Genova combate 1/IX/1638

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En uno de los muchos viajes sin sus respectivos Generales, por haber sido llamados a la Corte ambos, el marqués de Villafranca de las de España y el marqués del Viso de las de Sicilia, contando la escuadra de Galeras España con nueve y al mando de su Cabo don Juan de Orellana, y la escuadra de galeras de Sicilia con seis, al mando de su Cabo don Francisco Gutiérrez de Velasco Gutiérrez realizando un transporte de tropas a Finale, cuando les salió al encuentro una escuadra francesa de galeras al mando del marqués de Pont-de-Courlay, compuesta también por quince de ellas, pero todas nuevas, bien armadas y aparejadas todo lo contrario del estado en que se encontraban las españolas.
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En uno de los muchos viajes sin sus respectivos Generales, por haber sido llamados a la Corte ambos, el marqués de Villafranca de las de España y el marqués del Viso de las de Sicilia, contando la escuadra de Galeras España con nueve y al mando de su Cabo don [[Orellana,_Juan_de_Biografia|'''Juan de Orellana''']], y la escuadra de galeras de Sicilia con seis, al mando de su Cabo don [[Gutierrez_de_Velasco,_Francisco_Biografia|'''Francisco Gutiérrez de Velasco Gutiérrez''']] realizando un transporte de tropas a Finale, cuando les salió al encuentro una escuadra francesa de galeras al mando del marqués de Pont-de-Courlay, compuesta también por quince de ellas, pero todas nuevas, bien armadas y aparejadas todo lo contrario del estado en que se encontraban las españolas.
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Era el día uno de septiembre del año de 1638, Orellana llamó a Gutiérrez, ya que por ser el General de las galeras de España tenía el mando, conversaron y Gutiérrez le dijo que no era hora de batirse, primero porque ninguno de los dos generales estaba a bordo y mucho más importante, que las galeras de ambos estaban escasas de brazos para el remo y algunas hacían agua, lo que inevitablemente les llevaría a la derrota, por ello aconsejó intentar zafarse del encuentro, dada la cercanía del puerto de Génova.
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Era el día uno de septiembre del año de 1638, [[Orellana,_Juan_de_Biografia|'''Orellana''']] llamó a [[Gutierrez_de_Velasco,_Francisco_Biografia|'''Gutiérrez''']], ya que por ser el General de las galeras de España tenía el mando, conversaron y [[Gutierrez_de_Velasco,_Francisco_Biografia|'''Gutiérrez''']] le dijo que no era hora de batirse, primero porque ninguno de los dos generales estaba a bordo y mucho más importante, que las galeras de ambos estaban escasas de brazos para el remo y algunas hacían agua, lo que inevitablemente les llevaría a la derrota, por ello aconsejó intentar zafarse del encuentro, dada la cercanía del puerto de Génova.
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Pero Orellana no era de ese parecer, pues dar las popas y guarecerse para no entablar combate, era una clara actitud de inferioridad y aceptar la derrota de antemano, a esto no estaba dispuesto a que lo pensaran los franceses, así que ordenó formar la línea de combate en fila, ocupando el centro las dos capitanas.
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Pero [[Orellana,_Juan_de_Biografia|'''Orellana''']] no era de ese parecer, pues dar las popas y guarecerse para no entablar combate, era una clara actitud de inferioridad y aceptar la derrota de antemano, a esto no estaba dispuesto a que lo pensaran los franceses, así que ordenó formar la línea de combate en fila, ocupando el centro las dos capitanas.
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Cuando llegaron a distancia del alcance de artillería, las dos escuadras enfrentadas abrieron fuego, lo que resultó de una gran mortandad y siguió el combate, cada una contra la que tenía enfrente. Pero se dio la circunstancia que el viento era contrario a los españoles, por lo que al hacer fuego todas las piezas de artillería, la densidad del humo de las explosiones se les vino encima, tanto las suyas como las del enemigo dejándolos envueltos en una tiniebla, que impedía saber donde se encontraba cuada cual y lo peor, los franceses sí que les veían a ellos o al menos lo intuían, ya que sus galeras quedaron todas sin humo que les estorbara.
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Cuando llegaron a distancia del alcance de artillería, las dos escuadras enfrentadas abrieron fuego, lo que resultó de una gran mortandad y siguió el combate, cada una contra la que tenía enfrente. Pero se dio la circunstancia que el viento era contrario a los españoles, por lo que al hacer fuego todas las piezas de artillería, la densidad del humo de las explosiones se les vino encima, tanto las suyas como las del enemigo dejándolos envueltos en una tiniebla, que impedía saber donde se encontraba cada cual y lo peor, los franceses sí que les veían a ellos o al menos lo intuían, ya que sus galeras quedaron todas sin humo que les estorbara.
Pero nada impidió que se abordaran ambas escuadra, con la consiguiente confusión de forma que cada una se enfrentaba con la de su costado y cuando eran vencidos, continuaban abordando a la siguiente, para terminar de arreglar la situación el viento calmo, razón por la que el combate se realizó sin ver mal allá de la galera que había al costado. Sobrevino una racha de viento que aunque floja, despejó el campo del combate, pudiendo ver entonces las españolas pensado que habían ganado se estaban retirando con rumbo al puerto de Génova con tres galeras presas de los franceses.
Pero nada impidió que se abordaran ambas escuadra, con la consiguiente confusión de forma que cada una se enfrentaba con la de su costado y cuando eran vencidos, continuaban abordando a la siguiente, para terminar de arreglar la situación el viento calmo, razón por la que el combate se realizó sin ver mal allá de la galera que había al costado. Sobrevino una racha de viento que aunque floja, despejó el campo del combate, pudiendo ver entonces las españolas pensado que habían ganado se estaban retirando con rumbo al puerto de Génova con tres galeras presas de los franceses.
