1641 Combate en el Estrecho y Oceano

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1641 Combate en el Estrecho y Océano



El 1 de junio firmaron un tratado de alianza y confederación los reinos de Francia y Portugal, con el objeto de mantener la guerra contra España solo por la mar, al que poco después se sumó el reino de Holanda, con la decisión de ocupar territorios de la corona de Castilla y atacar las Flotas de Indias, pero el 12 firmó el mismo país un tratado de tregua, navegación y comercio con Portugal, terminándose de unir las tres coronas contra España. (Los enemigos salían por todas partes, pero curiosamente, siempre con alianzas entre ellos para poder mermar la capacidad militar naval de España, solos se veían incapaces)

Francia acudió rauda con su escuadra de Poniente, compuesta por treinta y cinco bajeles, con esta fuerza y aprovechando que en los presidios de África los reyes de España habían respetado permanecieran los gobernadores portugueses, consiguieron fácilmente conquistar algunos donde izaron su bandera de independencia, solo se quedó en poder de España la ciudad de Ceuta y las islas Terceras, esto envalentonó a los portugueses, quienes se plantearon seriamente atacar la propia península.

Mientras estaba en navegación la escuadra bátava con rumbo a Lisboa, se encontró con la de Dunkerque al mando de Judocus Peeters manteniendo un fiero combate, en el cual a pesar de su inferioridad manifiesta, pues la bátava era el triple en número de buques, la holandesa sufrió la pérdida de un galeón, otros con graves averías, por ello entró en el mar de la Paja con sus tripulaciones muy mermadas y contando con dieciséis buques de guerra. En la reunión se planteo conquistar la plaza de Cádiz o bien si no era posible la de Sanlúcar de Barrameda, considerando sería una empresa fácil.

Coincidió con el avisó de la presencia de una división de la regencia de Argel en las cercanías del cabo de San Vicente, zarpando inmediatamente de la bahía de Cádiz la escuadra de Dunkerque con cinco velas al mando de su jefe Judocus Peeters, cuando alcanzó el cabo y doblarlo se encontró con la escuadra luso-holandesa (Francia había cedido temporalmente bajo contrato su escuadra a los portugueses), por ello solo eran más de cuarenta y cinco buques enemigos a su proa, ante esto no había posibilidad ninguna, por ello dio la orden de virar y mantenerse en formación cerrada en línea de frente con sus cinco galeones, así se mantuvo todo el 6 de septiembre.

Al anochecer el viento calmó, pasando los enemigos a embarcar en las lanchas y acercándose a los bajeles, quienes además se estaban separando por efecto de las corrientes, les intimidaron a la rendición con oferta de dar cuartel. Judocus mantenía las conversaciones intentando ganar tiempo y ver si se levantaba de nuevo el viento, pues cada uno de sus galeones estaba rodeado de tres o cuatro enemigos, pero en la madrugada del 7 el viento se levantó, momento aprovechado para izar velas y al menos conseguir unirse en fortaleza, comenzando un combate que duró dos días, el tiempo que tardaron en arribar a la bahía de Cádiz.

Los buques sufrieron daños, pero no fueron muy superiores a los que ellos infringieron a sus enemigos. En su ciega persecución llegaron a entrar en la bahía, pero fueron muy bien recibidos al estar todas las fuerzas en sus puestos esperándoles, sobre todo, por haber sido cambiados los gobernadores de las fortalezas por ser portugueses, basándose en esa confianza iban tan alegres y seguros de su victoria, pero al sufrir lo que se les vino encima se desengañaron por completo de intentar conquistar la plaza, por ello viraron con rumbo a Lisboa pero muchos más mal tratados.

Arribaron a su puerto de salida para planear el siguiente movimiento no siendo otro que zarpar parte de la fuerza con rumbo a las islas Terceras y la otra al cabo de San Vicente, pues estaban en el conocimiento de la próxima llegada de la Flota de Tierra Firme. Los bátavos tenían la orden de regresar en noviembre a su tierra, por ello si no se hacía antes o la Flota se retrasaba se verían obligados a abandonar a los portugueses. Al mismo tiempo infravaloraron que España mantenía contra viento y marea la defensa de sus Flotas de Indias, contra todo pronóstico y sabedores de estar próxima su llegada, se dio la orden Real de agruparse en la bahía de Cádiz.

En muy poco tiempo fueron arribando la escuadra de Galicia, al mando de don Andrés de Castro (el que estuvo en el combate naval de las Dunas), la escuadra de Nápoles, de don Martín Carlos de Mencos y la de los galeones del océano de don Pedro de Ursúa, juntándose veintitrés buques de guerra de los mejores que tenía España, pues las escuadras no estaban al completo para no dejar sin guarda sus zonas de patrulla y a los reinos que pertenecían, quedando en ellos parte de los buques, pero los más pequeños y rápidos.

Al mando de esta fuerza debía de estar el capitán general del Mar Océano, el duque de Maqueda, pero por estar enfermo no pudo hacerse cargo de la escuadra, pasando a ostentarlo el Gobernador de la plaza de Cádiz, don Juan Alonso de Idiáquez y Robles, duque de Ciudad Real, (de quien dice Fernández Duro) «Soldado valeroso ajeno á la mar» Al arribar a la vista del cabo de San Vicente se avistaron las velas enemigas, era el 4 de noviembre, navegando la escuadra española en zafarrancho.

Hay pocas noticias sobre este combate, solo los partes de los responsables. Por parte del duque de Ciudad Real le escribe al Rey diciéndole: «han echado al fondo a tres buques bátavos, otro quedó casi deshecho y el resto con graves averías.» Según otro historiador de la época dice: «la escuadra holandesa no intentó entrar en ningún puerto, no dejando de navegar hasta arribar a su puerto de origen.» Con esta acción dejaron solos a los portugueses, quienes salieron muy mal parados del combate, a ello se unió al terminar el enfrentamiento desatarse un fuerte temporal provocando la pérdida casi total de la escuadra lusitana, muriendo su general don Tristán de Mendoza, quien hundido su gran galeón buscó refugio en un bergantín, pero a éste se lo tragó la fuerza de la naturaleza.

Prosiguió la escuadra su rumbo en búsqueda de la Flota de Tierra Firme, al avistarla le dio escolta hasta dejarla a salvo en la bahía de Cádiz donde todos lanzaron las anclas. Pero a pesar de esta victoria en todos los sentidos, pues se había puesto fuera de combate totalmente a una escuadra casi el doble, el capitán don Martín Carlos de Mencos elevó a S. M. un ‹Memorial› dejando clara la posición de él y de los firmantes abajo, puesto que el General de la Escuadra está presentando contra ellos cargos de indisciplina, dejando claro que en el combate con los holandeses en aguas del cabo de San Vicente, no se practicó la persecución del enemigo, momento muy favorable para terminar con toda su escuadra, pues la mayor parte de los bajeles enemigos estaban casi mochos y sin aparejos, pero el duque de Ciudad Real los paró por estar haciendo repetidamente la señal de abandonar las presas. Los firmantes, aparte de Mencos, son el almirante don Pedro de Ursúa y los capitanes, don Adrián Pulido, Pedro Girón y Gaspar de Campos.

Con esta decisión se ratifica sola la frase de don Cesáreo Fernández Duro, poco sabía de la mar el Excmo. Sr. Duque.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: Disquisiciones Náuticas. Facsímil. Madrid, 1996. 6 Tomos.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra. Madrid 1895-1903. Facsímil Museo Naval. Madrid. 1973.

Vargas y Ponce, Joseph de.: Catálogo de la Colección de Documentos. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1979.

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