1704 Combate naval de Malaga

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Combate naval de Málaga 24 / VIII / 1704



Este combate tuvo lugar a unas treinta millas de la ciudad que le da nombre, sin duda alguna fue el más importante de los que hubo en el transcurso de la Guerra de Sucesión al trono de España de la casa de Borbón, siendo el día veinticuatro de agosto del año de 1704.

Ante la falta casi total de Armada por parte de España, vino en nuestra ayuda la francesa para proteger los intereses del ya Felipe V, que al ser nieto del rey Sol francés Luis XIV, le prestó toda la ayuda posible que no fue poca, por ello los enfrentados fueron, una escuadra francesa al mando del conde de Toulouse, contra la angloholandesa al mando supremo del almirante británico Rooke.

Después de que este almirante británico, con esta misma escuadra conquistara el peñón de Gibraltar, recibió orden de mantenerse a lo largo de la costa de berbería, algo alejada de la costa española y en espera de mejor ocasión para interceptar flotas o escuadras, que intentaran reconquistar el Peñón ó bien apoyar a los Borbones.

El día 22 de julio, la escuadra francesa con base en Tolón, se hizo a la mar para ir bordeando la costa y ver donde se le podía necesitar, así fue recorriendo las costas de la Península, hasta arribar al puerto de Málaga, donde al llegar se encontraban allí esperándole una armada española de doce galeras, la única fuerza naval que podíamos oponer al enemigo.

El mando se le había otorgado al joven de veintiséis años conde de Toulouse, que era a su vez hijo natural del rey Luis XIV, a quién se le había investido como gran almirante de Francia, por la muerte del inolvidable Tourville, que había fallecido tres años antes.

La armada francesa, estaba compuesta por cincuenta navíos en total, de ellos quince eran de tres baterías, siendo en esos instantes los más poderosos que surcaban los mares, a lo que se añadía que casi todos ellos eran nuevos, pues se habían construido después del desastre sufrido en el combate naval de La Hogue, de ellos eran; uno de 104 cañones, dos de 102, cuatro de 92, tres de 90, uno de 88, dos de 86 y dos de 84; treinta y cinco navíos de dos baterías: uno de 76 cañones, tres de 73, uno de 70, dos de 68, cuatro de 66, uno de 64, dos de 62, seis de 60, cinco de 58, cuatro de 56, cuatro de 54, uno de 50 y uno de 44; más seis fragatas, ocho brulotes, doce galeras y las doce galeras españolas.

Lo que hacía un total de 3.514 cañones, pero solo contando los navíos y su dotación en total era de veinticuatro mil trescientos hombres.

Su distribución era la siguiente; la Vanguardia estaba formada por tres divisiones la de vanguardia al mando de Amfreville el centro al mando y en jefe de toda ella Villette-Mursay, y la retaguardia, al mando de Belle Isle Errad; el Centro, igualmente con tres divisiones, la de vanguardia al mando de Coëtlogon, el centro al mando del propio conde de Toulouse, que era asistido como ayudante por el almirante d’Estrées, y la Retaguardia al mando de De Pointis; la retaguardia, con dos divisiones, al mando la primera y en jefe de ella el marqués de Langeron y la restante al mando de Harteloire.

Las galeras fueron distribuidas, las españolas que estaban compuestas por cinco de las de España y siete de las de Génova al mando del duque de Tursi, de la dinastía de los Doria, siendo desplegadas a sotavento de los navíos de la vanguardia y parte del centro, mientras que las doce francesas a las órdenes de Roye y Forville, se quedaron en línea con las españolas y protegiendo el resto del centro y la retaguardia; quedando todas supeditadas a una sola misión, que era la de remolcar para llevar a la línea o sacar de ella a los navíos, que bien por dificultades de viento o de faltarle la maniobra les fuera necesaria cualquiera de las dos posibilidades.

