Cordova y Cordova, Luis de Biografia

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Biografía de don Luis de Córdova y Córdova
II Capitán General de la Real Armada Española.
Comendador de la Militar Orden de Calatrava.
Gran Cuz de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III.
Cortesía del Museo Naval de Madrid

Vino al mundo en la ciudad de Sevilla el día, no sabiéndose la fecha exacta, pero si se puede afirmar que fue bautizado el día doce de febrero del año de 1706 en la parroquia de San Miguel, es de suponer por la costumbre de la época, que viniera al mundo dos días antes, siendo sus padres, don Juan de Córdova Laso de la Vega y Puente, capitán de navío de la Real Armada y de su esposa, doña Clemencia de Córdova, hija del marqués del Vado.

Por ser su padre ya marino no hubo problema en serle otorgada la Carta Orden de ingreso, sentando plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz, el día cuatro de diciembre del año de 1721, contando con dieciséis de edad. Expediente s/n, según Moreno, era el 38.

Sirvió con brillantez en los primeros grados del escalafón, distinguiéndose en varias y diversas acciones de guerra, fue ascendido en el año de 1723 al alférez de fragata, comenzando sus prácticas de mar en diversos buques y sobre todo en el corso contra las regencias norteafricanas, la mejor escuela de marinos.

Como ofical subordinado embarcó en la escuadra que trasladó al infante don Carlos (futuro Carlos III de España) a su reino de Nápoles en el año de 1730, al regreso de esta comisión muy especial para el Rey, se le ascendío al año siguiente al grado de alférez de navío, con este grado tomo parte en la conquista de la plaza de Orán, prosiguiendo en el corso, y en el año de 1732 de nuevo regresó a Nápoles y Sicilia, por haberse levantado contra los españoles, como premio a su valor en el mismo año se le ascedió por Real Orden al grado de teniente de fragata.

En el año de 1735 se le ascendió al grado de teniente de navío, realizando ya al mando de una goleta un viaje a Cartagena de Indias, era la típica misión de buque correo, quizás de las más silenciadas pero no por ello era la de menor importancia, dado los grandes espacios a recorrer para transportar los pliegos y órdenes del Rey y del Gobierno, se mantuvo en este servicio, hasta que recibio la Real Orden del día veintiocho de agosto del año de 1740, por la que se le notificaba su ascenso al grado de capitán de fragata.

Por Real Orden del día veintiocho de mayo del año de 1747, se le ascendió al grado de capitán de navío.

Mandando el navío América, en conserva con el Dragón, ambos a las órdenes de Pedro Stuart, después marqués de San Leonardo, y en aguas del cabo de San Vicente, trabaron combate contra los navíos argelinos Danzig y Castillo Nuevo, el primero capitana de Argel.

El Castillo Nuevo se retiró a las primeras descargas, pero el Danzig siguió combatiendo, cerca de treinta horas en el espacio de cuatro días, hasta perder la mitad de su dotación. Hecho una criba arrió su bandera y hubo que quemarlo al no poderse utilizar; se rescataron cincuenta cautivos cristianos.

Por esta acción concedió el Rey a Córdova una encomienda de la Orden de Calatrava.

Al no existir por entonces el grado de brigadier, que se creó en 1773, ascendió directamente al grado de jefe de escuadra el día trece de julio de 1760.

Entre otras misiones mandó una flota con destino a América septentrional, regresando con ella a Cádiz en marzo de 1774.

Se le ascendió al grado de teniente general por Real Orden del mes de diciembre del año de 1774, mandó una fuerte escuadra combinada, hispano-francesa, compuesta de sesenta y ocho navíos.

Con ella penetró triunfante por el canal de la Mancha haciendo retirarse a las fuerzas navales británicas al abrigo de sus puertos, apresando al navío Ardent de 74 cañones, que quedó rezagado.

