Gutierrez de los Rios y Zapata, Jose Diego Biografia

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Biografía de don José Diego Gutiérrez de los Ríos y Zapata

Capitán General de las Galeras de España.

Grande de España de 1ª clase. Por Real Cédula del 26 de noviembre de 1733.

V Conde de Fernán-Núñez.

Contenido

Orígenes

Vino al mundo en la Villa de Madrid entre los años de 1678 a 1680, hermano de don Pedro IV Conde de Fernán Núñez. Segundogénito del III Conde de Fernán Núñez, don Francisco Diego Gutiérrez de los Ríos y Guzmán de los Ríos y de su esposa doña Catalina Zapata de Mendoza Silva, contrayendo matrimonio en 1676. Fallecida en 1681.

Hoja de Servicios

El día 1 de julio del año de 1683,[1] se enroló como soldado en el Tercio del Maestre de Campo don Bernabé Alonso de Aguilar, donde permaneció hasta el día 19 de mayo del año de 1686.

En 1686 pasó a la guarnición de Cádiz a las órdenes del capitán don Gregorio Fernández de Bobadilla, permaneciendo en ella hasta el 9 de junio de 1691. Regresó a la misma compañía el 28 de julio de 1692, permaneciendo en ella hasta el 26 de junio de 1693.

El 13 abril de 1696, pasó a las órdenes directas de su padre, que a la sazón era Maestre de Campo General de las costas de Andalucía, con el permiso del Duque de Sesa, a la sazón Capitán General de las costas de Andalucía. Embarcó en el galeón Purísima Concepción y de las Ánimas, como tropa embarcada, buque en el enarbolaba su insignia de General don Antonio Gaztañeta, realizando un tornaviaje a las islas Canarias, pasando a la misión de proteger la recalada de las Flotas de Indias navegando entre los cabos de San Vicente y Santa María, permaneciendo en esta Armada hasta el 20 de mayo de 1699.

Al fallecimiento del don Carlos II, por su testamento ocupó el trono de España el primer Borbón don Felipe V, por esta razón se enviaban a Francia a los que querían comenzar su vida como marinos, por ello el día 31 de agosto del año de 1701 sentó plaza de guardiamarina ‹cadet› en la Armada francesa, pero por lo mucho ya navegado y aprendido, con fecha del 1 de marzo de 1702 se le ascendió al grado de alférez de navío, y el 1 de enero de 1703 a teniente de navío, pero siempre en la armada francesa.

Con este grado participó en el combate naval de Vélez-Málaga en el mismo año, lo que fue notificado al rey de Francia por carta del 29 de octubre del propio 1704 por el mismo Conde de Versalles, diciendo: «se había portado muy dignamente en el combate», pasando a continuación al bloqueo de Gibraltar, pues hacia solo unos meses que acababa de ser tomado por lo británicos.

Con fecha del 1 de noviembre de 1705, se le ascendió al grado de capitán de navío como agradecimiento del Monarca francés por la dedicación y empeño que ponía en realizar todo lo que se le ordenaba a más de su bravura demostrada.

En 1706 fue llamado por S. M. para ser su ayudante y asesor, siendo nombrado por Real decreto de don Felipe V con fecha del 22 de febrero, pues se encontraba en el sitio de la ciudad de Barcelona y necesitaba de personas de su confianza, con conocimientos para terminar con la guerra.

Durante el bloqueo que se estaba ejerciendo a la plaza, le fue comunicado el envío de refuerzos con destino a la población de Mataró, se hizo a la mar con sus galeras, consiguiendo dar alcance al convoy, al que pudo capturar la mitad de él y al resto ponerlo en fuga.

Por esta acción, el Rey le nombró con fecha del 2 de noviembre de 1706, como Gobernador de las Galeras, con el grado de teniente general.

En septiembre de 1707 al mando de las galeras arrumbó a Cádiz, por tener noticias de que los imperiales estaban atacando en Puntales, consiguiendo llegar a tiempo y ponerlos en fuga.

