MacDonell, Enrique Biografia

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Biografía de don Enrique MacDonell


Retrato al oleo de don Enrique MacDonell. Teniente general de la Real Armada Española.
Enrique MacDonell.
Cortesía del Museo Naval. Madrid.


Teniente general de la Real Armada Española.

Orígenes

Nació en 1748.

Descendiente de una familia irlandesa que vino a refugiarse en España al ser perseguida por su fe católica.

Hoja de Servicios

Ingreso el 14 de enero de 1764 prestando sus primeros servicios en el ejército como subteniente en el regimiento de Ultonia, siendo ascendido el 11 de diciembre de 1769 al grado de teniente, y con fecha del 20 de enero de 1774, se le ascendió al grado de capitán.

Su inclinación le llevó a pedir pasar a la Armada, efectuándolo el 9 de julio de 1776, siéndole asignado el grado de teniente de fragata (equivalente al de capitán del ejército que ostentaba), pero esto no le evitó pasar los pertinentes exámenes, al aprobarlos se le ordenó embarcar en el navío Paula, pasado un tiempo por orden superior trasbordó al jabeque Garzota, de éste un tiempo después a la fragata Carmen, perteneciente a la división de don Félix de Tejada, combatiendo contra dos jabeques de la regencia de Argel, los cuales huyendo se refugiaron en la ensenada de Melilla, pero allí mismo se le prendió fuego.

En 1777 trasbordó al jabeque Pilar, realizando varias campañas en corso, al regresar de una de ellas se le ordenó trasbordar al navío San Isidro, continuando en la misma comisión.

El 15 de agosto de 1779 embarcado en la fragata Magdalena, se enfrentó a otra británica de mayor porte, cuando se encontraba de crucero sobre las islas Terceras, en el combate fue herido pasando así su bautismo de sangre en la mar.

Se le otorgó el mando del chambequín Andaluz, zarpando incorporado a la escuadra del general don José Solano, arribando al Apostadero de la Habana.

A petición propia el 8 de abril de 1781 embarcó en el navío San Gabriel, formando parte de la expedición para desalojar a los británicos de Penzacola, lugar en el que saltó a tierra al mando de la tercera compañía del cuarto batallón de Infantería de Marina, participando muy activamente en cuantos enfrentamientos tuvieron lugar, al ser conquistada la plaza regresó a la Habana donde recupero el mando de su buque.

En 1782 estando embarcado en la fragata Matilde, participó en la rendición de la isla de Roatán y demás posesiones británicas, donde fue herido en el segundo ataque, a pesar de ello permaneció hasta la total conquista de la isla.

Se encontraba en el puerto de Trujillo en la costa de Honduras, cuando se le otorgó el mando de la balandra Santa Ana, para dar escolta a unos buques más pequeños que transportaban cuatrocientos hombres para ser desembarcados en el río Tinto, posesión británica que debía de ser tomada, al terminar las operaciones militares con la recuperación del territorio, entregó el mando de su buque, embarcando de nuevo en su fragata de destino y regresando a la Habana, donde al llegar se le devolvió el mando de su chambequín, permaneciendo hasta recibir la Real orden del 23 de julio de 1782, comunicándole su ascenso al grado de capitán de navío. Obsérvese que, por no haber pasado por la Compañía, a pesar de ostentar el grado de capitán de fragata, solo se le otorgaba el mando de buques menores.

Se le ordenó transportar pliegos en su regreso a la península, para ello embarcó de transporte en la corbeta Diligencia, zarpando el 25 de noviembre, navegando por las aguas al norte de las islas Bermudas el 4 de diciembre siguiente avistaron un buque pirata británico, a pesar de su mayor poder artillero se entabló combate, como consecuencia el enemigo se fue a pique, arribando sin mayores sobresaltos a la bahía de Cádiz, de donde pasó a la Corte.

