1641 ― 1647 Combates en Filipinas contra batavos

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1641 ― 1647 Combates en Filipinas contra bátavos



Por estos años las visitas de los holandeses eran normales, en septiembre de 1641 atacaron Manila retirándose muy maltrechos, pero regresaron en agosto de 1642 con cinco navíos de guerra y cuatro de transporte y lo curioso, con sus buques planos y proa recta utilizados en sus canales para mejor desembarcar la tropa, con esta fuerzas consiguieron tomar una posición por falta de ellas y buques españoles, cuando estos se rindieron la recuperó un pirata chino llamado Kogsen, quien desalojó a los bátavos devolviéndola a los españoles.

Pasaron al Maluco a reponer fuerzas, al mismo tiempo entablaron conversaciones con el Sultán de Joló, unieron fuerzas y de nuevo en 1644 atacaron la misma posición, pero mejor preparados los españoles y sobre todo con la ayuda de los nativos, les resultó un nuevo fracaso, volviéndose a repetir unos meses más tarde y eso que regresaron con siete navíos, pero igualmente fueron devueltos al mar.

En 1645 Manila sufrió un fuerte terremoto, causando la muerte de más de quinientos habitantes (hay que tener en cuenta las pocas construcciones con más de una altura, la mayor parte eran cabañas) pero fueron sepultadas al abrirse la tierra, pues nunca más se les pudo ver. En este estado de preocupación, se presentó una escuadra bátava de dieciocho bajeles, menos mal que no se concentraron todos sobre la ciudad, pues cinco los destinaron a la costa de Ilocos y Pangasinán, siete a dar caza al galeón de Manila, infructuosamente y seis a las Molucas.

Las destinadas a las Molucas fue por estar en aprietos sus fuerzas, al verlos los españoles llegar se refugiaron en Zamboanga y muy resueltos desembarcaron para envolver la fortaleza en la ensenada de Caldera, pero en el trayecto obligatorio para conseguirlo estaban emboscados treinta mosqueteros al mando del capitán Monforte y dos compañía de nativos, lo cuales les obligaron a retirarse al no fallar disparo, pero al final fue tan loca la huída y el intento de reembarcar que solo en este último ataque, quedaron cien holandeses tendidos en la playa.

Regresaron en 1646, pero mucho más reforzados pues su escuadra ascendía a veinticuatro velas, al llegar la volvieron a dividir como el año anterior, pero esta vez se encontraban en el puerto de Cavite dos de los buques del galeón de Manila, los llamados Encarnación y Rosario, se les montaron 20 cañones cada uno, añadiendo infantería y todo al mando de Ugalde, largo velas y levo anclas saliendo en su búsqueda, lograron encontrarlos enfrentándose contra sus cinco buques, después de cuatro horas de combate los bátavos abandonaron las aguas, no contento Ugalde continuó cruzando encontrando otra escuadra, compuesta por cinco buques y dos brulotes, estos le fueron lanzados pero los desviaron, pasando al ataque con tal contundencia que a pesar de ser más se vieron obligados a retirarse y no tan completos como entraron en el desafío. Por esta acción se le otorgó el grado de Sargento Mayor y con él, el título de Gobernador de la isla de Joló, a la cual se desplazó con un puñado de hombres de armas.

Estando aquí mediado 1647 se presentaron dos buques de guerra holandeses, junto a dos mil joloanos al mando del príncipe Salicala, heredero de la isla. Estos conocedores del terreno y con la ayuda de los bátavos, consiguieron desembarcar de noche, al amanecer del día siguiente comenzó el combate.

Los españoles eran muy pocos, pero a la cabeza de ellos se encontraba su Gobernador, presento tan dura resistencia que a pesar de su inferioridad, se prolongó durante tres días, en el último el almirante bátavo cayó muerto y a forma de la época medieval, al ver caer a su jefe los holandeses se retiraron abandonando a los joloanos, estos continuaron el enfrentamiento, pero al no disponer las fuerzas del príncipe de elementos de pólvora, los españoles se pudieron imponer muy rápidamente, por ello fueron derrotados en toda su línea, logrando escapar unos pocos de las envalentonadas fuerzas españolas, quienes arremetieron sin miramiento por considerarse traicionados.

Este hecho de armas, es quizás el más brillante de todos los llevados a cabo en aquel archipiélago, pero sigue un poco en el anonimato, por no tener datos suficientes sobre los hechos concretos, pues la diferencia de fuerzas era enorme, los españoles no pasaban de medio centenar. Como para olvidarlos.

Bibliografía:

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo, 40, 1919, página 225.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

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