Mari, Esteban Biografia

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Biografía de don Esteban Mari Centurión


Óleo representando a don Esteban Mari.
don Esteban Mari
Cortesía del Museo Naval de Madrid

Teniente general de la Real Armada Española.

Caballero de la Real Orden del Toisón de Oro.

I Marqués de Mari.

Orígenes

Vino al mundo en la ciudad de Génova a lo largo del año de 1680, perteneciente a una de las antiguas y esclarecidas familias nobles patricias de Génova.

Hoja de Servicios

Comenzó a prestar servicios de mar en la marina española en el reinado de Carlos II.

Al fallecimiento de éste monarca, le sucedió en el trono el primero de los Borbones el rey Felipe V, al que Mari siguió desde el primer momento, rindiéndole pleito homenaje.

Sirvió en la flota de galeras de España, realizando con ellas todos los servicios que se le encomendaron, en el Mediterráneo; tomó parte en el sitio de Barcelona con tres buques de su propiedad, siendo uno de ellos de 70 cañones, y los otros dos de menor porte. Estando asignado a la escuadra de Andrés del Pez, viajaron a Génova, para trasladar a España, a la futura reina Isabel de Farnesio. Fue nombrado general de la mar, ejerciendo este cargo desde el año de 1715.

A las ordenes de don Pedro Gutiérrez de los Ríos, formando parte de la expedición, con sus buques, para la reconquista de la isla de Mallorca, salió del puerto de Barcelona el día once de junio del año de 1715; cuando la isla fue tomada, se le encomendó la misión de volver a España con la nueva buena, arribando a Barcelona.

En el año de 1716 se puso al frente de una escuadra de seis navíos de línea, que junto a una de cinco galeras al mando de Guevara, que ya había sido ascendido a jefe de escuadra, debían acudir en auxilio de Venecia, socorriendo a Corfú, donde los turcos habían desembarcado a treinta mil hombres y tres mil caballos, obligándoles a reembarcar.

Propusieron al almirante veneciano Pisani la persecución de los turcos, pero éste tenía otros planes y no lo aceptó, concurriendo con las tres escuadras a la reconquista de las plazas de San Butrino y Santa Maura.

En el puerto de Barcelona se estaba componiendo un expedición, con una escuadra compuesta por nueve navíos, seis fragatas, dos brulotes, dos bombardas y tres galeras, más un convoy de ochenta buques de transporte, dándosele el mando de la expedición; el ejército a transportar esta compuesto por nueve mil infantes y seiscientos caballos, estas fuerzas estaban al mando del marqués de Lede, con sus subordinados el teniente general Armendáriz y el mariscal de campo conde de Montemar, esta se dirigía a la toma de la isla de Cerdeña secretamente; la flota salió dividida en dos, una al mando del Marqués de Lede como jefe de toda ella y la segunda subordinada, al mando de Baltasar de Guevara, la primera lo hizo el día veintidós de julio del año de 1717 y la segunda el día treinta y uno, dándose el caso, que llegó la segunda primero, siendo el día nueve de agosto, pero se quedó a la vista de la isla, lo que produjo la alarma consiguiente; llegando la de Lede el día veinte, esta descoordinación la aprovecharon los defensores de la isla para prepararse para el previsto desembarco; en ella estaba el virrey, marqués de Rubí y la guarnición la componían, aragoneses, valencianos y catalanes, que provenían de los hechos prisioneros en la batalla de Zaragoza, por las tropas del archiduque Carlos de Austria.

En su auxilio acudió el conde de Foncalada, con las galeras de Nápoles, pero al ver la fuerza oponente, se limitó a dejar en la fortaleza a quinientos alemanes, para reforzar las fuerzas y regresando con sus fuerzas a su puerto de salida.

