1731 - 1735 Conquista de los territorios de las Dos Sicilias

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1731 — 1735 Conquista de los territorios de las Dos Sicilias



La escuadra del marqués de Mary estaba compuesta por: los navíos: San Felipe y Santa Isabel, de 80 cañones; La Reina, Santa Ana, Galicia, León, Princesa y Príncipe, de 70; Conquistador, Gallo, Santiago, Castilla, Andalucía, Hércules, San Isidoro, Guipúzcoa, Santa Teresa y Rubí, de 60, las fragatas: Incendio, de 54, San Esteban y Fama Volante, de 50, Javier, de 46 y Atocha de 30 y los avisos: Júpiter y Marte, de 16, con cuarenta y ocho mercantes, que transportaban cinco regimientos de infantería y uno de caballería, con un total de siete mil cuatrocientos ochenta y tres hombres. Y otra de las Galeras del Mediterráneo al mando de don Miguel Reggio formada por: Patrona, Soledad, 'San Felipe, Soledad, Santa Teresa, San Genaro, San José.

A la que se agregó una británica al mando del almirante Wager compuesta por doce navíos, dos fragatas y dos avisos, reunidas ya en el puerto de Barcelona, donde embarcó el ejército formado por siete mil quinientos efectivos al mando del general conde de Charny, comenzando a hacerse a la mar al tener buen viento el 17 de octubre de 1731, en conjunto eran noventa y seis velas, arribando a Liorna y desembarcando las tropas sin ningún problema añadido, para conquistar a los imperiales la Toscana, Parma y Plasencia para el infante de España don Carlos.

Mientras transcurrían los combates en tierra don Miguel Reggio se hizo a la mar con sus seis galeras más cuatro del ducado de Toscana, para arribar a Antives en diciembre siguiente, donde embarcó don Carlos VII (después Carlos III de España) en la galera Capitana del mando directo de don Miguel, zarpando el 16 de diciembre con rumbo a Liorna, arribando el 27 siguiente desembarcando el Rey, lo dilatado del viaje fue la consecuencia de sufrir un duro temporal del N. que obligó a cada capitán a maniobrar a su entender, quedando por ello dispersos los vasos, a pesar de lo mal que lo pasaron poco a poco fueron reuniéndose todas ellas en el mismo puerto.

Permaneció en este puerto hasta ver asegurado todo, una vez confirmado zarpó a primeros de noviembre con rumbo a la bahía de Cádiz, donde arribó el 18 de diciembre.

En 1733 se organizó una nueva expedición, para sentar en el trono de Nápoles y Sicilia al nuevo Rey; se puso al frente de ella al propio infante, nombrado generalísimo, la componían dieciséis navíos al mando de don Miguel de Sada, conde de Clavijo dando escolta a un convoy transportando siete mil hombres al mando del duque de Montemar y como segundo el marqués de Santa Cruz de Marcenado. En la escuadra iban como subalternos don Juan José Navarro y el guardiamarina en prácticas don Jorge Juan, zarpando el 4 de diciembre de 1733 del puerto de Barcelona, con rumbo a Nápoles.

Una apreciación a resaltar pues esta escuadra en principio estaba al mando de teniente general don Antonio Serrano, pero en el intervalo de su preparación falleció a bordo de su buque insignia en la rada de la ciudad de Alicante el 16 de octubre, pero había previsto y comunicado: «Si se ofreciese combate de noche, donde sólo obra el valor y lo muestran los que lo tienen, si hay muchos de éstos, pocas luces; si pocos, muchas.» Las acciones estaban costando vidas y se avanzaba poco, ello decidió al Rey don Felipe V a enviar refuerzos para acabar con el problema.

El conde de Clavijo desembarcó tropas en las islas de Ischia y Prócida en el golfo de Nápoles, capitulando a los pocos días, con el resto de fuerzas al mando del Infante don Carlos, desembarcaron en Liorna con nueve batallones de infantería, entrando en el puerto de La Specia el 20 de diciembre; aquí se reorganizó el ejército pasando el grueso de la fuerza con destino a la Toscana, avanzando hacia la Campania por Perugia, Monterotondo, Aquino, Mignano Montelungo y Piedimonte, haciendo su entrada las tropas avanzadas en la capital el 12 de abril de 1734, éste día entró en el puerto napolitano el conde de Clavijo, proveniente de Barcelona con un refuerzo de ocho mil hombres y artillería de sitio, resultando decisiva para la rendición de las fortalezas de protección de Nápoles.

Con estas tropas, al mando del duque de Montemar, se persiguió a los austríacos hasta sus reductos en Puglia, donde se hicieron fuertes cuatro mil enemigos al mando del general Traun, derrotándolos en la población de Bitondo y después en la de Bari, donde se rindieron, cayendo en manos españolas sus banderas, artillería y armas de todo tipo, quedando prisioneros los generales Pignatelli y Radotski.

En este ataque a los reductos una vez más España puso su invento (en 1547 por don García Álvarez de Toledo) en funcionamiento, consistiendo en la construcción de una batería flotante, compuesta sobre pipería y tablazón donde se coloraron varias piezas de sitio, siendo apoyada por las galeras para darle algún movimiento o sacarla en caso de apuro del alcance de la enemiga, su entrada en batería cercana a los muros tuvo un efecto muy eficiente, por ello fueron tomadas en muy pocos días.

El 6 de mayo se rindieron las fortalezas, el 10 entraba don Carlos siendo aclamado por el pueblo, la aristocracia le entregó las llaves de la ciudad al Infante y le juró como Rey de Nápoles, con el nombre de Carlos VII. Terminada la guerra, a finales del mismo mes, volvió Nápoles a ser un reino independiente con monarca propio, después de más de doscientos años en poder de unos o de otros; se consiguió con poca resistencia la posesión de Nápoles para el infante don Carlos, futuro Carlos III de España, fue proclamado Rey el 9 de marzo de 1735.

Al quedar el territorio peninsular pacificado, volvieron a embarcar las tropas, quedando al mando de la escuadra don Miguel Reggio, compuesta por sus siete galeras, cinco navío, tres fragatas y dos bombardas, más los doscientos veinticinco mercantes con los veinte mil hombres, como reserva de esta expedición se añadieron los dos navíos al mando de don Gabriel Pérez de Alderete.

Cruzaron a la isla de Sicilia y el 29 de agosto de 1735 en la cala de Solanto, en las cercanías de la ciudad de Palermo, se realizó el desembarco sin oposición permitiendo formar rápidamente el ejército en tierra, el primer punto a tomar fue Messina no ofreciendo mucha resistencia, sobre todo por haber transportado parte de la artillería de sitio utilizada por el conde de Clavijo en Génova, la cual efectuaba verdaderos estragos en las murallas y ante esto resistir era un simple suicidio, posteriormente pasaron a tomar Trapani y por último Siracusa, en estas dos últimas, como en la primera las tropas imperiales cedieron muy rápidamente.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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