Alvarez de Toledo Osorio y Mendoza, Garcia Biografia

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Biografía de don García Álvarez de Toledo Osorio y Mendoza


Capitán general de las galeras de España.

Consejero de Estado.

Grande España.

VI Marqués de Villafranca.

III Duque de Fernandina.

III Príncipe de Montalbán.

Caballero de la Militar Orden de Santiago.

Conde de Peña Ramiro, etc. etc.

Orígenes

Vino al mundo en la ciudad de Nápoles en el año de gracia de 1587. Siendo el primogénito de don Pedro Álvarez de Toledo, V Marqués de Villafranca y de su esposa doña Elvira de Mendoza y Mendoza.

El año se sabe, por que al cruzarse Caballero de Santiago en el de 1612, en su expediente se dice que tenía veinticinco años.

Hoja de Servicios

En 1606, siendo niño, sirvió como entretenido en las galeras de su padre, don Pedro Álvarez de Toledo, V Marqués de Villafranca. Pero sus largas permanencias a bordo y los muchos encuentros con berberiscos le fueron dando conocimientos que no dejó escapar, por lo que fue ascendido sucesivamente hasta el grado de Capitán de Mar y Tierra, después pasó al grado de Cuatralvo.

Se le nombró Capitán General de las Galeras de España, y a partir de aquí comienza su verdadera epopeya, ya que el transcurso de los años al mando realizó más de sesenta presas a los diferentes enemigos, cayendo dos veces herido.

En el año de 1624 estando la escuadra en su puerto base, Sanlúcar de Barrameda le notificaron que el rey don Felipe IV iba a visitarle, para revistar a sus galeras. Enterado de ello hizo construir una especie de muelle para que el Rey pudiera ver de cerca sus bajeles, al llegar se le demostró todo un ejercicio de preparación de fuego y combate, por lo que S. M. salió muy contento de ver lo efectivo del entrenamiento.

Ese mismo año se le avisó que una fuerza de cinco navíos redondos de la Regencia de Argel se encontraban enseñando bandera navegando muy orgullosos en las aguas de Cádiz.

Preparó sus diez galeras, zarpó de su puerto base y navegó hasta el lugar, pero lo hizo para que coincidiera su arribada siendo de madrugada, por lo que sobre las cinco de la mañana estaban a la vista, comenzó a disparar su artillería pero siempre por las popas de enfilada de los buques enemigos y sobre las once ya del medio día los abordo siendo apresados.

Al año siguiente de 1625, una escuadra al mando del almirante inglés Wimbledon puso sitio a la ciudad de Cádiz, don García siendo los buques enemigos redondos muy superiores en fuego y cantidad, decidió no atacar, limitándose a socorrer a la plaza con alimentos, pólvora y munición, trabajo que podía realizar a la perfección dado el poco calado de las galeras, que le permitían acercarse a la costa sin que le llegaran los proyectiles enemigos, cuya actitud se mantuvo por un tiempo, hasta que los ingleses se convencieron de que no habría forma de tomarla si constantemente eran abastecidos, decidiendo abandonar la presa. (También se puede ganar por aburrimiento, aquí está la prueba)

En uno de sus cruceros, siendo el día veintiséis de agosto en aguas frente a la misma Cartagena, divisó a un bergantín berberisco a la espera de presa, al ver los moros a las galeras quisieron evadirse del enfrentamiento, pero se forzaron remos y se le dio caza. De regresó de esta acción al cruzar frente a Ceuta, divisaron una vela sospechosa y se puso rumbo a ella, al alcanzarla era un buque holandés de carga con mercancías de Alejandría, lo que se supo después de haber sido hecho presa.

En el año de 1628, cruzando sobre la isla de Ibiza, divisó a tres velas, que al acercarse eran holandesas, las cuales estaban cargando sal con el permiso de los isleños, siendo capturadas y castigados los habitantes de la isla.

Ya en el año de 1633, se le encomienda trasladar al cardenal Infante don Fernando, desde el puerto de la ciudad Condal a Génova.

En el año de 1635, carga en Palma de Mallorca a tres mil infantes de la isla y con ellos realiza la toma de la isla francesa de Lerín.

Al año siguiente de 1636, se juntan las escuadras de Nápoles, Sicilia, Génova y Toscana más las de España, en conjunto eran cuarenta y cuatro galeras, con la orden de interceptar a la escuadra francesa, pero está estaba compuesta por ochenta buques redondos y como apoyo dieciséis galeras, don García ante tamaño diferencial de buques y fuerza, volvió a limitarse a bombardear cualquier movimiento que efectuaba la escuadra enemiga y solo con el cañón de crujía de sus galeras.

Esto que aparentemente no era mucho, evitó el desembarco de los franceses en Mónaco, Menton y San Remo, consiguiendo otra victoria por cansancio ya que los franceses decidieron regresar a sus puertos de tolón y Marsella para invernar, pero al mismo tiempo por no poder prestar ayuda al duque de Parma, éste cambió de bando y se puso a favor de los españoles, lo cual no era una gran victoria, pues esto conllevó el romper el apoyo que había por parte de Francia, para separar a Génova de España.

