1805 - Combate Trafalgar Parte oficial navio Montanes

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Combate Trafalgar Parte oficial navío Montañés

Por su Segundo comandante D. Alejo Gutiérrez por muerte de su Comandante don Francisco Alsedo.

AGMAB. (Archivo General de Marina Álvaro de Bazán) Manuscrito legajo 4839 (copia firma autógrafa)

« Día 21 de octubre de 1805. — Amanecimos a la vista de la escuadra enemiga, a unas dos leguas de distancia de ella, sin una rigurosa formación; la escuadra de observación a vanguardia. El viento estaba variable y flojo del SO. al ONO., y nos ceñíamos amurados por estribor con las gavias, mesana y contrafoque. Así que aclaró, contamos el número de buques de ella, ascendiendo en total a treinta y dos, de los cuales veintiocho parecían navío y muchos de tres puentes. A las seis y media hizo el General la señal de formar el orden de batalla mura estribor. A las seis y tres cuartos la de estrechar las distancias a un cable; poco después de las siete se observó que los enemigos venían arribados en dos columnas, con fuerza de vela, al parecer a cortarnos por el centro y retaguardia.

Nuestra escuadra maniobraba para formar la línea y ocupar cada uno su lugar en ella. A las ocho señal de que toda la escuadra vire por redondo a un tiempo, lo que ejecutamos a las ocho y media con el mismo aparejo y viento flojo; a las nueve y media hizo el General francés la señal de ceñir el viento. A las diez la de que la escuadra de reserva rectifique el orden actual; a las diez y media hizo el General la señal de que los navíos de su cabeza conserven la distancia de un cable, y en este tiempo nos hallábamos algo apelotonados los navíos de vanguardia de la escuadra de observación, entre ellos el Santa Ana.

El navío Bahama estaba por nuestro través de estribor, y se le habló diciéndole que nosotros íbamos a ocupar nuestro lugar, por lo que él puso la gavia en facha, y viendo entonces una gran distancia entre el Algésiras y el nuestro, procurando ponernos por la popa de este navío, advirtiéndoselo a la voz al navío Aigle, pues era la suya la que nos correspondía, pero no podíamos tomar por la posición del Bahama. A las once señal de que la línea de batalla se prolongaba mucho a retaguardia.

Poco después hizo señal el Santa Ana la de que el navío de la cabeza ciña por babor, y que todos sigan sus movimientos; consecutivamente hizo una fragata la de que la escuadra de reserva rectifique el orden mandado, lo que procurábamos y nos lo hacía dificultoso el poco viento; mientras tanto continuaba la escuadra enemiga en la misma formación de dos columnas, con fuerza de vela se iba aproximando a la escuadra.

A las once y media hizo el General la señal de romper el fuego cuando se estuviese a tiro, la que ejecutamos nosotros a las doce, dirigiéndolo con bastante viveza a un navío de tres puentes que era el cabeza de una de las líneas; casi toda nuestra escuadra lo rompió al mismo tiempo. A la media hora lo hacíamos por intervalos, pues se nos habían interpuesto algunos navíos de nuestra línea y no podíamos tomar otra posición, porque nos lo impedía un navío que estaba muy cerca, a sotavento nuestro e igualmente el denso humo con que nos hallábamos cubiertos por todas partes, de suerte que con él y la calma costaba trabajo el distinguir las banderas.

A la una llegó a ponérsenos a tiro de pistola un navío de tres puentes, haciéndonos un fuego terrible por la aleta de babor, el que nos causó grande estrago en la gente, casco y aparejo; hallándonos en este momento sobre una arribada, izamos los juanetes y vela de estay de gavia, con ánimo de tomar alguna más salida, orzando al mismo tiempo para presentarle el costado, pero él pasó por nuestra popa, y nosotros tuvimos que arribar, porque nos íbamos a abordar con dos navío de los nuestros; en esta arribada nos encontramos algo a sotavento, no pudimos continuar el fuego por hacerlo a los nuestros.

En este momento, que eran las dos y media de la tarde, bajó el teniente de fragata D. Melitón Pérez a decirme que acababa de morir el Comandante y bajar a la enfermería gravemente herido el Segundo; por lo que subí inmediatamente a tomar el mando del navío, mandando orzar al instante, con el objeto de ocupar el primer claro que hallase y entrar de nuevo en la acción. Había muerto también el teniente de fragata D. Rafael Bobadilla y se hallaban en las enfermería otros oficiales heridos; por lo que me fue preciso alterar los destinos de los que quedaban, encargando a los comandantes de las baterías que inmediatamente completasen de gente todos los cañones que se pudiese para volver a hace fuego, lo que se ejecutó muy pronto.

Teníamos tres cañones desmontados y uno sin cascabel; el palo de mesana estaba atravesado de un balazo por debajo de la cubierta de la toldilla, enteramente rendido y con algunos obenques cortados; en el costado de babor había una porción de balazos, cinco a flor de agua; uno de ellos junto a una hembra del timón, por el cual se introducía alguna agua en el pañol del condestable, en donde se paró la bala; la caña del timón estaba rendida por dos balazos. Las jarcias de todos los palos y cabullería de labor estaba muy mal tratada, habiéndose remediado en el momento la falta del estay mayor y otras precisas.

A las tres hizo una fragata la señal de que los que no batían se aproximasen a entrar en acción, dirigiéndose sin duda a seis o siete navíos de vanguardia que no se hallaban en el fuego; éstos viraron inmediatamente por redondo, y nosotros, que nos hallábamos a retaguardia de ellos y a sotavento, amuramos el trinquete con el objeto de prolongar la bordada y virar por su popa cuando estuviésemos en línea. Al venir de esta vuelta entraron sucesivamente en combate estos navíos; nosotros estábamos a tiro de cañón, nos pasaban las balas por encima. No duró mucho tiempo el fuego, porque los enemigos ceñían de vuelta encontrada, y ellos venían algo arribados, como era indispensable por hallarse a barlovento y por el rumbo a donde demoraba el cuerpo fuerte de la escuadra.

