Núñez de Balboa, Vasco Biografia

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Biografía de Vasco Núñez de Balboa


 Óleo de don Vasco Núñez de Balboa
Vasco Núñez de Balboa


Conquistador español del siglo XVI.
Descubridor del océano Pacífico.

Orígenes

Vino al mundo de la ciudad de Jerez de los Caballeros, actual provincia de Badajoz por 1475.

Era descendiente de una noble familia leonesa, en la que abundaban los pergaminos antiguos pero estaba falta de posibles, por lo que se establecieron en la actual provincia de Badajoz.

Por su educación, se le pudo buscar una lugar más adecuado a su alcurnia por lo que fue admitido como paje de don Pedro Portocarrero, señor de Moguer, quién lo mantuvo unos años.

Hoja de Servicios

Por venir de esta cuna, pero falto de poder dinerario, fue de los primeros en alistarse con el pensamiento de alcanzar algún día lo perdido, por lo que zarpó en la expedición de don Rodrigo de Bastidas en el año de 1501, con la que se descubrió el golfo de Urabá.

Pasando posteriormente a la isla de La Española, en la que le fueron cedidos unos terrenos en los que puso en funcionamiento una granja, que llevaba junto a unos indios, pero como no era un hombre de negocios y pronto se vió forzado a cederlo todo a sus acreedores.

Lo que le decidió a volverse a enrolar en otra expedición, en la que su jefe era el bachiller Martín Fernández de Enciso, que acudía en socorro de Ojeda, pero por las órdenes del Gobernador, de que ningún deudor podía abandonar las isla hasta haber satisfecho sus deudas, le resultó imposible el ser admitido.

Ante esta situación, salió el ingenio de Balboa, así que se dirigió a una de las pipas que se iban a cargar la vació y se introdujo en ella, así de está forma entro de polizón en la nao de Enciso.

Permaneció el máximo de horas que le permitía el escondite y calculando que ya la nao estaría alejada de la costa, se deshizo de su envoltorio y se presentó a Enciso; éste ante la sorpresa se enfado mucho, llegando a decirle que en cuanto avistasen una isla aunque fuera desierta lo abandonaría a su suerte, pero reconocido por los tripulantes, quienes ya sentían por él un gran aprecio y le consideran un jefe, ante esto actitud Balboa aprovecho su alta alcurnia y gratos modales, lo que terminó por convencer a Enciso de que permaneciera a bordo; corría el año de 1510 y debía tener alrededor de 35 años.

Aquí hay que apuntar, que los tripulantes le conocían, porque en la isla de La Española Balboa era conocido como ‹El Esgrimidor›, por su facilidad en el manejo de la espada, ésta era la razón máxima de ser tan considerado por todos.

Al llegar a Cartagena de Indias, se entrevistaron con su gobernador don Francisco Pizarro, quién les informó de que Ojeda había fundado una población con el nombre de San Francisco de Urabá, pero que por las inclemencias del tiempo y los continuos combates con los pobladores, le habían llevado a abandonarla, pues Enciso no había llegado con los refuerzos a tiempo, lo que le obligó a embarcarse a Ojeda con rumbo a Santo Domingo, pero por una tempestad le arrastró hasta las playas de esta isla donde por desgracia había encontrado la muerte.

Lo que llevó a Enciso, a mantenerse firme en su decisión de repoblar aquel lugar por lo que reembarcaron y pusieron rumbo a golfo de Urabá.

En su rumbo se encontraron con la desembocadura del río Zenú, al llegar, algunos pobladores les contaron que era un lugar rico en oro y en otras especies, lo que les convenció para quedarse un tiempo, pero al poco de desembarcar fueron hostigados al principio por los pobladores, pasando en los días siguientes a ser atacados por miles de ellos, en estos enfrentamientos hubieron dos muertos y varios heridos por parte española.

Enciso, viendo que las posibilidades de encontrar algo provechoso y midiendo las fuerzas propias, y con las que se tendría que batir, no quiso correr más riesgos y dio orden de embarcar, prosiguiendo el viaje hasta la población, que quería asegurar para España y que por no llegar a tiempo se había perdido.

