Rossa Lavassor, Alonso de la Biografia

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Biografía de don Alonso de la Rossa Lavassor


 Óleo de don Alonso de la Rossa.
Alonso de la Rossa Lavassor.
Cortesía del Museo Naval. Madrid.
Teniente general de la Real Armada Española.
II Conde de Vega-Florida.


Orígenes

Vino al mundo a lo largo del mes de marzo del año de gracia de 1700, siendo sus padres don Nicolás de la Rossa Suárez y Tobar, I Conde de Vega Florida, y de su esposa, doña Ángela de Levassor.

Hoja de Servicios

De muy joven comenzó su carrera de marino, pues se sabe que por Real orden del día siete de septiembre del año de 1715, se le asigna un sueldo de quince escudos mensuales, al enrolarse como soldado aventurero en las galeras.

Pero su llamada de la mar lo termina de decidirse al enterarse de la reciente creación de la Real Compañía de Caballeros Guardiamarinas del Departamento de Cádiz, siendo uno de los primeros que sentó plaza, haciéndolo el día seis de octubre del año de 1717. En la obra de Válgoma no hay número de expediente, siendo el 168 de ella.

Por las necesidades de formar lo antes posible de marinos a la recién creada Armada, fue uno de los cien que paso con el grado de guardiamarina a embarcarse en el navío San Felipe, perteneciente a la escuadra del general Gaztañeta.

Embarcado en este navío, permaneció realizando cruceros por el Mediterráneo, por ello se encontró en el combate de cabo Passaro, que tuvo lugar el día once de agosto del año de 1718, en el que la escuadra española del general Gaztañeta, tuvo que hacer frente al ataque de la escuadra británica al mando del almirante George Byng, quién atacó sin estar declarada la guerra entre ambos países.

Como el navío insignia de la escuadra española resulto atacado por varios navíos británicos, hasta quedar totalmente desarbolado y su general herido, el buque sin más defensas que oponer a sus enemigos se rindió, fue herido en el combate y uno más de los que cayó prisionero.

Fue canjeado como el resto de tripulantes, siendo embarcado de transporte en la escuadra del general don Baltasar de Guevara, esta escuadra en su viaje de regreso apresó a una fragata británica, que transportaba a otros oficiales españoles siendo puestos en libertad, arribaron y desembarcaron en la bahía de Cádiz el día cuatro de noviembre siguiente, al recuperarse de su herida y en reconocimiento a su comportamiento en el combate, al reintegrarse a su puesto se encontró con la Real orden del mes de diciembre por la que se le ascendía al grado de alférez de fragata.

Con este grado de oficial subalterno continuó navegando y desempeñando comisiones, así como la protección al tráfico marítimo entre Tierra Firme y Virreinato de Nueva España, por lo que estuvo navegando tanto por el Mediterráneo, como por las dos costas del océano Atlántico y el mar de las islas Azores o Terceras, siempre en la escuadra del general don Baltasar de Guevara.

En una de las arribadas de la Flota a la Habana, siendo el día diez de septiembre del año de 1719, se amotinaron las dotaciones de la Flota de galeones del general don Francisco Cornejo, por la constante falta de cobro de las pagas, pero esto no restó importancia al hecho, por lo que todos los oficiales de las dos Flotas junto a los fieles Infantes de Marina, persiguieron a los amotinados que no encontrando donde esconderse, lo hicieron bajo sagrado en la iglesia de Jesús del Monte, quedando bloqueada por las tropas perseguidoras; se recibió apoyo de las tropas de tierra enviadas por el capitán general de la isla Excmo. Sr. Guaso, de forma que era imposible poder pasar a la iglesia en apoyo de los que allí dentro se encontraban, esto produjo a su vez un enfrentamiento entre jurisdicciones, pues el obispo intervino para que dejaran pasar al menos algo de comida, a lo que el capitán general se negó, pero la fuerza no entró en el templo, solo esperaron a que se les acabara toda posibilidad de subsistencia, siendo obligados por ello a salir de la iglesia, fueron llevados cada tripulación a su buque donde fueron elegidos los más activos en la revuelta, juzgados y pasados por las armas.

Su Flota regresó a la Península cargada con el situado, fondeando en la bahía de Cádiz el día veinte de diciembre del año de 1720, continuó realizando viajes a la Guayra, Cartagena de Indias, Veracruz y la Habana, siempre con buen resultado.