Por esta campaña meritoria, si bien de poca efectividad, recibió Córdova como obsequio del rey de Francia una caja de oro ricamente guarnecida de brillantes con la expresiva dedicatoria: « Luis a Luis »

Por su parte el rey de España le concedió la Gran Cuz de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III, en esta época la más valiosa distinción que podía recibir una persona, aunque luego se fue degradando su verdadera importancia. Tan alta era, que hasta que la recibio don Luís, que fue el primer particular que la obtuvo, solo estaban en posesión de ella los Príncipes y Grandes de España.

Los frutos de esta campaña no fueron sin embargo muy copiosos, como queda dicho, ya que surgieron diferencias de opinión entre el mando francés y el español.

El primero quería a toda costa destruir primeramente la escuadra enemiga, para después efectuar en la Gran Bretaña el desembarco proyectado.

El español abogaba por efectuar el desembarco inmediatamente, basándose en que la escuadra enemiga no era suficientemente poderosa para evitarlo.

Los sucesos dieron la razón a los españoles ya que, durante las dilaciones provocadas por los británicos, éstos se fueron preparando más y más, hasta que los malos tiempos obligaron a la escuadra combinada a retirarse a Brest.

En esta campaña del Canal de 1778, los buques españoles empezaron a usar los barómetros marinos, cuando aún no los tenían los aliados franceses.

El general francés, conde de Guichen, se admiraba de que Córdova tomase ciertas precauciones de mal tiempo cuando aún lo hacía bueno y por el contrario que mandase suspenderlas cuando aún se estaba en lo que eran finales de un temporal y a ellos les parecía plena fuerza de él.

Preguntó el almirante francés a Mazarredo de dónde provenía semejante previsión y el mayor general le enseño los barómetros, que le maravillaron.

Mandando Córdova la misma escuadra combinada y sobre el cabo de Santa María, el nueve de agosto del año de 1780, apresó un rico convoy británico de más de cincuenta y cinco velas, escoltado por tres fragatas de guerra que pasaron a la Real Armada Española con los nombres de Colón, Santa Balbina y Santa Paula.

Córdova hizo aquel día tres mil prisioneros de las dotaciones, más mil ochocientos soldados de las compañías reales de las Indias Orientales y Occidentales, valorándose el botín capturado, de mercancías y municiones, en un millón de duros (moneda de ocho reales).

Pese a la precaución de que fue objeto por parte de las fuerzas navales enemigas, que constituían la protección más lejana del convoy, los condujo a Cádiz.

En la campaña del año 1781, también en el canal de la Mancha, sufrió la escuadra violentos temporales sin experimentar descalabros y males de consideración, gracias a las acertadas disposiciones que tomó el general Córdova secundado por su mayor general don José de Mazarredo.

En dicha campaña también le cupo el éxito de apresar otro convoy británico de veinticuatro velas.

En estas navegaciones y combates sobresalió la buena instrucción de las dotaciones españolas, fruto de los desvelos del mayor general don José de Mazarredo secundado eficazmente por don Antonio de Escaño, a la sazón ayudante de la mayoría.

Se empezaban a sentir, antes de que fuesen publicadas, los efectos de lo que había de convertirse después en las sabias ordenanzas de la armada, producto de laborioso trabajo y experiencia de esos dos eminentes marinos.

En 1782 mandó las fuerzas navales combinadas que atacaron la plaza de Gibraltar, en ocasión en que el general Barceló mandaba las empleadas directamente en el ataque a corta distancia y después, cuando aquél cesó en este mando y se produjo el ataque de las baterías flotantes, mandadas por el general Ventura Moreno, apoyó con los fuegos de sus buques de este desgraciado ataque del invento del francés D’Arçon; cuando fueron incendiadas éstas por las balas rojas de los defensores, envió sus embarcaciones menores a apagar los fuegos y salvar a las dotaciones.

En los incendios y voladuras de estas pesadas baterías en teoría insumergibles e incombustibles, con circulación de agua « como la sangre por el cuerpo humano », hubieron trescientos treinta y ocho muertos, seiscientos treinta y ocho heridos, ochenta ahogados y trescientos prisioneros; pero los efectos fueron superados en mucho por el bombardeo de las lanchas cañoneras inventadas por Barceló, que lo hacían seguro y muy efectivo. En Gibraltar se defendía valerosamente el general británico Elliot.

