Diaz de Herrera y Mella, Victoriano Biografia

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Vino al mundo en la ciudad del Ferrol por el año de 1799, siendo su padre don Manuel Díaz de Herrera y Baena y de su esposa, doña Rosa Jacinta de Mella y García.
Vino al mundo en la ciudad del Ferrol por el año de 1799, siendo su padre don Manuel Díaz de Herrera y Baena y de su esposa, doña Rosa Jacinta de Mella y García.
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Revisión de 08:05 15 ago 2015

Biografía de don Victoriano Díaz de Herrera y Mella


Teniente de navío de la Real Armada Española.


Hidrógrafo.

Orígenes

Vino al mundo en la ciudad del Ferrol por el año de 1799, siendo su padre don Manuel Díaz de Herrera y Baena y de su esposa, doña Rosa Jacinta de Mella y García.

Hoja de Servicios

Pidió la Carta Orden siéndole otorgada, ingresando en la Compañía de Guardiamarinas de Ferrol, sentando plaza en día veinte de septiembre del año de 1811 con dispensa de edad, al mismo tiempo que su hermano don Segundo. Expediente N.º 3.214, folio 815 y 816.

Al terminar sus estudios teóricos en el año de 1813 se le ordenó embarcar en la fragata Ifigenia, con la que se desplazó hasta la bahía de Cádiz, recibiendo la orden de trasbordar a la Sabina para realizar cruceros contra el corso en las aguas del mar Mediterráneo.

A bordo de esta última, su comandante recibió la orden de viajar al seno mejicano arribando a San Juan de Puerto Rico, pasando después a Veracruz y por último a la Habana, en el apostadero fue trasbordando de un buque a otro, siempre con la misión de protección del tráfico marítimo, por lo que al estar cruzando constantemente, vigiló el canal grande al N. de la isla y el canal pequeño al S. de ella, arribando en varias ocasiones a Yucatán sin dejar de navegar por el seno mejicano.

Estando aquí con fecha del día doce de agosto del año de 1815, se le ascendió a su primer grado de oficial, alférez de fragata donde permaneció tres años, los entonces estipulados de misiones en las islas, recibiendo la orden de regresar a la Península, embarcando el día veintiocho de marzo del de 1818, arribando a Ferrol y pasando a Vigo cumplir la cuarentena, reintegrado al Arsenal se le ordenó embarcar en la goleta Galga, la cual zarpó de Ferrol para realizar cruceros entre los cabos de Santa María y San Vicente en protección del tráfico proveniente de Tierra Firme, en una de sus arribadas se le destinó a transportar la correspondencia a Cartagena de Indias, Veracruz y la Habana realizando la descarga del correo y cargando el que debía de transportar a la Península.

Pero él no continuó viaje, quedando de nuevo asignado al Apostadero de la Habana, donde se le ordenó abordar en la corbeta Diana, que pertenecía a la división del teniente de navío Pavía, manteniéndose cruzando por las aguas de la isla de Cuba, participando muy activamente en deshacer el bloqueo sobre Santa Marta el cual rompió, una vez conseguido estuvo cruzando llevando los informes a Cartagena de Indias entre ambos puertos.

En uno de sus viajes de comunicación, al encontrarse en aguas de Puerto Cabello mantuvo un combate con un bergantín insurgente, el cual por su mayor velocidad pudo darse a la fuga, zarpó de la Guaira con rumbo a la Península, donde arribó a la bahía de Cádiz el día veintisiete de marzo del año de 1821.

Realizó su buque varias salidas en corso, al regreso de una de ellas se le destinó a Vigo, para dar escolta a un pequeño convoy de transportes con tropas para la Habana, en el viaje ya cerca de la isla una goleta insurgente intentó atacar al convoy, se interpuso la corbeta y tras un corto combate resultó hundida la enemiga, al arribar a la Habana, dejó a salvo el convoy se aprovisionó y volvió a zarpar con rumbo a la Península arribando el día veintiuno de marzo del año de 1823. Se encontraba en este Departamento cuando recibió la Real Orden de fecha del día seis de mayo siguiente, por la que se le comunicaba su ascenso al grado de alférez de navío.

El día catorce siguiente se le ordenó embarcarse en el bergantín Aquiles, con el que arrumbó a Cádiz por estar allí bloqueada la ciudad por el ejército francés, pero como eran los « Cien mil hijos de San Luis » que solo venían a abolir la Constitución y devolver el absolutismo a don Fernando VII, solo estuvieron de espectadores.

Al quedar libre la ciudad, el bergantín fue incorporado a la división del capitán de navío don Roque Guruzeta, zarpando de la bahía de Cádiz el día trece de enero del año de 1824, con rumbo a los mares del Sur, hicieron escala en el Puerto Soledad de las islas Malvinas donde prepararon los buques para el paso del cabo de Hornos, el cual doblaron continuando hasta Chiloé para arribar el día siete de octubre del año de 1824 al Callao, en cuyo momento rompió con su presencia el bloqueo que sufría la ciudad por los independentistas.

Continuaron haciendo cruceros y transportando tropas a los poblaciones de Chiloe, Ilo y Quilea, pero al enterarse de la derrota de Ayacucho en la que el jefe de los independentistas venció a las tropas realistas y en la rendición firmada por el virrey aceptaba la entrega de la división naval, don Roque Guruzeta les contesto, que para rendir él sus buques deberían primero tomarlos por la fuerza, así se unieron al navío Asia zarpando el día cinco de enero del año de 1825 con rumbo a las islas Filipinas.