Desembarcó el ejército, desarrollándose al acciones sin mucha oposición, puesto que los naturales habían estado doscientos años en manos de los franceses, no sintiendo especial aprecio hacía sus ocupantes, en contra sí se acordaban de los bien que les había ido con los españoles, por lo que eran preferidos por ellos, a los diecisiete días de producido el desembarco, se conquistó la fortaleza de Cáller, actual Cagliari, en cuya ciudad estaban los virreyes, en este combate entró en fuego por primera vez la compañía de guardiamarinas españoles, al mando de su capitán don Juan José Navarro, que como capitán de navío era el segundo comandante del navío Real San Felipe, a continuación se fueron tomando el resto de poblaciones y al cabo de tres meses la isla quedó totalmente en manos españolas, con sólo la pérdida de quinientos hombres.

Se dejaron de guarnición en la isla a tres mil hombres al mando del general Armendáriz y regresando al puerto de salida la flota al mando de don Esteban Mari.

Al año siguiente, se formó otra expedición en el mismo puerto al mando del general don Antonio Gaztañeta, a la que se unió la de Esteban Mari, quedando compuesta por: doce navíos, diecisiete fragatas, siete galeras, dos brulotes y dos bombardas, más un convoy al que daba escolta de formado por doscientas setenta y seis transportes y ciento veintitrés tartanas, que transportaba un ejército de dieciséis mil hombres y ocho mil caballos; saliendo del puerto el día diecinueve de junio del año de 1718, con la misión de conquistar la isla de Sicilia; como plenipotenciario y jefe absoluto, iba el intendente de marina don José Patiño; en la isla la aparición de los españoles causó la misma alegria que en Cerdeña, encontrando sólo resistencia en la ciudad de Messina, que la protegían unos efectivos del piamonte, por lo que en muy poco tiempo quedó por el Rey de España.

Al recibir la noticia de la aproximación de la escuadra británica del almirante Byng, hubo consejo de generales, el jefe de escuadra Cammock, de origen irlandés aconsejo quedarse al abrigo de la artillería de los fuertes, al igual que Esteban Mari quien añadió «nada debía de ser motivo para comprometer frente a fuerzas superiores la armada del Rey, que tanto importaba conservar», pero en contra de esta opinión conservadora, por lógica, se opuso la del general Gaztañeta y el plenipotenciario Patiño.

Pero estos estaban equivocados por la falta de información por parte del cardenal Alberoni, que sí sabía las intenciones de los británicos; por lo tanto se siguió el consejo de los dos más altos cargos, pero porque pensaban que los británicos sólo habían llegado para mediar, por ser esa la última noticia que tenía.

Salieron del puerto y el día once de agosto del año de 1718, tuvieron que repeler el ataque del británico, por lo que se defendieron más que combatir; Esteban Mari iba a retaguardia en su navío insignia el Real San Felipe y las fragatas San Isidro, Tigre, Águila de Nantes, dos balandras de bombas, un brulote y otros buques de transporte.

Estaban todas estas fuerzas muy a retaguardia y muy próximas a la costa, casi en la tierra de Avola, cuando se les vinieron encima materialmente seis navíos británicos, que con tal fuerza, eran muy superiores a las de Mari, después de sufrir un duro y encarnizado encuentro, su comandante intento que su navío no cayera en manos del enemigo, por lo que dio la orden de vararlo y prenderle fuego, cuando ya la tripulación se encontrara a salvo, pero por el estado en que había quedado no se pudo realizar, siendo apresado por los británicos.

De todas las fuerzas, sólo dos fragatas pudieron cumplir la orden, de varar y darles fuego, el resto, ante la superioridad del enemigo optó por rendirse, después de corta lucha, sólo la fragata Sorpresa, fue la que hizo honor a su nombre, dando la sorpresa de enfrentarse con una tenaz y persistente resistencia a ser abordada, hasta quedar totalmente destruida por la abrumadora diferencia en contra, de la artillería enemiga.

Después de tan desigual combate, Mari transbordó a uno de los buques de la división de don Baltasar de Guevara, que no intervino en el combate por haberle sido ordenado, el hacer un tornaviaje a isla de Malta, al poner rumbo de regreso a la bahía de Cádiz, tropezó con una fragata británica, a la que combatió y apreso, así como a los tres mercantes que protegía.

