1749-1750 - Galeon de Manila

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Dibujo de un galeón de finales del siglo diecisiete y hasta principios del diecinueve. A finales del siglo diecisiete cambio la construcción naval, naciendo el navío como buque principal, al disponer de una grada en la ciudad de Manila capital de las islas Filipinas, comenzó la construcción de estos buques para continuar con los viajes a Acapulco, transportando entre otras muchas cosas sobre todo especias. También se enviaron algunos de la península por no poder ser construidos en las islas. Su única diferencia con los navíos de guerra, consistía en ser algo más pequeños y al igual que siempre más pobres de artillería, por causa de ser más en sí unos transportes que buques de guerra como a tales. Su arboladura era la misma que los navíos, con tres palos, trinquete, mayor y mesana y velas cuadras. En la proa como siempre llevaban varios foques.

Contenido

Mando:

General don Francisco de Ustáriz.

Salida:

Parcialmente reparado tras la arribada a Cavite, el navío Nuestra Señora del Rosario y los Santos Reyes vuelve a zarpar con los mismos mandos en mayo o junio de 1749, 8 de abril según Navarro García. En esta ocasión llevaba más mercancías, 3.999 piezas valoradas en 499.875 pesos, además de unas cartas del gobernador en las que pedía al virrey le enviase los situados de 1747 a 1749. En esta ocasión consiguió llegar a Acapulco, el día 28 de enero de 1750.

Buques:

Navío: Nuestra Señora del Rosario y los Santos Reyes. Maestre don José Gregorio del Escorial.

Regreso:

Salió de Acapulco el 8 de abril de 1750. La feria había resultado un fracaso por los excesivos precios de las mercancías, pero al menos el navío regresó con parte del situado para paliar las urgencias. El 20 de julio de 1750 regresa a Cavite llevando a bordo al nuevo gobernador y capitán general de Filipinas, el teniente general de la Armada don Francisco José de Ovando y Solís, marqués de Ovando.

También llegó con 120.000 pesos del situado, 300 quintales de cobre, 120 misioneros, 50 soldados, 15 marineros y 5 artilleros. Al regreso del galeón, el nuevo gobernador ordenó reconocer todas las naves de Filipinas. El navío Rosario se encontraba en mal estado, con muchas maderas podridas. Ovando ordenó mantener el navío hasta que se construyera otro para sustituirlo.

Bibliografía:

Concepción, Juan de la.: Historia general de Filipinas. Tomo XII. Manila, 1792, pp. 177, 189-191.

García del Valle y Gómez, Jesús.: Retrato de un navío. Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza de la carrera Manila-Acapulco (1733-1750). Bubok, 2011, página 108.

Navarro García, Luis.: América en el siglo XVIII. Los primeros Borbones. Tomo XI, página 530.

A.G.I. México, 515. Carta del virrey a S.M. México, 3 de febrero de 1750.

A.G.I. México, 121. Carta del virrey a S.M. México, 18 de mayo de 1750.

Compilada por Santiago Gómez.

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