Por orden superior trasbordó a la escuadra del general don Rodrigo de Torres, zarpando con rumbo al Canal de la Mancha, en el mes de junio del año de 1727, estando formada por cuatro navíos y tres fragatas, en sus navegaciones capturaron a cinco buques mercantes británicos, que compensaron los gastos del envío de la escuadra, los sucesos alarmaron a la Marina Real ordenando su Almirantazgo se hicieran a la mar varias escuadras en su búsqueda, pero consiguió burlarlos regresando con todos sus buques a finales del mismo mes de junio.

Estando embarcado en la escuadra del teniente general don Francisco Conejo, participó en la expedición que se preparó para la reconquista de la plaza de Orán en el año de 1732, con el ejército al mando del duque de Montemar, cuyo resultado fue una gran victoria, pero Alonso resultó herido de gravedad en una pierna, lo que le llevó mucho tiempo de recuperación.

Al reincorporarse de nuevo a su destino, embarcó en diferentes buques en misión de corso, pasado un tiempo embarcó en el navío Princesa, siendo enviado el buque a Ferrol, zarpando en la escuadra del general don José Pizarro, pero a doscientas millas de distancia tuvo que regresar a Ferrol por estar haciendo mucha agua, en el trayecto se vio sorprendido por una gran temporal, por sus efectos había sido arrancado el mastelero del palo mayor y tirado a la mar, el mismo palo a su vez partido por su centro, lo que había deshecho la jarcia y por su causa, aflojado todos los cables del resto del buque impidiéndole maniobrar si no era casi siempre a favor del viento, para evitar machetazos en la mar que lo terminaran de desarbolar.

 Óleo representando la acción entre el Princesa y 3 fragatas.
Combate del Princesa contra tres británicos.
Por Ángel Cortellini.

Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Encontrándose en estas condiciones y a treinta millas de Ferrol fue descubierto por una de las varias divisiones británicas que patrullaban la zona para evitar la llegada refuerzos a Tierra Firme, era el día diecinueve de abril del año de 1740, cuando se entabló combate en aguas del cabo Prior, entre el navío Princesa, de 64 cañones, al mando de don Pablo Agustín de Aguirre, en el que iba embarcado de oficial subalterno don Alonso de la Rossa, contra los navíos británicos Oxford, al mando del capitán Fitirs, Kent, al del capitán Durrs y Lenox, al del capitán Maine, siendo los tres del porte de 70 cañones.

Un honroso y desconocido combate se libró, fue tan obstinado el encuentro que por espacio de algo más de diez horas se mantuvo firme, una vez más el valor de los españoles se puso de manifiesto, pues aunque sólo era un navío contra tres, les obligo a tener pérdidas casi insoportables para la Marina Real, la rendición del navío dejó muy alto el honor de todos los que en él combatieron; cayendo de nuevo prisionero. La prueba del estado de los cuatro navíos, está en que arribaron a Portmouth el día nueve de mayo (veinte días después del combate) cuando normalmente era un trayecto de cuatro o cinco.

Fue canjeado pagando su familia el rescate incorporándose a su departamento el uno de noviembre siguiente, (el resto de la tripulación lo realizó al firmase la paz ya entrado el año de 1743) volvió a encontrase con una nueva Real orden, por la que se comunicaba su ascenso al grado de capitán de fragata como premio a su valor.

Se le otorgó el mando de la fragata Galga, con la que zarpó el día treinta y uno de mayo del año de 1741, como aviso de la escuadra del mando del general don Juan José Navarro, al poco tiempo y por orden del mismo general a pesar de tener el grado de capitán de fragata, cosa casi insólita se le otorgó el mando del navío San Fernando, que pertenecía a la misma escuadra.