El mismo año casi a finales se hizo a la mar con las galeras, arrumbando a Orán que estaba siendo atacada por los norteafricanos, logrando rescatar a todos los europeos de la ciudad, a pesar del duro fuego de los buques de la regencia de Argel, y a su regreso, todavía se vio en peor situación al declararse un típico temporal de Levante, que en muchos momentos y por ir las galeras sobrecargadas, estuvieron a punto de perderse pero sus grandes conocimientos náuticos y algo de suerte, logró fondear en la bahía de Cádiz.

En 1708 enterado de la intención de socorrer los imperiales la ciudad de Alicante, zarpó con su escuadra de Cádiz y la bloqueó, impidiendo con ello los socorros y facilitando la victoria de las tropas reales.

Al dejar limpia esta zona, arrumbó a la población de Denia impidiendo lo mismo, más tarde con tres galeras pasó a Peñíscola donde ayudó a su conquista, bojeo la costa hasta Denia donde dejó parte de sus galeras, éstas apresaron varios bajeles enemigos con socorros, en agradecimiento don Diego ordenó repartir su parte del botín entre los pilotos y cómitres, y por último pasó a Tortosa, que al ser bloqueada la pretendida ayuda a los imperiales no fue posible, contribuyendo grandemente a acortar la guerra.

Estando en esta última población en agosto de 1708, se le notificó el riesgo que corrían cuatro galeras de Nápoles que se encontraban en el puerto de Marsella y se les estaba tratando de convencer para pasarse a los imperiales, salió al mando de tres de España para no perder tiempo en alistar el resto, con rumbo al puerto francés, calculó los tiempos presentándose y entrando de noche, la sorpresa le permitió tomarlas, volviendo a salir arrumbando a Cartagena donde quedaron aseguradas.

En 1709 realizando cruceros por divisiones de galeras, casi cubrían el Mediterráneo español, realizando un socorro con su bajeles cargados de pertrechos de guerra para el sitio de la plaza de Alicante, lo que cumplió a la perfección de sus mandos, en otro de ellos se llevó a cabo un importante apresamiento de un buque enemigo con socorros, mientras que con otra de sus divisiones, arrumbó a socorrer a Ceuta, ya que los norteafricanos estaban recibiendo ayuda de los británicos, por lo que los ataques a las ciudades españolas eran casi continuos, de esta forma, como siempre, España tenía que dividir sus fuerzas para poder acudir a todos los frentes que se le abrían.

En la primavera del año de 1710 Peñíscola volvía a estar en apuros, al ser bloqueada por buques imperiales, pero no se lo pensó, con unas pocas de sus galeras protegió a un convoy cargado con grano, a pesar del bloqueo y la defensa que hicieron de él los enemigo, consiguió romperlo y fondeó desembarcado los víveres dejándola abastecida de todo lo necesario. En el mes de junio apresó a una chata enemiga que estaba en protección de la población de Puntales.

Corriendo julio de 1711, permaneció cruzando entre las ciudades de Sevilla y Cádiz, en protección del tráfico marítimo, al mismo tiempo que cruzo en varias ocasiones el Estrecho, transportando socorros a la sitiada plaza de Ceuta. Al igual que también los realizó sobre la de Melilla, pues la guerra estaba en todas las posesiones de la corona de España, pero con su excelente forma de actuar evitó enormemente a que se perdiera más territorios.

En 1713 permaneció en las aguas comprendidas entre Valencia y la frontera con Francia, consiguiendo que el tráfico marítimo propio hiciera su trabajo sin ser molestados, lo que significaba tener las rutas comerciales y las de apoyo a sus fuerzas limpias de enemigos.

En 1714 apresó un convoy imperial compuesto por veinticuatro velas, lo que significó un duro golpe para los enemigos. Al mismo tiempo y por orden superior, estuvo visitando puertos enemigos a lo largo de las costas Mediterráneas, con cuyos jefes mantenía una correspondencia, misión que posteriormente demostró ser una gran labor diplomática y dió sus frutos.