La plaza llegó a estar en gran necesidad y le fue enviado un convoy con aprovisionamientos, escoltado por una escuadra de treinta navíos mandada por el almirante Howe.

Le salió al encuentro Córdova con sus fuerzas, pero las enemigas con su convoy aprovecharon un fuerte temporal cuyos vientos les favorecían consiguieron arribar al Peñón descargando los tan esperados auxilios.

Se perdió el navío español San Miguel, arrojado por la tempestad bajo los mismos muros de Gibraltar.

Cuando lord Howe volvía al Atlántico, Córdova le salió de nuevo al paso y se trabó un combate, el día veinte de octubre del año de 1782, frente al cabo Espartel.

Los británicos admiraron « el modo de maniobrar de los españoles, su pronta línea de combate, la veloz colocación del navío insignia en el centro de la fuerza y la oportunidad con que forzó la vela la retaguardia acortando las distancias » El combate tuvo una duración de cinco horas.

Los buques enemigos por ir ya forrados sus obras vivas de cobre tenían más andar, lo que les permitió mantener en todo momento las distancias y cuando ya el resto de la escuadra española iba llegando al combate, decidieron por el mayor número de navíos españoles rehuirlo, por lo que enseñando sus popas se fueron alejando del alcance de la artillería española.

El coloso español, el navío Santísima Trinidad, sólo pudo hacer una descarga completa de todas sus baterías, su lentitud le impidió poder hacer más.

Con motivo de las alabanzas que recibió lord Howe, publicó don Luis una protesta que, por lo moderada, parece pueda ser reflejo fiel de la verdad y que transcribe Antonio Ferrer del Río en una de sus obras.

« Parte dado por el general Córdova, el día 22 de octubre de 1782 desde el navío Santísima Trinidad, a la vela »

El parte dice lo siguiente, intentaré transcribirlo tal y como esta y ruego se perdonen los errores, que se puedan cometer.

« Decía el buen viejo D. Luis de Córdova despechado de que se le hubiera ido la ocasión de mostrar sus bríos, todavía lozanos, y de añadir una gloria más a las de su patria »

« La Inglaterra se gloriará en sus papeles públicos de haber hecho frente con treinta y cuatro navíos a cuarenta y seis de la escuadra combinada: Pero quien conozca el oficio, sabe que la circunstancia de tanta ventaja de vela suple al mayor número en grado que nunca pudieron entrar en fuego doce navíos de la retaguardia, en que había dos de tres puentes, dos de ochenta cañones, y tres generales, comandantes de cuerpos de la Armada. Así no podrán decir las relaciones del almirante inglés que combatió con más de igual número; y las nuestras deberán aseverar que batimos a treinta y cuatro con toda la desventaja de una situación accidental, sin los comandantes naturales de los puestos; falta que solo puede compensarse con el exceso de fuerzas efectivas en el ataque, para doblar o atravesar a favor de la superioridad, pues plegaron y huyeron a las cuatro horas y media de fuego en el total, y sin que en la parte más cargada llegase a dos horas, o pasase sensiblemente de ellas; de que resulta, o que huyeron batidos de menos fuerzas, o porque convendría así a las miras políticas de la Inglaterra, no aventurando su escuadra a los incidentes de acción tenaz que dejasen a la armada combinada dueña de hacer uso de la superioridad de sus fuerzas. Y omitiré por decoro a la dignidad de la corona británica, la discusión del que hizo de balas incendiarias en la acción, y si en caso de ser apresado el navío del Almirante mismo en un combate de escuadra, debería ser tratado como incendiario sin remisión ni acepción de persona, por una conducta y medios tan chocantes a la humanidad »

Se firmó la paz con la Gran Bretaña el treinta de enero de 1783, por la que se restituía a España la isla de Menorca y La Florida.

El Rey premió los servicios de Córdova nombrándole director general de la Armada el día siete de febrero de 1783, arriando su insignia el día uno de mayo siguiente, donde la mantuvo izada desde que empezó la guerra en el año de 1778, al nombramiento anterior, se unió con fecha del día quince de febrero, el de Capitán General de la Real Armada.

