Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo, Jose Biografia

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Biografía de don José Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo


Retrato al oleo de don José Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo. Teniente general de la Real Armada Española. Caballero Gran Cruz Laureada de San Fernando de 5ª clase. 29 de octubre 1836. Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase. 20 de abril de 1817. Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III. Ministro de Marina.
José Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo.
Cortesía del Museo Naval. Madrid.


Teniente general de la Real Armada Española.

Caballero Gran Cruz Laureada de San Fernando de 5ª clase. 29 de octubre 1836.

Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase. 20 de abril de 1817.

Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III.

Ministro de Marina.

Orígenes

Vino al mundo el 28 de abril de 1777 en la ciudad de Algeciras, siendo sus padres don Joaquín José Primo de Rivera y de Florencia y, doña Antonia Ortiz de Pinedo y Muñoz.

Hoja de Servicios

Su padre brigadier de los RR. EE., ocupaba el cargo de Gobernador de Maracaibo, por esta razón José Primo de Rivera comenzó su carrera militar al entrar como cadete en el Regimiento con el nombre de la ciudad, el 28 de abril de 1789.

Pero su pasión era la Armada y al regreso a la península, sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz el 28 de abril de 1792. Expediente N.º 1.960, en el que consta la entrada de su hermano Manuel un año mayor con asiento del 14 de mayo siguiente.

Al terminar sus primeros estudios se le ordenó embarcar en el navío América, permaneciendo en cruceros entre los cabos de San Vicente, Santa María y las islas Azores, en protección de las recaladas de los buques provenientes de ultramar, al arribar de uno de ellos, se le ordenó trasbordar al San Isidro realizando la misma comisión.

En 1794 con el grado de alférez de fragata estaba embarcado en la corbeta San Pío, acometiendo los servicios de enlace entre las escuadras del general Lángara y la del general Borja, navegando por ello por todo el Mediterráneo occidental.

En el año 1795 a bordo de la fragata Venus, llevó la noticia a América de la firma de la Paz de Basilea, siendo destinado poco después a Cartagena de Indias, donde se le encomendó realizar servicios hidrográficos, levantando las cartas y planos de las costas, islas y puertos comprendidos en el golfo de Maracaibo y Escudo de Veragua, permaneciendo a las órdenes del capitán de navío Fidalgo, llevando a cabo esta comisión embarcado en el bergantín Alerta.

A su regreso a la península, arribó a la bahía de Cádiz en 1802, al poco tiempo fue ascendido al grado de alférez de navío.

Al ser casi desarmada la escuadra por estar en paz con los británicos, la Armada poseía pocos buques, por ello fue destinado a servicios del Departamento, llevándole esta situación a elevar una petición para seguir navegando en buques mercantes, lo cual le fue concedido, embarcando en 1803 en la fragata mercante Santa Teresa, cruzando el océano entre la península y Tierra Firme.

Por Real orden del 8 de diciembre de 1804 fue ascendido al grado de teniente de fragata, al declararse la guerra de nuevo con el Reino Unido el 12 de diciembre siguiente, se le otorgó el mando de la goleta Sevillana, zarpando con pliegos visitando los puertos de La Guaira, Batabano, Veracruz y la Habana, a la ida burlo a los bloqueadores enemigos, pero al regreso una fragata británica, lo intento capturar, evitándolo al refugiarse en Camariñas, de donde zarpó con rumbo a Ferrol donde quedo desembarcado por desarme de su buque.

Por Real orden del 2 de diciembre de 1805 fue ascendido al grado de teniente de navío, por los méritos contraídos en el feliz viaje anterior, pues los pliegos que portaba eran la del nuevo estado de guerra con el Reino Unido.

Se le ordenó embarcar en la fragata Prueba y estando en Ferrol, recibió la comunicación de haber sido designado Ayudante del general Álava, quien era uno de los Ministro del Consejo del Almirantazgo, por haber sido activado en 1807, ocupando la presidencia don Manuel Godoy.

El 2 de mayo de 1808 se encontraba en Madrid, sumándose inmediatamente al alzamiento nacional contra la invasión napoleónica, por orden de su general al día siguiente acompañando al general Escaño se dirigieron a Valencia, para ayudar en el levantamiento contra los franceses.