A las cuatro estaba el combate por varios puntos; se hallaban muchos navíos desmantelados de todos sus palos, otros de algunos y uno ardiendo. A las cuatro y media vimos al navío Príncipe con su aparejo muy destrozado, que con otros navíos seguían la vuelta del N., y nos demoraba al rumbo a que gobernaban los navíos de vanguardia, cuyo fuego había ya cesado. A las cinco viramos por redondo para reunirnos con estos navíos que se dirigían a incorporarse al Príncipe. A esta hora hizo éste la señal de que la fragata Cornélie le diese remolque.

A las cinco y media cesó el fuego por todas partes, y nosotros nos reunimos con el navío Príncipe que gobernaba al NE., con viento al O. flojo. A las seis hizo éste la señal de unión; los enemigos también se reunían siguiendo la vuelta del S.; en estos términos anocheció. A las seis y media nos dijo la fragata que traía a remolque al navío Príncipe que gobernásemos al N. A las nueve y media nos habló un bergantín francés diciéndonos de parte del General que si no teníamos práctico para entrar en Cádiz, siguiésemos las aguas de su navío; y a las once nos dijo éste que las balizas estaban puestas. A las tres dimos fondo sobre el placer de Rota en doce brazas de agua, a imitación del navío General.

Día 22. — Amaneció achubascado, viento al S. fresquito, y nos hallábamos fondeados seis navíos españoles, cuatro franceses, tres fragatas y dos bergantines. A las diez y media llamó el General por señales algunos de los comandantes y siendo uno el de este navío, mandé echar un bote al agua y fui a su bordo; al mismo tiempo quedaba el navío preparándose para dar la vela para adentro; a las dos, estando el viento muy fresco y con bastante mar, volví a bordo y mandé dar fondo a la segunda ancla; al mismo tiempo dispuse que se diese rueca al palo de mesana y remediasen las demás averías. El viento estuvo toda la noche duro, con repetidos chubascos.

Día 23. — Amaneció todo muy ofuscado y el viento por el OSO., habiendo abonanzado muchos. Un navío francés había varado durante la noche en la Punta de San Sebastián y otro sobre Rota; al Príncipe de habían venido abajo el palo mayor y mesana, y con alguna vela en el de trinquete se iba para adentro; el San Leandro se halla en los mismos términos; el Algésiras entraba en bandolas; nosotros empezamos la faena de levarnos y nos faltó el ancla de estribor por su arganeo, seguimos virando por la de babor para dar con prontitud la vela, pues el tiempo iba presentando mal cariz.

A las ocho y media hizo señal el navío Rayo señal de dar vela. A las nueve y media la de que todas las fragatas y corbetas pasen por su proa. A las once y media dimos la vela, haciendo el Rayo a esta hora la señal de que imitásemos en un todo sus movimientos, y seguidamente la de zafarrancho de combate. A las doce estábamos a la vela los navíos Rayo, Asís, Montañés, tres franceses y algunas fragatas, seguíamos la vuelta de afuera, ciñendo el viento con las gavias, trinquete, mesana y contrafoque. A la una llegó a la voz con un falucho D. Miguel de Álava y me dijo de orden del Comandante General que siguiese a los demás navíos, con el objeto de ver si podíamos represar algunos de los desmantelados que se llevaban los enemigos; efectivamente, conseguimos que el navío Neptuno, que con el trinquete y contrafoque seguía la vuelta de afuera, tomase la del puerto; que un navío que llevaba a remolque al Santa Ana lo largase.

A las tres viramos por redondo a imitación de los navíos de vanguardia, y a las cuatro hizo el comandante francés la señal de que la Armada se dirija al puerto. A las cuatro y media la de que cada comandante maniobre para asegurar su buque; nosotros, no pudiendo llevar en el palo de mesana más vela que la de mesana, amuramos la mayor a pesar de estar enteramente rifada, para no caer a sotavento y tomar el puerto. A las seis, estando el navío Santa Ana a la parte de adentro del castillo de San Sebastián remolcado por una fragata, y fondeados el Neptuno y los otros tres navíos franceses, dimos fondo al ancla de babor en nueve brazas lama a la parte de adentro de Las Puercas, no permitiéndonos el viento el ir más adentro por estar al SSO., fresco y cerrado con agua.

El navío Asís de la vuelta de adentro y el Rayo continuaba aún la de afuera. A las nueve, habiendo refrescado el viento con chubascos, dimos fondo a la esperanza, arriamos las vergas mayores, echamos abajo las del juanete y calamos los masteleritos; el viento permaneció muy duro y por la misma parte toda la noche.

Día 24. — Amaneció nublado, el viento al SSO., frescachón; los navíos Neptuno y Asís perdidos sobre la playa de El Puerto, el Rayo no se veía; a las siete empezó el viento a rolar algo para el Oeste, por lo que pensé en dar la vela, con parecer del práctico, para meter el navío más adentro en caso que abonanzase; a las tres de la tarde llegó a estar por el SO., fresquito, pero ya no había lugar para levarse a dar la vela. Anocheció con celajería parda, viento al SO., fresco, y en la noche estuvo del SSO., al S.