Al año siguiente de 1637, no pudo evitar que los franceses retomaran su isla de Lerín, pero no fue por falta de él si no que los vasos estaban en muy malas condiciones, las pagas atrasadas, lo que hacía que las enfermedades por mala alimentación así como el aumento de las deserciones, no hubieran brazos para hacerlas navegar.

Elevó informe al Rey de todo esto, recomendando poner más interés en la Armada, como regalo a sus desvelos recibió el nombramiento de Teniente General de la Mar. (Anda, cállate y haz lo que puedas)

En el año de 1640, ya con algunas galeras reparadas se encontraba en la mar, le salió al paso el arzobispo de Burdeos que al mando de la escuadra francesa del Mediterráneo reta a don García, pero éste manteniendo aún mayor diferencia de buques, se limita a cumplir con su trabajo, que no era otro que estar constantemente molestando a cañonazos a la escuadra francesa y si ésta hacía por él, se retiraba con prontitud pero nunca sin perderlos de vista, al mismo tiempo que se mantenía el abastecimiento de las plazas que estaban siendo amenazadas especialmente la de Finale.

El mismo arzobispo escribió a su Rey en estos términos: «un des plus grands capitaines du monde», no se equivocaba en absoluto.

En este mismo año, con su escuadra consigue abortar el ataque sobre Tortosa, que los franceses estaban a punto de conquistarla.

En la misma guerra, logra meter en el puerto de Rosas a un convoy con socorros compuesto de treinta y cinco velas, estando a la vista de la escuadra enemiga y de regreso sobre las aguas de Blanes volviendo a atacar de enfilada a su gran enemigo el galeón francés Lion d’Or, que era el más poderoso de la flota francesa, lo consigue abordar y rendir.

Las cosas no iban bien, por lo que pasa el Estrecho la Armada del Océano al mando de su hermano menor don Fadrique en apoyo de las galeras, que se habían reunido todas las escuadra la de España a su mando, Nápoles, Sicilia y Génova, pero al pasar los galeones su Capitán General estaba subordinado al de las Galeras de España, reuniendo en total a cuarenta y una de las galeras, consiguiendo llevar los socorros a las plazas de Rosas, Colibre y Perpiñan, ante esta considerable fuerza los franceses optan por dejar la mar por los españoles.

Pero en la Corte, el valido Conde-Duque de Olivares convenció al Rey de que se podía haber aprovechado la ocasión y terminar con la escuadra francesa del Mediterráneo, por lo que sin ni siquiera un juicio se le encierra preso en el castillo de Odón.

En 1643 el Conde-Duque sufre su caída, por lo que inmediatamente se repone a don García al mando de sus galeras de España.

El ministro don Manuel Pantoja, le ordena que envíe dos galeras y su persona con ellas, para asesorarle si ha sido conveniente o no, ó si era dejadez de los mandos y que realmente las circunstancias no les habían dejado más rumbo que dirigir una arribada forzosa sobre Gibraltar a una flota proveniente de Tierra Firme, pero el ministro recibió por respuesta una gran evasiva con muchas y sonoras disculpas, pero don García no hizo ningún caso ni movió un dedo, bueno eso sí la firmó, pero él seguía estando muy enfadado por el comportamiento del Rey con su persona y como ha quedado demostrado no olvidaba fácilmente.

Este hecho fue conocido por el pueblo y ya sabemos que los andaluces con su gracejo habitual a todo le ponen prosa, por lo que comenzó a correr un papelito con la siguiente aleluya:

La guerra no tiene cortesía;

no quiero nada con el avería.

Beso las manos a Vuestraseñoría.
Del Puerto de Santa María.

De Toledo, Don García.

Continuó prestando sus servicios en al guerra contra Francia y a continuación socorrió la plaza de Orán, con esta acción meritoria elevó petición de licencia para regresar a su Mayorazgo, el cual llevaba ya muchos años sin poder atender debidamente.

Pero don Felipe IV se lo negó, nombrándole Consejero de Guerra de su Real persona.

De todas formas y como era costumbre, presentó sus cuentas al Monarca del tiempo que estuvo al mando de las Galeras de España, en la relación que hace de ello no se oculta ni teme al propio Monarca, ya que entre sus líneas le deja caer:

«Que las arcas reales habían faltado en varias ocasiones a sus obligaciones de pago, tanto a los oficiales como a las tropas y marinería, ello le había obligado a pagar él de su patrimonio la cantidad de cuarenta mil ducados, solo para dar de comer a todos; y que fue preso sin saber la causa, por lo que estaba dispuesto a servir de aventurero a S. M. que de general.»

Permaneció hasta el último día de su vida al lado del Rey en su alto puesto de Consejero de Guerra, sobreviniéndole el fallecimiento en la Villa de Madrid el 21 de enero de 1649.

Casado con doña María de Mendoza y Mendoza, hija de los VI duques del Infantado. No tuvieron descendencia.

Bibliografía:

Bauer Landauer, Ignacio.: Don Francisco de Benavides cuatralvo de las galeras de España. Madrid 1921.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1895-1903.

O‘Donnell y Duque de Estrada, Hugo.: Los Álvarez de Toledo el Mar. Junta de Castilla y León. María del Pilar García Pinacho (Ed.) Los Álvarez de Toledo Nobleza viva. 1998.

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