Marquina y Fitz-Gerald, Felix Berenguer de Biografia

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Biografía de don Félix Berenguer de Marquina y Fitz-Gerald


 Retrato de don Félix Berenguer
Félix Berenguer de Marquina y Fitz Gerald.
Cortesía del Museo naval. Madrid.


Teniente general de la Real Armada Española.
Gobernador y Capitán General de Filipinas.
Virrey de Nueva España.

Contenido

Orígenes

Vino al mundo en la ciudad de Alicante a lo largo del año de 1736, siendo su padre don Ignacio Berenguer de Marquina y su madre doña María Fitz-Gerald y Stanton. Nació en la misma ciudad de sus antepasados con nobleza perteneciente a la Orden de San Juan de Jerusalén y su madre, nacida el Corck, Irlanda, descendiente directa del conde de Desmond, quien fue decapitado en Lirna por ser católico, por orden expresa de la reina Isabel I de Inglaterra, esta fue la razón que les llevó a tomar la decisión de emigrar a España toda la familia.

Hoja de Servicios

El día 3 de agosto del año de 1753 cuando contaba con diecisiete años ingresó como cadete en el regimiento de infantería de la Reina, pero su inclinación era la mar, por ello solicitó y se le otorgó la Carta-orden de ingreso en la Compañía de guardiamarinas del Departamento de Cádiz, donde sentó plaza el día 30 de abril del año de 1754. Las materias que se enseñaban en la Compañía eran: matemáticas, física, teoría y práctica de la artillería, construcción de buques, maniobras, fortificaciones, dibujo, esgrima, baile, inglés y francés. Expediente N.º 723.

Al parecer era muy buen estudiante, ya que pasó por los dos grados de aspirante en el mismo año, aparte de destacar en las matemáticas, ya que el día 23 de julio del año de 1756 se le otorgaron dos premios en los dos certámenes que se presentó, y el día 19 de agosto otro de navegación. Se le ordenó embarcar para comenzar sus prácticas de mar en el navío Europa el día 10 de octubre del mismo año de 1756, pasando posteriormente al jabeque Ibicenco con el que participó en algunos combates por estar en misión de corso, que indiscutiblemente era una buena forma de curtir a los hombres.

El día 1 de marzo del año de 1757 se le entregó su primer grado de oficial, alférez de fragata, pero por su demostrada capacidad se le confió el cargo de tercer maestro de matemáticas en la misma compañía, donde pasados unos meses se extendió su magisterio a las especialidades de aritmética, geometría, trigonometría, cosmografía, álgebra, estética, mecánica hidráulica e hidrostática, dibujo, cartografía, pilotaje y artillería.

Estando en la compañía recibió la Real orden del día 13 de julio del año de 1760 por la que se le ascendía al grado alférez de navío y pasados algo menos de nueve años, volvió a recibir otra Real orden con fecha del día 1 de junio del año de 1769 por la que se le notificaba su ascenso al grado de teniente de fragata graduado (sin antigüedad) mientras él, había continuado en su destino.

Al ser ascendido tuvo que abandonar la Compañía para cumplir su tiempo de embarco, siendo destinado al navío Astuto, con el que cruzó sobre las aguas del Mediterráneo oriental, siempre en misión de corso. Recibiendo una Real orden con fecha del día 1 de junio del año de 1773, por lo que se le reconocía el grado que ya ostentaba, pasando a contarle la antigüedad, pero debía cumplir su periodo de mando a bordo, para ello se le otorgó el mando de la urca San Carlos, con la que realizó un viaje a Cartagena de Indias y la Habana con pertrechos, arribando de nuevo a la bahía de Cádiz el día 2 de febrero del año de 1774, siendo destinado de nuevo a la Compañía de Guardiamarinas continuando como profesor en matemáticas.

Se encontraba en su destino cuando recibió la Real orden de fecha del día 26 de marzo del año de 1776, por la que se le ascendía al grado de teniente de navío, pasando a cumplir con su tiempo de mar embarcado en el navío Princesa, al terminar continuó en la misma Compañía, hasta que recibió otra Real orden con fecha del día 7 de agosto del año de 1779, por la que se le notificaba su ascenso a capitán de fragata, pasando a ser el segundo comandante del navío San Isidoro, en el cual permaneció el prescrito año de práctica, al finalizar pasó a un nuevo destino en el Departamento de Cartagena, como Director del Cuerpo de Pilotos de la Real Armada, que se encontraba en el mismo.

Por Real orden del día 3 de septiembre del año de 1780, se le comunica su ascenso al grado de capitán de navío (por lo que solo había estado algo más de un año en el grado anterior), continuando en su destino, hasta la llegada de otra Real orden del día 27 de febrero del año de 1781, por la que se le ordena tomar el mando interino como Comisario Provincial del Real Cuerpo de Artillería de Marina, pero sin dejar su anterior de la Dirección del Cuerpo de Pilotos.

