Coig y Sanson, Luis de Biografia

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Biografía de don Luis de Coig y Sansón

Jefe de escuadra de la Real Armada Española.

Caballero Cruz Laureada de 2ª clase de la Real y Militar Orden de San Fernando. 18 de julio de 1827.

Contenido

Orígenes

Vino al mundo en la marinera población del Puerto de Santa María, en 1768. Fueron sus padres don Juan Pedro Coig y Casanova, y doña Margarita Sansón y Jeinan.

Hoja de Servicios

Al terminar sus estudios elementales, elevó petición para ingresar en la Corporación y se le concedió la Carta Orden de ingreso con fecha del 12 de marzo de 1784, sentando plaza en la Compañía del Departamento de Cádiz. Expediente N.º 1.761.

Como ingresó con una buena preparación, el 12 de noviembre de 1785 se le dio orden de embarcar para proseguir sus estudios náuticos prácticos, siendo destinado al navío Miño, navegando por todo el Mediterráneo, pues el buque fue comisionado para un viaje a la regencia de Argel, pasando posteriormente a Marruecos a recoger a sus embajadores, para transportarlos a la ciudad de Constantinopla donde habían sido designados. Rindiendo viaje en la bahía de Cádiz el 10 de enero de 1787, pasando destinado a los Batallones de Marina donde el 6 de marzo seguido, recibió su ascenso a alférez de fragata.

Permaneció en este puesto hasta recibir la orden del 30 de marzo de 1789, por la que debía embarcar en el navío Bahama, perteneciente a la escuadra del mando del general don Félix de Tejada, siendo su escuadra la denominada de ‹evoluciones› y la que precisamente se dedicaba a instruir a los nuevos oficiales, como a los guardiamarinas, realizando con ella navegaciones por el Mediterráneo y aprovechando para practicar el corso sobre las regencias norteafricanas, arribó a la bahía de Cádiz el 20 de septiembre siguiente, quedando desembarcado por pasar a desarme el navío de su destino.

Con fecha del 12 de julio de 1790, se le entregó la Real orden comunicándole su ascenso al grado de alférez de navío, con la misma la de embarcar en el bergantín Infante, incorporado a la escuadra del general don José Solano. Por ser un buque rápido se le encargaron varias comisiones y a su vez servir de aviso de la escuadra, navegaba apoyando a los buques que se encontraban entre los cabos de Santa María y San Vicente en protección del tráfico marítimo proveniente de ultramar.

Otra misión que cumplió debidamente, fue la de transportar pertrechos de guerra a la plaza de Ceuta, asediada una vez más por tropas norteafricanas, prosiguiendo sus servicios en el buque hasta recibir la orden de desembarcar, por ello el 10 de diciembre seguido quedó destinado en el Departamento de Cádiz.

Con fecha del 24 de julio de 1791, recibió la orden de embarcarse en el navío San Agustín, con el que permaneció en el bloqueo de Larache, al terminar la guerra continuó en la protección del tráfico marítimo, cruzando entre los cabos de Espartel y San Vicente.

Se mantuvo en este servicio hasta el 1 de enero de 1792, por pasar el navío a desarme, pero al mismo tiempo recibió la orden de trasbordar al Gallardo, con el que continuó en el servicio de protección de la recalada de los buques procedentes de Indias, al hacer una arribada a la bahía de Cádiz, se le dio orden de trasbordar al navío San Pedro, porque iba a zarpar con rumbo a Veracruz, al arribar después de un feliz viaje, fue nombrado por el brigadier don Adrián Valcárcel jefe de las fuerzas navales de éste puerto, como su oficial de órdenes.

Fue necesario en este instante, porque la fuerzas bajo el mando de don Adrián iban a transportar al regimiento de infantería Nueva España al puerto de la Habana, una vez cumplida la comisión le cesó en el cargo, pero casi inmediatamente recibió la orden de embarcarse en la fragata Ceres, siendo el 29 de diciembre de 1792, porque debía transportarse el situado a la península, zarpando desde la Habana rumbo a los puertos de San Juan de Puerto Rico y Santo Domingo, donde por haberse avistados velas no amigas, el buque se mantuvo cruzando sobre la sonda de la isla de la Tortuga, manteniéndose en esta misión hasta el 8 de abril de 1793, en esta fecha se le ordenó trasbordar al bergantín Princesa, siendo comisionado para transportar pliegos a New Orleans, pues se había declarado la guerra a la Francia republicana y había que comunicarlo a los generales que allí se encontraban.

