Alvarez de Toledo Osorio, Garcia Biografia

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Servicio Histórico Militar.: Dos Expediciones españolas contra Argel -1541 y 1775 -. Estado Mayor Central del Ejército. Madrid, 1946.
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Revisión de 07:06 7 jun 2022



García Álvarez de Toledo Osorio Biografía.


 Óleo de don García Álvarez de Toledo Osorio
García Álvarez de Toledo


Capitán general de la Mar.

Grande de España.

Príncipe de Montalbán.

I Duque de Fernandina.

IV Marqués de Villafranca del Bierzo.

Orígenes

Vino al mundo en la población de Villafranca del Bierzo, actual provincia de León, el día veintinueve de agosto del año de gracia de 1514, siendo su padre, don Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga y de su esposa, doña Juana Pimentel II marquesa de Villafranca del Bierzo y su abuelo paterno don Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez de Quiñones, II duque de Alba de Tormes.

Hoja de Servicios

Empezó a servir con dos galeras de su propiedad a las órdenes de almirante genovés Andrea Doria en el año de 1528, con tan solo catorce años de edad.

En marzo del año de 1535, con tan solo veintiún años fue nombrado general de las galeras de Nápoles. Donde algo tendría que ver su padre, don Pedro Álvarez de Toledo que desde el año anterior ya era el virrey de Nápoles, pero muy pronto demostró que su juventud no interfería en sus grandes conocimientos ni le privaba ni quita razón para darle el mando de las galeras.

En éste mismo año el rey don Carlos I, llevó a cabo su expedición contra Túnez y en ella se distinguió con las seis galeras de su mando, que junto con las de Sicilia, al mando de don Álvaro de Bazán, I Marqués del Viso (El viejo), formaron la vanguardia en el ataque a La Goleta.

En la campaña naval de los años de 1540 y 1541 aportando cinco de sus galeras, unidas a las del mando de Andrea Doria, sumando en total cincuenta y una, toman sucesivamente las ciudades tunecinas de Monastir, Susa, Mahometa y Calibia, terminando la expedición con el fracaso de la toma de Argel en la que el don Carlos I acudió personalmente en el año de 1541, los turcos al ver que podían con el propio Rey se envalentonaron de tal modo que casi consiguieron hacer imposible la navegación mercante cristiana por el mar Mediterráneo, pero todo por que el rey de Francia Francisco I quería conseguir como fuera anular el poder del Rey-Emperador, por lo que llegó a permitir a las naves argelinas hacer base en sus puertos.

Para terminar con esta desagradable situación en el año de 1543, García Álvarez de Toledo con sus galeras, reforzadas por las de Giannettino Doria, las de la Santa Sede y las de Malta, atacó a los territorios de la actual Grecia, entonces turca y sus islas; saquearon y quemaron pueblos, apresaron y hundieron buques, realizando muchos cautivos para luego ponerlos al remo en las galeras cristianas.

Cuando regresaba de su incursión de castigo, tuvieron la suerte de cruzarse con una flota de tres naos y una galeota de Barbarroja, en las que éste enviaba al sultán de Turquía en señal de vasallaje, gran parte del botín obtenido a los cristianos en el expolio de la ciudad de Villafranca de las posesiones españolas en la península itálica; las combatió hasta recuperar todo lo perdido, además de dar la libertad a trescientos cincuenta cristianos entre muchachos, doncellas y monjas destinadas al harén del sultán de Turquía.

Entró en olor de multitudes como un gran triunfador en el puerto y ciudad de Messina, lo que no era para menos.

En junio de 1547, el virrey de Sicilia don Juan de Vega ordenó una expedición para terminar con el escondite del pirata Dragut, que no era otro que la ciudad de Mehedia ó Mehdiyé, aunque conocida por los españoles como África.

Se arribó a la fortaleza y desembarcó el ejército, por la mar la cerraba la salida de la fortaleza la escuadra de galeras, pero el sitio se alargaba por sus formidables defensas, don García cayó en la cuenta que la zona menos gruesa de las defensas de la fortaleza era la que daba al mar, así que decidió una gran innovación.