Día 25. — A las cuatro de la madrugada, habiendo dado el viento un recalmón con buen cariz, empezamos a suspender la esperanza; a las seis volvió a estar el viento en toda su fuerza y se escaseó hasta el SSE., con mal cariz; al medio día mandé echar la lancha al agua con objeto de sacar de la bodega la quinta ancla, la cual quedó en el combés, encepándose al anochecer. A esta hora estaba el viento al S., muy duro, con repetidos chubascos. A las doce quedó encepada la quinta ancla, y la mandé entalingar; hasta las cuatro y media estuvo el viento frescachón del SSO., a ráfagas con aguaceros; a esta hora cedió llamándose al SO., y empezar a levarnos.

Día 26. — Amaneció con los horizontes calimosos, viento al SSO., fresquito, con mar gruesa del SO. El navío San Justo, que anocheció fondeado junto a nosotros, estaba cerca del castillo de Santa Catalina con el palo mayor y mesana de menos. El Indomptable, que también anocheció junto a nosotros, no se veía. A las seis y cuarto hizo el San Justo señal de no poderse aguantar, que se veía precisado a dar la vela; al mismo tiempo pidió auxilio con varios cañonazos. A las siete y media nos hizo señal pidiéndonos la lancha con anclote y calabrote; le contestamos con la de que no se podía ejecutar la orden, y esto fue en virtud de que estábamos en la faena de dar la vela, y la lancha no podía trabajar en faena de ancla por tener la quilla partida de un balazo.

A las diez y media, teniendo ya elevada un ancla y hallándonos casi a pique de la otra, determinamos picar el cable de babor para dar la vela, por no malograr la ocasión, pues el viento iba refrescando por el SO., teníamos dispuesto el aparejo para caer sobre babor, pero la marea nos lo impidió, y caímos sobre estribor, llevando las tres gavias arriadas a medio mastelero, mesana y contrafoque, nos vimos precisados a virar por redondo por no empeñarnos con el Diamante, y seguimos la bordada de dentro, teniendo que volver a fondear en seis brazas de agua porque el viento estaba demasiado fresco para virar, no pudiéndolo hacer por redondo; así que aferramos todo el velamen, se embarcó en la lancha un anclote con dos calabrotes y tendimos una espía en dirección del Canal, en el ínterin calamos los masteleros. Anocheció con los horizontes muy tomados, viento fresco del SO., el que se mantuvo toda la noche en algunas ráfagas.

Día 27. — Amaneció achubascado por el tercer cuadrante, viento del SO. al OSO., fresquito; a las siete y cuarto, estando el viento más bonancible, levamos el ancla y nos íbamos espiando. A las nueve horas de la bajamar tocamos de popa y a los pocos golpes se desmontó el timón; advertimos al mismo tiempo que el anclote había garreado, por lo que volvimos a dar fondo e hicimos la señal de la situación en que nos hallábamos, pidiendo auxilio con algunos cañonazos.

Inmediatamente tendimos otra espía de tres calabrotes al SSO., pero el viento era fresco y la mar gruesa, por lo que no nos determinamos a levar el ancla, y continuando dando golpes en las fuertes cabezadas, determinamos de picar el palo de mesana, después de haberlo desaparejado de sus vergas, pues de todos modos ya estaba rendido y amenazando el venirse abajo.

A las doce se picó el palo, y mandé a esta hora un oficial al navío Príncipe pidiéndole auxilio. A las cuatro llegó un lanchón con un ancla y un cable, e inmediatamente mandamos que le diese fondo a distancia proporcionada, trayéndonos el chicote del cable a bordo. Anocheció el cielo claro, el horizonte cargado, el viento bonancible por el Oeste. A las nueve suspendimos nuestra ancla y viramos por la del lanchón. A las doce, hora de la bajamar, viendo que no tocábamos cesamos esta faena.

Día 28 — Al amanecer tendimos dos espías para halarnos por ellas, y mandamos los heridos a tierra, lo que no se pudo ejecutar hasta este día por haber estado siempre la mar muy gruesa y ser muy difícil el embarcarlos; sólo quedó a bordo el segundo comandante que se hallaba agonizando; a las once, después de haber ido bastante avante con las espías, volvimos a dar fondo al ancla de babor, por refrescar el viento, y tendimos otras espías. A las dos murió el segundo comandante, y se mandó a tierra en un bote; anocheció con la celajería parda, viento SO., bonancible, continuando en la faena de espiarnos. A las nueve dimos fondo a un ancla para dejar descansar la gente, pues ya nos hallábamos en el Canal.

Día 29. — A las cinco de la mañana, estando el viento al NO., bonancible, levamos el ancla y continuamos espiándonos, hallándonos ya en el fondeadero. A las ocho se entregó el mando de este navío al Sr. D. Ramón de Herrera. — A bordo del navío Montañés espiándose en la bahía de Cádiz, 29 de octubre de 1805. — Alejo Gutiérrez de Rubalcava.

Estado que manifiesta los muertos, heridos, graves y levemente, y contusos en el combate del 21 de octubre de 1805.

Muertos: Capitán de navío comandante, Don Francisco Alsedo Bustamante; Teniente de fragata, D. Rafael Bobadilla. Real Cuerpo de Artillería de Marina: Ayudante de la 14ª brigada, don Cayetano Calleja. 4º Regimiento del Real cuerpo de Artillería del Ejército: 1ª compañía de la 1ª, brigada don Ignacio García. Infantería de Marina: 5ª del 1º soldados Francisco Ordoñez y Francisco Álvarez, 2ª del 2º Leandro Hermano, 3ª del 2ª Lucas García, 5ª del 7º Pedro Larruiz. Infantería ligera del 2º de Cataluña: 4ª compañía soldado Miguel Miguel, 6ª Francisco Vilanova, ídem Francisco Roca. Artilleros: Antonio Suárez y José Pita. Marineros: Antonio Mecha, José Cancelos, José Piñeuro, Luis García y Domingo Lago.