Estuvo un tiempo en el bergantín, hasta recibir la orden del 12 de junio del mismo año, por la que se le ordenaba embarcar en la goleta San Bruno, pero como segundo comandante y destinado el buque para proteger la isla de Santo Domingo a las órdenes directas de su Gobernador, así estuvo navegando como guardacostas en las zonas Norte y Sur de la isla, las más proclives por su fácil acceso desde la mar para realizar el contrabando, aparte de contar con dos importantes radas muy bien protegidas, siendo las de Monte Cristi y Manzanillo, lugares que para verificar perfectamente su estado había que armar la lancha y arriarla, pudiendo así recorrer todas las pequeñas ensenadas existentes en ellas, pues en cualquiera se podían esconder.

Lo mismo le sucedió en la rada de Borgue, donde tuvieron un encuentro con traficantes, logrando impedir lo que intentaban al hacerles frente a cañonazos. Lo mismo ocurrió con una goleta bátava que iba cargada con pertrechos de guerra, pero pudo ser capturada y marinada para ser utilizada por la Armada española. A lo largo de todo este tiempo, tuvieron gran cantidad de encuentros, pero como la goleta primero disparaba y luego preguntaba, en varias ocasiones no le dieron la respuesta por estar ya fuera del alcance de su artillería, utilizando esta eficaz forma consiguió mantener un poco el orden en aquellas aguas.

Entre los hechos de armas más recordados, fue uno que navegaba en conserva su goleta y la balandra Ventura, las cuales fueron comisionadas a castigar el fuerte de Bahiaja, sobre el que estuvieron dos largas horas de bombardeo intenso, dejándolo en muy malas condiciones. El otro un combate en el que su buque se enfrentó a una balandra enemiga en aguas de la Punta Mongon, situada en la isla de Santo Domingo, a quien consiguió no sin graves pérdidas rechazarla, pues abordarla era imposible. Fue tan honrosa la defensa del buque que fue comunicado el acto de valor por el Gobernador a S. M., éste dictó una Real orden con fecha del 12 de marzo de 1794, por la que se le ascendía al grado de teniente de fragata, pero no con ésta fecha, sino con antigüedad del 22 de noviembre de 1793, el del combate.

Arribó a Bahiaja y allí se encontraba el navío San Isabel, recibiendo la orden de trasbordar a él el 1 de mayo de 1795, navegando por aquellas aguas en misión de protección al tráfico marítimo, hasta el 7 de junio, en que por orden superior volvió a trasbordar a la balandra Ventura, siendo comisionado el buque para transportar prisioneros a San Juan de Puerto Rico, pero además llevaba documentos para negociar por los prisioneros y sus compañeros, misión que llevó a buen término, abandonando la isla los capturados en buques de su nacionalidad.

De aquí arrumbó a la rada de Monte Cristi, donde permaneció hasta el 19 de julio, por recibir la orden de regresar a su navío de destino. Al llegar el general don Antonio Ocarol, con fecha del 8 de agosto le nombró su ayudante, permaneciendo en este cargo hasta el 18 de mayo de 1796, por ser comisionado a mandar buques particulares, para con ellos realizar el transporte de prisioneros desde el Guárico a Puerto Pez, pero esto se convirtió casi en su trabajo diario, pues no hacía nada más que arribar y se le volvía a cargar para realizar de nuevo otro viaje con la misma razón.

