1742-1743 - Galeon de Manila

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Dibujo de un galeón de finales del siglo diecisiete y hasta principios del diecinueve. A finales del siglo diecisiete cambio la construcción naval, naciendo el navío como buque principal, al disponer de una grada en la ciudad de Manila capital de las islas Filipinas, comenzó la construcción de estos buques para continuar con los viajes a Acapulco, transportando entre otras muchas cosas sobre todo especias. También se enviaron algunos de la península por no poder ser construidos en las islas. Su única diferencia con los navíos de guerra, consistía en ser algo más pequeños y al igual que siempre más pobres de artillería, por causa de ser más en sí unos transportes que buques de guerra como a tales. Su arboladura era la misma que los navíos, con tres palos, trinquete, mayor y mesana y velas cuadras. En la proa como siempre llevaban varios foques.

Contenido

Mando:

General don Luis Manso de Velasco.

Salida:

Salió del puerto de Cavite el 22 de julio de 1742 y llegó a Acapulco el 18 de febrero de 1743. Se hizo a la vela con aumento de gente, armas y pertrechos con motivo de la guerra de Asiento con los británicos. Al mando del general don Luis Manso de Velasco, estaba armado con 42 cañones, 12 de a 12, 22 de a 8 y 8 de a 6 libras, además de 28 pedreros de bronce y 500 arrobas de pólvora, 90 fusiles, 90 espadas, 90 lanzas, 90 chuzos y 200 granadas de mano.

Buques:

Navío: Nuestra Señora de Covadonga. Maestre don Juan Sanz de Aristoarena.

Regreso:

Celebrada la feria, se hizo a la vela desde Acapulco el 15 de abril de 1743. Además de los caudales del situado y del comercio llevó a bordo una compañía de infantería para el refuerzo de las islas Filipinas. El general Manso de Velasco renunció a volver a Manila y es sustituido por don Gerónimo Montero, que había llegado a Acapulco como primer piloto del navío Covadonga. También fue sustituido el sargento mayor Carrasco por don Antonio Bermúdez de Sotomayor.

Con la retirada de los buques de Anson de la costa americana del Pacífico, el 15 de abril de 1743 salió el galeón de Acapulco. Hasta primeros de junio navegaron con vientos favorables. A unas 150 leguas de las islas Marianas el general hizo junta o consejo de guerra para poner el buque en estado de defensa. Propuso el general tocar en las islas Marianas e informarse de si le aguardaba allí el británico Anson. Razonaron que era imposible que los británicos se encontraran en las Marianas, al haber salido por mayo del año anterior y ser necesario abastecerse de agua y otros cosas necesarias y abrigarse de los temporales. Continuaron la navegación los españoles, divisando tierras filipinas el 16 de junio, fondeando al día siguiente. Allí se enteraron de que el británico Anson tocó en la isla Tinian a primeros de septiembre de 1742, desembarcando con 55 hombres para conseguir agua fresca y víveres, los cuales no fueron molestados por el gobernador cuando el navío tuvo que hacerse a la mar a causa de un temporal, volvió a fondear y recogió a la tripulación desembarcada. Supusieron los españoles que les estaba esperando en el embocadero y que su presencia, a buen seguro advertida por las autoridades de Manila, habría provocado el envío a aquella zona del navío Pilar, por lo que el buque británico no podría combatir contra los dos navíos españoles.

En esta seguridad llegó el navío español con viento favorable al cabo Espíritu Santo, y al amanecer del 30 de junio descubrieron una vela a larga distancia, acercándose para su reconocimiento. Cuando descubrieron que no era el navío Pilar, sino un buque extranjero, el viento quedó casi en calma, por lo que el combate se hizo inevitable. En las cuatro horas siguientes se prepararon para el combate, y el navío británico Centurion, que llevaba un mes apostado en aquellas aguas, desplegó su bandera. El Covadonga no intentó huir y se dispuso a combatir, a pesar de ir armado con sólo 5 cañones de á 12 libras y 8 de á 6 libras para dejar más sitio a las mercancías y pasajeros.

Al mediodía, el Centurión se cruzó en el rumbo del Covadonga para poder acercarse por detrás en la banda de babor y así evitar que huyera hacia la costa que estaba próxima, a unas 30 millas de distancia. A una media milla de distancia comenzó a disparar con sus cañones de proa siendo respondido por los de popa del español que se había puesto al pairo en espera del combate. A la una del mediodía se situó al costado de babor del español y comenzó a disparar con sus pesados cañones de la batería baja a una distancia de tiro de pistola, destrozando el casco. Viendo Anson que la victoria no se decantaba a su favor ordenó que treinta tiradores escogidos se apostaran en las cofas para barrer la cubierta. Con más de 60 muertos y 60 heridos y su comandante herido llevado a la enfermería, el navío español se rinde tras casi dos horas de resistencia. Fernández Duro da una cifra de 67 muertos y 84 heridos. En el buque británico sólo hubo tres muertos y 15 heridos. En el buque español iban a bordo 530 hombres, pero sólo 266 eran tripulantes entre los que se incluye a sólo 43 soldados de infantería y unos excesivos 177 criados.