La división de Guruzeta, pasados dos meses comenzó a faltar el agua, por esta razón puso rumbo a las islas Marianas y en la rada de Umatag, en la isla de Guajan, que era la capital del archipiélago, pudieron abastecerse de ella y se dispuso a zarpar, por lo que el día diez de marzo siendo de noche se dio la orden de levar las anclas, pero los que para ello estaban se negaron, hubo un enfrentamiento del que resultó herido por dos golpes de sable en la cabeza, por los que manaba sangre abundantemente, Armero después de defenderse se vio rodeado y se salvó lanzándose al mar, nada se pudo hacer y fueron obligados a desembarcar todos los procedentes de la Península. La marinería toda americana y fieles a su emancipación se sublevaron arrumbando con los buques al continente.

Al recobrar el conocimiento, ordenó a su oficial de órdenes el teniente de navío don Antonio Doral, que viajara al puerto de Apra donde seguro habría algún buque que pudiera transportarles a todos a las islas Filipinas, así consiguió hacerse con el contrato de una fragata británica de cazadores de ballenas que se encontraban en él siendo la llamada Suplay, tomó el mando de ella Doral y trasladada al puerto de Umatag, donde embarcaron todos, al estar todo listos zarparon el día veinte de marzo, arribando a Manila el día cuatro de abril.

Al arribar aquí la mayor parte de los oficiales prosiguieron viaje a la Península a bordo de una fragata mercante española, arribando el día seis de noviembre del año de 1825 a la bahía de Cádiz. El día nueve siguiente se le ordenó embarcar en la goleta Andaluza, con la que permaneció en corso y con comisiones por los mares de la Península, realizando una especial a Tánger, en la que llevó artillería para esta regencia.

A su regreso se le ordenó transbordar a la corbeta Descubierta, con la que zarpó con rumbo a Santander y Pasajes, en este puerto trasbordo al bergantín Relámpago, con el que arribó a Ferrol y el día veintiocho de diciembre del año de 1826, se le ordenó desembarcar.

Después de una licencia para recuperarse de los trabajos sufridos, se presentó en su Departamento y se le dio la orden de pasar por tierra al de Cádiz donde al llegar se le destinó al navío Soberano, permaneciendo en él un tiempo fondeado, hasta que el día dos de enero del año de 1828, el comandante del buque recibió la orden de arribar al apostadero de la Habana, nada más fondear quedó incorporado a las fuerzas navales del brigadier don Ángel Laborde y embarcado con su jefe, pasaron a cruzar sobre los cabos Corrientes y San Antonio, en espera de la fragata Restauración que llegaba de la Península con un convoy de transportes con tropas, se unieron a él y arribaron a la Habana el día once de agosto.

El día diez de diciembre del año de 1830, se le entregó el mando de la goleta Clarita que junto a la Ligera yendo la dos al mando del teniente de navío don Manuel Moreno, para realizar la misión típica de la isla de protección del tráfico marítimo, pero al mismo tiempo se le encargó que realizase las cartas de navegación entre el puerto de Nuevitas y el de Punta Icacos, al terminar esta comisión regreso a la Habana el día catorce de abril del año de 1831.

No le dejaron descansar, ya que al día siguiente se le ordenó trasbordar a la goleta Habanera, volviendo a zarpar junto a la Ligera el día dos de mayo siguiente, para continuar levantando los planos de la costa de sotavento, que comprendía desde la Bahía Honda, al cabo de San Antonio y arrecife de los Colorados, al terminar con estos trabajos continuó en su misión de guardacostas, arribando el día dieciséis de agosto a la Habana.

El día once de noviembre del mismo año, se le ordenó trasbordar al navío Héroe continuando en la protección y salva guarda de las aguas de la isla de Cuba, esta vez en la zona de barlovento de la isla.

El día veinte de marzo del año de 1832 se le ordenó pasar a la fragata Lealtad, con la que realizó varios cruceros en torno a la isla, al regresar de uno de los cruceros, se había recibido una Real Orden con fecha del día veintitrés de mayo, por la que el Rey ordenaba fuera tratado con preferencia por el gran trabajo realizado en el levantamiento de los planos de la isla.

Al recibirse la R. O. se le dio pasaporte y zarpó con la misma fragata con rumbo a la Península, arribando al Arsenal de Ferrol el día veinte de junio siguiente, permaneciendo a bordo hasta el día diez de julio en que se le dio pasaporte para pasar a la Corte por Real Licencia. A su llegada a la Villa y Corte, se alojó en un hostal y nadie sabe porque el día veintiocho de octubre del mismo año de 1832, puso fin a su vida arrojándose desde un balcón. Según los biógrafos, debió de ser una enajenación mental, sufrida a causa de las largas horas bajo el tórrido sol durante el levantamiento de los planos de la isla, ya que un tiempo después, su compañero don Manuel Moreno estando al mando de su goleta y al S. de la isla, se pegó un tiro. No es normal que esto suceda y en cadena, con dos personas jóvenes y con un gran porvenir en la Corporación.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 18. 1915, página 889.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1895-1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma, Dalmiro de la. y Finestrat, Barón de.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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