Grimau y Altamirano, Francisco Biografia

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Biografía de don Francisco Grimau y Altamirano

Jefe de Escuadra de la Real Armada Española.

Contenido

Orígenes

Vino al mundo por 1654, se desconoce el lugar.

Hoja de Servicios

El día 28 de julio del año de 1671 ingresó en la escuadra de galeras de la Soberana Orden de San Juan de Jerusalén en la isla de Malta, por obtener plaza de soldado aventajado, participando por ello en varios combates navales.

Con las galeras de la Orden estuvo junto a la Armada del Océano al mando de don Melchor de la Cueva, formada por veintiún galeones, con un total de once mil ochocientas toneladas y 874 cañones, más las de galeras de España, Nápoles, Sicilia, Génova y Malta, en el combate naval de Messina el día 11 de febrero del año de 1675, contra la escuadra francesa del mando de Vivonne muy superior en número y fuerza, a los que el viento favoreció, consiguiendo prestar el apoyo a las tropas francesas estacionadas en la ciudad.

De aquí pidió ser aceptado en el ejército español, lo que se le notificó el 2 de abril de 1676 y destinado en la zona de los Pirineos, al conocer su incorporación y destino se traslado a España, participando en muchos combates contra los franceses, se le dió la orden y cumplió, tomando un fuerte para facilitar el avance de las tropas españolas, lo que facilitó que la plaza del Rosellón fuera tomada, continuando en su avance participó en el combate del barranco de la Empolla, de donde salió vivo pero herido.

Por todos sus méritos en esta campaña S. M. le asignó de por vida la merced de un escudo de ventaja sobre su sueldo.

Permaneció siete años en el ejército, hasta que elevó petición de incorporarse al cuerpo de galeras, que le fue concedido por Real cédula del día 6 de julio del año de 1678, siendo destinado a Cartagena base de las galeras, pasando a la Capitana como ‹entretenido›, hasta que le fue entregada una Real cédula por la que S. M. le honraba al otorgarle el mando de la llamada Nuestra Señora de la Almudena, más otro escudo de ventaja por sus acciones en la plaza de Puigcerdá, con su buque al principio se dedicó a perseguir piratas y corsarios berberiscos.

Zarpó con la escuadra desde el puerto de Cartagena, para llevar socorros a la ciudad de Melilla, que en esos momentos estaba siendo seriamente asediada por los moros, su acertada actuación contribuyó mucho a que lo trasportado llegara siempre a su destino.

En el año de 1683 se declaró la guerra de nuevo con Francia, estando él al mando en la ciudad de Barcelona de la Maestranza de las Atarazanas, donde se estaban construyendo tres galeras para la Armada, se presentó una escuadra fuerte francesa compuesta de veinte navíos y treinta galeras, que iba sembrando el pánico en las costas. Él solo contaba con su galera y la nombrada Patrona, con sus pocos medios los dispuso de tal forma [1] que aparentaban más de los que realmente poseía, el hecho concreto es, que la escuadra enemiga al llegar a la vista del puerto, envío a inspeccionarlo por dos de sus galeras que a remo cumplieron la misión, pero cuando estas arribaron a su insignia, solo se pudo ver que la escuadra francesa viró 16 cuadras y no atacó la ciudad.

Al faltar un tiempo para poder lanzar y alistar las tres que se encontraban en construcción, los representantes de la Diputación de la ciudad le indicaron que lo mejor sería abandonar las galeras, desembarcar su gente y protegiera la ciudad desde tierra, pero a esto se opuso firmemente respondiendo: «…el honor de las armas, y para escusar al enemigo la gloria que le cabria al ver abandonadas dos galeras que habian sido puestas en el mejor estado de defensa, y bajo las baterias del muelle de la plaza.»

Se encontraba en el fondeadero de la ciudad de Barcelona, cuando el día 9 de noviembre del año de 1684 se desató el peor temporal que se conoce, el cual por su fuerza arrancó a la Patrona hundiéndola, por ser materialmente aplastada contra las piedras de la escollera que daban protección al fondeadero.

Pasó a tomar el mando de diferentes galeras, con ellas se distinguió por llevar pertrechos de boca y guerra a los presidios norteafricanos, manteniendo siempre en apuros a sus enemigos.