Regresó a Cádiz y se le otorgó el mando del navío Santo Domingo, navegando por las aguas de la península hasta recibir la orden de arrumbar a Ferrol, donde al arribar desembarcó por pasar a desarme su buque, con la orden de incorporarse a su Departamento de Cádiz, al llegar se le entregó la capitanía del puerto en el mes de julio de 1787, permaneciendo en su destino hasta mayo de 1789.

Por haber solicitado pasar a la escuadra del reino de Suecia como voluntario, por encontrase este país en guerra con el imperio Ruso, fue admitido en la Armada de éste país, recibiendo la orden de embarcar en el jabeque Odden, participando el 24 de agosto de 1789 en el combate de Swens-Kend, en la desembocadura del río Kymmené en parte de la actual Finlandia entonces en poder de Rusia, estando la flotilla sueca compuesta por cuatro buques al mando del almirante conde de Ehrenswerd y la rusa con siete a las del príncipe de Nassau, el combate tuvo una duración de seis horas y media, viéndose obligado a rendir su buque por tener más de la mitad de la dotación fuera de combate y solo cuatro cañones podían hacer fuego, por ello fue hecho prisionero.

Para obtener su libertad, prometió bajo palabra de honor a los rusos no servir más en la Armada de Suecia, promesa que no quiso quebrantar a pesar de las insistencias del Rey de Suecia.

El rey Gustavo de Suecia, le condecoró con la Cruz de Orden de la Espada y le ofreció un espadín de honor con el puño de oro y la fecha del combate grabada, pero no quiso aceptar tales honores, por considerar que no era merecedor de ellos, pues sólo había cumplido con su obligación de marino militar. Este proceder le fue agradecido por Secretario de marina el Baylío don Antonio Valdés.

El rey Gustavo de Suecia insistió queriéndole entregar el mando de una pequeña flota, pero continuó negándose, razón por la que el Soberano sueco escribió a don Carlos IV, tratando de convencer al Monarca español para que exculpara de la palabra dada a MacDonell y así poder contar con él en la Armada sueca, a ello S. M. le contestó que él no era responsable de las palabras dadas por su marinos y si así fuera, iría en contra del honor de cada uno de ellos, no estando en su poder lo demandado siéndole imposible obligarle, por contra escribió don Carlos IV a MacDonell, con palabras laudatorias por su demostrado arrojo y conducta en las circunstancia del momento.

Convencido el Rey Gustavo de no poder contar con el apoyo de MacDonell, como en su palabra de honor no se incluía poder dar consejos, se le convocó al cuartel general de Kimenegord para asistir a uno de Guerra de Generales de mar y tierra, al plantearse la cuestión dio su opinión, siendo tan acertada, que todo el consejo la aprobó sin titubeos.

Regresó incorporándose a su Departamento de Cádiz, donde el 19 de mayo de 1795 se le otorgó el mando del navío San Nicolás, permaneciendo hasta el 6 de febrero de 1796, por trasbordar al Ángel de la Guarda, zarpó con rumbo a la Habana donde fue comisionado como guardacostas, recibiendo la orden de trasbordar al San Ramón, permaneciendo en aguas de Tierra Firme, volviendo a trasbordar al Ángel de la Guarda, hasta recibir la orden del 4 de septiembre de 1799 de regresar a la península, los medios eran tan justos que el viaje lo tuvo que realizar vía los Estados Unidos en buques de pasaje o mercantes.

Al llegar quedó desembarcado, por ello solicitó el retiro de la Armada, siéndole concedido con fecha del 23 de enero de 1802, pero al mismo tiempo renunció a cobrar lo que le correspondía de retiro.

Al producirse el ataque el 5 de octubre a la división de fragatas al mando del general don José de Bustamante, por parte de otra británica en tiempo de paz, el Gobierno declaró la guerra al Reino Unido el 12 de diciembre del mismo año 1804, llegada la noticia solicitó regresar al servicio activo, aunque fuera perdiendo dos o tres grados, el Gobierno se negó a admitir tanta abnegación.