Regresó a Madrid donde se encontraba al ser invadida por los ejércitos franceses, pero al ver la dudosa situación para hacerles frente, salió inmediatamente en dirección a Zaragoza, donde se presentó al general don José de Palafox y Meley, quien lo destino al parque de Artillería, el 15 de junio dirigió el fuego de los cañones en los sitios de las Heras y de los Portillos, donde su certera dirección de los disparos le hicieron sobresalir. El 5 de julio siguiente con solo dos cañones en la Huerta de Santa Engracia, rechazó varios ataques repelidos a cañonazos y gracias al acierto de sus fuegos.

Estuvo al mando de las baterías en las posiciones del Portillo y Puente de Piedra, permaneciendo de vigilancia en la Torre Nueva, lugar muy importante y que era el blanco de la artillería enemiga, se le destino a éste puesto de vigía por su condición de marino y estar acostumbrado a otear el horizonte, con un catalejo prestado por la condesa de Bureta; la torre era la mas alta de Zaragoza y estaba inclinada. (Fue demolida por una cacicada inmobiliaria a comienzos del siglo XX)

Al parecer dirigió el puesto como si del puente de mando de un buque de guerra se tratara y con algún marino más organizaron los puestos de serviola, donde aprovechando sus conocimientos al detectar algún ataque con la campana de la torre avisaban del lugar a defender y más o menos por donde caerían las bombas disparadas por la artillería de sitio francesa en el interior de la ciudad, por el número de toques de campana, los ciudadanos de la ciudad sabían si caía en su barrio y debían refugiarse o seguir con sus labores.

Cuando se acercaba el fin, el invicto general Palafox le encomendó enlazara con las columnas de socorro del marqués de Lazán, forzó el bloqueo en un bote llegando por el río a cumplimentar su misión, una vez comunicada la situación fue a su vez comisionado por el marqués, para que se adelantara y comunicara al defensor de Zaragoza su inminente llegada, volvió a abordar un bote y por el río Gállego, se dirigió a la ciudad siendo perseguido de cerca por la caballería francesa del general Lefèbre, a pesar de ello consiguió cumplir su comisión.

El 14 de agosto los franceses agobiados por los sucesos de Bailén y por la férrea resistencia de Zaragoza, levantaron el sitio con destino a Tudela, sufriendo con ello otro revés en la península. Dio la casualidad que en esta defensa de Zaragoza se encontraron tres hermanos Primo de Rivera, don José marino, don Antonio en artillería y don Joaquín de infantería.

Se le ordenó regresase a Madrid, al llegar, la Junta Central se había trasladado a Sevilla, continuando viaje a ésta capital, a propuesta del general Palafox, se le graduó de teniente coronel del ejército y al poco tiempo se le ascendió al grado de capitán de fragata, entregándosele la Cruz del primer Sitio y la Cruz Laureada de San Fernando de 1ª clase, al ser instituida esta Orden, siendo el primero en conseguirla.

Se dirigió a la capital del departamento de Cádiz, donde se le otorgó el 8 de noviembre siguiente el mando de la corbeta Mercurio del porte de 24 cañones zarpando rumbo a Valencia y otros puertos, sirviendo de apoyo y transportando pertrechos de guerra para las tropas españolas que operaban en las costas del Mediterráneo; gran ventaja que se podía realizar gracias a poseer el dominio de la mar, a su regreso a Cádiz por orden de la Junta del 24 de septiembre de 1809, se hizo a la vela desde la bahía con derrota a Río de Janeiro y Montevideo, de donde regresó el 2 de marzo de 1810.

Por orden del 5 de agosto de 1810 zarpó de nuevo rumbo a Montevideo portando una Real orden para poner en conocimiento de la junta revolucionaria de Buenos Aires que, en la isla de León se había instalado la Regencia quien gobernaba en nombre del rey don Fernando VII.

El 15 de diciembre tomó el mando de una división naval, bloqueando Buenos Aires hasta el 21 de octubre de 1811, durante este tiempo estuvo combatiendo contra los fuertes de la plaza, así como a sus fuerzas sutiles y fortalezas, en reconocimiento a todo su buen hacer, se le entregó la Real orden del 24 de mayo próximo anterior, siéndole otorgada la efectividad del empleo de capitán de fragata.