Varios prisioneros pasaron al Centurión y se hicieron varias reparaciones de emergencia en el Covadonga, pero tardaron una semana en pasar al navío británico todo el tesoro. La travesía de los prisioneros españoles hacinados en la bodega fue un auténtico calvario apuntados por cuatro cañones giratorios, apostados en las cuatro esquinas de la bodega, mientras la tripulación británica iba armada en todo momento. Después de un mes de navegación, llegaron a Macao a primeros de julio con el Covadonga a remolque y tres días después entraron en Cantón. Vendieron el casco a los portugueses por 6.000 pesos, zarpando en diciembre rumbo a Europa. Llegaron a Spithead en junio de 1744.

En los primeros días de mayo de 1743 se había recibido la noticia en Manila de que el navío británico Centurión, al mando de George Anson, ha salido carenado y aprestado del puerto de Cantón rumbo al cabo Espíritu Santo, a esperar al navío Covadonga, que regresa a las islas desde Acapulco. En Junta de Guerra se decidió que saliera de Cavite el navío Pilar y una galeota armados en guerra rumbo al estrecho de San Bernardino para encontrarse con el Covadonga antes de ser atacado por el británico. Al retrasarse el apresto del navío Pilar, salió antes la galeota Nuestra Señora del Rosario, armada y tripulada por 40 hombres. Terminada la carena del navío, se nombró cabo superior al general don Juan Domingo de Nebra. Este general indicó que sería conveniente descubrir la quilla del navío, pero serían necesarios al menos dos semanas de trabajos. Pero sólo se tardó cuatro días al hallar que sus costados estaban bien. Para el 28 de mayo estaba listo para hacerse a la vela, que fue el 3 de junio.

Tenía el comandante Nebra instrucciones de dirigirse al estrecho de San Bernardino, al puerto de Palapag, para dirigirse después a cualquier sitio donde hubiera noticias del enemigo. Navegando ya por el embocadero tuvo noticias por un despacho enviado por el comandante de la galeota, con fecha del 22 de junio, que se había descubierto un navío de tres velas en la costa de Borongán, el cual había disparado seis cañonazos contra la costa de Capul. Eran indicios suficientes para haber acelerado la navegación, pero el general Nebra siguió navegando lentamente, y el 7 de junio intentó entrar en el puerto de San Jacinto, isla de Ticao, donde chocaron con un banco de arena. Sin muchos daños, el 12 de junio pudo entrar en puerto de San Jacinto. Se entretuvo en el reconocimiento y reparación de los daños en la bodega hasta el 12 de julio. Entretanto el general Nebra fue a Cavite a dar noticia de lo ocurrido. Con algo más de diligencia, el navío Pilar hubiera tardado unos 26 días en llegar, a tiempo para reunirse con el navío Covadonga, evitando su captura por el británico Anson el 30 de junio. O en caso de combatir en solitario, haber dañado tanto al enemigo que abandonase el intento de atacar al Covadonga. A pesar de los muchos y graves errores cometidos, el general Nebra y sus oficiales fueron absueltos de los cargos imputados.

Bibliografía:

Cavo, Andrés.: Los tres siglos de Méjico durante el gobierno español. Méjico, 1852, p. 136.

Concepción, Juan de la.: Historia general de Filipinas. Tomo XI. Manila, 1791, pp. 132-144, 151-195.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tomo VI. Museo Naval. Madrid, 1973, página 292.

García del Valle y Gómez, Jesús. Retrato de un navío. Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza de la carrera Manila-Acapulco (1733-1750). Bubok, 2011, página 75.

Williams, Glyn.: El mejor botín de todos los océanos. La trágica captura de un galeón español en el siglo XVIII. Turner Publicaciones S.L. Madrid, 2002.

A.G.I. Filipinas, 192, N. 66. Carta de los oficiales reales de Filipinas sobre el despacho del galeón Pilar. Manila, 15 de junio de 1745.

A.G.I. Filipinas, 447, N. 11. Carta del gobernador don Gaspar de la Torre sobre fábrica de galeón y despacho del Covadonga a Nueva España. Manila, 10 de julio de 1742.

Compilada por Santiago Gómez.

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