1643 Combate Naval del Cabo de Gata. 2 / IX

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1643 Combate Naval del Cabo de Gata. 2 / IX



Tuvo lugar el 2 de septiembre de 1643, en el lugar del nombre por el que es conocida, cerca del puerto de Cartagena, en el Mediterráneo occidental, entre una escuadra francesa, al mando Mr. Armand Maillé, marqués de Brézé contra una española, al mando de Martín Carlos de Mencos y Judocus Peeters.

El marqués Brézé, ya elevado con la dignidad de duque en premio a sus éxitos en la mar, zarpó del puerto de Barcelona el día veintidós de agosto, compuesta por veinticuatro navíos y doce brulotes con la misión de buscar a las fuerzas navales españolas, para oponerse a todo intento de socorro a la plaza de Orán, entonces amenazada seriamente por los argelinos con la ayuda del Rey de Francia.

A la altura del cabo de Gata se hallaba la escuadra española, compuesta de cinco galeones y seis urcas flamencas, al mando de Martín Carlos de Mencos, y catorce navíos de la escuadra de Dunkerque, a las órdenes de Judocus o José Peeters, que esperaba a otra división de galeras que había de salir de Cartagena, al mando del III duque de Fernandina, quien tomaría el mando supremo de las operaciones navales como correspondía al General de las Galeras de España, a pesar de haber presentado la dimisión por lo ocurrido con anterioridad al combate en aguas de Barcelona el año anterior, pero S. M. no quiso admitírsela.

Al amanecer del día 2 de septiembre, Brézé, que daba bordadas a la altura del cabo de Gata, descubrió a la fuerza española, tomando el rumbo de ataque inmediatamente.

Aunque el número de naves de combate estaba aparentemente nivelado en ambas escuadras, pues eran veinticinco españolas contra veinticuatro francesas; sin contar con los brulotes que seguían a estas últimas, tipo de barco del que carecían los españoles por considerarlos un arma deshonrosa.

En realidad los franceses tenían gran superioridad efectiva, pues casi todos sus buques eran de gran tamaño y estaban mejor artillados, en tanto que la escuadra española no se podían comparar, sólo eran parecidos los cinco galeones y los buques insignias de la escuadra de Dunkerque, pues los demás eran mucho más pequeños, con menos cañones y de menor calibre.

Hacía las siete de la mañana, Brézé ordenó el ataque a una división de cuatro de sus mejores buques, contra tres españoles que se hallaban a barlovento del grueso de las fuerzas y un algo separados del resto, así los aislaron y sufrieron mucho el mayor poder de sus enemigos.

Como el duque francés mantenía barlovento, inmediatamente arrumbó con el resto de sus buques a toda vela y sin abrir fuego de artillería para hacerlo al estar ya a tiro de mosquete, sobre la línea de buques españoles, que apresuradamente habían formado Mencos y Peeters.

Por el lado español el principal peso del choque lo llevó el galeón insignia de Mencos y el de Nápoles, a los que apoyaban los buques de la escuadra de Dunquerque, contra Brézé y once de sus buques, a pesar de lo abrumador del fuego enemigo, tanto de artillería como de mosquetería los soportaron durante más de tres horas, sin que el francés consiguiera cortar la línea española.

El navío más potente de la escuadra de Dunkerque, armado con treinta y seis cañones, se incendió, combatiendo costado con costado con el buque insignia de Brézé, alcanzando el fuego la santabárbara, pero nadie se movió de sus puestos hasta que el buque saltó por los aires, llevándose con él a toda la dotación compuesta de trescientos hombres, mientras el buque de Brézé, al ver incendiado a su enemigo dio la orden de separarse, evitando así perecer en la misma explosión.

Los franceses comenzaron entonces a hacer jugar sus brulotes, que por las prisas uno de ellos con los hierros de las vergas se enredó con un galeón francés, teniendo la suerte que al no estar incendiado solo le rifó las velas, dejándolo fuera de combate, otro logró engancharse al galeón de Nápoles, que era uno de los buques españoles más poderosos, cercano a las mil toneladas y cincuenta cañones de porte, el cual se hallaba medio desarbolado como consecuencia del mayor poder artillero de los enemigos, pues estaba soportando a tres contra él, separándose solo para dejar pasar el brulote que se enredó y le pasó fuego, pero al ser más el agua que hacía no llegó a explotar, sino que simplemente se hundió.

Mencos y Peeters, en vista de la inferioridad y las pérdidas, que aún les hacían más débiles en el combate, a pesar de estar a sotavento y los franceses lanzando algunos brulotes más, decidieron dejar las aguas por los franceses evitando así males mayores tomando rumbo a Cartagena, donde consiguieron entrar ya que el francés no les persiguió a pesar de tenerlo todo a su favor, ya que la mayor parte de los buques estaban en muy mal estado, sólo la escuadra francesa consiguió rendir al último de los buques pues medio desarbolado y siendo de los pequeños, del porte de 30 cañones, rodeado tuvo que rendirse.

Las quince galeras del III duque de Fernandina, no habían salido del puerto pero al cruzarse con el último de los buques de la escuadra, cerraron la boca del puerto abarloadas, de forma que sólo se les podía atacar de proa, visto por el duque de Brézé no intentó forzar la entrada.

Los franceses no perdieron ningún buque, pero varios de ellos sufrieron bastante el fuego de los españoles, alguno sin un palo y otros con agujeros a flor de agua, sufriendo muchas bajas por el fuego de los arcabuces y los astillazos.

Los españoles sufrieron la pérdida de tres buques, uno de 30 cañones apresado, y otro hundido del mismo porte, más el que hizo explosión por haberlo incendiado.

Las fuentes francesas de la época hablan de haber capturado a mil españoles, y no quedándose cortos, los muertos pasaron de mil quinientos, pero en cambio nada dicen de las suyas, lo que no suele ser habitual pues cada cual sabe la verdad, pero como siempre en toda guerra es necesario aumentar las victorias y para ello nada mejor que matar a más escribiendo.


Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por Ángel Dotor.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra. Madrid 1895-1903. Facsímil Museo Naval. Madrid. 1973.

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