Por motivos de salud, sobre todo por culpa del clima y las fatigas de tanto combate, se vió obligado a desembarcar, pasando a Montevideo a recuperarse, estando aún convaleciente, el virrey don Gaspar de Vigodet le encomendó pasar a Buenos Aires como Encargado de negocios cerca del gobierno allí establecido para tratar temas delicados, regresando el 2 de enero de 1812, tomando de nuevo el mando de la corbeta Mercurio, regresando al bloqueo de Buenos Aires y proseguir combatiendo con sus baterías.

El 4 de marzo de 1812 mantuvo un combate contra las baterías del principal muelle, estando armada con cañones de á 24, siéndole hundido por dos veces los botes con los que llevaba a cabo el combate, sólo se retiro en un tercer bote cuando había acallado la artillería enemiga, regresó al apostadero a finales del mismo mes, mientras sus buques era abastecidos se le comisionó con un viaje a Río de Janeiro, regresando en el mes de agosto siguiente.

El 5 de marzo de 1813, al mando de su corbeta zarpó con destino al Callao, donde le fueron cargados 300.000 pesos fuertes de situado para atender los gastos de Montevideo, donde regresó el 28 de febrero de 1814. (Obsérvese que el viaje duro casi un año pues tuvo que doblar dos veces el cabo de Hornos)

Mandando una división naval acudió en socorro del capitán de navío don Jacinto Romarate, pero, como éste se había internado en demasía en el río Uruguay, no pudo prestarle el apoyo pues sus buques no pudieron llegar hasta el lugar, por tener un mayor calado, regresó a Montevideo, donde sus buques fueron desarmados, pasando todos, jefes, oficiales y marinería, a guarnecer las baterías de la plaza, al rendirse ésta, se le hizo prisionero y trasladado a un fuerte de la frontera, del que en el mes de marzo de 1815 se fugó vestido con uniforme de marinero.

Embarcó en una fragata británica siendo transportado a Río de Janeiro, donde abordo otra que los traslado a Lisboa, cruzó la frontera y llegó a la Corte, donde por sus méritos se le concedió vivir en la capital, el día 21 de diciembre de 1816, se le nombró Ayudante del Decano del Consejo del Almirantazgo.

Por Real orden del 12 de agosto de 1819, fue ascendido al grado de capitán de navío; al formarse la escuadra compuesta por los navíos Numancia, insignia, Fernando VII, Alejandro I, San Julián y España, más nueve fragatas, al mando del general don Francisco Maurelle, para dar escolta a los mercantes que debían transportar a un ejército al mando de general conde del Abisbal, para sofocar el levantamiento en las provincias del virreinato de Buenos Aires, siendo el Mayor General de ella el capitán de navío don José Primo de Ribera y el mando de las fuerzas sutiles, continuó en los dos cargos estando embarcado en las fragatas Ligera y Pronta y el navío Numancia, pero al producirse el levantamiento del general don Rafael de Riego en Cabezas de San Juan (Sevilla) producido el 1 de enero de 1820, quedó suspendida.

Parte de las fuerzas sublevadas se pusieron en marcha a la isla gaditana, atravesaron sin oposición el Puente de Zuazo, pero tropezaron con el Castillo de la Cortadura, en el istmo de la ciudad de Cádiz, donde Primo de Rivera, con fuerzas de infantería de marina de los buques, les cerró el paso obligando a Quiroga a retirarse.

Logró mantener la fortaleza en su poder, hasta que el Rey juró la Constitución el 7 de marzo de 1820.

El 14 de abril de 1820 se le otorgó el mando del navío San Julián. Y el 19 de agosto, pasó a mandar el Asía, se hizo a la vela con destino a Costa Firme y las Antillas, donde recogió caudales, regresando el 17 de marzo de 1822 a la bahía de Cádiz, dejando el mando el 28 de mayo siguiente, quedando desembarcado y sin destino en tierra, por ello S. M. le concedió pasar a Sevilla recibiendo dos tercios de su sueldo, hasta ser destinado de nuevo.