La armada angloholandesa estaba compuesta por cincuenta y tres navíos de línea, de ellos británicos eran cuarenta y uno, y los holandeses doce; de tres baterías británicos habían quince; cinco de 90 cañones y diez de 80; veintiséis de dos baterías;  dieciséis de 70 cañones, uno de 66, cuatro de 60 y cinco de 50, a lo que se añadían ocho fragatas, ocho brulotes y dos galeotas bombarderas; mientras que los bátavos contaban con uno de tres baterías de 90 cañones; once de dos baterías, uno de 74, dos de 72, cinco de 64, uno de 60 y dos de 50.

Por lo que el total de esta escuadra, sin contar las unidades menores y solo los navíos disponían de 3.614 cañones, con veintidós mil hombres de dotación.

La división de esta gran armada estaba formada por: la vanguardia toda ella de navíos británicos, al mando del almirante Showell, pero la mitad de ella y subordinada a él, al mando del vicealmirante Leake; el centro al mando directo del almirante Rooke, pero también dividida, y esta segunda al mando del contralmirante Dilkes y todos sus navíos británicos; la retaguardia, al mando del vicealmirante holandés Kallenberg, como segundo el contralmirante Byng y su división, y como tercero, el contralmirante holandés Vanderdussen, siendo este cuerpo, el que lógicamente iban los navíos holandeses y la división británica.

Como se podrá apreciar, los británicos siempre mantenían la posición, de no dejar el mando de divisiones o cuerpos de una escuadra en manos de extranjeros, pues a pesar de ser sus aliados, los holandeses, no les dejaban ningún cuerpo sin vigilar por sus mandos demostrando así su predominio, aunque la verdad es que también aportaban más navíos, pero es una cuestión, que aún estando en inferioridad nunca la permitieron.

A su llegada al puerto de Málaga, se le advirtió al joven almirante, que la escuadra angloholandesa estaba a la espera en algún lugar de la costa de berbería, pues había sido avistada por buques de pesca de esta ciudad, pero se lo tomó con calma, pues permaneció casi un mes dando reposo a sus tripulaciones y realizando algún que otro ejercicio de maniobra. 

Pero le llegaron noticias de que ya estaban muy cerca, avisado así por los mismos pescadores y que se encontraban al Este del puerto, por lo que ordenó aparejar rápido y zarpó el día 22 de agosto y efectivamente no tuvo que navegar mucho para encontrarlos, ya que estaban frente a Vélez-Málaga, como a unas treinta millas al Este del puerto de Málaga, siendo avistados en el amanecer del día 23 siguiente.

Al divisarse las dos escuadras, navegaban las dos al mismo rumbo, siendo éste el de sudeste, por venir el viento en dirección nordeste, recibiéndolo por la aleta de babor, pero tenían el barlovento los aliados; así permanecieron durante todo el día y la noche, siendo al amanecer del día 24, cuando se encontraban como a unas doce millas de distancia una de la otra, pero los angloholandeses, como eran dueños del viento no dudaron un instante y maniobraron para arribar lo antes posible a la línea francesa.

Por el número de navíos y al dar esa orden de arribar sobre los franceses, se tardo un tiempo en poder llegar al contacto, así sobre las 1000 estuvieron a tiro las vanguardias de ambas escuadras, comenzando el fuego inmediatamente, tardando una media hora más en completarse en toda ella, ya que ese fue el tiempo en que se tardó en ponerse en línea la retaguardia, ya que la larga fila de la escuadra coaligada cubría algo de más de siete millas.

Pero el almirante Rooke, se dio cuenta al estar su vanguardia y centro a medio tiro, que el gran almirante de Francia, había dado la orden de forzar de vela, por lo que se estaban alejando de ellos, con la táctica de intentar ganar barlovento y doblar a la vanguardia aliada, por eso dio orden de mantenerse a esa distancia si bien disparando, pero evitando que pudiera ser doblado.

Pero en esa maniobra de intentar forzar vela a sus navíos, algunos se quedaron separados, sobre todos los del centro aliado, pues las vanguardias de ambos se habían distanciado mucho, pero al observar el almirante conde de Toulouse esa separación, dio orden de atacar por los huecos a su centro y vanguardia, intentando así doblar la larga línea enemiga y dejarlos separados.