Al llegar a la entrada del golfo de Urabá y al doblar la punta de Carivana, una de las naos encalló, lo que dio tiempo a rescatar a toda la tripulación y trasbordar parte de la artillería, pero al irse a pique, arrastró con ella a todas las provisiones que transportaba, lo que dejó mermadas las posibilidades de supervivencia de la expedición.

Pero aquí no acabaron los infortunios, pues consiguiendo el llegar a la playa donde desembarcaron, se pusieron en marcha hacía la población fundada por Ojeda, al llegar a la zona que supuestamente debía encontrarse, sí que estaba, pero casi no quedaba nada en pie, pues los pobladores de la zona lo habían destruido todo, lo que produjo en lo recién llegados una profunda consternación y desmoralización, que no era nada bueno para el buen fin de la expedición.

De nuevo, salió el carácter del conquistador, pues puesto de rodillas al igual que sus compañeros a la vista de tal desolación, reaccionó, se puso en pie y comenzó a hablarles, logrando convencerles y levantando su perdido ánimo, porque quedaron de acuerdo, en regresar a sus naos y dirigirse a las fértiles tierras del Darien, lugar que ya Núñez conocía, de su anterior viaje con Bastidas.

Pero Enciso, no estaba muy de acuerdo con esta decisión, pues era conocedor de esas tierras correspondían a los territorios que estaban bajo la gobernación de Nicuesa, por lo que era apropiarse de algo que no sería una descubierta o exploración, pero ante la gravedad de la situación consintió el embarcase y dirigirse a ellas.

Los dos bergantines disponibles, ya daban muestras de no aguantar muchos ajetreos, pero como no había más, a la fuerza levaron anclas y pusieron sus proas al lugar señalado por Balboa.

Consiguiendo llegar, pero se llevaron la sorpresa de que un grupo de unos quinientos indios les estaban esperando en actitud belicosa, pero los españoles, que solo sumaban unos cien no tenían ya otra salida que desembarcar aunque fuera a la fuerza.

Decisión que tomaron estando todos de acuerdo, por ello se encomendaron a Dios y la Virgen una vez hecho esto desembarcaron a fuerza, por lo que su empuje y sus armas, en pocos minutos hicieron caer la balanza de su parte, los indios salieron huyendo y la sorpresa fue que en su huída abandonaron un rico botín.

Habían hecho una promesa antes de desembarcar que no era otra, que si lograban vencer y asentarse en la población conquistada, se le pondría el nombre de Santa María la Antigua, por lo que así lo hicieron al lograr el hecho de armas.

Este afortunado hecho, más otros que siguieron le fue otorgado por sus hombres a la valentía de Balboa, lo que le proporcionó un gran ascendente sobre ellos lo que a su vez disminuía el poder de Enciso, al que además por estar en un territorio con Gobernador nombrado por el Rey, sus propios hombres no cumplían sus órdenes.

Ya que la división de ellos, era que unos hacían caso a Nicuesa, los más a Balboa y los menos a Enciso.

Esto llevó a Balboa, a plantear una reunión de los principales hombres, pidiéndoles su opinión respecto a deponer a Enciso cosa que consiguió con gran facilidad, ya que el bachiller por las continuas negaciones de obediencia, se había extralimitado con muchos de ellos dando a entender que el que mandaba era él, por lo que se le destituyo del cargo por mayoría de opinión.

Está decisión le fue comunicada a Enciso, a quién no le cogió de sorpresa y se avino a cumplir las órdenes de Balboa, aunque no se le nombró Gobernador de la población, pero esto no le impidió el llevar a cabo varis obras, como la construcción de una fortaleza que les permitiera mejor defenderse, una iglesia y varias casas, para soportar mejor los estíos y las épocas de lluvia, al mismo tiempo que la convivencia y la explotación de los terrenos no sufrió alteración alguna.

Vino a romper la paz del lugar presentándose a principios del año de 1511, cuando ya casi se cumplía el año de estancia de los primeros pobladores, un tal Diego Enríquez de Colmenares que hizo su aparición en el golfo, con dos naos cargadas de abundantes provisiones y procedente de La Española con la intención de buscar a Nicuesa.

Al desembarcar, propuso a los allí presentes repartir los beneficios por igual, a todo aquel que se pusiera de su parte y en defensa de Nicuesa, por lo que gran parte de ellos lo hicieron y se embarcaron para proseguir la búsqueda del Gobernador.