Heridos graves: Segundo comandante, capitán de fragata don Antonio Castaños. Oficiales mayores: Condestable D. Pedro Taboada. Infantería de Marina: 3ª del 1º soldado Pedro Varela, 6ª del 2º Domingo de Almentia, 5ª del 3º José de la Peña, 6ª del 3º Valentín Díez, 3ª del 12º cabo segundo Juan García. Infantería ligera 2º de Cataluña: soldados; 4ª Segismundo Estrada y de la 6ª Juan Thomas. Artilleros: Antonio López y Felipe Ávalos. Marinero: Lorenzo Fernández. Grumetes: Francisco del Valle, José Mendoza, Cosme Damián Acosta, Vicente Lobeyra, José Domínguez y Antonio Rey.

Heridos leves: Teniente de navío D. Francisco González Calderón; alférez de navío, don Gerónimo Obregón y teniente de brulote, D. Jacobo Aleman. 4º Regimiento del Real Cuerpo de Artillería de Ejército: 2ª de la 1ª, brigada don Pedro Anedeva. Infantería de Marina: 1ª del 1º cabo 1º don José López, 5ª del 2º, soldado Vicente Bruzos. Infantería ligera 2º de Cataluña: soldado Ramón Miguel. Artillero: Alonso González. Marineros: Bartolomé de Lamas y Francisco de Paula Vázquez. Grumete: Miguel Seyjo.

Contusos: Alférez de navío, D. Manuel José de Huergo, ídem, D. Simón Londoño y ídem primer piloto, D. Joaquín Hurtado. Infantería de Marina: 5ª del 1º, soldado Andrés de la Vega. Artilleros: Salvador González y Alonso González.

A bordo de dicho buque, a 22 de octubre de a 1805. — Alejo Gutiérrez de Rubalcava. »

BRAH Col. JPG. (Biblioteca de la Real Academia de la Historia) Manuscrito 8315 h). Al parecer escrito por don Joaquín Gutiérrez de Rubalcava posteriormente, para justificar sus determinaciones al mando del navío.

« Día 18 de octubre de 1805. — A las cinco y media de la tarde, estando el viento al O calmoso, hizo el General sucesivamente las señales siguientes, primera: — Quitar el cañón a las lanchas —, — llamar a los equipajes a bordo de sus buques — y — la de la orden general —. Tirando al mismo tiempo la 1ª pieza de leva; seguidamente se hizo la de meter las embarcaciones dentro y la de levarse. Anocheció en los mismos términos; a esta hora cruzamos las vergas de juanete, metimos la lancha dentro, y empezamos a levar el ancla del SE. A las once hizo el general señal de dar la vela; a las dos ya teníamos suspendida dicha ancla, y empezamos igual faena con la del NO; para las cuatro con treinta y cinco brazas de cable fuera y toda la escuadra en movimiento de dar la vela.

Día 19, sábado, día de Luna. — Amaneció claro, el viento muy flojo por el NE, la escuadra pronta para dar la vela. A las seis hizo el General francés la señal de dar la vela sin aguardar a otra señal. A las siete hizo nuestro General la misma señal; a esta hora metimos dentro el 2º bote e izamos las gavias; a poco rato pidió el Neptuno práctico para dar la vela; a las ocho y media suspendimos el ancla, y dimos la vela con las tres gavias estando el viento al E, muy flojo. Estando ya los navíos más avanzados en vela hicimos zafarrancho de combate y prontos para ejecutarlo. A las nueve y media, notando que no salíamos nada para avante, cargamos las gavias y dimos fondo. A las diez hizo el General la señal de pedir los estados de salida.

Día 19 a 20, domingo, días de Luna. — A mediodía quedamos en la disposición dicha, como igualmente todo el cuerpo fuerte de la escuadra a excepción de seis navíos franceses y un español que estaban a la vela. Anocheció claro, viento muy flojo al NNO, y sin novedad pasamos la noche.

Amaneció achubascado. A las seis hizo el General señal de dar la vela, lo que ejecutamos con las tres gavias, con el viento al Sur galeno. A las siete hizo el General la señal de zafarrancho y prepararse al combate. Para las ocho ya estaba toda la escuadra fuera de puntas, y así seguimos ciñendo el viento mura a babor con solo las gavias y trinquete. A las nueve con motivo de irse cerrando todo de mucha agua; demarqué la torre de San Sebastián de Cádiz al S 40 E, Rota al S 86 E y punta de Meca al NE, todo de la aguja. A las nueve y tres cuartos hizo el General señal de tomar un rizo a las gavias, lo que ejecutamos, en cuya faena rifamos la gavia por la empuñadura de babor, por lo que fue preciso echarla abajo para envergar otra. A las diez y tres cuartos hizo el General señal de que toda la armada dé caza al rumbo del SO un cuarto S sin sujeción a puesto. A las once y tres cuartos, hizo la de tomar todos los rizos a las gavias y a las doce la de unión.

Día 20 al 21, lunes de 1805. — Quedamos al mediodía con las principales, gavias sobre dos rizos, ciñendo el viento mura babor; la mar picada del SO fresquito y varios chubasquillos por intervalos; la escuadra unida sin orden de formación. Poco después hizo el General francés la señal a la fragata Hortense que pase por su popa; enseguida hizo la de reunión y después hizo la de navegar en tres columnas mura estribor o babor, orden natural. A la una y cuarto hizo nuestro General la señal de que la escuadra de observación se ponga a la derecha del cuerpo fuerte de la escuadra; después hizo la de que los navíos de sotavento fuercen la vela, y poco la de que iba a tomar la cabeza de su columna.

