1921 Sidi Dris repliegue 25 / VI

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Sidi Dris repliegue 25 / VI / 1921


En estos momentos (junio de 1921) estaba alcanzando sus máximos la guerra contra el insurrecto Abd-el-Krim, el cual había conseguido levantar a casi todas las kabilas del Rif en contra de España, por lo que la Armada se mantenían en alerta constantemente en estas aguas.

Precisamente en éste año se sufrió el llamado desastre de Annual, en el que perdieron la vida en dos semanas unos ocho mil españoles, a Guzmán le sorprendió esta acción militar a bordo del cañonero Laya, cuando ya se encontraba en misión de apoyo al ejército.

Foto del cañonero Laya en ésta época
Cañonero Laya en la época.

Cuando el día dieciséis de junio comenzaron el ataque contra la posición de Buymeyan, que bien defendida consigue impedir el asalto a costa de muchas bajas, pero entre días tres al catorce vuelven al ataque siendo cercados y asesinados sus defensores, el día diecisiete lo hacen sobre Igueriben, donde vuelven a asediar la posición, pero un escuadrón de regulares al mando de su capitán don Cebolino von Lindeman fuerza la resistencia y mete socorros en la posición, el día diecinueve se toma la decisión de retroceder hasta Annual, pero no fue posible ya que fue asaltada por falta de munición, de los doscientos cuarenta y seis hombre de su defensa solo se salvaron treinta y seis, y el día veintidós de julio cayó Annual, con ello se desplomó toda la Circunscripción Oriental, los pocos que iban quedando intentaron llegar a Dar Drius, desde aquí a Batel y siguieron retrocediendo hasta Tistutin, llegando a Monte Arruit donde se encontraba el general Navarro que se había convertido en el Jefe del sector, por la desaparición del general Silvestre. Había comenzado el que pasaría a la historia como « Desastre de Annual » que llegó a poner en riesgo la propia capital, Melilla.

Observando desde el buque la posición extrema en que se encontraba Sidi Dris, su comandante el capitán de fragata don Francisco Javier de Salas, pensó enviar una pobre ayuda, pues eran solo dieciséis hombres con tres ametralladoras de los que podía desprenderse, ordenando arriar el bote del buque y puestos a las órdenes de Guzmán alcanzaron la costa él un suboficial y catorce marineros (ya que este punto no era playa y el desembarco no era tan fácil, por la cantidad de roca y pequeña que le sirve de fondo), esto ocurría el día dos de junio del mismo año.

Consiguieron llegar a la primera línea en un momento ya muy crítico, por lo que a pesar de ser pocos se logró que algunos enemigos metieran la cabeza en tierra, estos fueron reforzados y se lanzaron en un furioso ataque final seguros de su victoria, pero en la posición habían cuatro cañones de pequeño calibre que estaban callados, porque su oficial al mando estaba herido y no podía dirigir el fuego, razón por la que Guzmán tomó el mando de ellos, ordenando poner las espoletas a cero de las granadas, abriendo fuego sin parar y lo más rápidamente posible, como el enemigo iba a descubierto solo la primera vez que estallaron cayeron muchos, pero no se habían rehecho del primer impacto cuando ya tenían la segunda descarga encima, lo que les bajó la moral y comenzaron de entrada a buscar refugio entre las rocas, pero las piezas no paraban de tirar, produciendo una barrera de artillería imposible de pasar, a pesar de lo cerca que estaban, ya que no habrían más de veinticinco metros.

Ordenó bajar las bocas de los cañones y proseguir el fuego, por lo que ahora había proyectil que explotaba a pocos centímetros de las cabezas de los moros, de nada les servía protegerse con las piedras y maleza, así que cuerpo a tierra fueron retrocediendo, cuando calculó que ya estaba algo más lejos, se volvieron a levantar las bocas y los proyectiles se graduaron a un segundo, dando la sorpresa de acertar de pleno en casi toda la línea, lo que ya produjo una desbandada de los kabileños, respondiendo éstos ya solo con los fusiles desde lejos.

Por esta indiscutible acción perfectamente llevada a buen término, se le concedió su primera Medalla Militar en el mismo mes de julio del año de 1921, y la Armada, algo más lenta en el mes de agosto siguiente le condecoró con la Medalla Naval. (Estas condecoraciones eran las máximas por ejército y solo superada por la Cruz Laureada de San Fernando) Por la misma razón, se le ascendió al grado de alférez de navío en el mismo año, por méritos de guerra.