A pesar de haber ascendido tan rápido, en la concluida guerra contra el Reino Unido no se le había dado mando de mar, provocándole un sentimiento de malestar en su propio honor por no haber podido participar en la defensa de su Rey y de España. Para poder quedar tranquilo consigo mismo se decidió a que se le otorgara algún mando en la expedición, que a las órdenes del general don Antonio Barceló se estaba formando en el mismo Departamento, elevó petición de ello a S. M. pero sin condiciones y aunque fuera al mando de las lanchas cañoneras, por sus conocimientos en artillería, o bien si no era posible, como simple marinero aventurero renunciando a su grado, pero el Rey dadas sus notables dotes docentes se la denegó.

Con fecha del día 23 de noviembre del año de 1783, cesó en el cargo de la Artillería por llegar su propietario, permaneciendo en la Dirección del Cuerpo de Pilotos, esto le permitió escribir unos tratados sobre ello: « Dictamen sobre algunos puntos que convendrían establecer en el cuerpo de pilotos para mejor servicio del Rey y de la Marina », « Derrota que debe seguirse desde la bahía de Cádiz al de las diversas recaladas que se hacen en las islas de Barlovento, para varios puertos de América » y « Derrota catorce », « Derrota de la Martinica a Maracaibo, Santa Marta y Cartagena » (De Indias)

Continuaba en su destino cuando le llegó la Real orden del día 10 de marzo del año de 1787, por la que se le destinaba a las islas Filipinas, como su Gobernador y Capitán General y Presidente de Real Audiencia, por la gran estima que el Rey le tenía, no pudo dejar su mando hasta la llegada del nuevo propietario, por ello solo a finales del mismo año pudo desplazarse a la bahía de Cádiz, donde embarcó en una urca de guerra y realizó el viaje, por la ruta portuguesa, o sea doblando el cabo de Buena Esperanza.

Arribó a su destino sin contratiempos y tomó posesión de él, con su carácter pronto se hizo querido de los habitantes de las islas. Le llegó una Real orden con fecha del día 19 de septiembre del año de 1789, por la que se le notificaba su ascenso al grado de brigadier.

Fue el que recibió a la expedición de Malaespina a su arribada al archipiélago y al mismo tiempo, demostrando ser también un buen marino, pidió se le dotara de algún dinero para levantar y proveer un apostadero, en el que vistas las necesidades de su capitanía era necesario poder construir buques, que aunque pequeños pudieran dominar la mar y la multitud de islas, consiguiendo dotar a las fuerzas navales de una pequeña escuadrilla de galeras, pero las cuales llevaban varios cañones en las bandas de pequeño calibre.

Como hombre ilustrado propio de su siglo, escandalizó a la Corte al proponer en su: « Plan de reformas del gobierno de Filipinas » entre otras cosas, que se abriera al comercio en general las islas, para que así proporcionaran más fondos, al mismo tiempo, que proponía que a forma de los territorios de América, se formalizara en Virreinato aquellas islas, para darle mayor fuerza a la presencia española y el mismo trato, sin dejarlas en el olvido en que se encontraban. Y no dudó en utilizar su propio dinero para la compra de medicamentos, para aliviar los males de la población indígena, que estaba sufriendo una epidemia de viruela.

Seguramente esto asustó al Gobierno y a S. M., por lo que recibió una Real orden del día 10 de julio del año de 1794, por la que se le cesaba en su cargo, esperó la llegada de su relevo y embarcó en la nao Magallanes con rumbo a Acapulco, atravesando por tierra hasta llegar al puerto de Veracruz en el virreinato de Nueva España ambos, donde embarcó con rumbo a la Habana y desde aquí de trasporte en el navío San Carlos, arribando a la bahía de Cádiz el día 19 de abril del año de 1795. Por lo que le dio la vuelta al mundo y ganó un día en su vida.

Recibió la Real orden del día 12 de mayo siguiente para presentarse en la Villa y Corte, para pasar el juicio de Residencia pues de su cargo debía rendir cuentas, le llevó casi cuatro meses las reuniones con el Consejo Supremo de Indias, del que salió con todos los pronunciamientos favorables y como gratitud el Rey firmo una Real orden con fecha del día 5 de septiembre del mismo año, con su ascenso al grado de jefe de escuadra, quedando en la misma Corte por no tener destino.

Por Real orden del día 8 de noviembre del mismo año de 1799 se le otorga: «…los referidos de virrey, gobernador y capitán general del reino de Nueva España y presidente de su real audiencia al Jefe de Escuadra de mi Real Armada, don Félix Berenguer de Marquina, a quien desde luego que presente es mi Real Decreto se le pondrá en el mando u posesión de ambos, sin omitir jurarlos, arreglo a estilo, estatutos y reales derechos militares y políticos » Pero como no podía quedar así se le entregó otra Real orden del día 21 de diciembre siguiente, por la que se le ascendía al grado de teniente general.