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Mientras que los franceses se mantenían en el lugar del combate, habiendo apresado a seis españolas entre ellas las dos capitanas, de ellas habían capturado a más de ochocientos hombres y muerto gran cantidad, entre ellos el cabo de las galeras de Sicilia, don Francisco Gutiérrez de Velasco Gutiérrez.
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Mientras que los franceses se mantenían en el lugar del combate, habiendo apresado a seis españolas entre ellas las dos capitanas, de ellas habían capturado a más de ochocientos hombres y muerto gran cantidad, entre ellos el cabo de las galeras de Sicilia, don [[Gutierrez_de_Velasco,_Francisco_Biografia|'''Francisco Gutiérrez de Velasco Gutiérrez''']].
Pero no había terminado la suerte, ya que al anochecer se levantaron los prisioneros españoles, quienes consiguiendo retomar a la galera patrona de España, con la que arrumbaron al puerto de Génova, al saber lo que ocurría en su nave capitanas, los que iban presos en la '''''Santa Marta''''' siguieron sus pasos y se apoderaron de ella, pero en ésta por ser mayoría los forzados norteafricanos, arrumbaron a su tierra, mientras que a la capitana de Sicilia se le partió el cable de remolque y por efecto de las corriente más su mal estado fue arrastrada hasta quedar varada en la playa.
Pero no había terminado la suerte, ya que al anochecer se levantaron los prisioneros españoles, quienes consiguiendo retomar a la galera patrona de España, con la que arrumbaron al puerto de Génova, al saber lo que ocurría en su nave capitanas, los que iban presos en la '''''Santa Marta''''' siguieron sus pasos y se apoderaron de ella, pero en ésta por ser mayoría los forzados norteafricanos, arrumbaron a su tierra, mientras que a la capitana de Sicilia se le partió el cable de remolque y por efecto de las corriente más su mal estado fue arrastrada hasta quedar varada en la playa.
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Los franceses en el combate habían perdido a dos de ellas que se fueron a pique, por lo que en total ellos perdieron cinco y nosotros igual número, si la que se fue a tierras norteafricanas se hubiera podido evitar y unido en Génova al resto, el combate se hubiera ganado, pero las dos escuadras cada una se quedó con tres de la contraria.
Los franceses en el combate habían perdido a dos de ellas que se fueron a pique, por lo que en total ellos perdieron cinco y nosotros igual número, si la que se fue a tierras norteafricanas se hubiera podido evitar y unido en Génova al resto, el combate se hubiera ganado, pero las dos escuadras cada una se quedó con tres de la contraria.
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La dureza del combate, nos las dam las cifras de bajas, que son diferentes según las fuentes, pero por un término medio, se puede cifrar en algo más de dos mil muertos entre las dos escuadras y otros cuatro mil heridos en total. Estas cifras hablan por sí solas de lo que debió de pasar en este encuentro naval. Como referencia final, hubo galera que tuvo más de doscientas bajas, lo que significa que prácticamente todos incluidos remeros estaban heridos o muertos.
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La dureza del combate, nos las dan las cifras de bajas, que son diferentes según las fuentes, pero por un término medio, se puede cifrar en algo más de dos mil muertos entre las dos escuadras y otros cuatro mil heridos en total. Estas cifras hablan por sí solas de lo que debió de pasar en este encuentro naval. Como referencia final, hubo galera que tuvo más de doscientas bajas, lo que significa que prácticamente todos incluidos remeros estaban heridos o muertos.
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Un parte enviado al Monarca nos da una idea de lo sucedido:
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Un parte enviado al Monarca nos da una idea de lo sucedido: '''« Murieron 4.500 franceses soldados, y entre ellos número excesivo de monsieures y personas de calidad de la Provenza; de los nuestros faltaron 1.400 entre soldados y esclavos; salieron heridos el cabo D. Juan de Orellana y D. Alonso Pérez de los Ríos; mataron dos capitanes de las galeras de España; cautivaron á Miguel del Barrio, capitán de la Santa María; murió D. Rodrigo de Velasco, cabo de las de Sicilia; D. Cristóbal de Heredia y un maestre de campo; quedando 450 españoles y franceses heridos, que reconocieron curándose en Génova, habiendo llevado allá por prisioneros estos últimos. Suplióse lo que nos tomaron con los que les ganamos; pero el destrozo de la gente fue notable, y parece que no se juntaron allí sino á deshacerse, instigados del odio y la emulación envejecida de ambas naciones. Sin embargo, fue mayor la pérdida de su gente, y con particularidad en personas nobles, que es mucho de ponderar, porque hubo galera de las suyas que no pudo (¿quedó?) con 12 hombres »'''
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:'''«Murieron 4.500 franceses soldados, y entre ellos número excesivo de monsieures y personas de calidad de la Provenza; de los nuestros faltaron 1.400 entre soldados y esclavos; salieron heridos el cabo D. Juan de Orellana y D. Alonso Pérez de los Ríos; mataron dos capitanes de las galeras de España; cautivaron á Miguel del Barrio, capitán de la Santa María; murió D. Rodrigo de Velasco, cabo de las de Sicilia; D. Cristóbal de Heredia y un maestre de campo; quedando 450 españoles y franceses heridos, que reconocieron curándose en Génova, habiendo llevado allá por prisioneros estos últimos. Suplióse lo que nos tomaron con los que les ganamos; pero el destrozo de la gente fue notable, y parece que no se juntaron allí sino á deshacerse, instigados del odio y la emulación envejecida de ambas naciones. Sin embargo, fue mayor la pérdida de su gente, y con particularidad en personas nobles, que es mucho de ponderar, porque hubo galera de las suyas que no pudo (¿quedó?) con 12 hombres»'''
==Bibliografía:==
==Bibliografía:==
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Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.
Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.
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[[Categoría:Combates Navales 1515 a 1700|(1601-1700)1638]]
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Última versión de 10:41 2 sep 2022



