Guerra de los Pedros 1356-1361

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Pero la verdadera cuestión era, que a costumbre medieval los dos monarcas no querían combatir si no era en las proximidades de sus tierras, por ello don Pedro IV dejó el mando de la escuadra siéndole entregado a don Bernardo de Cabrera.
Pero la verdadera cuestión era, que a costumbre medieval los dos monarcas no querían combatir si no era en las proximidades de sus tierras, por ello don Pedro IV dejó el mando de la escuadra siéndole entregado a don Bernardo de Cabrera.
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Viendo esto los castellanos, consiguieron convencer a su Rey, quien no debía empeñarse en combate con un inferior, añadiendo que el de Aragón ante el puerto de la ciudad Condal, no había hecho caso de comparecer al combate, así que don [[Pedro_I_de_Castilla_y_de_Leon,_Rey_don_Biografia|'''Pedro I''']] dio por terminada la expedición y en aquél mismo lugar, prescindió del auxilio prestado por sus aliados, regresando al puerto de Alicante y después de un corto descanso, zarparon con rumbo al de Cartagena.
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Viendo esto los castellanos, consiguieron convencer a su Rey, quien no debía empeñarse en combate con un inferior, añadiendo que el de Aragón ante el puerto de la ciudad Condal, no había hecho caso de comparecer al combate, así que don [[Pedro_I_de_Castilla_y_de_Leon,_Rey_Biografia|'''Pedro I''']] dio por terminada la expedición y en aquél mismo lugar, prescindió del auxilio prestado por sus aliados, regresando al puerto de Alicante y después de un corto descanso, zarparon con rumbo al de Cartagena.
Pero aún hubo otro encuentro naval, sobre finales del mismo año, cuando cinco galeras de Castilla, al mando de Zorzo, se enfrentaron a cuatro de Aragón, al mando de Mateo Mercer en las proximidades de las islas Chafarinas, por estar prestando apoyo al virrey de Tremecen, resultando vencidas las aragonesas.
Pero aún hubo otro encuentro naval, sobre finales del mismo año, cuando cinco galeras de Castilla, al mando de Zorzo, se enfrentaron a cuatro de Aragón, al mando de Mateo Mercer en las proximidades de las islas Chafarinas, por estar prestando apoyo al virrey de Tremecen, resultando vencidas las aragonesas.

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Guerra de los Pedros 1356-1361



Se encontraba don Pedro I en la población de Sanlúcar de Barrameda en 1356, donde permanecía observando la pesca del atún, cuando ante sus ojos un capitán aragonés, don Francisco de Perellos, al mando de diez galeras apresó dos buques con pabellón de Génova, el Rey ordenó al aragonés las dejara en libertad, pues pertenecían a un país en paz con Castilla y habían sido apresados en aguas del mismo reino.

Pero el Perellos se negó a ello, pues Aragón sí estaba en guerra con Génova, por ello desoyó al Rey prosiguiendo con rumbo al Atlántico.

Don Pedro I no podía imaginar que los múltiples problemas que ya tenía se le iba a añadir estar también en guerra con su vecino reino peninsular, por ello mandó inmediatamente formar una escuadra para atacar a las naves aragonesas, pues a partir de ese instante eran enemigas de Castilla.

Como primera medida, ordenó el embargo de todos los bienes de los aragoneses en el reino de Castilla, tomando el camino de Sevilla donde personalmente ordenó activar las atarazanas y como no había otras disponibles, se armaron rápidamente siete galeras y seis naos, tomando el mando directamente.

En cuanto se pudo hacer a la mar zarpó en busca de Perellós, al que no pudo dar alcance, a pesar de que se dirigía a dar su apoyo al Rey de Francia. Pero luego supo que de nada le hubiera servido, pues las galeras de Perellós se perdieron en el puerto de Arafor, dado que el Rey galo había caído prisionero del Príncipe de Gales y para ser puesto en libertad, le había entregado el ducado de Guiena, al que pertenecía el puerto donde había arribado las galeras de Aragón, sus buques quedaron en poder de los enemigos y ellos después de pagar un buen rescate, pudieron regresar a Aragón por tierra.