Al zarpar Colmenares, se reunieron Balboa y Enciso con la intención de impedir que Nicuesa si regresaba se hiciera dueño de aquel lugar, que tanto les había costado el levantar, por lo que planificaron y se procuraron los medios para llevar al buen fin de sus intenciones.

El día uno de marzo del año de 1511, arribó a la bahía Nicuesa, pero nada más poner pie en tierra fue encadenado junto con dieciocho hombres, obligados a abordar uno de los bergantines que en tan mal estado estaban y sacándolo de la bahía, fue abandonado a merced de los vientos y de las olas, por lo que ya nunca se supo de él. Este acto, lo llevó toda su vida en su conciencia Balboa, pues en más de una ocasión le venía a la mente tal crueldad realizada.

Vino la decisión final, pues solo quedaban en pugna por el poder Balboa y Enciso, por ello se propuso una nueva votación, en la que no hubo contrincante para Balboa ya que Enciso contaba con muy pocos apoyos.

Para evitar males mayores, Balboa dio orden de prender a Enciso a la vez que le confiscó todos sus bienes, pero como el recuerdo de lo sucedido anteriormente no lo dejaba en paz, en esta ocasión le propuso a Enciso bajo palabra de honor, que le pondría en libertad con la condición de que abandonara los territorios, a lo que se avino el preso y se encaminó para salir de ellos.

Toda esta actitud, le granjeó a Balboa la obediencia de todos ya que los que habían votado a Enciso, se puesieron en su contra.

Aparentemente toda esta actitud de Balboa, parece más dictada por su ambición pero nada más lejos de la realidad, pues para impedir el que fuera arrestado por sus superiores se puso a trabajar con ahínco en el progreso de la Antigua.

Esto le llevó a realizar algunas expediciones, para ir ganándose a las tribus colindantes y así ampliar el territorio de su mando, por lo que encomendó a su amigo Francisco Pizarro ser el jefe de éstas, hubieron varios combates en los que no se consiguieron resultados apreciables, esto les decidió regresar a la expedición a la Antigua.

Pero no se daba por vencido ya que él mismo se puso a la cabeza de una nueva expedición, pasando por los mismo lugares que lo habían hecho anteriormente, pero justo a su mando no se halló con oposición alguna, pero si que se encontró con dos castellanos que vivían a la forma de los pobladores, esta fue la causa de que en posterior visita, fuera conquistando territorios hasta la fecha desconocidos, ello le decidió el regresar a la Antigua para reponer víveres y regresar a estos territorios pues ya los dos castellanos le habían abierto las puertas.

Al tomar unos días de descanso, se volvió a formar la expedición y regresaron a Coiba, donde por medio de los dos españoles que allí vivían fue presentado al cacique, por nombre de Cáreta, Balboa, le demando provisiones pues en la zona de la Antigua no se cultivaba lo suficiente, pero Cáreta se negó a ello explicando que la guerra que mantenía con Ponca, le impedía el deshacerse de esos bienes.

Comprendió Balboa, que aquella explicación era una treta para no darle los provisiones, por ello tomó la decisión y ordenó a sus fuerzas que se retiraran del poblado, se fueron alejando y al perder de vista el lugar se sentaron a esperar que se hiciera de noche, al venir ésta regresaron hicieron prisioneros al cacique y su familia, más recogieron todo lo que pudieron llevarse regresando esta vez si a la Antigua con su botín y los apresados.

Tuvo la habilidad de hacer sentar a su mesa a Cáreta, con lo que se fue ganado su amistad llegando al punto, que se unió a ellos otro jefe indio llamado Comogre, que era el más potente de todos ellos en la región, ya que disponía de un ejército de diez mil hombres.

A tanto llegó la amistad, que los dos se bautizaron y estando en casa de Comogre se enteró Balboa, de la existencia de otro mar pasando las montañas a parte de recibir unos presentes, en los que había oro y perlas, como gratitud hacía Balboa por haberles mostrado al verdadero Dios.

Balboa, que su ideal era el encontrar algo que ningún otro hubiera visto jamás, se quedó con los descrito por Comogre, así que se propuso el averiguar que era, por ello ordenó que un grupo de hombres le acompañaran buscando en el golfo la desembocadura del río al que puso por nombre de San Juan, pues fue en la festividad de este santo el día que lo descubrió y pensando que no pertenecía a las tierras del Darien.