A las dos cargamos el trinquete para ocupar nuestro lugar. A las dos y media hizo de largar los rizos a las gavias, habiendo aclarado el tiempo; a las tres hizo el General francés de virar toda la escuadra por redondo a un tiempo, lo que ejecutamos. A las 3 y media hizo nuestro General la de que toda la escuadra de reserva arribe al S un cuarto SE; después hizo la de formar dos líneas, la 1ª división a la derecha. A las cuatro la de que se coloque la 1ª división a la izquierda, después la de que toda la escuadra rectifique el orden de la marcación. A las cuatro y tres cuartos hizo un navío francés señal de cuatro velas al SSO, las mismas que avisó el gaviero, y otra más a sotavento. A las cinco y media hizo el General la señal de que los cazadores retiren antes del anochecer.

Al ponerse el Sol observé 20º de variación NO. A esta hora hizo el General señal de zafarrancho general y prepararse para el combate.

Anocheció el cielo claro, horizontes foscos, viento fresquito, mar picada del SO, la escuadra unida en el orden mandado con el aparejo de las tres gavias a imitación del General, demorándonos éste al SE. A las ocho y media hizo la de formar una pronta línea de combate. Para esta hora teníamos hecho nuestro zafarrancho, cada uno en su puesto y prontos de un todo para el efecto. Desde las diez y media se estuvieron viendo varias señales extrañas cuales eran hechas con frascos de mixtos y cañonazos de tiempo en tiempo por barlovento, por cuyo indicio creímos ser la escuadra enemiga. No ocurrió más novedad durante la noche.

Amaneció con celajería, horizontes calimosos, viento del SO y ONO bonancible; el cuerpo fuerte de nuestra escuadra por la popa a regular distancia, la de observación por nuestro través y amura, con el mismo aparejo de solo de gavias a imitación del General, la escuadra enemiga por barlovento formada en dos líneas con todo aparejo, siguiendo la vuelta del E. Ésta compuesta de veinte navíos sencillos, ocho de tres puentes, dos fragatas, una goleta y un cúter. A las seis y media hizo el General la señal de formar el orden de batalla mura estribor; a poco rato hizo la de que la escuadra enemiga era inferior a la nuestra y que convenía atacarla. El enemigo siempre seguía sobre nosotros en formación dicha con todo aparejo, indicando por sus movimientos cortarnos por la retaguardia o vanguardia. A las seis y tres cuartos hizo nuestro General la señal de estrechar las distancias a un cable.

A las ocho hizo el General la señal de virar por redondo toda la escuadra a un tiempo, lo que se ejecutó a las ocho y media; a las nueve y media hizo el General francés la señal de ceñir toda la escuadra a un tiempo. A las diez hizo este mismo la de que la escuadra de reserva rectifique el orden actual; a las diez y media hizo el General la señal de que los navíos de su cabeza conserven la distancia de un cable. A esta hora nos hallábamos maniobrando para ocupar el claro que había por la popa del navío Algésiras, para lo cual le hablamos al navío Bahama, el que puso su gavia en facha para dejarnos pasar, y así seguidamente hasta que nos pusimos a la distancia mandada por la popa del navío Algésiras.

A las once hizo un navío francés la señal de que la línea de batalla se alarga mucho a retaguardia; poco después hizo el navío Santa Ana la señal que el navío de la cabeza ciña por babor, y que sigan todos sus movimientos. Poco después hizo una fragata la de que la escuadra de reserva rectifique el orden mandado. A esta hora se hallaba toda la escuadra con solo las gavias, unos orzando y otros arribando, conforme a cada uno le parecía para la formación de la línea de batalla. El enemigo seguía sobre nosotros, abiertos por babor con gavias, juanetes y alas de estos, y la formación dicha de dos columnas, siendo el navío de la cabeza de la columna de la izquierda de tres puentes.

A las once y media, estando al tiro de cañón del enemigo, hizo el General la señal de romper el fuego, lo que ejecutamos nosotros y los navíos de nuestra cabeza, y poco después los navíos de nuestra retaguardia, como igualmente el enemigo, haciendo un fuego muy vivo. Para el mediodía continuábamos en estos términos, pero a las doce y media tuvimos por intervalos que cesar el fuego vivo que hacíamos pues se nos interponían dos navíos franceses.

Con este motivo dimos los juanetes y estay de gavia para poder salir o abrir más claro para ver al enemigo, pues al mismo tiempo el mucho humo nos impedía el objeto, y otro navío que teníamos por nuestro través de estribor; y así nos mantuvimos haciendo fuego como queda dicho hasta la una, que vimos que un navío enemigo de tres puentes nos hacía un vivo fuego por nuestra aleta de babor, por lo que tratamos de orzar para presentarle el costado, y no lo pudimos conseguir pues nos abordamos con dos navíos franceses, y así arribamos un poco. En este tiempo murió el comandante y el segundo gravemente herido, notando al mismo tiempo muchas falta de gente en la segunda batería y muerto el segundo comandante de ella.