Oficialmente, el día 16 de mayo del año de 1687 entregó el mando de la nueva Patrona, en el mismo año se sufrió un nuevo intento de tomar los norteafricanos distintos presidios españoles, por estar al mando de la escuadra de galeras el Duque de Veragua, acudió con ella a los socorros de Orán y Peñón de Alhucemas, en este último lugar, se dio cuenta que había una fortaleza con artillería y era la causante de todo el mal de la posición española, decidido a destruirla desembarcó con doscientos de sus hombres, acometió a la posición, la tomó, cautivó a los que quedaron vivos e inutilizó las piezas de artillería. Sistema sencillo, pues se les sobrecargaba de pólvora, taponaba la boca y con mecha lenta se les hacía explosionar, lo que inevitablemente producía la destrucción de la pieza.

Al terminar en esta zona quedo unida su galera a las del mando del cuatralbo Marqués de Alconcher, acudiendo primero a Melilla y al mismo tiempo al Peñón de Alhucemas, que también estaba siendo atacado. Los moros habían levantado una fortaleza frente a la de San Agustín, siendo necesario destruir la enemiga para salvar la española, para ello el marqués eligió a Grimau y su buque, era el día 10 de junio del año de 1687, éste decidió bombardearla desde lejos, conforme iban sufriendo destrozos se producía la bajada de respuesta de los moros, esto indicó que el enemigo ya estaba "blando", decidiendo pasar al ataque antes de que se recuperara, de forma que se acercó hasta casi embarrancar la galera en la playa, siendo el primero en tocar tierra seguido de los doscientos hombres que transportaba, atacó con tanta fuerza que en pocos minutos y a pesar de los refuerzos recién llegados al enemigo fue tomada la fortaleza, después de haber estado casi diez horas bombardeando la posición.

Desalojada de todo la fortaleza fue destruida, volviendo a embarcar con sus heridos regresando a la división de galeras. Al ser conocedor el Rey de lo acontecido, le concedió en gratitud una renta anual de doscientos escudos, aparte de lo que ya cobraba de las gracias anteriores.

El cuatralbo Marqués de Alconcher volvió a con sus galeras a Melilla, siendo de nuevo destinado Grimau con su galera a batir otros fuertes que era necesario destruir para facilitar el acceso de los socorros a la plaza, demostrando de nuevo su valor y acertadas disposiciones, pues en poco tiempo los destruyó, contribuyendo de manera muy firme a la salvación de la plaza.

En el mes de septiembre del año de 1688, salió de Cartagena con cuatro galeras a su mando y un bergantín, cargados todos ellos con tropas de la milicia de Murcia más pertrechos de boca y guerra en socorro de nuevo de la plaza de Orán. Los posibles accesos a ésta se encontraban vigilados por las galeras moras, volvió a aprovechar la oscuridad de la noche para con gran práctica marinera poder burlar a los enemigos, entrando en el puerto desembarcando todo lo que transportaba.

Se hizo de nuevo a la mar regresando a Cartagena, donde se le volvió a cargar en las mismas galeras, más hombres y pertrechos de guerra y boca, pero esta vez tuvo que navegar por toda la costa de berbería para ir desembarcando en cada presidio o plaza lo que se le había ordenado.

Fue informado el Rey de la llegada de todo lo mencionado, siéndole comunicado por el capitán general de las posesiones, el Conde de Guaro, así como por el cuatralbo Marqués de Alcocher, en premio a su gran éxito por Real cédula del día 20 de diciembre del año de 1688, le concedió el mando de la galera Capitana, el más importante de todas ellas. Por su demostrada valía y ser el capitán de la Capitana, en varias ocasiones durante los años de 1690 a 1693 se quedó al mando de la escuadra de galeras por ausencia de sus respectivos capitanes generales, tanto cuando lo era el Duque de Veragua como su sucesor el Marqués de Camarasa.

En el año de 1693, el gobernador de Orán el Duque de Canzano, pidió refuerzos por encontrarse de nuevo en aprieto, la mar estaba plagada de corsarios moros que impedía su libre tránsito, por ello se llamó a Grimau y se le explico la importancia que conllevaba la comisión, para ello solo se hizo a la mar con la Capitana, cargada con cien hombres de refuerzo más los habituales pertrechos de boca y guerra, de nuevo por ser un gran conocedor, tanto del líquido elemento y sus costas, así como de sus enemigos, consiguió burlarlos y desembarcar lo transportado.