Don Pedro resolvió regresar a Sevilla y escribir pidiendo satisfacciones al Rey de Aragón, pero las excusas recibidas por don Pedro I de don Pedro IV no le agradaron, provocando así la guerra definitivamente. Realizando hincapié en que se debería dirimir en la mar y él al mando, convirtiéndose así en el primer monarca castellano que se hacía a la mar en guerra.

Era tanta su prisa que en ocho meses se carenaron en las atarazanas de Sevilla quince galeras, se construyeron doce y se alistaron muchas armas y pertrechos, don Pedro I, era conocedor del gran poder en el mar del reino de Aragón.

Por eso puso todo su empeño tratando de conseguir una igualdad o supremacía para lograr la victoria en la mar, a principios de 1357 armó una escuadra, con cuatro naos y doce galeras, con la orden de frecuentar y batir las costas de las islas Baleares.

Al mismo tiempo armó otra escuadra, con otras doce galeras castellanas, más seis genovesas alquiladas y una nao del puerto de Laredo, pero de esta tomó el mando en persona.

Puso rumbo al Mediterráneo, alcanzando las costas del reino de Valencia, intentó conquistar la población de Guardamar el 17 de agosto de 1358, pero su fortaleza consiguió resistir, ordenó desembarcar y poner sitio a la plaza, aún así se fue alargando el tiempo y al entrar el otoño un fuerte temporal consiguió que la flota quedara muy maltrecha, perdiéndose varios de los buques y la galera Real se pudo salvar al hacerla varar en la playa, todo ello le llevó a levantar el sitio y regresar a su territorio.

Pero no por esto cejó en su empeño, pues volvió a formar nueva escuadra, pero esta vez no era una para no estar prevenido, quedando compuesta por, veintiocho galeras, cuatro leños más dos galeotas, pertenecientes a la corona de Castilla.

A las que hay que añadir las diez del reino de Portugal; del rey moro de Granada otras tres; de la república de Venecia, se incorporaron tres galeotas y una carraca, a más de otras ochenta naves que fueron para esta ocasión cedidas por varias ciudades.

Al frente de tan gran escuadra se puso don Pedro I al frente de ellas, pero él enarbolaba su pabellón en un uxer, que a su vez había sido apresado a las regencias norteafricanas, el cual fue reforzado con tres castillos, en los que se repartían ciento veinte ballesteros y cien hombres de armas, estando al mando de cada uno de ellos don Pero López de Ayala en el de popa, el del centro don Arias González de Valdés y don García Álvarez de Toledo en el de proa y patrón de la nave, a ello había que sumar el lógico séquito del Rey.

Este tipo de nave era de las más grandes de la época, pues eran utilizadas por los norteafricanos como buque de gran transporte de tropas y en su cubierta inferior daba cabida a cuarenta caballos, por lo que debía de tener mucha manga y buena estabilidad en la mar.

La escuadra así formada, se encontraba al mando del almirante de Castilla, don Gil de Bocanegra, a sus órdenes iban el almirante de Portugal Lanzarote Pezana, los capitanes de mar castellanos, don García Álvarez de Toledo, don Jaime García de Padilla y don Pedro López de Ayala, poniendo rumbo para atacar de nuevo la fortaleza de Guardamar, pero esta vez la guarnición del castillo no pudo soportar la presión de los combatientes y cedió siendo conquistada.

Al tomar este punto de partida en las aguas del Mediterráneo, se dispuso a atacar la ciudad de Barcelona, presentándose el 9 de junio (según otra fuente fue en el mes de julio) de 1359.

En el puerto de la ciudad Condal, se hallaban en esos momentos solo diez galeras, pero la cantidad de embarcaciones menores era muy superior a las castellanas, estando todas ellas al mando del Conde de Osona y del Vizconde de Cardona, a quienes seguían los capitanes de mar, Gilaberto, Bernardo de Cruilles, Bernardo Margarit y Pedro Asbert.

Además, no pudo atacar por sorpresa, puesto que las galeras y naves más grandes estaban con una protección formada por grandes anclas fondeadas, impidiendo el acceso a ellas obligándole a mantenerse en las cercanías del puerto.

