1681 Combate de San Vicente

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1681 Combate de San Vicente



La Flota de Nueva España de 1680 zarpó de Sevilla el 12 de julio, transportando al nuevo virrey de Nueva España conde de Paredes, como era costumbre iba protegida por el galeón Capitana, Nuestra Señora del Rosario y las Ánimas, del porte de 928 tn, al mando del General don Gaspar Manuel de Velasco y maestre don Francisco de Zeolaza, y la Almiranta, Nuestra Señora de Guadalupe Santo Domingo y San Agustín, de 700 tn, mandándola el almirante don Gabriel de Curucelaegui, maestre don Martín de Zubizar, dando escolta a diecisiete velas con rumbo a Veracruz, donde después de realizar todos los intercambios y la feria acostumbra, embarcados los caudales salió a finales de mayo de 1681 de Veracruz con rumbo a la Habana, escoltada por la escuadra de Barlovento, donde permaneció a la espera de la llegada de la escuadra de Galeones de Tierra Firme, viendo se retrasaba a finales de agosto seguido, sin esperar la llegada del refuerzo se hizo a la mar con rumbo a la Península, todo por estar alertados de la acostumbrada presencia de enemigos en la derrota, sobre todo una escuadra francesa al mando del almirante Chateaurenault.

Mientras se encontraba en ultramar en Europa se complicaba la situación, pues el elector de Brandeburgo Federico Guillermo, estaba reclamando unas cantidades a España por su ayuda en la guerra contra Francia, cómo no se le hacía caso y él durante la guerra contra Suecia había alcanzado una escuadra de 28 velas por primera vez en su historia, ordenó la salida del puerto de Pillau de una escuadra de seis velas y un patache, montando entre todos 165 cañones y tripulada por setecientos hombres, al mando de un marino bátavo llamado Thomas Alders, quien ordenó poner rumbo a Flandes, en su ruta se encontraron el 18 de septiembre de 1680 con el galeón español Carlos II del porte de 28 cañones, por la diferencia de poder fue apresado. Este ataque fue conocido en la corte y de ella emanó la orden de reforzar la llegada de la Flota de Tierra Firme, por ello se le envió la flota de Galeones de Tierra Firme que no esperó don Gaspar Manuel.

Ante el riesgo de ser capturada la Flota por la escuadra francesa al mando de Chateaurenault más la del elector de Brandeburgo, se ordenó se hicieran a la vela los buques disponibles al mando del Capitán General de la Armada del Océano, don Fernando Carrillo Manuel y Muñiz de Godoy con el apoyo de la escuadra de Flandes, navegando ambos por separado en derrota a la encrucijada obligada de las islas Azores para dar escolta a la Flota.

La Armada del Océano dio la vela desde Vigo; la escuadra de Brandeburgo después de su éxito prosiguió su navegar cercano a la costa con rumbo al cabo de San Vicente, por saber era el segundo punto obligado de encuentro con las flotas de ultramar y menos complicado que adentrarse en el océano.

Pasados unos días los buques con bandera brandeburguesa descubrieron velas, al llegar a tiro de cañón abrieron fuego, pero lo recibieron multiplicado por haber confundido la Flota de Nueva España, con la Armada del Océano, (craso error pero lógico de principiantes) al comenzar a recibir semejante cantidad de fuego cayeron en la cuenta y cazando el viento se alejaron maltrechos, sufriendo a pesar del corto combate diez muertos y treinta y nueve heridos, sus velas agujereadas y algún palo atravesado, el general español al ver su franca huida los dejó ir, sus órdenes eran dar protección a la Flota, a la que encontró ya fondeada en la barra de Sanlúcar, donde había ido arribando entre el 6 y 11 de noviembre de 1681.

Se sabe que los brandeburgueses salieron como pudieron cada uno por una parte, reuniéndose más tarde en Lagos donde repararon las averías. Pero ya nunca más volvieron a intentar tomar una Flota española, durante unos meses permanecieron en el Mediterráneo, con la intención de buscar un lugar en África como apostadero, lo que les fue imposible, tampoco obedecieron la orden de si no encontraban la Flota, cruzaran a las Antillas para atacarlas en su propio terreno, por ello faltos de casi todo regresaron a sus aguas de las que nunca más volvieron a salir en busca de naves españolas. Decir que ha sido la única vez que ambos países se enfrentaron en la mar y no fue precisamente un grato recuerdo para ellos.

Todo vino provocado porque ser marino no se consigue por una orden, la mar es otra cosa y tan inestable o más que el mismo ser humano, sólo la diferencia que un error de éste en tierra es posible rectificarlo, pero en la mar, se suele ir al fondo. Por ello hay tanto tesoro en ella sumergido.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903. Tomo V. Pág. 197 a 199.

Fernández de Navarrete, Martín.: Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Madrid. Imprenta de la Viuda de Calero. 1851.

Francis Lang, Mervyn.: Las Flotas de la Nueva España (1630-1710): despacho, azogue, comercio. Muñoz Moya, editor. Sevilla, 1998, páginas 220-225.

Martínez Shaw, Carlos.: Sistema atlántico español (siglos XVII-XIX). Marcial Pons. Madrid, 2005.

Morineau, Michel.: Incoyables gazettes et fabuleux métaux. Cambridge University Press. Editions de la Maison des Sciences de l’Homme (MSH). París, 1985.

Vargas y Ponce, Joseph de.: Catálogo de la Colección de Documentos. Instituto Histórico de Marina. Madrid 1979.

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