Estando al mando de éste navío y llevado por su carácter algo impulsivo, al parecer cometió unos abusos de poder con un maestre de jarcia, enterado del caso el Intendente del Departamento de Cádiz, lo puso en conocimiento del S. M., quien reunió a sus consejeros y de ese juicio, salió la siguiente Real orden:

« Excmo. Sr. — Noticioso el Rey de un lance sucedido en la villa de Puerto Real, entre el capitán de fragata Conde de Vega-Florida, Comandante del navío San Fernando y el maestre de járcia de este bajel D. Antonio Castellon, é informado también S. M. de que no se ha encontrado en campaña alguna escribano ni maestre del gusto del citado Conde, pues con todos ha tenido quimeras semejantes á la que tuvo con Castellon, habiendo sucedido lo mismo con los Intendentes de Cartagena y de Ferrol, y con los Ministros de las escuadras en que ha navegado, sin que haya oficial de guerra que embarque gustoso con él por su mal génio y poca discrecion, ha resuelto S. M. suspender del empleo por un año al expresado Conde de Vega-Florida, así para castigo de su impropio proceder en este suceso, como para que sirva de ejemplar á contener á algunos oficiales de guerra del cuerpo general de la Armada en su declarado ódio á los indivíduos del Ministerio de ella. Y manda S. M. á V. E. cuide muy particularmente del cumplimiento de esta resolucion, luego que el Conde llegue á ese puerto de vuelta de la campaña en que se halla, en inteligencia de que le paso copia de esta órden al Intendente Don Francisco de Varas para que, constando en los oficios de marina, se observe inviolablemente. — Dios guarde á V. E. muchos años como deseo. — Madrid 19 de Diciembre 1741. — D. José del Campillo. — Sr. Marqués de Torre-Blanca »

Al cumplirse el plazo de la sanción, escribió a S. M. suplicándole tuviera en cuenta la sangre vertida en combates, para preservarle en el escalafón y que la sanción cumplida no le afectara en sus futuros ascensos, a lo que el Rey le indicó que haría una circular para la Corporación y que todos supieran que solo había sido la sanción de un mal día, por la misma se le otorgaba el mando del mismo navío, pasando al Arsenal de Cartagena a tomar el mando, pues allí se encontraba la escuadra de general don Juan José Navarro.

Zarpó la escuadra de la bahía de Cádiz con rumbo a Ferrol, por estar éste puerto bloqueado por una escuadra británica, al llegar los enemigos no estaban y se incorporaron a la escuadra un navío y una fragata, regresando a la bahía de Cádiz, donde había llegado el nuevo navío Real Felipe del porte de 114 cañones, donde trasladó su insignia don Juan José Navarro, quedando la escuadra compuesta por los siguientes buques: Oriente, de 60 cañones, mercante al mando don Joaquín Villena; América, de 60, al mando don Aníbal Petrucci; Neptuno, de 60, mercante al mando don Enrique Olivares; Poder, de 60, mercante al mando don Rodrigo de Urrutia; Constante, de 70, al mando don Agustín Iturraga; Real Felipe, de 114, al mando don Nicolás Geraldino e insignia de don Juan José Navarro; Hércules, de 64, al mando don Cosme Álvarez; Brillante, de 60, mercante al mando don Blas de la Barreda; Alcón, de 60, mercante al mando don José Rentería; San Fernando, de 64, al mando conde de Vega-Florida; Soberbio, de 60, mercante al mando don Juan Valdés; Santa Isabel, de 80, al mando don Ignacio Dautevill.

La escuadra española zarpó de la bahía de Cádiz el día quince de noviembre del año de 1741, con rumbo al puerto de Cartagena lugar en el que se esperaba a la escuadra francesa del almirante La Bruyère de Court, reunidas pusieron rumbo al puerto de Barcelona, zarpando de éste el día catorce dando escolta a un convoy con rumbo a la Toscana, sufriendo ya el primer temporal en el trayecto, desembarcadas las tropas fondearon en el puerto de Nápoles, estando allí sufrieron varios temporales sucesivos, que incluso retrasaron su salida del puerto de Nápoles; pensando que ya habían pasado se hicieron a la mar y a los pocos días se levantó otro que si era posible aún fue más duro, obligándoles a refugiarse en las islas Hyères, donde repararon averías y el navío insignia de don Juan José estaba en muy mal estado, tanto que todos los consejos de sus oficiales eran que lo abandonara, pero él se negó zarpando al estar algo mejor reparados con rumbo a la base francesa de Tolón, donde fondearon el día veinticuatro de enero del año de 1742.

Estando en este puerto y sabido por el almirante británico lo bloqueo, la poca iniciativa de la escuadra francesa, por no decir nula, obligó a la española a permanecer dieciocho meses, saliendo del puerto de Tolón el día veinte de febrero del año de 1744, en el que tuvo lugar el combate.