El día diecisiete, se produce el ataque a la posición más avanzada de Igueriben, que lo estaba sufriendo ya desde el día tres, pero éste día consiguen entrar los moros en la posición salvándose solo un oficial que fue hecho prisionero. El día veintidós de julio sobreviene la caída de Annual, esta posición soportaba un fuerte asedio, que el día diecinueve ya no es reversible cayendo el día veintidós y como todos sabemos aquí comenzó el gran desastre con el mismo nombre de la posición, lo que obligó a ir agrupándose a los miembros de unas posiciones en otras para hacerse más fuertes, esto causo el efecto contrario, ya que los moros entendieron que era una huída total, lo que les levantó la moral convirtiéndose en invencibles a pesar de la gran cantidad de bajas que sufrían.

El día veintitrés le tocó el turno de soportar el ataque a la posición de Sidi Dris, que al principio por el apoyo de la escuadra, pues se había concentrado el crucero Princesa de Asturias, al mando del capitán de navío don Elíseo Sánchez Quesada, continuaba el cañonero Laya y el día anterior se había incorporado su —hermano— el Lauria, al mando del capitán de fragata don Tomás Calvar Sancho, quienes con su fuego consiguieron parar a las harkas rifeñas, pero estos convencidos de su victoria, prosiguieron añadiéndose más y más moros, lo que le llevó a don Elíseo a tomar la determinación de abandonar la posición, ya que ni a cañonazos era posible parar la marabunta cargada al máximo de odio, siendo esto comprobado a lo largo de todo el día veinticuatro.

Se comunica a los hombres de la posición que al día siguiente veinticinco de junio, a las 12:00 horas comenzará el bombardeo de los buques para cubrir con su fuego el reembarque de las tropas. Así se había preparado, pero sin conocimiento de nadie a las 10:00 horas las fuerzas de la policía indígena comienzan a abandonar la línea de defensa, lo que debilita el frente, pero el resto al ver que son abandonados, les imitan abandonando la posición sin tomar medidas de protección.

Al ver esta acción, el Laya se aproxima lo máximo posible a la costa para mejor acertar en los blancos, pero al hacer esto el crucero y su compañero se quedan sin ángulo de tiro, al mismo tiempo se arrían todos los botes disponibles, para intentar en la difícil costa recoger a los máximos posible, el crucero avanza unos cables para obtener mejor posición de fuego, mientras que el cañonero comienza a ciar con la misma intención, pero mientras todo esto sucedía, los moros envalentonados comienzan a abrir fuego y sin temor a la artillería a que le cause bajas se precipitan sobre la trinchera.

El último en abandonar la posición, disparando una de las ametralladoras es Guzmán, pero el resultado fue horroroso pues de los casi trescientos efectivos de la posición, solo veinticinco llegaron a salvo al cañonero Laya. Por esta decidida acción se le vuelve a condecorar con la segunda Medalla Naval, pero está se retraso al mes de abril del año de 1923. Y de la dotación del cañonero fallecen el alférez de navío don José María Lazaga Ruíz y cinco marineros, pues su distancia de tierra estaba totalmente bajo el alcance de la fusilería mora.

Una vez a bordo los hombres que se habían salvado de la posición, los buques ponen rumbo a Sidi Hassain o Afrau, presentándose en su costa al día siguiente, con la ventaja de que ésta sí que era arenosa, la acción de los buques es igual a la anterior, pero también ocurre que la tropa sin orden comienza a abandonar el lugar, solo que por la experiencia anterior don Elíseo había dado la orden de ir arriando los botes con anterioridad, para que navegaran a sotafuego protegidos por los cascos de sus propios buques, por lo que el fracaso no fue tan abrumador como en Sidi Dris, ya que los botes en cuanto se pararon los buques salieron con rumbo a la playa, lo que facilitó el embarque de al menos los primeros, siendo rescatados ciento treinta hombres. Pero de nuevo el Laya se acercó tanto que cayeron muertos en su cubierta otros dos marineros de su dotación.

Las dos medallas primeras, se las impuso S. M. don Alfonso XIII en las cercanías de la Torre del Oro de Sevilla, tras una brillante ceremonia en el año de 1922. Mientras el cañonero, pasó a reparar los múltiples impactos recibidos en las dos acciones. Al año siguiente se le reconoció la segunda Medalla Naval y se la impuso el Rey, pero esta vez ya en la capital, Madrid.

Bibliografía:

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