En el año de 1694, salió con pocas de sus galeras, unidas a las de la escuadra de Génova, contando un total de diez bajeles para transportar socorros a la ciudad de Ceuta, por estar de nuevo sitiada por un gran ejército a las órdenes del Sultán de Marruecos, a continuación se dedicó a limpiar las aguas de enemigos, lo que alivió la situación de la ciudad, tomando como puerto el de Gibraltar, desde el cual igual salía a combatir enemigos, como transportar pertrechos a la plaza asediada en tantas ocasiones como fue necesario, durante los trece meses que duró el insistente asedio.

Al terminar esta guerra regresó a Cartagena con la esperanza de poderse recuperar del invierno anterior que fue muy duro, no le duró mucho la recuperación, pues de nuevo en el año de 1696 se declaró la guerra a Francia, se encontraba al mando de las escuadra de España el Duque de Nájera, ordenando salir a toda la escuadra con rumbo a Barcelona, teniendo lugar el día 21 de septiembre el primer combate naval entre ambas escuadras en aguas de Palamós, pero por la disposición de la escuadra de España, la francesa a pesar de ser superior en número no se atrevió a entablar combate, virando por ciaboga y enseñando sus popas se alejaron en una patética huida.

El Duque de Nájera, puso en conocimiento de S. M. la gran victoria por haber seguido los consejo del capitán de su galera Capitana, así el Rey por Real cédula del día 8 de marzo del año de 1697, lo viene a nombrar Maestre de Campo de la Infantería Española.

Durante los años de 1698 a 1703, permaneció en un constante ir y venir en la protección de los presidios norteafricanos, así como sus plazas las cuales siempre estuvieron apoyadas y aprovisionadas por sus buques, evitando de esta forma caer en manos de los enemigos de España. Pues no solo eran los tres países coaligados, sino que estos ayudaban a los norteafricanos, dando lugar a un mayor desgaste de España y con más frentes que, vientos tiene su Rosa.

Al fallecer don Carlos II el último de los Austrias, accedió al trono de España el primer Borbón, don Felipe V, estallando con ello la guerra de Sucesión, puesto que los intereses del Reino Unido, Austria y Holanda se veían amenazados si los Reyes de Francia y España unían sus armas, razón por la que decidieron unirse a la causa del pretendiente al trono el Archiduque Carlos.

Durante el transcurso de la guerra hubo varios encuentros navales, quizás el más notorio fue el llamado de Vélez Málaga, teniendo lugar el día 24 de agosto del año de 1704, en el que combatieron las escuadra de Francia y España, al mando del conde de Toulouse, compuesta por cincuenta y dos navíos, más seis fragatas, ocho brulotes y doce galeras, a los que se unieron las cinco de la escuadra de España y siete de Génova, al mando en jefe de ellas el cuatralbo don Vicente Argote, y las de España a las de don Francisco Grimau como segundo de todas ellas.

La enemiga al mando en Jefe del almirante británico Rooke, formada por un total de cincuenta y tres buques, con cuarenta y uno navíos más doce bátavos al mando de su almirante Kallenberg, más ocho fragatas, ocho brulotes y dos galeotas bombarderas. Los holandeses no aportaron buques menores.

El combate en sí no decidió nada, pues ambos jefes la dieron por ganada y en ningún momento los anglo-bátavos pudieron romper la línea, a pesar de ser atacados algunos navíos franceses hasta por seis enemigos al mismo tiempo, en cambio si nos atenemos a las cifras, se dan por parte de los británicos dos mil trescientos muertos y setecientos holandeses, pero estos sin contar los muertos por la voladura de su navío insignia el Abelarde que, es muy posible duplicara cuando menos la cantidad dada, mientras que los franceses dieron a mil ochocientos muertos.

Quedaron dueños de la mar los franceses, puesto que al tener a más de la mitad de los buques iníciales dañados muy seriamente los británicos, aprovecharon la noche para poner rumbo a Gibraltar, solo que su navegar no era muy rápido dado los diferentes remolque que daban a sus hermanos dañados y al estar herido el conde de Toulouse los franceses tampoco decidieron nada por darle un segundo encuentro.

Lo más importante en este caso, es el valor que de nuevo derrochó Grimau, que fue notificado por el cuatralbo don Vicente Argote a S. M. donde escribe unas frase que dice: «…habia cumplido con las obligaciones de su sangre y de esperto soldado.»