Génova combate 1/IX/1638



En uno de los muchos viajes sin sus respectivos Generales, por haber sido llamados a la Corte ambos, el marqués de Villafranca de las de España y el marqués del Viso de las de Sicilia, contando la escuadra de Galeras España con nueve y al mando de su Cabo don Juan de Orellana, y la escuadra de galeras de Sicilia con seis, al mando de su Cabo don Francisco Gutiérrez de Velasco Gutiérrez realizando un transporte de tropas a Finale, cuando les salió al encuentro una escuadra francesa de galeras al mando del marqués de Pont-de-Courlay, compuesta también por quince de ellas, pero todas nuevas, bien armadas y aparejadas todo lo contrario del estado en que se encontraban las españolas.

Era el día uno de septiembre del año de 1638, Orellana llamó a Gutiérrez, ya que por ser el General de las galeras de España tenía el mando, conversaron y Gutiérrez le dijo que no era hora de batirse, primero porque ninguno de los dos generales estaba a bordo y mucho más importante, que las galeras de ambos estaban escasas de brazos para el remo y algunas hacían agua, lo que inevitablemente les llevaría a la derrota, por ello aconsejó intentar zafarse del encuentro, dada la cercanía del puerto de Génova.

Pero Orellana no era de ese parecer, pues dar las popas y guarecerse para no entablar combate, era una clara actitud de inferioridad y aceptar la derrota de antemano, a esto no estaba dispuesto a que lo pensaran los franceses, así que ordenó formar la línea de combate en fila, ocupando el centro las dos capitanas.