Se le ordenó trasbordar a la urca Florentina, la cual estaba destinada a transportar familias que se habían establecido en Santo Domingo, pero por haber quedado está isla en manos de los franceses según el Tratado de Basilea en su punto IX, firmado el 22 de julio de 1795, debían de ser llevadas a la Habana por ser entregada a Francia. Aquí comenzó un rosario de estancias cortas en nuevos buques, pues el 13 de agosto trasbordó a la fragata Sirena y de ésta, con fecha del 27 de enero de 1797 a la fragata Palas y con fecha del 28 de marzo seguido a la fragata Tetis, con todas ellas realizó la protección al tráfico marítimo en las Antillas.

Encontrándose en esta última, se formó una expedición con varios buques para acudir en socorro de Trujillo y Roatan, al terminar con ellos se destinó el buque a transportar situado entre las islas, así como dar protección a los convoyes que zarpaban de Veracruz con rumbo y destino a la Habana, y todo ello sin dejar un día de patrullar para proteger el tráfico, tanto de los convoyes como de los mercantes cargados con alimentos para diferentes plazas.

Alcanzó así un gran conocimiento de todas las islas de la Antillas, como del seno mejicano, por ello con fecha del 19 de octubre de 1798 se le ordenó trasbordar al navío San Eugenio y al llegar el nuevo general don Gabriel de Aristizábal, con fecha del 23 de julio de 1799 lo nombró su ayudante, permaneciendo en el cargo hasta quedar desembarcado su general en mayo de 1800, pero el 17 de septiembre siguiente el nuevo comandante de las fuerzas navales en aquellas aguas, el general don Francisco Javier Muñoz, lo eligió para el mismo cargo; con el buque participó de nuevo en la protección del tráfico, por haber regresado a las andadas los contrabandistas y se verificó una caza para intentar volver a la normalidad, permaneció en el cargo hasta el 23 de junio de 1801.

El 22 de noviembre se le otorgó el mando del cañonero número 6, con el prosiguió la lucha contra el contrabando y en protección del tráfico de cabotaje de la isla de Cuba, permaneciendo en esta misión hasta que el cañonero pasó a desarmar. Por orden superior del 2 de enero de 1802 regresó al navío San Eugenio, permaneciendo en él hasta recibir una Real orden del 8 de febrero siguiente por la que se le destinaba a las órdenes directas del Virrey de Nueva España, para realizar misiones reservadas, desarrollando esta comisión hasta finalizarla a finales de 1803.

Al terminar su misión se traslado a Veracruz, donde embarcó de transporte en la fragata Gloria para arribar a la Habana, al llegar trasbordó al bergantín Palomo, con el que arribó a Ferrol. Por las gratas noticias recibidas en la Corte de lo ejemplar de su comisión hecha por el Virrey a S. M., por Real orden del 5 de octubre de 1802, se le había ascendido al grado de teniente de navío, pero de esto no se enteró hasta regresar a la península. De Ferrol se puso en camino a Madrid y desde aquí a su destino en el Departamento de Cádiz, donde llegó el 6 de abril de 1804.

Por una Real orden del 23 siguiente, el Rey le concedió el mando del bergantín Próspero, teniendo que viajar a la ciudad de Málaga para hacerlo efectivo, pues en su puerto se encontraba el buque, tomando el mando el 15 de mayo, zarpando con rumbo a Ferrol y desde aquí zarpó comisionado a la Habana el 30 de octubre, al arribar dejó su bergantín y tomó el mando de la goleta correo la Pancha, con la que regresó a la península al puerto de Algeciras, para pasar a Santi Petri el 7 de julio de 1805, pero el 28 de agosto recibió una Real orden de desembarco.

Se le pierde la pista justo cuando tuvo lugar el combate de Trafalgar y no lo volvemos a encontrar, hasta el 4 de junio de 1808 (un periodo de tiempo que nos gustaría poder aclarar, ya que fue muy movido y no es normal no saber nada de él, y más con todo lo ya sabido que, afirmaba no era ningún advenedizo) con la fecha anterior la Junta de Sevilla lo nombró capitán general del Departamento de Cádiz.