Es curioso saber, que este río es conocido por tres nombres distintos, pues su descubridor Bastidas ú Ojeda, lo bautizaron como Darien, mientras que ingleses y holandeses, como Atrato y al llegar Balboa, le puso el de San Juan, por lo que dependiendo de quién lo nombra lo hace de una forma o de otra.

Siempre en busca del oro, en esta expedición no consiguieron nada, por lo que cuando les llego el agotamiento físico decidieron regresar a la Antigua.

Al llegar a ella, se le comunicó a Balboa que los reyes estaban en disgusto con su comportamiento en el Gobierno de las tierras y que habían ordenado que compareciera a un juicio.

Viéndose acorralado y que su única salida era encontrar el mar del Sur, convocó reunión de todos sus hombres pidiéndoles, que se iba a lanzar a la búsqueda de ese mar y que el que quisiera que le siguiera, por lo que se agregaron los más valientes ó atrevidos consiguiendo ser un grupo no muy numeroso pero muy decidido y con alta moral.

Se cargaron con provisiones un bergantín y diez canoas y el 1 de septiembre de 1513, se hizo a la mar costeando alcanzó las tierras de Cáreta el cual lo recibió con mucho agrado, lo que le decidió el fondear sus buques dejándolos al cuidado de este cacique.

A los pocos días se pusieron en camino hacía las tierras de Ponca, camino cenagoso y fragosas sierras, al que saludó é intercambiaron los acostumbrados regalos de visita, entablando buenas relaciones y en los intercambios como siempre, los nuestros les daban baratijas y cuencas de cristal, mientras que los indio, les obsequiaban con magníficos objetos labrados de oro.

Pero como se había ganado al jefe de la tribu, consiguió que éste le dejara varios de sus hombres tanto como guías como porteadores, por lo que así pudo el transportar su carga, más fácilmente.

En su andadura, entraron en tierras del cacique Cuarecuá, que se enfrentó a los españoles, pero falleció en el encuentro.

Lo que le valió a Balboa, el conseguir más esclavos esta vez y dejar un poco menos de peso a los hombres de su amigo, lo cual estos se lo agradecieron y no quisieron abandonarle pues les había defendido de unos enemigos.

Con estos brazos y piernas de refuerzo, consiguió el atravesar los riscos y las corrientes de varios ríos que se encontraron en el camino, consiguiendo llegar por fin a la cima de un monte, desde el cual se divisaba perfectamente el mar Austral, llegando a este lugar el día veinticinco del mes de septiembre del año de 1513.

Al ver aquello ante sus ojos, no querían nada más que tocar aquellas nuevas aguas, conforme iban descendiendo se encontraron con una tribu, que estaba a su mando un tal Chiapes el cual quiso enfrentarse a ellos, pero hicieron varios disparos de sus arcabuces y les soltaron los lebreles por lo que los pusieron en franca fuga.

Consiguieron llegar a la playa el día veintinueve, en el momento de tocar con sus pies Balboa aquellas aguas, desenvainó su espada y levantando el pendón de Castilla, tomó posesión de aquel mar en nombre de los reyes.

Durante el tiempo que estuvo allí, obtuvo grandes riquezas por la amistad que contrajo con varios caciques de la zona, pero había que regresar para dar a conocer la noticia.

Así que empezó de nuevo su camino el 3 de noviembre de 1513, pero al parecer el regreso fue mucho más penoso y costoso, ya que prácticamente les pasó de todo por lo que no consiguieron llegar a Santa María, hasta el día diecinueve de enero del año de 1514.

Al llegar a la Antigua (Santa María), sus pobladores lo recibieron con gran júbilo, pues su valor y hazañas no eran para menos a parte de que repartió el cuantioso botín del que era portador por partes iguales entre todos, eso sí, primero separó el quinto del Rey, por lo que todos lo tenían como a un hermano más que como a un jefe.

Núñez de Balboa, se auto proclamó Gobernador del Darien razón que aprovecharon los de siempre, esos que suelen decir que la envidia es sana y que a sus espaldas consiguieron del Rey la enemistad con Balboa, por que mal guiado por estos ordenó el envío para tomar posesión de este territorio como Gobernador a Pedrarias Dávila, a quién acompañaba un obispo recientemente consagrado que era fray Juan de Quevedo, que a su vez venía con el cargo de consejero nato del Gobernador.