Ordenó coger a dos galeras las Brava y Califa, a las que se les quitaron los remos, entenas y palos se unieron fuertemente por medio de cabos más tablones clavados, quedando así unidas formando una gran plataforma, sobre los tablones se levantó un fuerte parapeto con gruesos tablones y detrás de él se colocaron nueve cañones de batir que eran los más poderosos de la época.

Remolcada esta ‹batería flotante› por sus compañeras se llegó muy cerca del muro, comenzaron el bombardeo y al poco tiempo los muros comenzaron a derrumbarse, abriéndose finalmente un gran boquete en él, lo que fue aprovechado por otras galeras para lanzar unos tablones que facilitaron el asalto de la infantería, lo que produjo poder abrir las puertas por las que entraron a tropel el resto de las fuerzas que bloqueaban por tierra, tomando definitivamente el escondite de tan famoso pirata y lo mejor, anulando sus puntos de abastecimiento.

En el año de 1548 con su escuadra de galeras prestó protección al convoy compuesto por ochenta velas navegando en su vanguardia, en el que era transportado el entonces príncipe Felipe, desde el cabo de Rosas a la ciudad de Génova

En el año de 1552 y después de veinticuatro seguidos en la mar, solicita al Rey que lo releve de su cargo, al mismo tiempo que le pide deshacer el asiento que aún mantenía de sus galeras iniciales.

El Rey se lo concede, pero no estaba muy de acuerdo en perder a tan gran general del Mar y menos aún dejarlo sin mando, razón que expone el propio monarca a su padre en un documento que dice: «…deseando D. García de Toledo, vuestro hijo, dejar el cargo de las galeras de ese reino, como quiera que nos hallábamos bien servidos de él y holgáramos que no lo dejara, nos hemos contentado de ello por el daño que se le recrecía a su salud; pero siendo la persona que es, y lo mucho y bien que nos ha servido, porque sin cargo le hemos hecho merced de coronel general de la infantería española de ese reino, confiando que el gobierno de ella hará lo que de su valor y cordura se debe esperar»

Pero el Rey no le deja ya que en principio lo destina a Flandes y posteriormente lo pone a la cabeza de un ejército de ocho mil hombres y algunas fuerzas de caballería para la conquista de Siena, por ser una ciudad aliada de la Santa Sede y su cabeza el Papa era enemigo del Rey, al terminar con bien la conquista S. M. le envía una carta, en que decía ser: «muy servido de la prudencia y buena forma que había usado», en aquella lucha contra el poder temporal de los Papa.

Después de entrevistarse con don Carlos en Flandes, en el año de 1554 volvió a servir en la mar, aprestándose a la defensa del reino de Nápoles, amenazado por los turcos; acudieron también a contribuir a su defensa las galeras de Andrea Doria.

Al cambiar el origen de la amenaza y provenir ahora de Francia, don García de Toledo volvió a dejar la mar y regresó a servir en tierra, nombrado lugarteniente por el gran duque de Alba, su primo hermano.

Pero ya en el trono don Felipe II en el año de 1555, demanda a don García que regrese a tomar el mando de la escuadra, pero esta vez no es la de Nápoles, sino como capitán general del Mar, título que anteriormente ostentó Andrea Doria, siendo el más alto grado en el Mediterráneo, ya que a sus órdenes están la escuadra de España, Nápoles, Sicilia y Génova y cualquier otra que se aportase viniera del mar u océano.

Contribuyó de este modo notablemente a expulsar a los franceses del reino de Nápoles y de los Estados Pontificios y también a hacer fracasar a Solimán el Magnifico, que a principios de 1558 amenazó las costas napolitanas.

Su primera campaña como tal fue contra el peñón de Vélez de la Gomera, verdadero nido de piratas, y cuyo gobernador Cara Mustafá, había recorrido casi impunemente las costas españolas con seis galeras; ofendido el rey de tal audacia ordenó a García de Toledo que, dejándolo todo, atacase el peñón, ardua empresa ya realizada anteriormente sin éxito por otros capitanes.