Pero dado que los ejércitos napoleónicos seguían avanzando, se le destino a la primera división del ejército del general Castaños, por ello tuvo el honor de combatir el 19 de julio de 1808 en el combate de Bailen, de imborrable recuerdo, no ya en sí por ser la primera victoria española sobre el invasor, sino como él mismo general francés, Dupont al mando dijo, era la primera vez que perdía y era cierto, pues los ejecitos imperiales en toda su guerra europea era la primera vez que eran batidos, lo que incluso obligó al mismo Emperador francés a venir a la península a dirigir personalmente sus fuerzas.

Permaneció en el ejército hasta el 10 de septiembre, en que se presentó de nuevo en el Departamento de Cádiz y la Junta por su demostrado valor con fecha del 29 de febrero de 1809, lo ascendió al grado de capitán de fragata, siéndole concedida la Cruz de Distinción de la batalla de Bailen. Pasando a las órdenes del general don José de Vargas, encargado de la comisión de prisioneros, permaneciendo hasta el 18 de mayo, pues fue reclamado para ser su ayudante por el general don Ignacio María de Álava, quien era en esos momentos el comandante general de la escuadra, pero al dejarla fue sustituido por el general don Juan María de Villavicencio, a quien sustituyó el general don Cayetano Valdés, quienes lo mantuvieron en su puesto, lo que dice mucho de su demostrada valía. El 1 de abril de 1812 se le destinó a las fuerzas sutiles en el apostadero de la Avanzada, pero el 7 de septiembre fue desarmada esta fuerza quedando desembarcado.

Con fecha del 7 de julio de 1813, por Real orden se le otorgó el mando de la fragata Sabina, el cual tomó al día siguiente, pasando a realizar cruceros y desempeñar comisiones en el Mediterráneo, así como apoyo de fuego a tropas en tierra, permaneciendo en estas misiones hasta ser expulsados de la península los invasores napoleónicos, continuando hasta el 12 de marzo de 1815.

En esta fecha trasbordó para tomar el mando de la fragata Soledad, permaneciendo en las aguas del Departamento en protección del tráfico marítimo. Arribó a la bahía de Cádiz y estando en ella se le otorgó el mando el 23 de junio de la fragata Esmeralda, siendo comisionado su buque, para trasportar al brigadier don José Rodríguez de Arias, en la comisión que le llevó a visitar las regencias norteafricanas de Argel, Túnez y Trípoli, al terminar estas regresó a la bahía de Cádiz para desembarcar al brigadier, haciéndose pronto a la mar para seguir en la protección del tráfico marítimo y sobre todo en los ya típicos cruceros entre los cabos de Santa María, San Vicente e incluso arribando a las islas Terceras.

En una de sus arribadas a la bahía de Cádiz se le comisionó para viajar a los mares del Sur, zarpando el 6 de mayo de 1817 con rumbo al Callao, puso su buque a rumbo y doblando el cabo de Hornos, arribó a su destino quedando incorporada a la división del mando del capitán de navío don Tomás Blanco Cabrera, quien enarbolaba su insignia de jefe de división en la fragata Venganza, junto a la recién llegada Esmeralda y el bergantín Pezuela, era toda la fuerza naval existente en esos momentos en aquellas aguas. Zarpó la división a bloquear el puerto de Valparaíso, pero por necesidades del servicio, el jefe de la división tuvo que dejar sola a la Esmeralda ante el puerto bloqueado.

La mañana del 27 de abril de 1818 divisaron una vela y se pusieron en alerta, pero al ir acercándose distinguieron enarbolaba pabellón británico, por ello no dejaron las armas pero sí se relajaron, cuando el recién llegado en vez de escoger un rumbo de paso, se fue de proa contra la fragata española, la cual se vio obligada a maniobrar para no ser destruida en el abordaje, pero al quedar casi abarloadas la enemiga lanzó múltiples garfios de abordaje, pasando en muy poco tiempo a ocupar los enemigos la cubierta de la española.

