Yáñez Pinzón, Martin Alonso Biografia

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Biografía de don Martín Alonso Yáñez Pinzón


Retrato de don Martín Alonso Pinzón
Martín Alonso Pinzón
Cortesía del Museo Naval de Madrid.
Célebre navegante y descubridor español del siglo XV.

Orígenes

Nació por el año 1440, en la población de Palos de Moguer, hoy provincia de Huelva.

Hoja de Servicios

De muy joven comenzó a navegar, consiguiendo con el tiempo el ser el propietario de una nao mercante, y por lo tanto su capitán.

A costumbre de la época, estos buques siempre iban armados, normalmente con artillería ligera y muy manejable, tanto para protegerse de los innumerables piratas, como de nuestros enemigos ancestrales de esos tiempos, los portugueses.

Principalmente, sus derrotas eran sobre las costas Atlánticas del continente africano, aunque también realizó alguna navegación por el Mediterráneo, ya que al ser de transporte, pues no había un rumbo fijo, sino a cuenta de quién pagaba el traslado de la mercancía y por lo tanto, igual se navegaba en unos rumbos como en otros, lo que indiscutiblemente daba un gran bagaje de experiencia marinera.

Sobre todo, en las costas africanas, mantuvo varios enfrentamientos con naos portuguesas, de los cuales siempre salió vencedor, bien hundiendo la presa, cosa que le interesaba poco, o bien apresándola y así aumentar la capacidad de su negocio.

A tanto llegó su fama de invencible, que se llego a decirse de él y su nao: « no había nave que osara aguardar á la suya »

Todo esto le proporcionó una gran fortuna personal, que le llevó a dedicarse al estudio, pues era de los mejor informados en cuanto a los descubrimientos de los portugueses, por ello se traslado a Roma, porque ser conocedor de que en esta capital, se encontraban originales de escritos que le podían ayudar a fijar científicamente la situación de varias islas del océano Atlántico.

No le resultó difícil el entablar amistad con el propio Papa, dada la fama que le precedía, por ello Inocencio VIII, le dejó a sus anchas la Biblioteca Vaticana, lo que le permitió no solo ver y comprobar escritos y portulanos, sino que se le permitió copiar varios de ellos, para que en su casa pudiera estudiarlos con más calma. Siendo uno de los pocos que ha tenido acceso a tan magna biblioteca, de la que se desconoce casi todo su contenido.

Por lo que la llegar a Palos, se trajo un copia de un mapamundi, más la copia de un libro, con el título: « Avisos para saber la navegación de la India », como es de suponer, con estos elementos era uno de los más preparados de su época.

Posteriormente, y aunque peguemos un salto en la cronología de su biografía, viene a colación lo anteriormente escrito, con relación al pleito que tuvo lugar entre los herederos de Colón y la Corona de Castilla, pues en uno de los actos del juicio, el fiscal de la Corona de Castilla a la sazón don Juan de Villalobos, hizo una pregunta a los allí presentes:

«Si saben, que antes quel dicho don Cristóbal Colón comenzase á hacer el descubrimiento de las islas é Indias del mar Océano y antes quel dicho don Cristóbal lo pusiese en plática ni obra, el dicho Martín Alonso Pinzón, vecino de Palos, tenía avisos y noticias de las dichas islas Indias del mar Océano por una escritura que había traído de Roma de la librería del papa Inocencio VIII, y que por virtud de la dicha escritura el dicho Martín Alonso Pinzón había puesto en plática y trataba y aparejaba de ir á hacer el descubrimiento de las dichas islas Indias del mar Océano á su costa con tres navíos suyos que tenía, lo cual era antes quel dicho Colón tuviese noticias de las dichas islas, ni tratase de las ir á descubrir, y que esto es así pública voz y fama común, y general opinión entre las personas que de lo susodicho tienen noticia» A esta pregunta todos los testigos contestaron afirmativamente.

Lo que nos lleva, a que no puede extrañar en absoluto, que Pinzón fuera el gran defensor de Colón, pues era sabedor, e información tenía, de que lo que planteaba tenía muchos visos de ser posible, por ello se reveló contra los dictámenes de las corporaciones oficiales que habían sido convocadas por Fernando el Católico.