Cuando llegaron a distancia del alcance de artillería, las dos escuadras enfrentadas abrieron fuego, lo que resultó de una gran mortandad y siguió el combate, cada una contra la que tenía enfrente. Pero se dio la circunstancia que el viento era contrario a los españoles, por lo que al hacer fuego todas las piezas de artillería, la densidad del humo de las explosiones se les vino encima, tanto las suyas como las del enemigo dejándolos envueltos en una tiniebla, que impedía saber donde se encontraba cada cual y lo peor, los franceses sí que les veían a ellos o al menos lo intuían, ya que sus galeras quedaron todas sin humo que les estorbara.

Pero nada impidió que se abordaran ambas escuadra, con la consiguiente confusión de forma que cada una se enfrentaba con la de su costado y cuando eran vencidos, continuaban abordando a la siguiente, para terminar de arreglar la situación el viento calmo, razón por la que el combate se realizó sin ver mal allá de la galera que había al costado. Sobrevino una racha de viento que aunque floja, despejó el campo del combate, pudiendo ver entonces las españolas pensado que habían ganado se estaban retirando con rumbo al puerto de Génova con tres galeras presas de los franceses.

Mientras que los franceses se mantenían en el lugar del combate, habiendo apresado a seis españolas entre ellas las dos capitanas, de ellas habían capturado a más de ochocientos hombres y muerto gran cantidad, entre ellos el cabo de las galeras de Sicilia, don Francisco Gutiérrez de Velasco Gutiérrez.

Pero no había terminado la suerte, ya que al anochecer se levantaron los prisioneros españoles, quienes consiguiendo retomar a la galera patrona de España, con la que arrumbaron al puerto de Génova, al saber lo que ocurría en su nave capitanas, los que iban presos en la Santa Marta siguieron sus pasos y se apoderaron de ella, pero en ésta por ser mayoría los forzados norteafricanos, arrumbaron a su tierra, mientras que a la capitana de Sicilia se le partió el cable de remolque y por efecto de las corriente más su mal estado fue arrastrada hasta quedar varada en la playa.

Los franceses en el combate habían perdido a dos de ellas que se fueron a pique, por lo que en total ellos perdieron cinco y nosotros igual número, si la que se fue a tierras norteafricanas se hubiera podido evitar y unido en Génova al resto, el combate se hubiera ganado, pero las dos escuadras cada una se quedó con tres de la contraria.

La dureza del combate, nos las dan las cifras de bajas, que son diferentes según las fuentes, pero por un término medio, se puede cifrar en algo más de dos mil muertos entre las dos escuadras y otros cuatro mil heridos en total. Estas cifras hablan por sí solas de lo que debió de pasar en este encuentro naval. Como referencia final, hubo galera que tuvo más de doscientas bajas, lo que significa que prácticamente todos incluidos remeros estaban heridos o muertos.

Un parte enviado al Monarca nos da una idea de lo sucedido:

«Murieron 4.500 franceses soldados, y entre ellos número excesivo de monsieures y personas de calidad de la Provenza; de los nuestros faltaron 1.400 entre soldados y esclavos; salieron heridos el cabo D. Juan de Orellana y D. Alonso Pérez de los Ríos; mataron dos capitanes de las galeras de España; cautivaron á Miguel del Barrio, capitán de la Santa María; murió D. Rodrigo de Velasco, cabo de las de Sicilia; D. Cristóbal de Heredia y un maestre de campo; quedando 450 españoles y franceses heridos, que reconocieron curándose en Génova, habiendo llevado allá por prisioneros estos últimos. Suplióse lo que nos tomaron con los que les ganamos; pero el destrozo de la gente fue notable, y parece que no se juntaron allí sino á deshacerse, instigados del odio y la emulación envejecida de ambas naciones. Sin embargo, fue mayor la pérdida de su gente, y con particularidad en personas nobles, que es mucho de ponderar, porque hubo galera de las suyas que no pudo (¿quedó?) con 12 hombres»

Bibliografía:

Bauer Landauer, Ignacio.: Don Francisco de Benavides cuatralvo de las galeras de España. Madrid, 1921.

Cervera Pery, José.: La Estrategia Naval del Imperio. Auge, declive y ocaso de la Marina de los Austrias. San Martín. Madrid, 1982. Premio Virgen del Carmen de 1981.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid, 1973.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

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