Inmediatamente subió a tomar el mando el teniente de navío don Alejo Rubalcava. A poco rato empezamos a ceñir, haciendo a las dos una fragata señal de los que no batían se aproximasen para emprender la acción de nuevo por lo que hicimos las más vivas diligencias para incorporarnos con tres navíos y tres franceses que parecía no se habían batido, y así se determinó seguir la bordada para tomar la retaguardia, pues estos se hallaban muy a barlovento, viendo al mismo tiempo un fuego muy vivo en varios puntos. A las cuatro y media se hallaban la mayor parte de nuestros buques como al E 5º S y así seguimos en demanda de ellos

A la sazón el viento era muy bonancible del SSO y a veces del Oeste, siguiendo aún el fuego en varios puntos. A las cuatro y media hizo nuestro General señal a la Cornélie que pase por su popa y a las cinco y un cuarto hizo señal una fragata que sigan todos los movimientos del General, siguiendo éste la vuelta del NE, y el enemigo la del S. A poco dimos vista a Cádiz algo confusa demorando al NE de la aguja, distancia de cuatro o cinco leguas. A las cinco y media hizo el General la señal de unión.

Anocheció cielo claro, horizontes foscos, viento OSO calmoso, mar llana. Para esta hora ya había cesado el combate, quedando el campo de batalla diez buques hechos boyas, otro incendiado y otro que estaba con su aparejo se notó que había volado, pero con la oscuridad no podíamos distinguir si era nuestro o enemigo. A las seis dimos vista a la luz de San Sebastián demorándonos al NNE de la aguja, distancia tres leguas. A las seis y media nos dijo la fragata Hortense, que traía de remolque al navío Príncipe y que gobernásemos al N. lo que ejecutamos.

'A las nueve. '(1)

A las nueve y media nos habló un bergantín francés, diciéndonos de parte del General que si no teníamos práctico para entrar en Cádiz, que siguiésemos por las aguas del Príncipe. A las once hablamos al Príncipe y nos dijo que estaban puestas las balizas para entrar en Cádiz y que siguiésemos a él, por lo que tomamos su popa siguiendo sus movimientos, y a las tres dimos fondo en el placer en doce brazas de agua, demorando la torre al SSO de la aguja.

Para el amanecer nos hallábamos fondeados los navíos Príncipe, Leandro, Rayo, Asís, Justo y nosotros, cuatro franceses y cuatro fragatas con los dos bergantines de la misma nación; el resto de la escuadra sin verse más que dos buques que hacían por este fondeadero. A las ocho recibimos al práctico. A las diez y media llamó el Príncipe a todos los comandantes de los buques. Echamos el bote al agua y fue el nuestro.

Día 22 al 23. — Permanecimos al mediodía fondeados, el viento por el Sur duro y todo cerrado de agua, el navío general reparando sus averías y nosotros las nuestras, que eran el palo de mesana rendido de dos balazos por la misma fogonadura, la caña del timón con tres balazos, varias portas de la 1ª y 2ª batería y otras menudencias como asimismo cinco obenques de la jarcia de trinquete y varios cabos de labor, habiéndonos muerto en el combate al comandante, el segundo gravemente herido, muerto el teniente de fragata don Rafael Bobadilla, 2º comandante de la 2ª batería; veintidós muertos de marinería y tropa y veinte heridos, todos de muerte, y muchos contusos; teniendo muchos balazos en el velamen, costado y aleta de babor.

Poco después del mediodía desarboló el Leandro del palo mayor y mesana. A las dos volvió el comandante a bordo. El viento subsistía muy duro por el Sur y SSO. Dimos al otro ancla, y quedamos bajo las marcaciones siguientes: punta Candor NO un cuarto N, castillo de Santa Catalina del Puerto E. 5º S., y la torre de San Sebastián al SO un cuarto S, rumbos de la aguja.

Anocheció todo cerrado de agua, el viento muy duro del S y SSE, y los mismos buques que había fondeados y sin verse otros; quedamos asegurando el palo mesana, echado su mastelerillo abajo. Durante la noche hubo varios chubascos y varias ráfagas de viento muy duro; oímos de tiempo en tiempo varios cañonazos como de buque empeñado pidiendo socorro. A las once y media empezó a rolar el viento al ONO, y se mantuvo del OSO al ONO con las mismas ráfagas. A las cinco empezamos a virar el ancla de estribor.

Amaneció muy ofuscado, el viento más bonanza y disminuyendo su fuerza hasta quedar muy flojo del OSO. En la noche se habían incorporados tres navíos de nuestra escuadra desarbolados de todos sus palos; dos empeñados en la costa, uno sobre la punta de San Sebastián y otro sobre Rota, y se ven cinco buques a la vela a la distancia de dos a tres leguas y hasta contamos siete buques desmantelados que andaban hechos boyas.

A esta hora seguía nuestro General para el puerto desarbolado del palo mayor y mesana. A las ocho, bajo un chubasco nos faltó el cable de estribor, pero habiendo metido dicho cable dentro, no había faltado éste y sí el arganeo del ancla, por cuyo motivo dimos la vela para meternos dentro, pues se presentaba el tiempo de muy mal cariz; nos levamos y dimos la vela con las gavias, cuando a esta hora nos dijo el Justo que estaba a la vela, que si queríamos ir a buscar algunos buques que estaban desmantelados. Le contestamos que el comandante de este navío era un teniente de navío, y que así estábamos sujetos a sus órdenes y obedecíamos. A poco rato volvió a hablar y dijo que su práctico no se determinaba, y que seguía para el puerto.

A las ocho y media hizo el Rayo la señal de dar la vela; a poco nos pidió una embarcación el navío Algésiras para remolcarlo, le mandamos el bote, éste se hallaba enteramente desarbolado. A las nueve y media hizo el Rayo señal que todas las fragatas y corbetas pasen por su popa; poco después hizo la de que toda la armada vaya al fondeadero y lo ejecutan los navíos más próximos; para ésta seguíamos la vuelta de afuera, como igualmente tres navíos franceses, y Rayo y Asís. El viento era Sur fresco y continuábamos la vuelta de afuera. El Rayo hizo señal que en un todo le imitásemos en sus movimientos y la de zafarrancho de combate.