Al refugiarse Colón, por las dificultades que se encontró de que nadie le creyese en el convento de Nuestra Señora de la Rábida, recibió el apoyo del los frailes Juan Pérez, al que se sumó el fraile y también astrólogo Antonio de Marchena, quienes al ver el decaimiento de Colón lo pusieron en contacto con Pinzón y sus hermanos.

A consecuencia de esto, Pinzón se entrevistó con Colón primero en el Convento y posteriormente en su casa, donde mantuvieron largas conversaciones, lo que llevó a Pinzón a defender a Colón y su propuesta, para ello ofrecía sus tres buques, y a su persona, incluidos sus hermanos, esto después de llegar a un acuerdo entre ambos, en las condiciones y forma de llevar a cabo la expedición.

Como la fama de Pinzón era más que reconocida y al apoyar él la expedición, se fueron uniendo muchos de los que antes se negaban, incluso llegó a pasearse por las calles de Palos, diciéndolo a viva voz para animar a sus amigos y vecinos, las siguientes palabras:

«Amigos, andad acá; idos con nosotros esta jornada, que andais acá misereando. Haced esta jornada, que según fama habemos de fallar las casas con las tejas de oro, é todos vernéis ricos é de buena ventura»

Lo que nos lleva a razonar, que sin la intervención de Pinzón, garantizando lo mucho bueno que se podía obtener de la jornada, Colón lo hubiera tenido realmente duro el convencer a tantos hombres necesarios para ello, ya que siendo extranjero no tenía mucha ascendencia sobre los habitantes de Palos.

A parte transcribimos, una declaración de José Luis H. Pinzón, descendiente de Martín Alonso Pinzón, hecha en el año de 1918, sobre los esfuerzos pecuniarios del propio Pinzón a la expedición del descubrimiento:

«Pruébase en dicho pleito (el ya mencionado) lo que afirma el señor Novo y Colson; que los tres navíos eran propiedad de Martín Alonso Pinzón y que éste gastó en los preparativos del viaje gran parte de su caudal, pues hay que reconocer que el auxilio aportado por el Tesoro Real fue exiguo, ya que lo del cofrecillo de las joyas de doña Isabel La Católica es pura leyenda que ha caído por tierra al encontrarse en el Archivo de Simancas las cartas de pago del prestamista don Luis de Santángel de la cantidad é intereses que para la empresa descubridora adelantó de su peculio á la Corona y con la sola garantía del patrimonio Real»

Aunque al parecer, si que las condiciones de Colón de contar con una nao más grande, llevó a la compra o alquiler de la Santa María cuyo propietario era Juan Vizcayno ó Juan de la Cosa, como queda demostrado, por una Real Cédula y en Las Casas, y en el pleito de Diego Colón, al mismo tiempo que se confirma, que la Niña, lo era de los Niños de Moguer.

De la misma fuente, que lo anterior se profundiza algo más en citado juicio:

«Dicen Juan Martín Pinzón y otros testigos que Martín Alonso dio dinero á Colón, 60 escudos de oro, para costear el viaje de éste á Santa Fe de la Vega de Granada, entregándole, además, carta suya para los reyes, y el citado fiscal Villalobos pregunta: si Pinzón dejó sentado y concertado con Colón las obligaciones por parte de éste de darle á él la mitad de todo lo que los Reyes Católicos prometieran y dieran al genovés por el dicho descubrimiento », a lo que casi todos los asistentes volvieron a afirmar que así había sido.

Por todo esto, queda muy claro que la intervención de Martín Alonso Pinzón, fue vital para la organización de la expedición, pues aportó de todo, tanto conocimientos, como medios y dinero, como muy bien reconoce Bartolomé Colón hermano de Cristóbal, cuando afirmó: «…que si no fuera por Martín Alonso ni hallaren ni descubrieran tierra»

Sobre los acuerdos entre Colón y Martín Alonso, fray Bartolomé de las Casas, en su obra Historia de las Indias, y respecto al repartimiento de Colón sobre lo que le pudiera dar y a su vez él entregar a Pinzón, dice:

«Cierto, si le oviera prometido Cristóbal Colón la mitad de las mercedes, no era tan simple Martín Alonso, siendo él y sus hermanos sabios y estimados por tales, que no oviéranle pedido alguna escriptura dello, aunque no fuera sino un simple cognoscimiento con su firma, ó al menos pusiéranle algún pleito sus herederos; y Vicente Yáñez, que vivió después muchos años, el cual yo cognoscía, oviera alguna queja ó fama dello, pero nunca ovo dello memoria, ni tal se boqueó (lo cual yo creo que á mi no se me encubriera, como yo sea muy de aquellos tiempos), hasta que el dicho pleito se comenzó, que creo fue el año de 1508, venido el Rey Católico de Nápoles»

En el amanecer de día tres de agosto del año de gracia de 1492, levaron anclas, desplegando velas al viento, y zarparon del puerto de Palos de Moguer, las tres naves, la nao Santa María, y las carabelas Pinta y Niña.

Colón iba embarcado en la Nao y como piloto Mayor, Juan de la Cosa; Martín Alonso Pinzón y su hermano Francisco, en la Pinta, que era la más ligera, mientras que en la Niña, iba al mando de Vicente Yánez Pinzón.

El día seis de agosto, en la carabela de Martín Alonso, la Pinta, sufrió una grave avería en el timón, cosa que preocupo a Colón, pero se pusieron a trabajar guiados por Martín, y aun que no tenía total solución el problema, Martín con su pericia marinera, consiguió el no retrasar la expedición.

Pasado ya un tiempo y sin ver ni descubrir tierra y ya escaseando algo los víveres y el agua, viene a cuento el traducir lo dicho en el mencionado juicio como declaración de Hernán Pérez Mateos:

«…haber odio decir a Pinzón y á sus hermanos, que; la gente venía en los navíos, habiendo navegado muchos días é no descubriendo tierra, los que venían con Cristóbal Colón se querían amotinar é alzar contra él, diciendo que iban perdidos, y entonces el dicho don Cristóbal Colón había dicho á Martín Alonso lo que pasaba con aquellas gentes é que le parecía que debían de hacer y el dicho Martín Alonso le había respondido: Señor, ahorque vuestra merced media docena dellos ó echelos á la mar, y si no se atreve, yo y mis hermanos barloaremos sobre ellos y haremos, que armada que salió con mandatos de tan altos príncipes, no habrá de volver atrás sin buenas nuevas y que con esto todos se animaron»

A lo que se sumaron otros testigos, para confirmar esto y añadieron, que Colón al verse tan arropado y protegido, exclamó diciendo: «Bienaventurados seáis»

Por fin descubrieron tierra, el 12 de octubre de 1492.

Prosiguieron su viaje y a los pocos días dieron con la isla de Cuba, de la cual después de visitar un pequeño trozo de ella, se hicieron a la mar desde Puerto Príncipe, el día diecinueve de noviembre.

Después de dos días de navegación, buscando Colón la vuelta a la Península, se levantó la mar y la navegación se hizo muy complicada, pues los vientos rolaban con gran rapidez, lo que impedía el mantener un rumbo constante, por lo que se dice que Colón hizo las señales pertinentes, para avisar de su regreso a la isla de Cuba.

Pero la Pinta, al mando de Martín Alonso Pinzón, no le hizo caso, por lo que pasó a escribir Colón en su diario: « Otras muchas me tiene hecho y dicho », lo que dejaba entrever, que era una desobediencia de Pinzón y parte de la mala fama que le acarreó después.

Pero esta opinión, fue pulverizada muchos siglos después por José Luis H. Pinzón, quien dijo:

«…la separación de la Pinta del resto de la escuadra, ha sido estudiada con detenimiento por historiadores marinos, y todos coinciden en que, técnicamente, el hecho en si no es más que un acaecimiento de mar, un incidente de la navegación que se repite con frecuencia en las escuadras modernas, ya que navegando los bajeles en escuadra ó convoy durante la noche, es regla general que para seguridad de todos se separen unos de otros á distancias convenientes para evitar abordajes de funestas consecuencias. Pues bien, por el estado del mar, Colón creyó conveniente regresar á Cuba y esa circunstancia es indudable que obligó a Martín Alonso á ensanchar su distancia á las otras carabelas, y es de presumir que las señales luminosas transmitidas por la capitana no fueron distinguidas por los que iban en la Pinta, y es lógico pensarlo así dadas las condiciones de mar y tiempo que obligaron el regreso á puerto»