Se hallaba en Sevilla disponible al entrar las tropas del duque de Angulema, no estaba de acuerdo, su ideología no era liberal, pero si contrario a la invasión de ejércitos extranjeros y más el francés que no hacia tantos años había combatido.

El duque le ordenó fuera el jefe de las lanchas cañoneras, a pesar de no estar con él obedeció por la explicación dada de su presencia, pero al recibir la orden de bombardear la ciudad de Cádiz, se negó rotundamente, esta decisión tan patriótica le costó ser casi olvidado durante el periodo de la restauración.

Retirado a Sevilla en su hogar recibió una orden fechada el 5 de enero de 1829, siendo nombrado capitán del puerto de Cádiz, permaneciendo hasta el 1 de marzo siguiente, por habérsele otorgado el mando del navío Guerrero, destinado en el apostadero de la Habana, embarcó de transporte en el bergantín Jasson arribando a la capital de la isla, tomando el mando el 13 de noviembre.

Se le entregó la Real orden del 6 de diciembre de 1829 con su ascenso al grado de brigadier, permaneciendo en aquellas aguas, contribuyendo a todas las operaciones que se efectuaron, el 23 de abril de 1830 recibió la orden de regresar con su navío, sufrió un tremendo temporal, quedando desarbolado de los palos mayor y mesana, ordenó armar bandolas y de esta guisa, fondeó en la bahía de Cádiz el 9 de junio siguiente.

Por Real orden del 22 de marzo de 1831 se le nombró interinamente, comandante general del Arsenal de La Carraca, destino que desempeñó hasta el 17 de mayo continuo por ser nombrado Director del Colegio de San Telmo en la ciudad de Sevilla.

Permaneció en este puesto hasta 1835, por ser nombrado comandante general de las fuerzas navales del norte, su buque insignia era el vapor Mazzepa, llevando las operaciones contra los puertos en poder de los carlistas y en apoyo, de los que seguían manteniéndose por los realistas.

Especialmente le preocupo mantener Guetaria y recuperar Pasajes, como respuesta los carlistas concentraron sus ataques sobre Guetaria, tomando el pueblo, sus defensores se retiraron al peñón donde existía un fuerte, llevando a cabo una brillante defensa, capitaneada por el teniente de navío don Juan Otalora, estando siempre apoyados desde la mar por las fuerzas navales al mando de Primo de Rivera.

Sus esfuerzos tuvieron un excelente éxito, pues el peñón y el fuerte, pudieron aguantar el envite de los carlistas permaneciendo en poder de los realistas.

El 10 de febrero de 1836 llevo a cabo el apoyo de las fuerzas que abandonaban San Sebastián al mando de su jefe el brigadier don Fermín Iriarte, seguido se dirigió a la ría de Bilbao, para proteger con sus buques los puntos más importantes, por todos sus desvelos y buen hacer, S. M. lo ascendido al grado de jefe de escuadra, por haber defendido con tanta relevancia la causa de los partidarios de la Reina.

El 27 de mayo de 1836 realizó una operación combinada con las fuerzas del general Lacy-Evans, siendo tomado el puerto de Pasajes y sus fuertes, rechazando a continuación todos los intentos de recuperación realizados por el ejército carlista, especialmente los llevados a efecto los días 6 y 9 de junio siguiente, con las mismas fuerzas atacó Fuenterrabía los días 11 y 12 de julio, como los buques mayores no podían acercarse a tierra ordenó arriar los botes, con ellos dobló la Punta de Hendaya, desembarcó a sesenta hombres y con el apoyo de los fuegos de los buques fue conquistada.

Cesó en este mando, porque se le nombró comandante general de marina del departamento de Cartagena por Real orden del 20 de julio, al ser interino y ser nombrado el propietario entregó el mando en el mes de octubre siguiente, recibiendo la orden de trasladarse a la Corte, donde se le confirió la presidencia de la Junta del Almirantazgo, cargo que desempeñó hasta el mes de abril de 1837.

Con fecha del 29 de octubre de 1837, S. M. le concedió la Gran Cruz Laureada de San Fernando de 5ª clase, en reconocimiento de todo lo realizado en la campaña naval del Norte a lo largo del año anterior.

