1699 — 1700 Darien

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1699 — 1700 Darién



Los escoceses crearon una compañía en 1698 con la autorización del Rey, para fundar en el Darién un establecimiento bautizado Nueva Caledonia, para ello contaban con filibusteros recién expulsados de las aguas del Mar del Sur, quienes se llevaban muy bien con los indígenas combativos, apoyados a su vez por los ingleses que habían comprado terrenos a sus legítimos dueños, por lo que España nada podía hacer en contra de estos, así llegaron noticias de haberse instalado en el puerto de Rancho Viejo, donde se había levantado unos fuertes con artillería, al mismo tiempo estaban saliendo de las islas británicas seis buques el mayor del porte de 80 cañones, con hombres, pertrechos y provisiones, el puerto estaba en un punto central entre Cartagena de Indias y Portobelo.

Don Juan Díaz de Pimienta Gobernador de Cartagena de Indias, formó inmediatamente una escuadra de cinco buques grandes y seis menores parte de ellos de la de Barlovento, al mando de don Diego de Peredo, zarpando el 13 de febrero de 1700, arribó el 7 de marzo al Playón, donde los escoceses al mando de los aventureros Guibson y W. Robol ya tenían construido un muelle y las fortalezas estaban dotadas con 23 cañones, desembarcaron doscientos españoles y para apoyarles los buques comenzaron a bombardear las fortalezas, sitiados los escoceses capitularon el 11 de abril, concediéndoles abandonar las instalaciones entregándolas con su artillería y pertrechos.

Al fracasar esté intento de tomar territorios a España, volvieron a organizar los ingleses segunda expedición, ésta con un buque de 60 cañones y otro de 30, dos más pequeños y mil hombres de desembarco; como Pimienta ya había regresado a Cartagena de Indias no tuvieron a nadie para contrarrestarlos volviendo a asentarse.

Por el aviso anterior zarpó de la bahía de Cádiz el almirante don Francisco Salmón con el navío Nuestra Señora de la Almudena y el patache Castilla, llevando un primer socorro de dos compañías de infantes y otra de granaderos, con quinientas escopetas de chispa, armas blancas, seis morteros, mil bombas, ingenieros y oficiales especialistas en fuegos artificiales, para incorporarlos a las tropas de don Melchor de Portocarrero, conde de Monclova como jefe de Mar y Guerra.

Al mismo tiempo se preparaba una expedición al mando del general don Pedro Fernández de Navarrete, y como almirante don Mateo de Laya, con tres mil infantes pertenecientes a dos Tercios transportados desde Ceuta a Cádiz siendo, los de San Gil y Varrientos, más dos compañías de Guardias Valonas, zarpando de la bahía de Cádiz el 18 de junio de 1700 con rumbo directo a Cartagena de Indias, la escuadra era toda nueva con buques construidos en Cantabria, siendo la Capitana, el navío Concepción, de 1.550 tn.; Almiranta el Trinidad, de 1.665 tn.; San Francisco, de 1.200 tn.; Nuestra Señora de Begoña, de 923 tn.; Santa María de Tezanos, de 917 tn.; San José, Capitana de galeones, de 1.037 tn.; San Joaquín, Almirante de galeones, de 1.052 tn., el patache Carmen, de 470 tn., y el brulote Azucena, de 300 tn., zarpando a mediados de julio de 1700 de la bahía de Cádiz. En la escuadra iba de piloto mayor don José Antonio Gaztañeta.

Mientras el embajador español en Londres don Manuel Coloma y Escolano, marqués de Canales consiguió del rey de Inglaterra Guillermo III, ordenara a su gobernador en Jamaica desistiera del apoyo a los escoceses, por ello las órdenes eran muy claras por estar en paz, aplicándose a los que se enfrentaran ser tratados como piratas y filibusteros, siendo sin juicio pasados por las armas, (seguían en vigor las leyes dictadas por don Felipe II al I marqués de Santa Cruz) La orden del rey de don Carlos II era limpiar las aguas del Darién y del Seno Mejicano, por ello se había preparado una fuerza en Perú y en Guatemala para acudir en apoyo de los expedicionarios, pero todo sucedió muy rápido, pues para evitar la segura matanza, el gobernador inglés convenció a los escoceses, (que a su vez no podían ya soportar las enfermedad tropicales) lo que se les venía encima, por ello abandonaron las posiciones y embarcados pusieron rumbo a Jamaica, a pesar de ello entre las enfermedades y la falta de comida, un historiador desconocido de Jamaica, dice que murieron casi todos lo que salieron de Escocia.

La expedición no realizó ningún acto de guerra, Portocarrero se puso en contacto con el Virrey de Nueva España y éste le confirmó la no existencia de piratas en sus aguas, con esta acción se terminó con la piratería que durante tantos años, gastos y daños había causado a España.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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