1793 Campaña de Cerdeña

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1793 Campaña de Cerdeña



Por haberse desatado las hostilidades con la república francesa, se dio orden de reactivar la escuadra del Arsenal de Cartagena quedando compuesta por veinticuatro navíos y nueve fragatas, entre ellos el navío Real Carlos insignia de don Francisco de Borja, general en jefe, Conde de Regla, insignia de don Fernando Daoiz Güernica, San Carlos, insignia de don Francisco Javier Melgarejo, pertenecientes todos a la misma escuadra dando la vela el 6 de mayo.

Puso rumbo al golfo de Parma en la isla de Cerdeña, pues no tenía noticias de cómo estaba la situación en la isla de San Pedro y San Antíoco, pertenecientes al reino de Cerdeña por haber sido conquistadas por los convencionales franceses. En su rumbo el 16 de mayo iban destacas en vanguardia la división de fragatas al mando del capitán de navío don Miquel de Orozco, con la Dorotea, insignia, Perla y Santa Casilda, divisando una vela a la que dieron caza, apresando a la fragata francesa Hèléne, del porte de 34 cañones, pasando a incorporarse a la escuadra española con el nombre de Sirena, al arribar al golfo ya de noche cerrada era complicado entrar por la falta de señales, pero aplicando la práctica consiguieron hacerlo todos y en su interior lanzaron las anclas. Al fondear dio la orden de desembarcar el ejército, el cual se unió a las tropas corsas que aún resistían, con la intención de unidos tomar la isla de San Antíoco, pero no hizo falta disparar un sólo tiro, pues vista la escuadra por los invasores la abandonaron pasando a la de San Pedro.

Comprobado el éxito inicial, dio orden de reembarcar las tropas y al día siguiente zarpó con rumbo a la isla de San Pedro, estaba dispuesto a tomarla aunque fuera a fuerza viva a pesar de no disponer de artillería de sitio para el ejército. Penetró en el puerto con quince de sus navíos, dejando al resto cruzando para proteger un posible ataque enemigo, envió un bote con el ofrecimiento de una rendición al Jefe de las tropas francesas, al mismo tiempo con otro se acercaron a la fragata Richmond con la misma intención, pero su capitán viendo no tenía salida ordenó prenderle fuego y al estar atracada su tripulación saltó a tierra fácilmente. El jefe del ejército francés no quiso hacer caso del ofrecimiento, por ello comenzó un fuerte bombardeo de los navíos, sumado al desembarco de las tropas tomando buenas posiciones, la lluvia de proyectiles era inmensa, viéndose sin salida al poco de comenzar arriaron su bandera. Así se consiguió rendir el mayor peligro no siendo otro que el fuerte que defendía la entrada, el cual disponía de cuarenta cañones, ochocientos hombres y gran cantidad de pertrechos de guerra, cayendo todo en manos españolas.

En total se consiguió un botín de 104 piezas de artillería de todos los calibres, más cinco morteros, gran cantidad de pertrechos de guerra, así como víveres y mil doscientos veinticinco soldados del ejército republicano. Todo ello y enarbolando la bandera del rey don Carlos IV quedó en su poder durante veinticuatro horas, por llegar en este tiempo los representantes del Rey de Cerdeña, a quienes les fue entregado todo, diciéndoles que por no ser un territorio español le pertenecía al verdadero Rey de las islas. Éste detalle fue reconocido tanto por S. M., don Carlos IV como por el Rey Víctor Amadeo de Cerdeña.

Al terminar esta parte de la campaña puso rumbo a Barcelona fondeando el 4 de junio, donde desembarcó los prisioneros franceses, (lo único que no se les entregó) zarpando casi inmediatamente con rumbo al Arsenal de Tolón y costas de la Provenza, pues su misión desde un principio era la de acosar desde el mar al ejército revolucionario, cumpliendo a la perfección con lo ordenado, pues los enemigos no hicieron mención de zarpar a presentar combate, quedando encerrados en su propia base.

Vista la inacción de los enemigos puso rumbo a Génova y posteriormente a Córcega, pasando a prestar su apoyo de fuego a los ejércitos napolitano y piamontés, quienes avanzaban por las riberas del Var facilitando su progresión, llegando a tanto la influencia que se comenzó a levantar una contra-revolución para devolver la monarquía a Francia sobre todo en las poblaciones de Marsella y Tolón.

Continuaron apoyando al ejército hasta surgir lo inesperado, estando sobre Niza y Villafranca todo se vino abajo al declararse una epidemia a bordo, por el mal estado de los alimentos embarcados obligando a don Francisco de Borja a dar la orden de abandonar el apoyo y poner rápidamente rumbo a Cartagena, donde arribó entre el 8 y 9 de agosto, pasando a desembarcar más de tres mil tripulantes.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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