El almirante francés De Court de Bruyère, decidió que su escuadra partida en vanguardia y centro se hiciera a la mar, quedando sola a retaguardia la española, como Francia no estaba en guerra con el Reino Unido, solo los acompañaban para que no fueran atacados, pero al no ir interpuestos los franceses y españoles, dejaron a éstos solos a retaguardia, visto por el vicealmirante británico Matthews, que se le ponía tan fácil arribó sobre la escuadra española, con su vanguardia y centro o cuerpo de batalla. No entrando en combate la retaguardia británica por negarse su vicealmirante, por no cumplir Matthews la ordenanza de tener perfectamente alineadas sus divisiones.

A pesar de ello, la diferencia era muy alta, pues prácticamente a cada español se le enfrentarían tres navíos británicos, en la primera parte los británicos salieron muy mal parados, por la eficacia del fuego español y su rapidez de tiro, lo que obligó a los británicos a abandonar el combate a reparar sus buques, dos horas más tarde regresaron al encuentro incorporando brulotes, uno de ellos estuvo a punto de alcanzar al Real Felipe, pero tanto el fuego del buque como los botes arriados para que los desviaran lo consiguieron, al mismo tiempo que devolvían todo el fuego que se les hacía, de esta forma comenzó a anochecer y muy contrariado el vicealmirante británico tuvo que abandonar el combate, quedando los españoles dueños de la mar. En un parte británico dicen:

« Jamás en combates de mar se vió fuego más inmediato y más vivo. El Real parecía un infierno »

Solo se perdió un navío, el Poder, siendo uno de los quedó en el mar del combate, el San Fernando del mando de don Alonso; el vicealmirante Mattews al día siguiente tuvo que cambiar su insignia, ya que su navío empleado en el combate no soportaba más. Por esta derrota fue juzgado en Consejo de Guerra en el Almirantazgo británico, siendo su dictamen: « no haber conducido su Flota, estando en barlovento, ordenada en condiciones de que cada navío luchase con el de la línea rival » siendo por ello separado del servicio.

Por su muy distinguida actuación y comportamiento en el transcurso del combate anterior, unos meses después recibió la Real orden con su ascenso al grado de capitán de navío, siendo confirmado en el mando de su navío San Fernando.

En el año de 1745 realizó un viaje a Veracruz al mando del navío Soberbio, en conserva del mercante San Miguel, alias El Sabio Salomón, donde descargó azogues y cargó el situado, zarpando de Veracruz con rumbo y escala en la Habana, volviendo a ser cargado con la recaudación de impuestos de la isla, haciéndose de nuevo a la vela el día tres de mayo con ciento cincuenta mil pesos para S. M. más un millón ciento cuarenta y cinco mil trescientos cuarenta y cuatro del comercio y otros géneros, arribando al puerto de la Coruña el día siete de junio del año de 1747.

Poco tiempo después de su regreso se le entregó el mando, está vez era al contrario, pues el buque fue la fragata San Javier, zarpando de la bahía de Cádiz el día catorce de marzo del año de 1748, formando división con el navío León y la fragata Galga, cargados de azogues y hierro con rumbo a Veracruz, arribando a la ensenada de Ocoa el día cinco de mayo siguiente, donde se descargó parte de los azogues, volviendo a hacerse a la mar arribando a Veracruz el día dos de junio donde se terminó de descargar, permaneciendo hasta el día dieciocho de enero del año de 1749, que zarparon con rumbo a la Habana donde al entrar un golpe de viento puso a su fragata de través, quedando embarcado intentando recuperarla, pero el día uno de abril se le entregó el mando del navío Invencible, zarpando de la Habana el día doce de mayo, arribando sin complicaciones a Ferrol el día trece de julio, quedando desembarcado el día trece de agosto por pasar el buque a desarme. Elevó a S. M. petición de licencia para pasar a Cádiz, lo que le fue concedido, pero con orden expresa de no acercarse a la Corte.