Al ver que el rey de Aragón no aceptaba el combate y desde tierra se le hacía un buen fuego dañando a algunos de sus buques, siendo la mayor parte impactos de bombardas, se decidió a atacar, sorteó como pudo aquella maraña de anclas y entabló combate, el cual quedó indeciso por haberse hecho de noche, ordenando salir a la mar, consiguiendo no sin alguna pérdida abandonando aguas tan peligrosas. En lo que hoy es el ante puerto de la ciudad.

A la mañana siguiente, volvió al ataque la escuadra castellana, pero esta vez los aragoneses estaban bien dispuestos, pues se habían preparado toda clase de recursos, entre ellos algo que después se parecería a las baterías flotantes, hasta los ya muy conocidos buques con espolón de la época griega fueron utilizados en este combate, a parte de la complejidad de las aguas plagadas por las anclas, la ballestería y el fuego de las bombardas, uniendo todo esto consiguieron poner en fuga a la escuadra castellana, la cual se retiró para evitar ser destruida en aquél mismo lugar.

(Este enfrentamiento, fue el primero de la Historia, en que se enfrentaron dos formas de combatir, unos a la defensiva y los otros a la ofensiva, por ello es muy conocido por los tratadistas tácticos navales y descrito en mucha literatura.)

Aunque al presentar las popas las naves castellanas, las aragonesas se hicieron a la mar, donde aún consiguieron tirar al fondo a varios buques más, favorecidas por el completo desorden que mantenían en su huida, convirtiéndose en una importante victoria para los aragoneses.

Pero don Pedro I al encontrarse en alta mar y viendo que los enemigos no le seguían, consiguió tranquilizar a sus capitanes y volver a formar escuadra, así y no dando por perdido el combate, ordenó poner rumbo a la isla de Ibiza, para sitiarla e intentar su conquista.

Al enterarse el Rey de Aragón del rumbo de la escuadra castellana, se esperó unos días hasta la llegada de más galeras, al arribar se les dotó de todo en abundancia quedando perfectamente avitualladas se hicieron a la mar en persecución de los castellanos.

Pero la verdadera cuestión era, que a costumbre medieval los dos monarcas no querían combatir si no era en las proximidades de sus tierras, por ello don Pedro IV dejó el mando de la escuadra siéndole entregado a don Bernardo de Cabrera.

Viendo esto los castellanos, consiguieron convencer a su Rey, quien no debía empeñarse en combate con un inferior, añadiendo que el de Aragón ante el puerto de la ciudad Condal, no había hecho caso de comparecer al combate, así que don Pedro I dio por terminada la expedición y en aquél mismo lugar, prescindió del auxilio prestado por sus aliados, regresando al puerto de Alicante y después de un corto descanso, zarparon con rumbo al de Cartagena.

Pero aún hubo otro encuentro naval, sobre finales del mismo año, cuando cinco galeras de Castilla, al mando de Zorzo, se enfrentaron a cuatro de Aragón, al mando de Mateo Mercer en las proximidades de las islas Chafarinas, por estar prestando apoyo al virrey de Tremecen, resultando vencidas las aragonesas.

Por ello los representantes de ambos monarcas, consiguieron llegar a un acuerdo y firmar la paz entre ambos reinos, siendo ratificado en 1361, a cuyo acto se le dio el nombre de: «Paz de Terrer»

Bibliografía:

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Martínez Friera. Coronel.: Las Batallas de España en el Mundo. Editorial Gran Capitán. Madrid 1950.

Montero Sánchez, Antonio.: Compendio de la Historia de la Marina Militar de España. Rivadeneyra. Madrid. 1900.

Ortíz de Zúñiga, Diego.: Anales Eclesiásticos y Seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla. Guadalquivir S.L. 1988. Edición Facsímil de la Imprenta Real, Madrid, 1795-1887.

Salas y González, Francisco Javier.: Marina Española de la Edad Media. Imprenta Ministerio de Marina. Tomo I. Estb.Tipog. de T.Fontanet. Madrid. 1864.

Salas y González, Francisco Javier.: Marina Española de la Edad Media. Imprenta Ministerio de Marina. Tomo I, 1925, 2ª Edición. Tomo II, 1927. Edición póstuma.

VV. AA.: Colección de documentos inéditos para la historia de España. Facsímil. Kraus Reprint Ltd. Vaduz, 1964. 113 tomos.

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