Coig estaba en la batería y al oír el ruido de los sables, ordenó a todos sus hombres coger estos y subir a la cubierta, donde se la encontraron casi dominada, pues parte de la maniobra había ya sido picada y de ahí la pérdida de velocidad, pero lo que no se esperaban los enemigos era la fuerza con la que llegaban, consiguieron rechazar ese primer abordaje dejando la cubierta llena de muertos y heridos que no pudieron regresar a su buque, al ver esto el capitán de buque enemigo ordenó un segundo abordaje, pero este ya no tuvo la misma fuerza y les volvieron a causar muchos muertos y heridos, de tal forma que el capitán enemigo decidió poner aguas por medio. Entre los dos abordajes quedaron tendidos en la cubierta más de un centenar de muertos y heridos graves enemigos.

Al ir a recoger a los heridos, se dieron cuenta que eran chilenos y el buque enemigo al presentar la popa, se pudo leer su nombre, La Lautaro. Una vez más en la Historia se utilizaba un pabellón neutral para poder acercarse sin problemas al buque a atacar. El problema de La Lautaro, es que hay quien lo da como navío y otros como fragata, lo que sí está demostrado es que portaba 52 cañones, así que o era un navío pequeño o una fragata muy grande, ya que su dotación era de quinientos hombres, mientras la Esmeralda, era de 36 y doscientos cincuenta hombres. [1]

Coig ordenó reponer la labor de la fragata, pero al terminar La Lautaro había ganado barlovento y se perdía por momentos de vista, decidiendo arribar al puerto de Talcahuano, donde terminó de alistar su buque dando la vela, arribando de nuevo al Callao el 27 de septiembre seguido. Conocida la hazaña por el comandante general del apostadero de Lima don Antonio Vacaro, lo puso en conocimiento del Secretario de Marina, quien a su vez lo comunicó a S. M, quien no tuvo objeción y por ello firmó la Real orden con fecha del 13 de enero de 1819, por la que era ascendido por méritos de guerra al grado de capitán de navío.

Volvió a zarpar en el mes de julio en conserva de la fragata Venganza, pero está vez a su mando las dos, transportando tropas para ir desembarcándolas en diferentes puertos entre el Callao y Arica, al arribar a éste se le notificó que la escuadra chilena compuesta de tres buques grandes y cuatro más pequeños, al mando del vicealmirante Cochrane se encontraba cruzando por estas aguas, decidió salir, para evitar encontrase con ellos se alejó de la costa, pues las últimas noticias eran que la intención del almirante era bloquear el puerto del Callao, consiguió llegar a la vista del puerto y la flota chilena ejerciendo su bloqueo, pero decidió entrar, se esperó a tener un viento favorable y a toda fuerza de vela atravesó la línea chilena, en el transcurso de la atrevida acción recibió y contestó a sus fuegos, pero no consiguieron impedir que lanzara las anclas en su interior los dos buques de su mando.

Durante el resto de 1819 y principios de 1820, se mantuvo al mando de su fragata, realizando salidas para intentar romper el bloqueo, siempre aprovechando los vientos favorables para él, manteniendo diversos encuentros en los que al menos demostraba no se rendían y obligaba a los bloqueadores a estar siempre pendientes, lo que significaba una gran tensión para ellos, pues nunca sabían cuando haría una de sus salidas. Por estas acciones y enterado S. M. le concedió la Cruz de Comendador de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

El 5 de noviembre de 1820, hubo un parlamento con los enemigos a bordo de la Esmeralda, por ello el buque tuvo que abandonar su seguridad y salir del puerto para fondear fuera, en las conversaciones no se llegó a ningún acuerdo, por ello ambas partes quedaron para continuar al día siguiente, pues la noche se les echaba encima. Pero de nuevo tuvo lugar una traición, de madrugada y con el pensamiento de no mover el buque, para tener que salir a las pocas horas, no se movieron considerando se estaba en tregua y supuestamente no cabía ofensa, pero sabedores de donde se encontraba fue atacada por todos los botes de la escuadra chilena cargados al máximo de sus posibilidades, lo que les permitió poder abordarla por múltiples lugares, impidiendo a Coig formar una línea de defensa eficaz, aparte que los atacantes eran como el triple de la dotación de la fragata española.