Para enjuiciar a Pinzón, en este acto no hay más documentación que la que aporta Fray Las Casas y que posteriormente analiza y confirma Fernández Duro:

«Que no era tan simple Martín Alonso para que se suponga capaz de tamaños desaciertos, antes por sabio, era estimado de los que le conocieron»

Únicamente dejando correr la pluma, y sin meditar lo que se escribe, se puede llegar a la conclusión y acusar a nuestro marino de semejante acto, solo movido por su ambición y envidia, que le han sido atribuidos.

Lo que si es cierto, es que Pinzón al terminar el mal tiempo y guiado por un indígena, después de su separación de la escuadra, que tuvo lugar el día veintiuno de noviembre, fue costeando y encontrándose con varias islas, deteniendo el viaje y lanzando las anclas en la última de ellas, que la bautizó Río de Martín Alonso; en este lugar recogió varias muestras de oro, que repartió entre sus compañeros de viaje y puso rumbo de nuevo a la isla de Cuba, en su viaje descubrió la isla de Haití ó Española.

Se encontró de nuevo con Colón el día seis de enero del año de 1493, pero el Almirante navegaba en la Niña, pues la Santa María había encallado en un banco de arena y perdido, pero se aprovecharon parte de sus maderas, para construir el primer asentamiento en aquellas islas, llamado el fuerte de Navidad.

Colón hace referencia de este nuevo encuentro en su diario diciendo:

«Vino Martín Alonso Pinzón á la carabela Niña, donde iba el almirante, á se excusar, diciendo que se había apartado dél contra su voluntad, dando razones para ello; pero el almirante dice que eran falsas todas……y que no sabía de donde le aviesen venido las soberbias y deshonestidad que había usado con él en aquel viaje»

A los pocos días decidieron el regresar, por lo que Colón continuó en la Niña y Martín Alonso en la Pinta; pusieron rumbo casi al Norte para ir subiendo paralelos, para encontrar los buenos vientos de regreso, y consiguieron el llegar a las islas Terceras o Azores.

Pero en sus cercanías, se volvieron a desatar los elementos, que fueron tan fuerte y contrarios, que a pesar de estar tan cerca no pudieron arribar a las islas, sobre todo en la noche del día catorce de febrero, en el que la Pinta y a pesar de las señales que se le hacían desde la Niña, y a las cuales estuvo respondiendo, se volvieron a perder de vista, por la fuerza del temporal.

Hasta el día cuatro de marzo duro el fuerte temporal, durante el cual no hubo un minuto de descanso en todo el tiempo y de resulta de ello, se supone que aquí fue donde Martín Alonso, contrajo la enfermedad que poco tiempo después le llevó a la tumba.

Justo al terminar el temporal, se dieron cuenta de que habían sido arrastrados, hasta las costas del norte de la península, por lo que al reconocerlas, se pusieron inmediatamente con rumbo al puerto de Bayona, en tierras gallegas.

Al desembarcar, pidió se le dijera donde estaba la Corte, y se le indicó que en esos momento y según últimas noticias, se hallaban en la ciudad Mediterránea de Barcelona, pues quería dar cuenta de lo hallado a los monarcas, pero primero envió un mensaje, del cual obtuvo la respuesta, de que no se presentará en la Corte sin ir acompañado del Almirante.

Siendo ya una orden, Pinzón se hizo a la mar de nuevo con rumbo al puerto de Palos, a donde arribó el 15 de marzo, donde unas horas después arribó la Niña con el Almirante. Es de reconocer, que la casualidad de la llegada de Colón el mismo día, no deja de ser curiosa.

Ya en muy mal estado, Pinzón fue trasladado a su casa en unas parihuelas, por que su cuerpo ya no le tenía en pie.