De está forma, se formó una expedición a costa de la corona, que desembolsó cuatro mil cien ducados, formando una escuadra de quince naos, con dos mil hombres embarcados, entre infantería y tripulaciones, levando anclas del puerto de Sanlúcar el 11 de abril de 1514, atravesaron el océano Atlántico consiguiendo arribar sin tropiezos al Darien el día veintinueve de junio.

Pedrarias, fue recibido por los pobladores con todos los merecimientos, al igual que lo hizo Núñez de Balboa, pero el primero venía vestido con piel de borrego.

En cuanto pasó el jolgorio del recibimiento de tantos refuerzos y quedándose a solas, Pedrarias y Balboa, le instó a que le realizara una descripción pormenorizada de la situación de aquellas tierras a mano para así saber por donde empezar, a lo que Balboa le contestó que en cuanto la tuviera se la entregaría.

Cosa que como era habitual en él, se dedicó en pleno a esta demanda por lo que en pocos días se la pudo entregar, la cual la leyó Pedrarias y al siguiente día las relaciones se rompieron.

Pero Balboa, se ganó la confianza del obispo el cual no veía razones para que los dos estuvieran enfrentados.

Pero Pedrarias, quién estaba obligado a consultar con fray Juan de Quevedo cualquier decisión que afectará a personas o bienes, no cumplió con este requisito por lo que sin la anuencia del obispo, condenó a Balboa a pagar todos los males o daños causados a los particulares, esto dejó en la ruina a Balboa ya que de pronto se presentaron cientos de damnificados.

Pero no quedó aquí el acoso de Pedrarias, pues inmediatamente mando a varios de sus hombres a que se formará una expedición, con la idea de poblar los terrenos al otro lado de la cordillera y así figurar él como conquistador de aquellas tierras, y descubridor del nuevo Mar.

La expedición se puso en camino, pero las tribus que respetaban a Balboa al no verlo a él comenzaron a atacar a los recién llegados, por lo que a cada paso se iban perdiendo hombres y fuerzas, esto le convenció de que era necesaria más gente, y que ellos solos poco o nada podían hacer, por lo que decidieron regresar a la Antigua.

Pero al llegar las cosas habían empeorado tanto, que se clamaba por todas partes que Balboa volviera a tener el Gobierno de las tierras.

Ante esta situación, Pedrarias todavía instigaba más contra Balboa, con la oculta razón de que desobedeciera alguna de sus órdenes y darle motivos, para encarcelarlo o mandarlo matar por insubordinación.

Por otra parte, parece que algunos de los habitantes de la Antigua, estaban enviando al Rey la problemática de la ciudad por ello el Monarca, se decidió a enviar a Pedrarias unos títulos de propiedad para Balboa, en los que se le nombraba Adelantado del mar del Sur y Gobernador de las tierras de Coiba y Panamá, pero con la debida advertencia de que siempre actuaría de acuerdo y bajo el conocimiento del Gobernador Pedrarias.

Al hacerle jurar Pedrarias delante de fray Juan de Quevedo, estos títulos el día veintitrés de septiembre del año de 1514, prácticamente Balboa había jurado su condena a muerte.

Pues Pedrarias era conocedor, de que Balboa en posesión de esos títulos seguro que desobedecería alguna orden, lo que le dejaría el camino libre para actuar sobre su persona.

Pero el obispo, siempre en su sano juicio y previsor quiso formalizar una alianza entre Pedrarias y Balboa, consiguiendo que éste se casara con la hija del primero y que a su vez, su esposa y madre era doña Isabel de Bobadilla.

Este arreglo matrimonial, parece que consiguió el objetivo de fray Juan de Quevedo, pues el Gobernador encargó a su yerno efectuar una expedición, con la comisión de fundar la ciudad de Acla en el puerto de Cáreta, pasa asentar allí una base de operaciones que facilitara el poder cruzar el istmo para alcanzar el Mar del Sur con un punto de abastecimiento.