Regresó al puerto de Cartagena, en él permaneció hasta que de nuevo se hicieron a la mar en el año de 1706, al mando del cuatralbo don Luis Manuel Fernández de Córdoba, quien iba en la Capitana, al mando de Grimau, navegando en conserva de la Almudena con rumbo a las aguas del golfo de Valencia, estando a la altura de la propia ciudad se avistaron unos buques británicos, dándose la voz de prepararse para el combate.

Pero el cuatralbo dio la voz de «¡rebelión!», a la cual las dotaciones se levantaron en favor del pretendiente don Carlos, Grimau se vio sorprendido por este brusco cambio de bando e intentó volver al orden a los suyos, pero estos le vencieron y capturaron, siendo llevado a Valencia como prisionero.

Por lo que se supo después, el cuatralbo había sobornado a las dotaciones, que a su vez se había puesto en contacto con el almirante británico al que se entregó, pero todo a escondidas de Grimau, quien permaneció en la ciudad de Valencia en prisión, hasta el día 8 de mayo del año de 1707 que fue conquistada por los partidarios de don Felipe V.

Puesto en libertad, pasó al Puerto de Santa María donde el día 29 de noviembre siguiente se le otorgó el mando de la capitana, que ahora hacía como a tal la galera Santa Ana, con la que salió junto a otras tres para transportar socorros a la plaza de Ceuta, donde llegó a primeros del año de 1708, a su regreso y con las mismas galeras participó en la reconquista de la ciudad de Tortosa, cayendo en manos de las tropas del Rey el día 10 de julio siguiente. De donde salió con rumbo a Marsella, para que se le unieran otras cuatro galeras de Nápoles, al reunirse regresaron todas a su base en el puerto de Cartagena.

Permaneció con los socorros a Ceuta, pues esta plaza estaba fuertemente sitiada, como siempre Grimau conseguía burlar el cerco y desembarcar sus pertrechos, a veces se incluían hombres como refuerzo de las bajas.

Una más de sus comisiones fue en el año de 1709, siendo comisionado para transportar artillería de sitio desde Cartagena a la ciudad de Alicante, para que las tropas pudieran hacer frente a la que se encontraba en el castillo, lo que facilitó mucho que pudiera ser tomado

De nuevo en el año de 1711, regresó a la población de Tortosa, pero esta vez con socorros ante el intento de ser tomada de nuevo por los imperiales, llegando oportunamente y evitando que fuera conquistada.

En el año de 1713, estuvo presente en la evacuación de las fuerzas del archiduque don Carlos, al ser vencidos en la ciudad de Tarragona.

Este mismo año estuvo en el asedio de Barcelona, hasta que pasado un año la ciudad se rindió, evitando así en varias ocasiones que desde Mallorca e Ibiza fueran socorridos, pues eran las dos plazas que aún disponían los imperiales, dando por terminada la guerra en la península.

Al quedar solo en poder de los partidarios del archiduque las islas Baleares, en el año de 1715 zarpó al mando de todas las galeras disponibles, arribando a la isla de Mallorca, al mismo tiempo envío parte de su escuadra a la isla de Ibiza, en la cual se presentó advirtiendo de las duras consecuencias de presentar combate, lo que al parecer convenció a los partidarios de los imperiales y ante el perdón, si no había derramamiento de sangre, se entregaron, tomando las islas de esta forma tan convincente como efectiva sin derramar una sola gota de sangre.

Esto sabido por el Rey, le felicitó por su forma de actuar y en agradecimiento, por Real título fechado del día 22 de abril del propio año, le viene a nombrar primer Jefe de Escuadra de sus galeras, otorgándole al mismo tiempo los honores de Mariscal de Campo, por ser ambos empleos de la misma categoría.

Casi sin pérdida de tiempo pasó con su escuadra a tomar parte en la recuperación de la isla de Cerdeña, donde dio protección al desembarco con sus certeros fuegos, pasando posteriormente a demoler con la artillería de sus galeras la fortaleza de Puerto-Escuso, la cual a su vez disponía de seis piezas de grueso calibre de defensa, pero nada pudo impedirle que la derrumbara, al hacerlo puso pie a tierra y tomó la población de Iglesias.

En el año de 1718, estaba al mando de seis galeras y una galeota, con las que se unió para la toma de la isla de Sicilia, participando en el desembarco que se realizó en Castellmare, posteriormente en Palermo en el mes de agosto del mismo año, siendo tomadas ambas pacíficamente.