Se puso en camino al Arsenal de Ferrol, donde al llegar embarcó en el bergantín Cuervo buque correo Real, desde donde zarpó a mediados del mes de enero del año de 1800, cuando se encontraba ya en la sonda de Campeche el día 17 de febrero siguiente, fueron descubiertos por una fragata británica, la Alarm que obviamente les atacó, pero don Félix pudo deshacerse de sus documentos de nombramiento, para no ser una carga más dura para su rescate, pasando así de virrey a teniente general, dato que se les escapó a los enemigos; siendo transportados presos a Jamaica donde arribaban el día 4 de marzo, pasando el día 9 a dirigir un escrito al almirante británico de la escuadra allí destacada Hyde Park, al que le pidió ponerlo en libertad bajo palabra [1], accediendo el británico si no recibía orden en contra de sus jefes, por lo que hasta que le confirmara su situación mantuviera su palabra de saberse prisionero, embarcó en la goleta Providencia y el día 27 de marzo zarpó del puerto de Kingston, siendo desembarcado en Veracruz a su arribo el día 11 de abril.

Llegado a la capital, Méjico, tomó posesión de su cargo el día veintinueve de abril del mismo año. Pero hubo un dato que posiblemente fuera la causa de no permanecer el tiempo marcado como normal en su cargo y es que a la llegada del nuevo virrey entre otros festejos y bailes, se celebraba una corrida de toros, que venía en parte a sufragar los gastos del recibimiento, pero don Félix era contrario a ellas y no solo impidió se celebrara la de su llegada, sino que la prohibió durante todo su mando, esto al parecer no gusto nada al pueblo y derivó en protestas, que al final causaron su cese en tan alto cargo.

Un breve resumen de su mandato, es complicado porque así era don Félix ya que sobre todo era militar y ciertas cuestiones no eran de su agrado, por ejemplo mandó que la gente fuera vestida como era natural, no con andrajos que se ponían para llamar la atención, siendo una muestra de dejadez y vagancia, bajo pena de ocho días de cárcel, esto lógicamente se extendía y con mayor rigor a actos católicos. Pero a su vez, también dio una Orden que en su parte más jugosa decía: «…que todas las mujeres del virreinato están facultadas para trabajar en las artes en que quisieran ocuparse y fueran compatibles con el decoro y el sexo…»

En la parte más militar, estaban agudizándose los movimientos independentistas, al mismo tiempo que era más normal ver el contrabando que ejercían los jóvenes Estados Unidos y los británicos desde su isla de Jamaica, cuestión que se sabía, pero llevaría a la peor de las consecuencias, ya que la falta de buques impedía ejercer un autentico dominio de la mar.

A pesar de todo, lo que más le afectaba era la falta de confianza del pueblo. Ya que utilizaba una treta que a veces no le salió bien, pero en la mayoría de los casos recogía información de primera mano, consistiendo ésta en vestirse como el pueblo llano, salir a hurtadillas del palacio virreinal y mezclarse con ellos, en mercados y otros lugares, por lo que se apercibió que el tema de los toros no era bien acogido, lo que le convenció para elevar petición a S. M. de cesar en el puesto, antes de que las circunstancia y el pueblo se pusieran en contra del Rey, a lo que añadía su avanzada edad y achaques, por ello le fue aceptada y el día 4 de enero del año de 1803, entregaba el simbólico bastón de mando a su sucesor don José Joaquín Vicente de Iturrigaray.

Así el día 11 siguiente embarcaba en el puerto de Veracruz en una urca de guerra con rumbo al puerto de Santander, donde desembarcó el día 10 de mayo y desde éste por tierra se desplazó a Cartagena donde llegó el día 14 de julio siguiente.

Un tiempo después recibió la Real orden de presentarse en Madrid, para pasar el correspondiente Juicio de Residencia, ante el Consejo Supremo de Indias, del que volvió salir con todos los pronunciamientos favorables, ya que incluso había consolidado los ingresos del virreinato, en época que comenzaban a descender. Hay que decir, que de los fondos recaudados por el virreinato de Nueva España, dependían todo el que llegaba a California [2], Arizona, Nevada, Utah, Nuevo Méjico, Colorado y Tejas[3] por el N, por el S. al Virreinato de Nueva Granada, más todo lo que comprendía a las Antillas y Caribe, incluida La Florida, siendo quizás el más vasto territorio de toda la América Continental.