Balboa, cumplió a rajatabla las órdenes de su suegro, por ello acabó primero la población dando inmediata orden de comenzar a talar árboles, para cortar la madera con las herramientas que allí habían, para transportarlas y atravesando la cordillera, poder construir los bergantines en la otra orilla del Mar del Sur.

Pero no solo mandó el hacer este trabajo, sino que él mismo participó como el primero dando así ejemplo y por ello, se consiguió el terminarlos muy rápidamente inclusive en el transporte sobre aquellas difíciles montañas.

Cuando ya se encontraba, con los cuatro bergantines terminados, y los trescientos hombres de armas dispuestos a partir en busca de la ansiada gloria y la posibilidad de dar nuevas tierras a España, llegaron unos emisarios del Gobernador para que sin pérdida de tiempo se presentara ante él.

Al llegar a Acla, se encontró con Francisco Pizarro viejo amigo y conocido, al que saludo de una forma muy afable:

«¿Qué es esto, amigo Pizarro? No solíades vos antes salir á recibirme»

Ante esto Pizarro no abrió la boca, pero tampoco lo hicieron los que con él estaban, pero cumpliendo las órdenes recibidas lo prendió y encarceló.

Allí fue juzgado por traición, por lo que se le sentenció a muerte, pero no fue a él solo ya que también acusados y sentenciados con la misma pena Botello, Valderrábano, Hernán Muñoz y Argüello, cuya sentencia fue ratificada por el Gobernador Pedrarias. A tanto llegaba su envidia, que la llegarle el turno a Argüello, le pidieron al Gobernador que suspendiera la ejecución, toda su respuesta consistió, en que si no se ejecuta la sentencia prefería ser él el ejecutado, a pesar de ser ya de noche se llevó a cabo.

Así fueron asesinados todos ellos y así murió el descubridor del Pacífico, que mientras se llevaba a cabo la tragedia el propio Pedrarias escondido detrás de un cañaveral presenció el humillante sacrificio, pues no se atrevió a dar la cara ante su propio pueblo del que era Gobernador.

Falleció decapitado en Acla actual Panamá entre los días 14 al 21 de enero de 1519, ya que no existe confirmación de una fecha exacta. Hay algunas fuentes que la centran en el 15.

Se puede poner en duda algunas de sus decisiones, como la muerte de Nicuesa y destierro de Enciso, pero tiene a su favor que aunque llevado por su ambición siempre antepuso el servicio a sus reyes, al mismo tiempo que jamás se puso a tormento a ningún indio para arrancarle cosas sobre su tribu, por el contrario se supo atraer a la mayoría de ellos sin tener que recurrir a la fuerza, incluso convirtió al catolicismo a varios de ellos por sus buenas palabras.

Esto nos lleva a la conclusión, que quitando la salvaje muerte que sufrió, como siempre dejados llevar sus enemigos por la envidia, no deja de ser una de las grandes figura de la historia de la conquista de América, pues tanto sus descubrimientos como sus exploraciones hablan por si solas de las grandes virtudes, que tuvieron los no menos grandes descubridores y conquistadores, demostrando una bravura propia de los que arriesgaban sus vidas para conseguir mejorarlas si regresaban.

Los únicos que si le han recordado siempre y siguen, son los mismos panameños, ya que al obtener la independencia declararon a su moneda con su nombre. Balboa.

Bibliografía:

Anónimo.: Vasco Núñez de Balboa. Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular. Graficas Valera. Madrid, 1945.

Cabal, Juan.: Balboa, descubridor del Pacífico. Editorial Juventud, S. A. 1943.

Casas, Fray Bartolomé de las.: Historia de las Indias. Biblioteca de Autores Españoles. Ediciones Atlas. Madrid, 1957.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957, Compilada por don José Mª Martínez-Hidalgo.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo, 39, 1920, páginas 139 á 142.

Fernández de Oviedo Valdés, Gonzalo.: Historia General y Natural de las Indias. Edición y Estudio de Juan Pérez de Tudela Bueso. Biblioteca de Autores Españoles. Atlas. Madrid, 1992. Basada en la obra original del año de 1548.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid, 1973.

López de Gómara, Francisco.: Historia General de las Indias hasta 1552. Tomo I Hispania Victrix. Tomo II Conquista de Méjico. Ediciones Orbis, S. A. Barcelona, 1985.

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