General Concha (1887)

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 Foto del cañonero General Concha.
General Concha.
Colección de don Alfredo Aguilera.

Construcción:

Clasificado como crucero de 3ª clase, por su artillería de 120 mm, era en realidad un cañonero con casco de hierro de 1ª clase, por su tonelaje y escasa velocidad. Pertenecía a la serie Elcano.

Se colocó su quilla en Esteiro, Ferrol, el 1º de mayo de 1882. Botado el 28 de noviembre de 1883. Costó 312.500 pesetas.

Desplazaba 548 toneladas. Medía 48 metros de eslora, 8 de manga, 4,19 de puntal y 3,40 de calado. Tripulado por 95 hombres.

Con una máquina de 600 caballos, construida por la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona, y dos hélices, tenían una velocidad de 11,5 nudos y radio de acción de 1.200 a 1.300 millas. Capacidad para llevar 80 toneladas de carbón.

Armado con 3 cañones Hontoria de 120 mm, 2 ametralladoras Nordenfelt de 25 mm, una de 11 mm y un tubo lanzatorpedos.

Historial:

Entregado a la Armada en 1887. Junto a su gemelo Magallanes, es enviado a las Antillas, teniendo por base el apostadero de la Habana. En septiembre de 1897 presta servicios al mando del teniente de navío de 1ª don Rafael Navarro y Algarra.

Es enviado a Puerto Rico, teniendo una destacada actuación durante la guerra con Estados Unidos en defensa de la isla contra la escuadra norteamericana. El 28 de junio de 1898 salió de puerto con el crucero Isabel II y el cañonero Ponce de León para proteger al vapor mercante Antonio López, que salió de Cádiz el 16 de junio cargado con cañones y municiones para Puerto Rico. El crucero auxiliar norteamericano Yosemite hizo embarrancar en Arecibo al Antonio López, que no se encontraba armado. Los disparos de los buques españoles obligaron a que se retirara el vapor norteamericano, que estaba armado con 10 cañones de 127 mm. En los días siguientes se recuperó la carga del vapor español y se procedía a reflotarlo cuando apareció el crucero protegido norteamericano New Orleans, que acabó por incendiarlo y destruirlo el 16 de julio.

Perdida la guerra, abandonó Puerto Rico con el crucero Isabel II, cazatorpedero Terror y el cañonero Ponce de León, zarpando el 14 de septiembre de 1898 rumbo a Canarias.

Una vez que llegó a España, es reparado y se cambió su artillería, pasando a disponer de 4 cañones de 42 mm y 3 ametralladoras Maxim. Comenzó a realizar servicios de patrulla en las costas del norte de África. A mediados de septiembre de 1907 salió de Cádiz para Larache, quedando allí por un tiempo como base de operaciones.

Al comienzo de la guerra con Marruecos en 1909 siguió patrullando la costa y apoyando al ejército en sus operaciones. El 11 de junio de 1913, cuando se dirigía al Peñón de Alhucemas con espesa niebla, embarrancó en la ensenada de Busicut, a unas cinco millas de Alhucemas. Estaba al mando del capitán de corbeta don Emiliano Castañón Hernández desde hacía tres meses. Había salido de Málaga con víveres rumbo a Algeciras. Al sorprenderle un fuerte levante tuvo que entrar en la localidad granadina de Almuñécar, de donde salió rumbo a Alhucemas.

Estando varado y sin posibilidad de moverse, los moros comenzaron a disparar contra el cañonero desde una posición elevada. Cayó muerta o herida buena parte de la tripulación, entre ellos su comandante, el capitán de corbeta Castaño Hernández, continuando la defensa el alférez de navío don Rafael Ramos Izquierdo, puesto que el segundo al mando se encontraba disfrutando de licencia. Se decidió tirar al agua el material de guerra y abandonar el cañonero, siempre bajo el fuego continuo del enemigo. Un bote salió del cañonero Concha y otro llegó desde el cañonero Lauria. El último de los marineros fue rescatado a los cinco menos veinte de la madrugada del 12 de junio.

Los restos del cañonero fueron destruidos al día siguiente por el fuego de varios buques españoles llegados al lugar, el crucero Reina Regente y los cañoneros Lauria y Recalde.

Trece tripulantes tuvieron la desgracia de caer prisioneros, falleciendo uno de ellos a causa de las heridas. Los moros exigieron 250.000 pesetas por su liberación, lo que no fue aceptado. Dos de los prisioneros fueron entregados en Alhucemas el 17 de junio y otros cinco se escaparon una semana después, el 26 de junio. Con el pretexto de lavarse en la playa y ayudados por dos confidentes, embarcaron en un bote y remaron durante dos horas, perseguidos por los moros, hasta embarcar en el cañonero Recalde, que les estaba esperando, pues el comandante militar de Alhucemas tenía conocimiento de la fuga. Poco después serían liberados el resto de los prisioneros.

Bibliografía:

Aguilera, Alfredo y Elías, Vicente.: Buques de guerra españoles, 1885-1971. Editorial San Martín. Madrid, 1980.

Bordejé y Morencos, Fernando de.: Crónica de la Marina española en el siglo XIX, 1868-1898. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 1995.

Coello Lillo, José Luis, Rodríguez González, Agustín Ramón.: Buques de la Armada española a través de la fotografía (1849-1900). Ministerio de Defensa. Instituto de Historia y Cultura Naval. Aqualarga. Madrid, 2001.

Franco Castañón, Hermenegildo.: Los apostaderos y estaciones navales españolas en Ultramar. Empresa Nacional Bazán, 1998.

El Mundo Naval Ilustrado. Año 1, nº 11. Madrid, 1º de octubre de 1897, página 264.

Periódico ABC. Viernes, 13 de junio de 1913, página 6.

Periódico La Vanguardia. Martes, 17 de septiembre de 1907, página 9.

Periódico La Vanguardia. Viernes, 6 de marzo de 1908, página 7.

Periódico La Vanguardia. Sábado, 14 de junio de 1913, página 8.

VV.AA.: El Buque en la Armada española. Editorial Sílex. Madrid, 1999.

Compilada por Santiago Gómez.

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