Gran Armada contra Inglaterra 1588

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Gran Armada contra Inglaterra 1588



Continuaron las tropelías de los corsarios y piratas ingleses, entre ellos el más destacado el pirata Francis Drake, que con sus continuos ataques, la verdad es que no conseguía mucho dinero, pero lógicamente si lograba que la mar no fuera segura, lo que preocupaba y no poco a la Corona, ya que todas nuestras comunicaciones lo eran por la mar. Por todas sus “hazañas” sobre todo en 1587, el Rey don Felipe II ordenó a don Álvaro de Bazán y Guzmán la organización de una gran escuadra, que aparte de transportar un importante número de Infantes de Marina, debía arribar a las costas de Flandes, donde el Gobernador de ese territorio el duque de Parma, don Alejandro Farnesio, cruzaría el canal con el apoyo de la escuadra y pondría el pie en la isla anglicana. Un gran intento de conseguir devolver a la orden del Papa la isla de Albión.

Esta Empresa contra Inglaterra o La Gran Armada contra Inglaterra, pues de las dos formas la nombra don Felipe II, nunca fue conocida en España como corriendo los siglos se le recuerda, por su arbitrario nombre puesto por los franceses de Armada Invencible, sobre la que estuvieron apostando y muy altas sumas en la Corte gala, a que si salía o no de Lisboa, si hacía lo mismo de Ferrol, si cruzaría en el Canal o no, o sea un divertimento cortesano que por la facilidad de recordar el nombre, se ha terminado imponiendo a la razón y la Historia, esto último es lo más grave.

La formación de la Empresa se lo encargó don Felipe II a don Álvaro de Bazán y Guzmán, I Marqués de Santa Cruz de Mudela y II marqués del Viso, pero no era tarea fácil por la importancia de la misma, por lo que fue larga y costosa, pero las prisas del Rey desembocaron en una carta a don Álvaro en la que instaba a tenerla lista ya, esto preocupó al marino, sabedor de que las prisas son malas consejeras, por lo que recibió otra por la que era depuesto del mando, dada su lentitud en organizarla. Bien porque ya estaba enfermo, bien porque la carta le hizo mucho daño a su honor y pundonor, el caso es que el mejor marino de España de todos los tiempos, fallecía a los pocos días de recibir esta última real misiva.

 Óleo representando una galeaza del siglo XVI.
Galeaza.
Autor desconocido.

Bertendona fue uno de los elegidos por don Álvaro de Bazán para ayudarle a preparar la Gran Armada contra Inglaterra, de hecho su buque, una nao llamada La Ragazzona fue junto a la Lavía y el galeón San Francisco, de los incautados por don Álvaro en junio de 1587 pertenecientes al duque de Florencia. Su buque se convirtió en la capitana de la escuadra de Levante, con 1.249 toneladas ó 1.079 toneles machos, siendo de construcción adriática, cumpliendo a la perfección su cometido, pues zarparon de Lisboa con su arribada a Ferrol y su posterior salida con rumbo al Canal, en su navegar combatieron bien consiguiendo arribar muy maltrecha a la Coruña, sobre todo por los temporales que se sufrieron al regreso. Pero en palabras del Rey don Felipe II por los informes recibidos del acontecimiento dijo: «Bien veo que, como decís, las naves levantiscas son menos sueltas y más tormentosas para estos mares que las que se hacen por acá.» Pensamos que está dicho todo.

Y entonces vino el gran problema, ya que en la Armada se habían incorporado la mayoría de nobles, por estar al mando el invencible don Álvaro, pero al ser cesado en el mando había que buscar a una persona en su sustitución que no desmereciera estar a estos caballeros a sus órdenes, lo que provocó el nombramiento del duque de Medina Sidonia, hombre que rara vez había pisado la cubierta de un bajel, él mismo reconoce a S. M., y le pide ser relevado de tan gran Empresa, por verse incapaz de mandar tan gran escuadra. Pero don Felipe II sabedor de los altos señores que van en la expedición, le obliga a tomar el mando, para evitar que estos grandes soldados abandonen la escuadra. Esto en sí, fue el principio del gran problema que sufrió la Empresa contra Inglaterra.

