1805 Combate y pérdida de la fragata Pomona en la ensenada de Cojimar

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1805 Combate y pérdida de la fragata Pomona en la ensenada de Cojimar



Se le ordeno arribar a Veracruz, aquí embarcó en su buque caudales con destino a la Habana y la península, pero el 23 de agosto de 1805 estando a la vista del puerto de la Habana un violento cambio de viento lo dejó sotaventeado, impidiéndole poder tomar el canal de entrada al puerto, estando peleándose con el dios Eolo hicieron acto de presencia las fragatas británicas Arethusa, de 48 cañones y Anfhión, de 44, siendo por ello cada una de mayor porte que la española por ser de 34 y con piezas de á 12 libras. Viendo la imposibilidad de evitar el combate y ante la superioridad manifiesta del enemigo, se dejó llevar por la corriente hasta llegar a acoderarse en la ensenada de Cojimar, por ser la más próxima al puerto de destino, donde lanzó las anclas dando sólo una banda a las enemigas, pues por su poco fondo a contra fuego no podían atacarle evitando así dividir a sus hombres en ambas bandas, aumentando con ello el poder de respuesta.

Comenzó el combate y la superioridad de los enemigos causaba estragos, aunque se defendía con todo lo que podía; mientras esto sucedía el general del Apostadero de la Habana, don Juan María de Villavicencio, quien había estado atento a todo el proceso, ordenó se hicieran a la mar unos botes, estos se situaron entre la fragata y tierra, de esta forma protegidos por el mismo casco del buque, se fueron desembarcando los siete millones de pesos en plata y oro, y frutos de alto precio en la península, así como la caja de la soldada, algunos pertrechos e incluso la artillería de la banda contraria de la Pomona.

Tanto era el esfuerzo de los españoles que los británicos en ningún momento pudieron evitar ser burlados, siendo animados por los gritos de aliento dirigidos por Sanguineto a sus hombres, impidiendo se pudieran acercar más de la cuenta, pues les hacía multiplicarse y sus cañones arrojaban más hierro del normal, pero al final su esfuerzo se vio truncado, sufriendo la mala fortuna de recibir en su pecho el impacto de un proyectil de cañón, el cual acabó con su vida en el acto, pero su esfuerzo no había sido baldío, se había recuperado todo lo posible del buque y salvado en su totalidad los caudales del Rey y particulares.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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