Al mando de los chilenos iba el vicealmirante Cochrane, pero abordó de los últimos la fragata. Coig y todos sus hombres se defendieron hasta caer heridos o muertos, como el caso concreto de Coig que recibió dos golpes de sable en la cabeza, como consecuencia de ellos perdió el conocimiento, una vez dominada la situación por los chilenos, picaron el cable del ancla y a remolque de los múltiples botes, consiguieron remolcar la fragata.

Rápidamente se entablaron conversaciones para recuperar toda la dotación, por ello que se pagó un alto rescate y todos fueron restituidos al Callo, Coig aún estaba convaleciente, pero demandó ser juzgado por la pérdida de la fragata Esmeralda. Así se comunicó a la península y se le ordenó que regresase. Se le concedió pasaporte y arribó a la bahía de Cádiz el 10 de mayo de 1822.

Se formó el Consejo de Guerra de Generales, del juicio salió con todos sus privilegios, honores y sueldos intactos, pues quedó demostrada que ante una traición es muy difícil sobreponerse y bastante había hecho la dotación, que prácticamente todos salieron heridos o muertos. Al ser informado de la sentencia, el capitán general de la Real Armada y su Director General, el capitán general don José María de Villavicencio, no solo estuvo de acuerdo con ella sino que ordenó sobreseer el caso, como si nada hubiera acontecido con respecto a la persona de don Luis Coig.

Como seguía convaleciente se le dio una licencia para acercarse a su casa y allí entre los suyos la mejoría sería más rápida, pues aparte de las heridas del combate, su estado de salud en general no era bueno por todos los sufrimientos, por haber permanecido tanto tiempo en la mar y combatiendo, recibiendo todos los días dos veces la visita del cirujano jefe del Departamento; por orden del capitán general, que si bien su obligación era de una visita diaria, la orden del Director de la Real Armada la duplicaba para que nada le ocurriera al valeroso marino.

De hecho se le dejó descansar para recuperarse de verdad, tardando algo menos de seis años para volver a estar definitivamente en activo, al pasar el parte de su total recuperación el cirujano, poco más tarde recibió una Real orden con fecha el 2 de diciembre de 1828, por la que se le nombraba capitán del puerto de Cádiz, permaneció en él hasta recibir una nueva Real orden de fecha el 5 de enero de 1829, por la que se le otorgaba el mando de la fragata Restauración, del porte de 50 cañones, pero estaba asignada al apostadero de la Habana.

Por ello aprovechó para embarcar en el primer buque que zarpó de la bahía de Cádiz rumbo a la Habana, arribando el 12 de mayo siguiente, tomando el mando efectivo.

De jefe de las fuerzas navales en el apostadero de la Habana se encontraba el brigadier don Ángel Laborde, al poco tiempo se alistó la división compuesta por el navío Soberano, las fragatas Lealtad, Restauración, Casilda, el bergantín Cautivo y el bergantín-goleta Amalia para dar protección a la flota de mercantes que iba a transportar al ejército al mando del brigadier don Isidro Barradas, para desembarcarlo en el virreinato de Nueva España. Zarpó la expedición el 5 de julio de 1829. A su llegada Coig participó en el desembarco de Punta Jerez, al dejar al ejército en buena situación, don Ángel Laborde le confió el mando de los mercantes para que regresara a la Habana, donde lanzó las anclas el 22 de agosto siguiente.

Con fecha del 23 de septiembre, se le ordenó zarpar con el situado para el pago del ejército que había llegado a Tampico, pero poco antes de alcanzar el puerto, se cruzó con un mercante quien le comunicó que el ejército había sido vencido, por ello viró y regresó a la Habana. Encontrándose en éste puerto le llegó la Real orden del 6 de diciembre por la que se le ascendía al grado de brigadier, por la Gracia Real de don Fernando VII, por haber contraído matrimonio con doña María Cristina de Borbón, siendo una promoción general a parte. Y al parecer si no es por este motivo Coig seguiría de capitán de navío, ya que solo tardó más de diez años en ascender y eso prestando los servicios que estaba llevando a cabo, muestra palpable del aprecio en que estaba la Corporación y la Real Armada en el reinado del ‹Deseado›

De nuevo por los incesantes ataques de los insurrectos al tráfico marítimo tuvo que zarpar el 22 de enero de 1830, con rumbo a la isla de la Tortuga, donde repartió buenos golpes a los piratas, dejando algo más limpias las aguas regresó a la Habana el 11 de febrero siguiente.