Al terminar su licencia con la consiguiente prórroga se incorporó de nuevo a su Departamento de destino, siéndole entregado el mando del navío Vencedor, zarpando el día dos de junio del año de 1758 junto al Soberano, insignia de don Isidoro García del Postigo y el Héctor, en su patrulla el día nueve siguiente frente al cabo de Palos en aguas de Málaga fueron divisadas dos velas, inmediatamente se pusieron en su caza, al ser reconocidos resultaron ser la capitana de Argel, el navío Castillo Nuevo, al mando de arráez Mahamud Rais, acompañado de una fragata nombrada la Carabela, del porte de 40 cañones, al mando de Achi-Mostafá, el navío quiso hacer de cebo y que se salvara la fragata. Los tres navíos españoles eran del porte de 70 cañones.

Mientras los navíos Soberano y Vencedor, se quedaron para combatir al Castillo Nuevo, la fragata intentó huir a cubierto de su navío, pero advertido don Isidoro dió orden al comandante del Héctor que le diera caza, logrando ser alcanzada, acción ésta harto difícil y que muy pocas veces ha ocurrido, por ser normal que las fragatas eran más maniobreras y rápidas que los navíos, por ello al ponerse al alcance de su artillería, éste la acribilló hasta que dio a su enemiga por hundida.

En el combate resulto herido en el brazo izquierdo, siendo uno de los pocos que lo fueron, pues el enfrentamiento entre los navíos se realizó a larga distancia, por llevar los españoles cañones de mayor peso de proyectil, razón por la que se consumió mucha munición, pero las bajas propias fueron casi inexistentes para este tipo de encuentros, ya que sólo hubieron dos muertos y doce heridos, mientras que los argelinos, padecieron cien muertos y heridos, trescientos seis cautivos y se liberaron a cincuenta y tres prisioneros cristianos, la gran mayoría holandeses, el resto alemanes y un irlandés.

Por su actuación tan decidida recibió un tiempo después la Real orden, por la que se le notificaba su ascenso al grado de jefe de escuadra, fechada en el mes de abril del año de 1760, (en esa época no existía el grado intermedio de brigadier), por otra Real orden del día quince de abril del mismo año, se le nombra Comandante General del Departamento de Ferrol y Comandante en jefe de la escuadra del mismo, para pasar a su nuevo destino embarcó de transporte en el navío Oriente el día cuatro, arribando a su destino el día veintitrés de junio siguiente.

Tomó posesión del cargo y eligió como su insignia el navío Magnánimo, poco después hizo cambiar su insignia al Brillante, pero estuvo poco tiempo, pues por Real orden del día siete de octubre fue cesado en el mando de la escuadra. Por una nueva Real orden fechada el día dos de diciembre del año de 1761, S. M. le concedió un aumento para los gastos que eran inherentes al cargo, pero se los aumentó dado que todas las comisiones que se le habían encomendado las había cumplido rigurosamente, por lo que subió a los trescientos cincuenta escudos de vellón mensuales, cien más que los ya recibidos y correspondientes al puesto.

Es veraz que se ganó la confianza del Monarca, pues de nuevo por Real orden del día seis de marzo del año de 1762 conservando su cargo de la Comandancia del Departamento, se le otorga el mando de la escuadra para cumplir las comisiones que se le volvían a encomendar, por ello el día catorce siguiente enarboló su insignia en el navío Brillante, zarpando para cumplir una de ellas, a su regreso, el día quince de mayo pasó a enarbolarla en el Diligente, con el que salió de nuevo a cruzar sobre las aguas del Cantábrico, un viaje al Canal de la Mancha y una arribada a la islas Azores en protección de un convoy procedente de la Habana, de hecho todas estas comisiones desempeñadas con total disciplina y valor, le valieron su ascenso al grado de teniente general, siendo conocedor de ello al regresar a Ferrol el día uno de octubre, pero se recibió una Real orden por la que pasaba a desarme toda la escuadra, teniendo que arriar su insignia de su buque el día catorce de diciembre siguiente.