Día 23 al 24. — Seguimos al mediodía con las cinco principales, ciñendo el viento por babor con viento Sur fresquito y mar del SO, siguiendo los movimientos del navío Rayo que era nuestro jefe. A la una llegó un ayudante del General a decirnos que siguiésemos a los demás navíos, y así continuamos los tres españoles y tres franceses. A la una y tres cuartos, hizo un navío francés señal a la fragata Rhin que tomase de remolque al navío desarbolado. A esta hora metimos la sobremesana por estar rendido el palo. A esta hora hizo un navío francés señal de que el Asís vire por avante. A las dos nos demoraba Rota al NE un cuarto al E, y la torre de San Sebastián al Sur 50º Este de la aguja, distancia de esta última de tres un cuarto a cuatro leguas.

A poco hizo una fragata señal que los navíos que están a sotavento viren por avante. A las dos y media, hizo el Rayo la de que el Asís acompañe al navío incomodado. Poco después hizo el Neptune francés la señal a otro navío francés que dé remolque al navío incomodado. A las dos y tres cuartos hizo el francés la señal de unión, y a las tres viramos por redondo a imitación de los navíos de vanguardia. A las tres y media, amuramos la mayor a pesar de estar enteramente rifada pero para no caer a sotavento en virtud de no poder marear la sobremesana por la rendición del palo; y así continuamos para el puerto, habiendo conseguido represar a los navíos Santa Ana y Neptuno que se hallaban desmantelados y amarinados, quedando a la vista y de la vuelta del Norte el número de veintitrés buques, entre ellos once desmantelados que llevaban de remolque.

A las cuatro hizo el francés la señal de toda la armada se dirija al puerto, por cuyo motivo seguimos de la vuelta del SE, con viento fresco del SSO. A las cuatro y media hizo el francés la señal de dejar maniobrar a cada comandante independiente para la seguranza de su buque; y así continuamos ciñendo por estribor a fin de tomar el fondeadero del placer pues el tiempo presentaba de muy mal cariz, y a las seis dimos fondo al ancla de babor en nueve brazas. El viento fue arreciando cada vez más y con mucha agua, por cuyo motivo echamos abajo las vergas de juanetes, calamos sus masteleros, y arriamos las vergas mayores, y a las diez dimos fondo a la esperanza y sin otra novedad pasamos la noche.

Día 24. — Amaneció nublado, viento SSO fresco, estando fondeados tres navíos franceses y tres fragatas por nuestra inmediación, el San Juan en los mismos términos, el Santa Ana ídem, pero el Neptuno al través sobre Santa Catalina del Puerto, el Asís lo mismo, el Rayo sin verse. En esta posición estábamos bajo las marcaciones: torre de San Sebastián de Cádiz al OS. 5º S (sic), el castillo de Santa Catalina del Puerto al NE un cuarto E. y Rota al NNO, rumbos de la aguja. En la mañana guindamos la verga de trinquete con el objeto de prepararnos para dar la vela, pues el viento estaba más bonancible y presentando el cariz del tiempo llamar viento más por el Oeste, que no se llamó hasta las tres de la tarde llamó al SO, pero juzgamos no tener tiempo para suspender las anclas en el resto de la tarde, se suspendió esta faena.

Anocheció con celajería parda, viento OSO fresco, el navío Santa Ana, San Justo, dos franceses y nosotros en los términos ya dichos. A la vista se hallaban tres buques, al parecer navíos, y el Rayo sin verse. La noche se mantuvo con viento muy duro del SSE al SSO, sin haber ocurrido otra novedad.

Día 25. — Al amanecer de este día, estando el cariz del tiempo algo más benigno y el viento más al Oeste, empezamos a suspender la esperanza, pero con la fuerza de la corriente apenas podíamos meter dos brazas de cable; y a las seis estando otra vez el viento en su fuerza y más escaso del SSE, suspendimos dicha faena, a pesar que todos nuestros deseos eran quitarnos de entre bajos. Al mediodía, echamos la lancha al agua, sacamos de bodega la caridad y se mandó encepar para tenerla lista para darle fondo en caso de necesidad. A las cuatro dio fondo en el placer el navío francés Aigle que venía en bandolas. Anocheció con viento al Sur muy duro y con repetidos chubascos. A las doce quedó lista el ancla y se entalingó el cable.

Día 26. — Amaneció estando el viento al SO y con otras aspiraciones. Empezamos a suspender el ancla. El navío Santa Ana en su fondeadero, pero el San Justo empeñado sobre Santa Catalina del Puerto pidiendo socorro, y uno de los franceses sin verse. A las seis le faltó el timón al navío Aigle y siguió en bandolas para dentro pero varó al este del Puerto. A las seis y cuarto hizo el Justo señal de no poderse aguantar, pidiendo al mismo tiempo auxilio, y echó el palo de mesana abajo; después hizo la señal de pedirnos la lancha con anclote y calabrote, pero lo cual se llamó al carpintero para ver si podía resistir la lancha lo pedido en virtud de tener un balazo en la quilla, a los que contestó que no; también dijo el contramaestre que era maniobra muy larga, y que respecto a tener entre manos la nuestra, nos demoraría, por lo que contestamos con la señal de no poder conceder lo que se pide. A poco rato vimos que había echado el palo mayor por la banda.

A las diez y media estábamos a pique del ancla y el viento iba refrescando, por lo que intentamos dar la vela, picando el cable de babor, y dimos la vela con gavias y velas de estays, pero no habiendo caído de la buena vuelta seguimos la de fuera, y por no caer sobre el Diamante por redondo, y seguimos para adentro, pero no pudiendo seguir más la bordada por estar en poco agua, dimos fondo al ancla de estribor en seis brazas bajo las marcaciones siguientes: la torre de San Sebastián al S 75º O, Rota al N 28º O y el castillo de Santa Catalina del Puerto al N 29º E de la aguja; tendimos una espía al SSO. A las tres nos pidió el San Justo la lancha con anclote y calabrote y se le contestó que no se podía en virtud de estar empleada.