Continuó sus navegaciones y volvió a hacerse a la mar el 18 de marzo con rumbo al placer de los Roques, donde de nuevo encontró oposición que la venció, regresando a la Habana el 2 de abril. Por motivos reservados, embarcó el ahora Jefe de escuadra don Ángel Laborde, enarbolando su insignia en la fragata, realizando un crucero por las Antillas, tocando en los puertos de San Juan de Puerto Rico y Cuba, desde aquí puso rumbo a la isla de Santo Domingo, donde se dio por finalizada la comisión, poniendo rumbo a la Habana donde dejaban caer las anclas el 30 de junio.

Estando en el éste puerto recibió la Real orden de fecha del 6 de agosto de 1830, para entregar el mando de su fragata, quedando de depósito en el mismo apostadero, para embarcar en el primer buque que regresara a la península, por ello aprovechó la salida de la fragata mercante Isidra, arribando a la bahía de Cádiz el 29 de abril de 1831. Como se puede apreciar, entre la fecha de la Real orden y su incorporación a donde se le ordenaba, habían transcurrido algo menos de nueve meses.

Al poco tiempo de encontrarse en el Departamento, por haber cumplido los requisitos de la orden se le concedió la Cruz y Placa de la Real y Militar Órden de San Hermenegildo. Por Real orden del 27 de mayo de 1832, se le nombró capitán del puerto de Cádiz, permaneciendo en el cargo hasta el 1 de febrero de 1836.

Por Real orden del 7 de diciembre de 1837 se le nombró capitán del puerto de Málaga, destino en el que permaneció hasta recibir la Real orden del 21 de noviembre de 1838, por la que se le notifica su ascenso a jefe de escuadra.

Por haber cumplido el tiempo reglamentario, se le concedió la Gran Cruz de la Real y Militar Órden de San Hermenegildo. Y por Real orden del 1 de marzo de 1839, se le entregó en comisión la Comandancia General del Departamento de Cádiz.

Pero su estado de salud por la gran actividad desarrollada a los largo de cincuenta y seis años de servicio a España, fue relevado por S. M. por Real orden del 1 de junio de 1840, con todos los beneplácitos a sus bien cumplidos servicios.

No tuvo mucho tiempo para disfrutar de su tiempo libre, ya que su estado no era bueno y su avanzada edad no le permitía recuperarse, falleciendo en Cádiz el 25 de diciembre seguido.

Hay que recordar que en este año también España estaba convulsa, con la llegada del general Espartero y el exilió de la Reina Regente, lo que quizás adelantó su fallecimiento, pues era hombre de armas y para nada entendía de otros menesteres ajenos a su profesión.

Notas

  1. Por esta acción a don Luis de Coig y Sansón, por Real orden del 18 de julio de 1827, le fue concedida la Cruz Laureada de segunda clase de la Real y Militar Orden de San Fernando, la destinada a los oficiales, y junto a él se les concedió en la misma fecha, al teniente de navío don Pascual María del Cañizo y Pareja, segundo comandante y al alférez de fragata don Antonio González Madroño.

Bibliografía:

Ceballos-Escalera y Gila, Alfonso y Luis, e Isabel Sánchez, José Luis.: La Real y Militar Orden de San Fernando. Palafox & Pezuela. Madrid. 2003.

Ceballos-Escalera y Gila, Alfonso de. Vizconde de Ayala, Ceballos-Escalera y Gila, Luis de, y Madueño y Galán, José María.: Los Marinos en la Orden de San Fernando. Ministerio de Defensa. Madrid, 2011.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 13. 1912, páginas, 1340 y 1341.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid 1873.

Válgoma, Dalmiro de la. y Finestrat, Barón de.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

Publicada en el cuaderno de junio de la Revista General de Marina de 2013.

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