Pero para evitar esto, la vanguardia aliada, que en realidad era británica y al mando de Showell y Leae, forzaron vela para arribar cuanto antes a la vanguardia francesa, pero a su vez el almirante francés Villette al verlos venir, permaneció impertérrito manteniendo el rumbo y esperándolos, por lo que al llegar a tiro, recibieron un contundente fuego que casi los paró.

Precisamente y por su ligereza para poder envolver a los aliados, en la vanguardia francesa estaban casi todos los navíos más pequeños, por ello al mantener el fuego los británicos se fueron imponiendo, así que Villette, ordenó a las galeras ir sacando a los más maltrechos y soportando con los mas pesados, los tres baterías, el peso del fuego aliado, que fueron duramente castigados.

Pero la fortaleza de los franceses era manifiesta, pues en el combate parcial entre el insignia francés al mando de Amfreville, el Saint-Philippe, del porte de 92 cañones y tres baterías, contra el británico Prince, insignia de Leake, también un tres baterías y 90 cañones, quedó tan estropeado el británico, que tuvo que ser auxiliado por otros navíos de su división.

El insignia del almirante Villette, el Fier, de 90 cañones tuvo que soportar durante mucho tiempo el fuego de cuatro enemigos, además de pegarse fuego, lo que obligó a que las galeras lo sacaran de la línea, para conseguir dominar el incendio, regresando al al fuego al ser sofocado.

El insignia de Belle Isle, el Magnifique, también de 90 cañones, se vió rodeado por enemigos, llegando a ser seis los que abrían fuego sobre él, de resultas de ello murió en el combate su almirante Belle Isle, pero incapaz de poder salir de la línea por haber quedado mocho; pero siendo observado por Doria, con gran valor y decisión se lanzó con varias de sus galeras, logrando llegar a sus proximidades,  lanzando una guía se le pudo dar un cable, así se consiguió remolcarlo sacándolo de la línea y de su casi seguro hundimiento.

Pero pronto se notó la falta de estos dos importantes navíos, pues al ser abandonados sus lugares, la línea que se seguía manteniendo ahora peligraba fuertemente, pues los británicos se apercibieron de ello e intentaron doblarla, pero advertido de ello también el almirante francés Amfreville, dio la orden de maniobrar, para seguir manteniéndose a barlovento evitando así el peligro, pues sus navíos consiguieron unirse tapando el hueco.

El vicealmirante Leake, pretendía proseguir en su empeño de doblar la línea francesa, pero el almirante Showell, por no estar precisamente sus buques en mucha mejor situación que los retirados franceses y además ya casi falto de munición, se fue separando de la vanguardia francesa, por ello sobre las 1700 se dejó de disparar, habiendo previamente mantenido el fuego, pero cada vez más débil.

En el centro se estaba combatiendo desde casi el principio del combate, sucediendo que sobre las 1400 el almirante Rooke intentó hundir la línea francesa en su mismo centro, pero en él se encontraban los tres navíos de tres baterías del tipo Foudroyant, este con 104 cañones e insignia de la escuadra con el conde de Toulouse y sus matalotes de proa y popa, de 102 y como apoyo otro de tres baterías, el Vainqueur, este de 86 cañones.

Pero el almirante británico se les venía encima con ocho de sus navíos, de los que tres eran de tres baterías, el insignia de Rooke, el Royal Catherine y el Saint George, los dos de 90 cañones, más el tercero, el Shewsbury de 80, que fueron los que soportaron el fuego de los cuatro galos, ya que por las primeras descargas en andanada recibidas en su aproximación de los cuatro franceses, el resto de su división no pudo aguantar el fuego viéndose obligados a retirarse, antes de poder llegar a distancia de fuego efectivo.