Fue ascendido a teniente general, otorgándosele el mando como Capitán de la Compañía de Guardiamarinas.

Con ocasión de la visita a Cádiz del rey Felipe V, en el año de 1729, pasó revista a una Flota de la carrera de Indias, que iba al mando de Mari, compuesta de diecisiete galeones mercantes y tres de guerra como escolta, regresando al mismo puerto el día dieciocho de agosto del año siguiente con un importante cargamento de oro y plata, más una excelente carga de frutos preciosos de aquellos territorios.

Al poco se le dio el mando de otra expedición, formada por una Flota de veinticinco navíos, siete galeras y un gran número de transportes, que levaban a siete mil hombres, con la misión de apoyar por la mar y por tierra, a don Carlos pues tenía que tomar posesión de los estados de Parma y de Toscana, éste por la muerte el día veinte de enero del año de 1731 del duque Antonio Farnesio y el de Parma por herencia de su madre, la Reina que tenía mucho interés en que su hijo fuera Rey de estos estados.

Los británicos en esta ocasión se unieron a las armas de España con una escuadra de dieciséis navíos, en estos momentos (nunca se estaba seguro) se comportaron de manera noble y devolvieron los buques apresados en el combate del cabo Passaro, la escuadra zarpó del puerto de Barcelona el día diecisiete de octubre, arribando a Liorna el día veintisiete siguiente, desembarcando las fuerzas del ejército ocupando las plazas que habían estado en poder de los austriacos, cumpliendo así con el tratado ya firmado en la ciudad de Sevilla el 6 de junio de 1731, al concluir la toma de todas las posiciones, la escuadra regresó navegando en conserva con la británica.

Regresó a la bahía de Cádiz en 1732, donde se incorporó de nuevo a su destino tomando el mando de la Compañía de Guardiamarinas, poco tiempo después se le otorgó el mando del Departamento de Cádiz, pero sin pérdida del de la Compañía.

El Rey quiso darle al infante Felipe una ocupación, por lo que el día catorce de marzo del año de 1737, se puso en funcionamiento el Almirantazgo, nombrando al Infante don Felipe Almirante General de España e Indias; para el asesoramiento de tan importante cargo, pues era el responsable de las Armadas de España e Indias y de todo el comercio hecho por mar, se formó un consejo en el que participaron los más importantes marinos del momento, siendo constituido por los tenientes generales marqués de Mari, don Francisco Cornejo y Rodrigo de Torres, siendo el secretario don Zenón de Somodevilla.

El día 22 de febrero del año de 1742, el infante Felipe pasó a tomar posesión de los ducados de la península itálica, siendo nombrado Gran Duque de Parma, Plasencia y Guastalla, por ello dejó el mando de Almirante General, razón por la que a su vez quedó disuelto el consejo y con él el Almirantazgo.

(Como si las cosas de la mar no merecieran más seriedad, continuidad y constancia, convirtiéndose en organismos de quita y pon, al gusto y parecer del gobernante de turno)

El marqués de Mari, al no tener responsabilidades en la Corte, se trasladó a Cádiz a tomar el mando de su querida Compañía de Guardiamarinas, de la que conservaba su propiedad como su Capitán.

Pero no pasó mucho tiempo ejerciendo el cargo, ya que poco después falleció en la misma ciudad, en el año de 1742, contando con sesenta y dos años de edad.

Bibliografía:

Cantillo, Alejandro del.: Tratados, Convenios y Declaraciones de Paz y de Comercio desde el año de 1700 hasta el día. Imprenta Alegría y Chalain. Madrid, 1843.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

González de Canales, Fernando. Catalogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

Guardia, Ricardo de la. Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Pinedo y Salazar, Julian de.:"Historia de la insigne Orden del Toyson de Oro". La imprenta Real, 1787.

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