Donde se presento el médico de Palos Garci-Fernández, que viendo que la enfermedad iba a más, obligó a que fuera trasladado al convento de Nuestra Señora de la Rábida, donde a pesar de los esmerados cuidados, falleció según se afirma, el día treinta y uno de marzo del año de 1493.

Por lo que su óbito, pasó a la historia sin pena ni gloria, pues era más fuerte la alegría de todo un pueblo, por lo descubierto y que aún se conmemora, por lo que José Luis H. Pinzón dice:

«Coincidió con los festejos que en todo el reino se celebraron por el hallazgo providencial de las islas Indias del Mar Océano; el entusiasmo general que invadía la nación y la falta de comunicaciones de la época influyeron indudablemente en que la noticia de su fallecimiento llegara tarde á la Corte de Castilla, pues . . . . la gran Isabel La Católica envió un emisario á Palos para que nuestro marino fuera á presencia de los reyes, y que cuando el emisario llegó, ya Martín Alonso había fallecido»

Se había casado con María Álvarez, natural de Palos, de la que al parecer tuvieron a seis hijos, de lo que se conocen a Arias Pérez, Juan Martín, Diego y dos varones más que no se han podido identificar y una hija, que por desgracia enfermó de gota coral, todo esto se sabe, gracias a una larga investigación, que si bien los documentos del siglo XV, sobre todo los parroquiales de Palos, Huelva y Moguer, están en muy buen estado, no hay más referencias del resto de su familia, por lo que se desconocen a la mayor parte de sus descendientes.

El rey Carlos I, prometió el colmar de mercedes, tanto honoríficas como pecuniarias a los hijos de Martín Alonso, en agradecimiento de la Corona por los bienes que habían aportado y con ellos ayudado a conseguir una mayor expansión de España en el Mundo.

Pero nada de todo esto se llevó a cabo y solo con fecha del día veintitrés de septiembre del año de 1519, les otorgó el privilegio de poder llevar su propio escudo de armas, y en cuya disposición dice:

«Nos facemos merced y queremos que podáis tener y traer por vuestras armas tres carabelas al natural en la mar, e de cada una de ellas salga una mano mostrando la primera tierra que así hallaron y descubrieron, e por orla de el dicho escudo, podáis traer unas áncoras, y es nuestra merced que vosotros e vuestros hijos y descendientes los hayáis y tengáis por vuestras armas conocidas»

Cuyo documento se encuentra en el Archivo de Indias, estantería 139, caja 1. Legajo 6.

Pero a pesar de todo esto, sus descendientes nunca has salido de la más humilde miseria, por la falta de apoyo económico de la Corona.

Así que de nuevo nos encontramos, con que una gran figura de la Historia Naval de España, queda casi en el más absoluto anonimato, pues la fuerza de lo escrito en el Diario de Cristóbal Colón, que a todas luces es injusto y otras argucias de algunos “historiadores”, casi nos lo presentan como el advenedizo de turno, en toda gran epopeya.

Cuando queda muy claro, que antes de que Colón apareciera por las tierras de Castilla, Pinzón ya tenía documentación y era conocedor, de que algo más había a la otra parte del Océano, lo que no se imaginaba ninguno, es que fuera un nuevo continente, y siempre se pensó hasta que se descubrió el « Lago Español », que aquello eran las tierras extremas de Asia.

Para terminar diciendo las palabras de Fernández Duro y de Antonio Cánovas del Castillo: «…este navegante fue la segunda figura del descubrimiento de América y el espejo de la marinería y uno de los hombres que en más alto grado avaloran la Marina española»

Y según escribe el restaurador del convento de Nuestra Señora de la Rábida, el arquitecto Velásquez (1915), parece ser que descubrió, que sus restos reposan debajo del altar mayor de la iglesia del Monasterio.

Bibliografía:

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Fernández de Navarrete, Martín.: Viajes de Cristóbal Colón. Calpe. Madrid, 1922.

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Toreno, Conde.: Cartas de Indias. Madrid, 1877. Facsímil de la Biblioteca de Autores Españoles. Madrid, 1974.

Vázquez de Espinosa. P. Antonio. O. Carm.: Compendio y descripción de las Indias Occidentales. Autores Españoles. Atlas. Madrid, 1969.

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