Mientras en la retaguardia sucedió algo parecido, pues a pesar de entrar en fuego más tarde, en ella se encontraba otros tres navíos de tres baterías, el insignia Soleil Royal, de 102 cañones, más el Admirable y Triomphant, los dos de 92 y el Scepte, de 86, que vomitaban fuego como volcanes, por lo que el insignia del almirante holandés Kallenberg, el Abelarde, quedó tan maltrecho, que no se fue a pique en esos momento, pero si voló durante la noche, por lo que fueron repelidos los aliados en toda la línea y muy duramente castigados.

El combate se fue acabando como comenzó o sea, que sobre las 1700 horas se dejaron de hacer fuego las vanguardias; sobre las 1900, lo hicieron los centros y se mantuvo muy débilmente en la retaguardia, hasta que llego el ocaso, dando así fin al combate.

Para comprender mejor la dureza del encuentro, lo demuestran las bajas, pues en la vanguardia, los británicos sufrieron no menos de mil seiscientas cincuenta bajas.

En cambio en las cifras totales, se dan por parte británica (y ya sabemos que siempre tiran a la baja) más de dos mil trescientos muertos; los holandeses dieron, trescientos setenta, pero sin contar la voladura del navío insignia por producirse cuando el combate ya se daba por finalizado, pero que casi seguro duplicaría esta cifra.

Por su parte los franceses, perdieron a mil ochocientos hombres, entre los que habían muchos mandos de los buques y de la escuadra, pues entre los heridos estaba el propio conde de Toulouse.

Como aportación, mencionar que en el navío insignia francés el Foudroyant, estaba a bordo durante el combate un guardiamarina español, que un proyectil le arrancó la pierna izquierda, no siendo otro que el después insigne marino don Blas de Lezo y Olavarrieta, entonces en las filas de la Real Armada Francesa como cadete.

Hay que dejar patente, que a pesar de tener barlovento y atacar firmemente en toda la línea francesa los coaligados, en ningún momento consiguieron romperla o partirla, a pesar de ser mayoría de navíos y tantas veces como lo intentaron, los almirantes franceses reaccionaron, maniobrando a tiempo impidiéndolo.

Durante la noche con sus fanales encendidos ambas escuadras se mantuvieron cercanas, pero sin emplearse en atacarse, al día siguiente 25 de agosto, fecha emblemática de las armas españolas, comenzó a amanecer y con él el viento roló, dejando esta vez a los franceses a barlovento, pero ninguno de los dos almirantes, quiso entrar en combate, por lo que se mantuvieron maniobrando, pero sin mayores consecuencias.

El día 26 los británicos aprovecharon la oscuridad y se fueron alejando, pero el conde de Toulouse tampoco hizo nada para impedírselo, así sin aprietos los británicos abandonaban el mar del combate con rumbo a Gibraltar, para intentar reparar a su dañada escuadra.

La postura de Rooke era lógica, pues su navíos durante el combate, muchos tuvieron que abandonar la línea, por estar maltrechos y lo peor sin municiones, pues como venían de conquistar el Peñón de Gibraltar y en él consumieron gran cantidad de ella no contaban con toda su fuerza, y no habiendo lugar donde reponerla, se encontraron a mitad de combate sin posibilidad de responder al fuego francés.

Añadiendo, que como mínimo, veinticinco de sus navíos iban a remolque de sus compañeros, lo que le impedía volver a entrar en combate, pues en números redondos, casi la mitad de la escuadra británica había quedado fuera de combate.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por Ángel Dotor.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1895-1903.

Thayer Mahan, Alfred. Influencia del Poder Naval en la Historia. Partenón. Buenos Aires. Argentina. 1946.

Compilada por Todoavante ©

Aclaración:

Este combate bien no debería de estar en esta Web, pero al tener el nombre de una ciudad española, ser los contendientes por defender cada uno su postura a cerca de la sucesión dinástica a resolver en España, siendo nuestra guerra de Sucesión, que más parecía un anticipo de las guerras mundiales, participar en él las únicas unidades disponibles de la Armada Española y teniendo a bordo a nuestro insigne marino don Blas de Lezo y Olavarrieta, se ha considerado que es parte de nuestra historia naval, para dar una visión más general de ese conflicto, que afectó a todas las potencias de la época en nuestros mares y tierras.

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