En este último viaje, tuvo que reprender a un oficial, por esta razón escribió al Capitán General de la Real Armada, para que fuera conocedor del hecho:

« Excmo. Sr. : Muy señor mio. Habiendo comprendido que el alférez de fragata D. Francisco Palanco mantenia en la Graña una correspondencia poco honesta, le previne incurriria en mi desagrado, haciéndolo digno de severo castigo, si por ningun motivo volvia á aquella poblacion; pero no solamente incurrió en esta falta, sino que en una de sus principales calles armó una pendencia con un hombre de baja esfera, á quien dió con el cutó algunos palos, y hallándose este sin armas se valió de uno de los que llevaba una carreta, que accidentalmente pasaba inmediata y amenazó con él al oficial, á quien tal vez no dió porque hubo quien metiéndose entre los dos los separó del lance. Puse en la Santa Bárbara del navío de su destino á Palanco, y en el calabozo del cuartel al paisano, á quien he mortificado por término de un mes su atrevimiento; y sin embargo de que lo impropio del suceso pedia se procediese en él sin la más leve indulgencia contra este oficial, atribuyéndolo más á efecto de muchachada y poca reflexion que á otra cosa, con consulta y comun acuerdo del Jefe D. Francisco Lastarria y los capitanes de navío D. Manuel Guirior y D. Miguel Gaston, he determinado se ponga en libertad al paisano, despues de amonestarle corrija en adelante sus escesos, y que el oficial quede entretenido en su navío por el tiempo que dure la campaña, ó se proporciona ocasion de algun destino que lo separe de este Departamento, todo lo cual he creido conveniente poner en noticia de V. E. para que instruido de la mal conducta que ha manifestado, esperimente por ahora en V. E. los efectos correspondientes á ella en el olvido de su mérito, ínterin que no acredita en lo sucesivo la enmienda. — Dios guarde á V.E. muchos años como deseo. — Ferrol 23 de Octubre de 1762. — Excmo. Sr. — B. L. M. de V. E. su atento servidor. El Conde de Vega-Florida. — Excmo. Sr. Marqués de la Victoria »

Durante este año de 1762 tuvo lugar el ataque y conquista de los británicos a la Habana, siendo la primera derrota estando don Carlos III en el trono, por lo que puso mucho interés en que se supiera la verdad de la vergonzosa derrota de sus armas, el mismo Monarca acusó al general don Juan de Prados, a la sazón capitán general de la isla y Gobernador de la Habana y con él al marqués del Real Transporte, comandante en jefe de la escuadra.

Por ello formó un tribunal de amplios conocimientos entres sus jueces, así por Real orden del día veintitrés de febrero del año de 1763, fueron llamados a ocupar sus puestos, como presidente: el capitán general del Ejército conde de Aranda, como vocales del Ejército: los tenientes generales, marques de Ceballos, duque de Granada de Ega, marqués de Siply y el mariscal de campo Diego Manrique, y por la Armada, el teniente general conde de Vega-Florida y el jefe de escuadra Jorge Juan y Santacilia, al recibir la Real orden, el día trece de abril entregó el mando interino del Departamento al teniente general don Daniel Huony y se puso en camino a la Corte.

El juicio fue largo, pues el conde de Vega-Florida no regresó a ocupar su puesto hasta el día veinticinco de mayo del año de 1765, pudiéndose afirmar que no duro menos de dos años, ya que las cuestiones eran varias y complicadas como toda guerra.

Durante este tiempo se dedicó a la escritura y entre los años de 1765 y 1766, escribió « Plan para arreglar las formaciones de una escuadra de cuatro hasta doce navíos de guerra, dividida en dos divisiones » Se encuentra en el Depósito Hidrográfico, tamaño folio, sin publicar.

No dejo de preocuparse por el Arsenal, ampliando las gradas en Esteiro, al mismo tiempo que se construían unos grandes almacenes para guardar en ellos todo lo referente a la construcción, no olvidando mejorar la habitabilidad de los marineros, ordenando la construcción de cuarteles donde pudieran descansar para estar ha cubierto de la humedad y vientos de la zona.

De todo ello fue informado S. M., causa por la que por Real orden fechada el día cuatro de febrero del año de 1769, le concedía una ayuda de ciento cincuenta escudos de vellón por mes, como agradecimiento a todos sus desvelos en su puesto

Ocupando su cargo de Comandante General del Departamento de Ferrol, le sobrevino el óbito el día veinte de octubre del año de 1771, contando con setenta y un años y siete meses de edad, de ellos cincuenta y seis al servicio de la Patria.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández de Navarrete, Martín.: Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Imprenta de la Viuda de Calero. Madrid, 1851.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

González de Canales, Fernando. Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma, Dalmiro de la. y Finestrat, Barón de.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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