Permaneció con tan alto grado hasta que le sobrevino el óbito, en la población de San Fernando el día veintinueve de septiembre del año de 1796, contaba con noventa años de edad, setenta y cinco de ellos al servicio de España.

Sus restos mortales fueron sepultados en el convento de San Francisco de la misma ciudad.

Por Real Orden del día once de junio del año de 1851, se le designaba un puesto de honor en el Panteón de Marinos Ilustres, pero por no estar terminado el mencionado, no se pudieron trasladar hasta el día treinta de abril del año de 1870, quedando provisionalmente.

Al ser inaugurado el Panteón el día uno de mayo del mismo año, no fueron sepultados efectivamente, siendo el cuarto de los cinco primeros que fueron allí depositados.

La inscripción en latín de su sepulcro dice:


Ave Maria Gratiaplena
J. E. S.
Hic
Pars Includitur Mortalis
Inmortalitati Digni
Ludovico de Cordova
Qui
Veterum Avorum Exuvias
Tela clipeos Caldeas Enses Stirpi Nobili
ad augendas
Lauros que Sibi comparandos
Martis Campos eligit
In Quibus
Rebus Magnis Perutilibus Gestis Laborum Periculorum
Plenis Hehementer arduis Fortitudini Non Plausu Vulgi
Fortunae ad Imperatioram Classium Dignitatem Evectus
Claruit Quos hombres ab Gallia Quam Tutavit Et Etiam
ab Hispania Divitias Quam Hostium Divitiis Fecerat Di-
vitem Gratulante Rege Proceribus Regno Universo Acce-
pit In, Dei Virginis Matris Cultum In Teunes Quecivis
Effudit Effusas Virtutum Que Complexionen Solas Suas
Esse Divitias
Reputans
Natus Hispalis Obiit V. Karlendas Augusti anno Dñi
MDCCXCVI
Cum Vixisset Annos XC. Menses V. Dies XVI
Disce Lector
Rebus A. Te Gestis ab Virtutibus ad Supernam Gloriam
Arripe Viam
Dios te salve María llena de gracia
J. E. S.
Panteón de Marinos Ilustres. Cortesía del Museo Naval de Madrid.

Traducción: Aquí está encerrada la parte mortal del digno de

inmortalidad Luis de Córdova, quien, a fin de multiplicar para sus

descendiente los trofeos de sus antepasado, lanzas y escudos, yelmos

y espadas, y conquistar lauros para sí mismo, abrazó la profesión

de las armas, en la que brilló, no por halago del vulgo ni de la fortuna,

sino por su fortaleza; elevado al ejercicio del mando supremo de la Armada,

después de llevar a cabo tan memorables y útiles gestas como arduas

y peligrosos sobre toda ponderación, cuantos honores recibió de España,

a la que defendió, y cuantas riquezas obtuvo de España, a la que tantas

proporcionó con las de sus enemigos; aplaudido por el Rey, los nobles

y el Reino entero, todo lo empleó en honor de la Virgen Madre

y en socorro, de los desgraciados, entendiendo que sólo las así

empleadas, juntamente con el cortejo de las virtudes, eran sus

verdaderas riquezas.

Nacido en Sevilla, murió el 27 de julio del año del Señor 1796,

habiendo vivido noventa años, cinco meses y diez y seis días.

Aprende lector.

En todos tus negocios toma siempre el camino que va desde las virtudes a la gloria eterna.

Bibliografía:

Cervera Pery, José.: El Panteón de Marinos Ilustres, trayectoria histórica, reseña biográfica. Ministerio de Defensa. Madrid. 2004.

Cervera y Jácome, Juan.: El Panteón de Marinos Ilustres. Ministerio de Marina. Madrid. 1926.

González Canales, Fernando. Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Ministerio de Marina. Madrid. 2000.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández Duro, Cesáreo. La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid. 1973.

Ferrer del Río, Antonio. Historia del reinado de Carlos III en España. Madrid. 1856.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid 1873.

Válgoma, Dalmiro de la. y Finestrat, Barón de.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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