Al darse el asalto final a la ciudad de Barcelona en éste mismo año, comenzó a bombardear con las galeras los fuertes de la defensa del puerto, a los cuales ya abrumados lanzó al asalto a la infantería con los botes, aprovechó un momento de debilidad para lograr entrar y desembarcar en el mismo muelle, a partir de aquí comenzaron a vencer en toda la línea, a lo que se sumó el avance de las tropas del ejército, a los cuales les iban dejando los lugares conquistados y reembarcando a su gente en sus bajeles.

Para afirmar la victoria se mantuvo en esas aguas impidiendo con su presencia cualquier ataque desde la mar, lo cual consiguió a pesar de varios intentos de los imperiales por burlarle, hasta recibir la orden de regresar a reparar sus buques en Cartagena.

En 1715 estando a las órdenes de su hermano Pedro, tomó la isla de Cabrera, ya que su escuadra estaba necesitaba de hacer aguada, uniéndose posteriormente a la de su hermano, con la que conquistaron la ciudad de Palma de Mallorca y como consecuencia de esta victoria el resto de la isla.

No había casi terminado la conquista de esta isla, cuando se supo que Melilla volvía a estar acosada por los aliados de los británicos, no tuvo más que acudir en su socorro, dejando el final de la conquista de Mallorca a su hermano, pero su arribada a la ciudad norteafricana fue decisiva, quedando en libertad de acción en la mar y en tierra.

Habiendo regresado a Cartagena, se le ordenó en 1716 salir con cinco de sus galeras con rumbo a Corfú en su socorro, quedándose en esta isla hasta quedar libre de enemigos.

A su regreso, entrado 1717 se le ordenó salir con toda la escuadra con rumbo a Barcelona, al llegar fondeó recibiendo la orden de regresar por tierra a Cartagena, entregando el mando a don Francisco Grimau, por haber decidido el Rey se le otorgara su residencia para el mejor gobierno de la escuadra de galeras en la ciudad de su base.

Al fijar su residencia en la ciudad de Cartagena, por haber sido designada como apostadero de las galeras, en 1718 el Rey le pidió un informe de obras a realizar para el mantenimiento de los bajeles, así como una mejor concentración y uso de este tipo de buques.

En 1719 se ordenó a las galeras zarpar para una misión, pero la orden conllevaba el nombre de quien debía de mandarlas, que era su segundo en el mando don Francisco Grimau, Gutiérrez consideró que eso no era lo normal y pidió al Rey que le dejara mandarlas personalmente, pero se le contesto por Real orden que él era demasiado importante para ir en esta expedición.

En 1720 otra vez la ciudad de Ceuta estaba bloqueada por tierra y mar, pero esta vez sí se le dió el mando de la escuadra, ya que la táctica a emplear necesitaba de su presencia, pues sus fuerzas debían desembarcar y hacer una finta sobre los bloqueadores por tierra, momento en que si estos se iban en su dirección, el Marqués de Lede desde la ciudad saldría con todas sus fuerzas y las aplastaría, acción que salió a la perfección y el enemigo huyó en desbandada a refugiarse en las montañas cercanas.

De paso, al terminar con éxito esta operación naval-militar, cruzó el Estrecho tomando como base la bahía de Algeciras, desde donde no desperdiciaba ocasión de ofender a los británicos bombardeando el Peñón, así como hacer caer en su poder a todo buque que se acercará más de lo debido, e incluso alguno en el mar de Alborán. Al mismo tiempo para aprovechar las salidas, cruzaba por las aguas de Tánger, cabo Negro y la misma Tetuán, en las que siempre encontraba a algún enemigo de España y los castigaba, de paso ejercía una presión sobre los moros que trataban de hostigar la plaza de Ceuta.

En 1721 cargado con tropas de la liberada Ceuta regresó a Cartagena, pasando todos los buques a reparar por el largo tiempo que habían permanecido en campaña ininterrumpida.

