1820 — 1825 Guerra en las Antillas

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1820 — 1825 Guerra en las Antillas



En 1820 se le otorgó el mando de la fragata Ligera a don Ángel Laborde y de una división naval compuesta por su buque, más las fragatas Viva y Aretusa y los bergantines Hércules y Hiena, destinados a Costa Firme, teniendo como base el apostadero de Puerto Cabello, por haberle nombrado su comandante. En su nuevo destino tenía la misión de defender la costa y apoyar con sus fuegos a las fuerzas del ejército que combatía en tierra.

La guerra de independencia de los virreinatos españoles, estaba alcanzando su máximo apogeo y las operaciones resultaban cada vez más difíciles, por la falta de medios para contrarrestar a los enemigos.

En 1821 ya con el grado de capitán de navío, tuvo que transportar en sus buques a las familias españolas, por verse forzadas a dejar aquellas tierras, sobre todo en el puerto de La Guaira, donde sólo pudo llegar al mando de la fragata Ligera, se encontraba en tan mal estado que al ir sobrecargada comenzó a hacer agua, dio todas las ordenes entre ellas las de pasar varios tortores al casco para reforzarlo, puesto que no podía tocar tierra en ningún punto por ser enemigo, a su vez fue el primero en ponerse a las bombas un ejemplo que cundió, aunque exhaustos lograron alcanzar Santiago de Cuba, donde no le dio tiempo a pensar ordenando vararla conforme llegaba, sólo lanzar un ancla para frenar algo el impacto, quedó muy cerca de tierra dada a la banda, pero todos pudieron ponerse a salvo, dos horas más tarde se encontraba deshecha. Por este hecho S. M. le concedió la Cruz de Comendador de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

En la isla de Cuba y en su apostadero de la Habana, se iban reuniendo las pocas fuerzas navales que aún defendían aquellas costas. En 1823 estando en éste apostadero, el general Gastón jefe de él, le entregó el mando de una división naval, compuesta por la fragata Sabina, al mando de don José Mª Chacón y la corbeta Ceres, con ellas puso rumbo a Costa Firme.

Al llegar la noticia de que una división colombiana de nueve buques al mando del comodoro Danells, estaba bloqueando Puerto Cabello, no cayendo en la cuenta de que eran muy superiores a sus buques, se dirigió hasta éste puerto, les acometió con tanta fuerza que apreso a las corbetas María Francisca y Zafiro, siendo ésta el buque insignia del comodoro; con ésta reacción desconcertó al enemigo y consiguió levantar el bloqueo de Puerto Cabello, donde además pudo reparar sus buques de las averías sufridas en el combate. En reconocimiento por ésta acción que se salía de lo normal, S. M. le concedió la Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, pensionada.

Cuando tuvo sus buques listos para entrar de nuevo en combate, se dirigió al golfo de Maracaibo, al llegar al fondeadero de los Tagues por tener mayor calado dejó caer las anclas. Con los más pequeños penetro en la laguna con la intención de batir las fuerzas sutiles enemigas, amparadas en aquel lugar de poco fondo y de difícil acceso, éste ataque estaba preparado en combinación con otro que debía llevarse a cabo por tierra, con fuerza al mando del general Morales, éste no pudo llegar a tiempo, por lo que Laborde se vio obligado a retirarse con algunas pérdidas al fondeadero de partida, al llegarle la noticia de la rendición total de las fuerzas del ejército ordenó a todas sus fuerzas poner rumbo al apostadero de la Habana, donde al llegar fue nombrado su segundo jefe.

Ocupando este cargo en 1824, tuvo que realizar una salida con los buques del apostadero, en persecución de fuerzas enemigas que apresaron la corbeta Ceres, realizó dos incursiones para socorrer a los heroicos defensores del fuerte de San Juan de Ulúa, quienes se mantenían en su sitio sin capitular y aún menos rendirse, regresando a la Habana el 15 de febrero de 1825.

El 2 de mayo y a pesar de ostentar solamente el grado de capitán de navío, fue nombrado comandante general del Apostadero de la Habana.

Salió una vez más a socorrer a los defensores de San Juan de Ulúa, con una división compuesta por las fragatas Sabina, Casilda y Aretusa, junto a varios transportes, pero un huracán le sorprendió en la Sonda de la Tortuga, perdiendo su buque insignia los tres palos, el resto desperdigados y en mal estado impidiendo se pudiera llevar a cabo el apoyo previsto, razón por la que poco después capituló el último baluarte español en Tierra Firme; el castillo de San Juan de Ulúa el 23 de noviembre de 1825. (Fecha por ciento considerada como de creación de la marina mexicana.)

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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