Reunió una armada de noventa y tres galeras más sesenta galeotas y fustas: las galeras de Nápoles, Sicilia, Génova, Portugal, Malta, Saboya, Florencia y las naves de España, y en el mismo puerto de Málaga se le unieron unas de particulares de la ciudad.

Llevaba tres mil quinientos soldados alemanes embarcados en Saona y otros núcleos de fuerzas distinguidas, e iban a sus órdenes capitanes de gran talla: Bazán, Barreto, Leiva, Colonia, Carvajal, etc. etc.

Salió la flota de Málaga el 31 de agosto de 1564, estando en la mar y sin vuelta atrás, escribió un bando, decretando la pena de muerte instantánea a todo aquel que abandonase su puesto ordenado; desembarcaron las tropas en la costa enemiga prohibiendo toda escaramuza con los jinetes moros que disparando sus armas, trataban de separar a los españoles de sus famosos cuadros.

Primero acometió a la ciudad de los Vélez, y cuando tuvo bien segura su base de partida, guarnecida por trincheras y ocupado el castillo de Alcalá, que dominaba la playa del desembarco abandonado por sus defensores al ver tan grande armada, avanzó sobre los Vélez en ejemplar movimiento táctico, ocupando sus flancos, las alturas y rechazando la retaguardia los ataques de la caballería mora.

Después de ocupar los Vélez volvió sobre el peñón, y conteniendo la impaciencia de sus tropas, levantó una trinchera defendida con piezas de campaña y en la playa un bastión a 250 pasos del peñón dotado con doce piezas gruesas de artillería de sitio. De este modo puso sitió a los defensores del peñón por tierra y por mar.

Los enemigos no aceptaron las honrosas capitulaciones que García les propuso y como consecuencia comenzó el ataque, por el tremendo efecto de la artillería pronto fueron destruidas dos torres, desmontando con ello varios cañones enemigos dejando un hueco en sus defensas.

Rechazó los ataques que del lado de tierra le hicieron los moros y montó una batería a tiro de arcabuz del castillo del peñón, resultando así imposible toda resistencia.

Los defensores trataron de evadirse por mar y la infantería de las galeras aprovecharon este momento para asaltarlo, tomando así el famoso peñón el 6 de septiembre.

En esta misma fecha dirige a don Felipe II un escrito comunicándole la victoria: «Dios ha servido de dar a V. M. la victoria de la plaza del mundo más fuerte de sitio…Milagrosamente ha dado a V. M. el buen subceso, porque dende el estrecho de Constantinopla hasta el de Gibraltar no hay plaza tan fuerte»

Después de reparar las murallas y de dejar quinientos hombres de guarnición, reembarcó sus tropas García, bajo el fuego de los moros que desde tierra firme le hostigaban, pero sin poder ya hacer nada por recuperarlo.

Una vez en Málaga, proyectó la operación de cegar el río Tetuán, para así inutilizar otra de las bases de los piratas berberiscos. Dicha empresa fue llevada magistralmente a cabo por don Álvaro de Bazán, quien la efectuó hundiendo cuatro buques en el cauce, cargados con piedras e incluso cañones ya inservibles todo junto con cal, la cual al fraguar con todo lo que tenía junto a ella se convirtió en una piedra que dejó el río intransitable.

Don García fue nombrado virrey de Sicilia, en atención a sus valiosos servicios, en 1564.

Al enterarse el rey Felipe II de los proyectos de Solimán de apoderarse de dicha isla y de Malta, le encargó que, sin descuidar la primera, pasase a la segunda, para ayudar al gran maestre con un cuerpo de tropas españolas y ponerse de acuerdo con él y actuar coordinadamente.

En 1565 atacó a Malta una escuadra turca de más de doscientas galeras con treinta mil hombres de desembarco.

En uno de los asaltos de los turcos falleció su hijo Enrique.

Acudió García a socorrer a Malta con veintiocho galeras, saliendo de Siracusa el 25 de agosto y efectuó el desembarco en el puerto maltés de Malaca con once mil hombres, en su mayoría infantería española veterana.