Por Real despacho fechado el 28 de mayo de 1724, se le otorgaron los honores y preeminencias de Capitán General.

Encontrándose en Málaga con cuatro de su galeras en 1725, se le entregó una Real orden por la que se le ordenaba se uniera a la escuadra del mando del Marqués de Mari, que se estaba reuniendo en el puerto de Barcelona, con la comisión de atacar y deshacer a una escuadra turca de cinco navíos de á 60 cañones, tres galeras y un patache a las órdenes del renegado británico Guillermo Pluman que, habían apresado en varias ocasiones a las galeras de la Orden de Malta, las cuales hacían un regular viaje para transportar a su isla los situados de su religión. Pero transcurrió el tiempo y nada volvió a recibir, decidiendo pasar de nuevo a cruzar por las costas norteafricanas atacando su tráfico marítimo.

En 1729 se desplazó con la escuadra a la ciudad de Sevilla, para desde ésta trasportar al Rey y su Real familia a Sanlúcar de Barrameda, por este hecho y el contento del Monarca, fue la razón de ratificarlo en los honores y cargo-grado que ya disfrutaba, pero en propiedad con fecha del 23 de enero de 1731.

En 1734 por el fallecimiento de su hermano sin descendencia, heredó el título de Conde de Fernán-Núñez con la Grandeza de España, que había ganado su difunto hermano.

Por Real orden del 28 de noviembre de 1748 quedó disuelto el cuerpo de galeras, [2] al quedar sin buques se le otorgó el mismo grado, pero ya en la Real Armada española, pero poco tiempo estuvo en ella.

Por desgracia no pudo disfrutar mucho tiempo de tranquilidad, puesto que le sobrevino el fallecimiento en la ciudad de Cartagena el día 13 de mayo del año de 1749.

Notas

  1. Sabemos que es inverosímil, que habiendo nacido en el 78 u 80, pudiera estar prestando servicios en el 83. Pero como falleció su madre en el 81, es posible fuera enrolado en las unidades mencionadas para que sirviera de paje, por la alta alcurnia del padre, aunque se dice que lo hizo como -soldado de plaza sencilla-. Esta reflexión viene a cuento de que nada hay fijo sobre su fecha de nacimiento, pero si su hermano mayor nació en el 77 y detrás de él una hija, no hay más espacio de tiempo que entre el 78 y el 80 y todo dependiendo de meses. La biografía en sí está basada en una certificación fechada del 26 de julio de 1731, firmada por el Comisario Contador de las galeras en la que a forma de Hoja de Servicios, relata todos sus destinos, ascensos y servicios prestados a SS. MM. Católica (España) y Cristianísima (Francia) y en la que se termina diciendo, que prestó sus servicios durante 58 años, 11 meses y 11 días. Lo que nos da que realmente solo pudo sentar plaza en torno a los años de 1689 ó 90, por lo que todo lo anterior no debería figurar en su expediente, pero el documento lo dice así y así lo ponemos.
  2. A tema sobre la disolución del cuerpo de galeras, don Francisco de Paula y Pavía nos dice: «La supresión de la marina de galeras, si bien conveniente y necesaria en la época que se dictó y la incorporación de su persona en la Armada, se rindieron en la forma de ciertas disposiciones, que no fueron justas ni debidas; fué una de ellas la poco meditada contestación dada al Conde de Fernán Núñez, último Capitán General de tan ilustre cuerpo. Preguntando el Conde al Ministro Ensenada, dónde depositaría su estandarte, que tantos triunfos había adquirido á la nación, tuvo por desabrida respuesta, que si estaba servible lo dejase en el almacén general, y de no estarlo, en el almacén de excluido. Resolución que hirió la susceptibilidad del Conde y de los demás oficiales del cuerpo suprimido» Añadimos nosotros ¡No es para menos!; hasta los grandes cometen errores imperdonables por su falta de visión histórica.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 27, 1925. Página 374.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid 1873.

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