El viento seguía fresco del SO y SSO, no tendimos un ancla para nuestra seguridad y salir a más agua por no juzgarla el carpintero capaz para ello. Anocheció con horizontes con barda, cielo claro, viento fresquito del SO; éste (. . .) más o menos fresco. Toda la tripulación y guarnición estuvo lista en los cabrestantes y bitas, los primeros para virar en caso de abonanzar y salir al canal, y los segundos para arriar y templar los cables en caso de necesidad. A las nueve y media empezó a llover mucho, pero con poco viento. A las diez y media, que fue la bajamar, estábamos en cinco brazas y un tercio, calando este navío veinticinco pies de popa.

Día 27. — Amaneció achubascado por el tercer cuadrante, viento SO al SSO fresquito; desde las cinco y media empezó a dar varias claras por el cuarto cuadrante hasta las siete y media, estando más claro y el viento más bonanza viramos por el cable y calabrotes; metiendo en la lancha otra espía para tender inmediatamente luego que tuviésemos a pique del ancla. A las siete y tres cuartos, hizo el San Justo señal de pedir la lancha, y se le mandó el bote con un oficial manifestándole nuestra situación, que era preciso salir de ella, que luego que rematásemos se le mandaría, con la advertencia que no se hallaba para faenas de anclas.

A las ocho y media suspendimos el ancla y viramos de la espía. A las nueve notamos que tocábamos por veces, y a poco nos faltó la caña del timón que ya teníamos rendida de balazos, y poco después despedimos el timón, por lo que dimos fondo, de todo lo cual hicimos señal general. Se tendió inmediatamente otra espía, pero siguiendo las culadas, picamos el palo de mesana. De la espía no viramos por estar el viento fresco al OSO, tirando varios cañonazos pidiendo auxilio, y poco después de las doce llegaron a bordo tres barcos de la Puerta de Sevilla con un oficial para llevar los heridos, los que no se llevaron pues el cirujano informó que corrían mucho riesgo por la mucha mar que había.

A las cuatro llegó un lanchón de La Carraca con un ancla y un cable; inmediatamente la tendió. Anocheció con el cielo claro, horizontes con celajería, viento más bonancible del Oeste. A las nueve sus pendimos el ancla nuestra y viramos de la del arsenal, y a las doce, teniendo un tercio de cable dentro, suspendimos dicha faena para descanso de la gente.

Día 28. — Amanecer de este día estaba el viento del OSO fresquito; se mandaron los heridos al hospital en dos barcos del puerto, sin incluir al segundo comandante por hallarse de mucho cuidado. A las seis viramos del ancla del auxilio y a las nueve, estando suspendida seguimos espiándonos de ambas espías, y a las once, estando el viento un poco fresco dimos fondo al ancla. A las dos murió el segundo comandante y se mandó a tierra con el bote para darle sepultura. A las (. . .) nos esperamos a espiar hasta las nueve que suspendimos dicha faena, y así pasamos la noche sin otra novedad.

Día 29. — Amaneció con viento del Oeste y NO bonancible. A las cinco principiamos a espiarnos para adentro. Se hallan dos fragatas enemigas, una fondeada y otra a la vela con bandera de parlamento, y salieron dos fragatas y un bergantín a parlamentar. A las siete volvimos a dar fondo. El navío Santa Ana venía de remolque para adentro. A las nueve y media vimos volar un navío como al NO a la distancia de cuatro a cinco leguas. A las tres vino un guardia marina del navío Justo a pedir un anclote y calabrote, y se le dio.

Día 30. — Amaneció nublado, viento Este bonancible. Seguimos espiándonos para adentro. En la mañana vino a entregarse del navío el capitán de fragata don Ramón Herrera. A las seis de la tarde quedamos amarrados en siete y media brazas lama, demorando el castillo de Santa Catalina del Puerto N 25º E, Matagorda al SSE, Puntales al S 8º O, rumbos de la aguja.

Nos hallamos dentro del puerto los navíos españoles Príncipe, desarbolado del palo mesana y mayor; Leandro, ídem; Justo, ídem; Santa Ana de los tres palos y nosotros del de mesana; franceses, tres enteros y dos desmochados; cuatro fragatas y dos bergantines. »

(1)  BRAH, Col. ECC, manuscrito 9/7443

Esta es una copia del primer parte, en el que se amplían datos que se dan en el segundo, solo hay una aportación que no se cita en ninguno de los dos anteriores y es lo siguiente.

« A las 9 se arrojó al agua desde la galería el cadáver de nuestro comandante, a quien una bala de cañón le llevó la cabeza. » (subrayado en el original)

Lo hacemos así por no duplicar lo ya escrito y que en nada lo altera. Aunque como en el segundo con respecto al primero, tiene otro estilo de escritura.

Bibliografía:

González-Aller Hierro, José Ignacio. La Campaña de Trafalgar (1804-1805) Corpus Documental. Ministerio de Defensa. Madrid, 2004.

Lon Romeo, Eduardo.: Trafalgar (Papeles de la campaña de 1805). Excma. Diputación Provincial. Zaragoza, 2005. Facsímil.

O’Scanlan, Timoteo.: Diccionario Marítimo Español. Museo Naval. Madrid, 1974. Facsímil publicado en el año de 1831.

Transcrito por Todoavante ©

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