal cosa, es muy fácil hacer leña del árbol caído)

Bibliografía:

Fernández de Navarrete, Martín. Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Madrid. Imprenta de la Viuda de Calero. 1851.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

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