En seguida volvió con los vasos a Messina, a buscar otros cuatro mil soldados de infantería, para reforzar a los ya llevados.

Los turcos creyeron el socorro de mucha mayor importancia y reembarcaron rápidamente, pero al conocer la realidad volvieron a desembarcar, lanzándose contra los españoles; éstos del infligieron una gran derrota de tal magnitud, que fuero persiguiéndoles incluso dentro del agua.

Don García acudió con los cuatro mil que llevaba, pero al llegar ya no encontró enemigos a quien combatir.

Los heroicos caballeros de Malta le recibieron triunfalmente.

Y con fecha del 5 de noviembre el rey don Felipe II le envía una carta, en la que dice: «Este servicio ha sido tan principal y señalado, y de tal calidad é importancia para el bien de la cristiandad y de nuestros señoríos y estados, que me habeis puesto en nueva obligación, y así podéis estar cierto que para honraros y favoreceros y haceros mercedes, hay en mi la voluntad ques razón, y mereceis»

En 1567 agotado y enfermo de tantos años en la mar, solicitó al Rey poderse retirar a su Mayorazgo para intentar reponer su salud, el Rey se lo concede pero no del todo, pues lo mantuvo como consejero hasta su muerte. Al dejar él mando S. M. se lo entregó a su hermanastro don Juan de Austria, prueba tangible que en este mando no se le otorgaba a cualquiera.

Por no desvincularse de la tierra donde tantos años había estado, con fecha del 8 de marzo de 1569 compró a la Regia Cámara de Nápoles los estados de Fernandina y Montalbán, a los que iban unidos respectivamente los títulos de Duque y Príncipe, que quedaron vinculados a Nápoles, por gracia del Rey de España don Felipe II terminaron quedando agregados al Mayorazgo de Villafranca del Bierzo el 24 de diciembre de 1569.

Dan a conocer su gran talla militar las memorias por él elevadas al consejo de guerra y al de galeras de Madrid y la correspondencia que mantuvo con el duque de Alba, don Luis de Requesens, don Juan de Austria y con el rey don Felipe II, entre los años 1548 y 1577.

En ella están los primeros jalones de la empresa de la Santa Liga, léase Lepanto.

El rey consultaba a don García todo cuanto con la mar se relacionaba, e incluso en cuestiones de Estado y don Juan de Austria hacía lo propio pocos días antes de Lepanto, siendo el que le dió el consejo principal del combate, que viene a continuación y que don Juan ordenó antes del día del combate.

Don Juan de Austria antes del combate naval de Lepanto, dispuso «Que nadie dispare hasta hallarse lo bastante cerca como para poder salpicarse con la sangre del enemigo»; el Generalísimo siguió los consejos de García Álvarez de Toledo, el mejor táctico de las galeras de la época.

Según Walsh biógrafo de don Felipe II afirma: «…el orden de batalla de Lepanto se llevó a cavó de acuerdo con un plan cuidadosamente trazado por el viejo paralítico don García de Toledo»

Falleció en Nápoles el 31 de mayo del año de gracia de 1578, contando con sesenta y cuatro años de edad.

Fueron sepultados sus restos mortales en la iglesia de Santiago de los Españoles.

Bibliografía:

Bauer Landauer, Ignacio.: Don Francisco de Benavides cuatralvo de las galeras de España. Madrid 1921.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández Duro, Cesáreo.: Disquisiciones Náuticas. Facsímil. Madrid, 1996. 6 Tomos.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

O‘Donnell y Duque de Estrada, Hugo.: Los Álvarez de Toledo el Mar. Junta de Castilla y León. María del Pilar García Pinacho (Ed.) Los Álvarez de Toledo Nobleza viva. 1998.

Revista General de Marina de varias Misceláneas.

Servicio Histórico Militar.: Dos Expediciones españolas contra Argel -1541 y 1775 -. Estado Mayor Central del Ejército. Madrid, 1946.

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