Poco después asistió al desastroso combate naval del golfo de Araich, en que la escuadra española fue vencida, pero las pérdidas fueron menores, gracias a la decisión guiada por su intrepidez y gran valor, con sus galeras se metió en medio del combate, lanzando cables a los buques más dañados y a remolque los fue sacando del centro del combate, evitando así su pérdida total.

Estuvo destinado durante dos años a proteger la isla, donde desempeñó grandes servicios, pues la manifiesta ventaja de las galeras al ser independientes del viento les permitía salir y entrar cuando fuera necesario de puerto, ratificando que este tipo de buques aún estaban en condiciones con algo de conocimiento y astucia de prestar muy buenos resultados, y él así lo hizo. Como fue el caso de apresar una saetía que transportaba a ciento sesenta soldados austriacos, siendo sacada a viva fuerza del puerto de Messina a pesar de estar protegida por buques británicos. Toda una demostración de arrojo y valor.

A finales del año de 1720, se le llamó urgentemente para asistir a la defensa de la ciudad de Ceuta, que aprovechando la incertidumbre aún reinante en España los moros intentaron tomarla; lo antes que le permitió el viento y las fuerzas de sus bogantes se presentó en Cádiz con su escuadra.

Aquí recibió la orden de simular un desembarco en la playa Benítez, a retaguardia de las líneas de asedio enemigas, con la intención de que al verse sorprendidos destinaran parte de sus tropas a evitarlo, para no ser atacados por la espalda, en ese instante sería cuando las tropas de la ciudad saldrían a hacer frente al resto, así cogidos entre dos fuegos acabarían con la situación tan apurada y precaria que mantenían a la ciudad.

El día 15 de noviembre del año de 1720, se llevó a efecto el desembarco y la salida de las tropas de Ceuta, lo que se tradujo en una victoria aplastante, los moriscos huyeron en desbandada en dirección a Tánger y Tetuán, pero el mando español había previsto que se explotara el éxito, intentando tomar Tánger acción que se comenzó y era cosa casi fácil, por lo desordenado de la huída de los enemigos, pero surgieron los británicos, que al ver la maniobra, no la aceptaron como viable para sus intereses y amenazaron con destruir la flota española si se llevaba a termino, así el general al mando ordenó que se paralizase la ofensiva.

A pesar de ello en su loca huída dejaron abandonado todo tipo de material que fue capturado y con parte de él se reforzó la misma fortaleza de Ceuta, siendo; veintinueve cañones, cuatro morteros, tres estandarte, una bandera, muchas tiendas y con ellas provisiones, lo que no se dejó en la plaza se consideró trofeo de guerra. Pasando a destruir todo lo hecho por los enemigos, dejando diáfana la vista desde las murallas. Sabiéndose al entrar en las tiendas de los jefes y recoger documentos, que todo estaba apoyado por los británicos, para intentar hacerse con la plaza, pues no era otra su intención para dominar el Estrecho al disponer de Gibraltar, solo les faltaba conquistar Ceuta dominando así la vía en su totalidad.

Viendo esto Grimau, que no era de la opinión de ceder ante la presión de los británicos, decidió regresar a Cartagena, escribiendo un suplicatorio al Monarca presentando la dimisión de su cargo y responsabilidad, siéndole aceptada por el Rey. Lo que demuestra que la estaba esperando, pero Grimau no le hizo esperar mucho.

Para no estar cerca de intereses ocultos y presiones inadmisibles, que no iban con su forma y carácter, se quedó a vivir en la misma Cartagena alejada de todo camino Real, sufriendo todavía la pérdida de su hijo don Luis, a la sazón comisario de las galeras, permaneciendo en su casa hasta que le sobrevino el fallecimiento el día 8 de diciembre del año de 1724, cuando contaba con setenta años de edad, de ellos cincuenta y tres de excelentes servicios a España.

Notas

  1. Consistió el sistema, en aprovechar los palos de las galeras que se construían en las Atarazanas más otros, estos a su vez se sujetaron con cadenas, de forma que a distancia aparentaban existir muchas más galeras de las que habían, estando dispuestas en ‹fortaleza› y esto parece que dio el resultado mencionado.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 26, 1925, página 1336 y 1337.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Vargas y Ponce, Joseph de.: Catálogo de la Colección de Documentos. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1979.

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