A su regreso a la capital del Departamento, como no se le dio ningún destino, elevó al Rey licencia para vivir en cualquier lugar que fuera perteneciente al mencionado Departamento, por esta razón estuvo primero un tiempo en la capital de Murcia, de donde buscando mejor ambiente para sus años se estableció un tiempo en la ciudad de Alicante y posteriormente en la de Valencia, estando en ésta fue llamado al Departamento, donde por Real orden del día 11 de marzo del año de 1809, se le nombró capitán general interino de él, permaneciendo en su puesto hasta la llegada del propietario el día 20 de junio siguiente.

Volvió a elevar demanda de licencia, para viajar al Departamento de Cádiz, por asuntos particulares, siéndole concedida por Real orden del día 15 de noviembre siguiente. Estando aquí y al terminar de solucionar sus asuntos, pidió al Consejo Supremo de Regencia licencia para viajar a su tierra, se le concedió por Real orden del día 17 de enero del año de 1810, llegando a su casa en la ciudad de Alicante.

Encontrándose en ella le llegó la orden de regresar a Cartagena, para lo que desde el Arsenal había zarpado la polacra Carmen, que fue su comandante el que levó la orden y embarcó de transporte en ella, para ser trasladado al Arsenal, arribando el día 20 de abril del año de 1811. Pero como los avances y retrocesos de las tropas napoleónicas eran constantes, se le ordenó por el Consejo Supremo de la Regencia con fecha del día 29 de julio del año de 1812, para que pasará a Cádiz a residenciarse, al transcurrir el tiempo y alejado el peligro de su ciudad natal, se le volvió a dar licencia para regresar a su casa en Alicante.

Por el levantamiento del general Riego en Cabezas de San Juan el día 7 de marzo del año de 1820, dio lugar a la implantación de la Constitución y al periodo llamado Trienio Liberal, que duró hasta la entrada en la Península de los llamados ‹ Cien mil hijos de San Luis › al mando del duque de Angulema, quien fue avanzando hasta amenazar Madrid, lo que obligó a abandonar la ciudad a S. M. don Fernando VII, el Gobierno y las Cortes, con destino a la ciudad de Sevilla y de aquí a la ciudad de Cádiz.

Hasta que el día 1 de octubre ya sin posibilidad de resistencia, el Rey se trasladó al cuartel general del duque de Angulema, que estaba asentado en la población del Puerto de Santa María, donde se le ratificaron sus poderes absolutos y por Real decreto de éste mismo día del año de 1823 todo regresaba a la situación del día 7 de marzo del año de 1820, cuando el Rey fue obligado a jurar la Constitución, como consecuencia de este R. D. quedó abolida.

Aunque don Félix no había intervenido para nada, ni en el levantamiento ni en la política, como todos los militares se le obligó a pasar el juicio de purificación, del cual salió con todos los parabienes, pero a pesar de ello tuvo que jurar fidelidad a don Fernando VII, acto que tuvo lugar el día 25 de junio del año de 1825, así le fueron entregados los sueldos que le habían sido retenidos durante el tiempo, en que don Fernando había recuperado sus poderes y la fecha de celebración del mencionado juicio.

Regresó a su casa en Alicante, donde le sobrevino el óbito el día 30 de octubre del año de 1826, por ancianidad, pues contaba con noventa años de edad y de ellos, setenta y dos de servicios continuados a España y su Rey.

Durante su estancia en la ciudad de Murcia, se le nombró miembro de la Sociedad de Amigos del país.

Notas

  1. Esto estaba prohibido por las Reales Ordenanzas, pero como él iba de Virrey no rompía el compromiso, ya que era casi imposible que tuviera que ponerse al frente de una escuadra para combatir a los británicos, por ésta razón dio su palabra de no combatirlos, todo lo pudo hacer al haber hecho desaparecer los documentos de su nombramiento y por ello engañar a los enemigos de España.
  2. Hay que decir, que la California española, alcanzaba hasta el paralelo posterior a la línea de demarcación actual del Estado de Washington, llegando incluso con esta denominación al estrecho de Nutka, frontera con el actual Canadá.
  3. Territorios actuales de los Estados Unidos, para mejor poder ser identificados, aunque los Estado de Nevada, Utah y Colorado, solo era su parte más S.E., pero aún así era casi la mitad de lo que son actualmente.


Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 33. 1917, página, 305.

Gutiérrez Escudero, Antonio.: El virrey don Félix Berenguer de Marquina y el Virreinato de Nueva España. Artículo del Cuaderno Monográfico del Instituto de Historia y Cultura Naval, nº 40. Madrid, 2002.

Molina, Antonio M.: Historia de Filipinas. Instituto de Cooperación Iberoamericana. Madrid, 1984. 2 Tomos

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma, Dalmiro de la. y Finestrat, Barón de.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

VV. AA.: Virreyes de Nueva España en el reinado de Carlos IV. Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla. Sevilla, 1972. 2 Tomos.

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