Por ello se le otorgó el mando del navío Rayo al mantener su grado de brigadier, participando en el combate de Trafalgar, teniendo una actuación destacada, estando por encima de las deficiencias de su navío, pues era el más viejo de la escuadra española, lento en las viradas y navegación en bolina, siendo un buque con buenas condiciones solo con vientos largos, en las restantes situaciones era muy complicada su maniobrabilidad.

Fue uno de los que al darse la orden de -virada en redondo a un tiempo- del vicealmirante francés Villeneuve, se quedó a sotafuego como algo más de tres millas, por ello prácticamente no pudo entrar en combate, siendo uno de los que logró regresar a la bahía de Cádiz el 22, pero por no estar castigado esa misma noche zarpó de nuevo para tratar de dar remolque a otros compañeros, como consecuencia de continuar arreciando el duro temporal que se desató y su mal comportamiento, fue arrastrado sobre la Torre Carbonera donde embarrancó en Arenas Gordas perdiéndose.

Por la promoción en agradecimiento de S. M. a todos los que habían participado en el desafortunado día, firmó la Real orden del 9 de noviembre siguiente, siendo ascendido al grado de jefe de escuadra.

Al producirse el alzamiento nacional del 2 de mayo de 1808 contra el invasor napoleónico, fue comisionado junto al oidor don Pedro Creux, para abordar el navío insignia de la escuadra británica, para tratar de poner fin a la guerra con el Reino Unido, pues España no podía estar en guerra contra dos países al mismo tiempo, cuando ellos ya lo estaban entre sí, fue el principio que puso fin definitivo a la guerra y se convirtieron en aliados.

Participó en los combates contra la escuadra francesa al mando del almirante Rosilly, siendo los restos del combate de Trafalgar, teniendo lugar entre el 9 y 14 de junio 1808, terminando con la rendición incondicional de los franceses.

Al regreso a la península de don Fernando VII, firmó la Real orden del 14 de octubre de 1814, siendo ascendido al grado de teniente general.

La grave situación económica del país había llegado al extremo de solo cobrar en los últimos años un sueldo, lo que llevó a muchos a tener que buscar algo para comer, éste fue el caso de MacDonell, sintiéndose muy mal por su enfermedad solicitó ser atendido en el hospital militar de Cádiz, siendo admitido el 25 de junio de 1815, permaneciendo en él hasta el 30 de agosto de 1816.

El Gobierno se enteró de su situación y quiso mejorarla, pues todo un teniente general de la Real Armada era incapaz de poder comer todos los días, razón por la que fue nombrado el 24 de enero de 1817 Ministro del Supremo Consejo del Almirantazgo, pero surgió el problema ocasionado por la compra de la escuadra rusa, don Fernando VII por Real orden del 22 de diciembre de 1818 disolvió el Almirantazgo, por ello MacDonell regresó a su casa en la ciudad de Cádiz. Falto de todo recurso y gravemente enfermo, solicitó su ingreso en el hospital militar de Cádiz, donde falleció el 23 de noviembre de 1823, al parecer por un problema de próstata, hundido en la mayor de las miserias.

Don Francisco de Paula en su obra, dice: «Hasta aquí hemos tenido una verdadera complacencia narrando la vida de este esclarecido marino: el historiador biógrafo goza al recordar las hazañas, los servicios, la sangre vertida, el desprendimiento de un valiente que ha gastado su ardorosa juventud, su edad madura en los procelosos mares, arrostrando los peligros, las balas, las fatigas, los padecimientos, las escaseces, patrimonio constante de la azarosa vida del marino; mas al historiador biógrafo tambien alcanzan las amarguras sensaciones, cuando al reverso de esa medalla en que van esculpidos gloriosos recuerdos, se halla la palabra ingratitud.»

Añadiendo: «…sobre su sepulcro, dice muy bien un escritor contemporáneo, deberían esculpirse estas tres palabras: Kymmené, Trafalgar, Ingratitud.»

Bibliografía:

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