En 1837 fue elegido diputado por la jurisdicción de Cádiz, desplazándose a Madrid a ocupar su cargo de Senador.

El 14 de junio de 1838 fue nombrado Comandante General interino del Departamento de Cádiz, permaneciendo en el cargo hasta el 8 de octubre siguiente.

El 12 de junio de 1839 fue nombrado Ministro de Marina en el gabinete de don Evaristo P. de Castro, desempeñando al mismo tiempo interinamente la cartera de Ministro de Hacienda, en el desempeño de este cargo se firmó el convenio de Vergara, dando por finalizada la trágica guerra civil.

Al no estar de acuerdo con algunos de los enfoques del gabinete, presentó su dimisión como Ministro de Marina el 21 de octubre siguiente siéndole aceptada.

Se le aceptó, pero en honor a sus merecimientos, se le otorgó en reconocimiento a su buen uso del cargo la Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III.

Poco después se le eligió y honró, con la plaza de Ministro del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, cargo que ocupó hasta ser separado por los desafortunados acontecimientos del pronunciamiento del 29 de septiembre de 1840, por el general Espartero, pero siguió ocupando su sillón de Senador, el cual abandonó al cumplirse el plazo regresando a su casa en la ciudad de Sevilla.

En 1842 se volvió a contar con él, siendo nombrado vocal del Almirantazgo, pero como el Gobierno era el mismo renunció, sin tan siquiera haberse movido de su residencia.

Por el levantamiento sucedido en 1843 se vió obligado el Regente a tomar postas y dirigirse a la bahía de Cádiz, donde embarcó en el vapor de bandera británica Malabar saliendo así de España con rumbo al Reino Unido, por ello cesó todo el Gobierno el 23 de julio del mismo año, al adherirse a él fue nombrado Comandante General del Departamento de Cádiz por la Junta de Gobierno de Andalucía.

Realizó una labor inconmensurable pues supo agrupar a todos los marinos, quienes permanecían dispersos por las discordias y rencillas políticas de tiempos pasados, viviéndose una buena época en la corporación.

Por Real orden del 12 de septiembre siguiente se le ascendió al grado de teniente general, siendo nombrado Capitán General en propiedad del Departamento de Cádiz.

Cesó en su cargo por ser nuevamente elegido Senador y tener que desplazarse a la Villa y Corte a desempeñar su cometido.

Por Real decreto del 20 de enero de 1845 fue nombrado Comandante General del apostadero de la Habana, donde viajó de transporte en la fragata Reina María Cristina, tomando posesión de su cargo el 5 de junio siguiente, realizando una labor inmejorable durante todo su mandato de tres años, emprendiendo durante ellos la obra del varadero, adquiriendo los vapores Castilla, León y Satélite, el bergantín-barca Laborde y la goleta Juanita.

Se logró establecer las pesquerías españolas de la costa de Campeche e islas colindantes, con el conocimiento explícito y franquicias concedidas por el gobierno de la península del Yucatán.

Concesión que se nos otorgó por la ayuda prestada por el general O’Donell, capitán general entonces y Primo de Rivera, durante la guerra que los yucatecos mantenían contra los indios.

De nuevo en España, en el año 1848 otra vez por Real orden del 13 de octubre se le nombró Capitán General del Departamento de Cádiz, pero tomó posesión mucho tiempo después por motivos de salud, siéndole concedida licencia para recuperarse en su casa en la ciudad de Sevilla, incorporándose a su puesto el día 29 de noviembre siguiente, por no encontrase bien presentó la dimisión de su cargo, siéndole aceptada con fecha del 23 de septiembre de 1849.

No fue obstáculo su avanzada edad para regresar en la legislatura del año 1852 a la Villa y Corte, para ocupar de nuevo el cargo de Senador, escaño ocupado vitaliciamente desde 1845 al concluir la legislatura regresó como siempre a la ciudad de Sevilla.

Le sobrevino un ataque, por sus causas falleció en la mañana del 25 de julio de 1853, en Sevilla, cuando contaba con setenta y seis años de edad.

Bibliografía:

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Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

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Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Pirala, Antonio. Historia de la Guerra Civil y de los partidos Liberal y Carlista. Ediciones Turner. 1984.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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