Cuando se hizo cargo el duque de la expedición, está ya estaba formada por las Escuadras de Portugal, Castilla, Vizcaya, Guipúzcoa, Andalucía, Levante, la de Urcas, la de Pataches y Zabras, la de Galeras y la ligera de las Carabelas. En la capitana de la escuadra de Andalucía iba de jefe de ella don Pedro, con la nao de construcción cantábrica Nuestra Señora del Rosario, una potente nao construida en 1585, con mil ciento cincuenta toneladas y se le denomina nao, cuando realmente era un galeón, pero menos armado que estos por ser un buque mercante, propiciando con ello llevar poca artillería pero mucha más infantería, como era el caso.

(Hay que destacar aquí, que la escuadra de naos de Andalucía la componían quince buques, eran los mejores de los veinticinco que el pirata Drake no se atrevió a atacar cuando su asalto a la ciudad de Cádiz el año anterior de 1587, todo porque al atacar el inglés, los buques se lanzaron cables que por medio de los cabrestantes de las anclas, consiguieron formar mediante esta táctica una verdadera muralla, lo que con total seguridad al pirata no le pareció oportuno atacar a tan formidable fuerza unida.)

En la escuadra iban marinos de la talla de don Juan Martínez de Recalde, don Miguel de Oquendo, estos como ayudantes expertos de la mar del Duque, más don Pedro de Valdés, Hugo de Moncada, Alonso de Leyva, Martín de Bertendona, etc. etc. La escuadra zarpó de Lisboa el 18 de mayo de 1588. Pero al salir de puntas arrumban al Sur, por ser los vientos contrarios, tanto que solo pudieron variarlo al Norte al estar a la altura del cabo de San Vicente, ya con buen rumbo volvieron a pasar por el paralelo de Lisboa y el 3 de junio estaban a la altura del cabo de Finisterre.

En ese momento se declara una epidemia de disentería, por lo que Medina Sidonia ordena que los buques que llevan el agua corrompida regresen a la Coruña y la repongan, así como a los enfermos, mientras la escuadra continuara rumbo del Canal a medio trapo, para dar tiempo a que se les una el resto, pero una millas más al Norte, vuelven a rolar los vientos y amenazaban con una gran tormenta, obligando al Duque a dar la orden de virar y buscar refugio en la Coruña, aprovechando esta escala para reponer todos la aguada y descansar las tripulaciones, pero este hecho fue contrario a la voluntad, pues volvieron a zarpar de la Coruña el 12 de julio, lo que había representado un poco más de un mes de tiempo para que los enemigos se pudieran preparar a conciencia.

También se perdieron muchos hombres, no tantos por fallecimiento, si no por huir de lo que estaban viendo que les esperaba, por lo que se llevó a efecto un reclutamiento forzoso de gallegos, de ellos muchos no habían estado nunca en la mar, pero era gente de mucha más confianza. Así el 15 siguiente ya están embocando el Canal, momento en el que el viento vuelve a rolar está vez del Oeste, por lo que los arrojaba contra la costa francesa, tanto es así que se desordena la escuadra, ya que la diferencia de buques y portes, le obliga a cada capitán a tomar sus decisiones para no irse al fondo. Pasó el temporal y a los días volvió a reunirse la escuadra, poco a poco fueron ocupando su lugar en el dispositivo marcado de antemano.

 Dibujo representando la posición inicial de las escuadras de la Gran Armada a su paso por el canal de la Mancha.
Dispositivo Gran Armada.
Retocado por Todoavante.

La escuadra penetro en el Canal como si fuera una muralla con una navegación que impresionaba a todos, en vanguardia de aviso la escuadra de naves ligeras, al mando de don Antonio Hurtado de Mendoza, por capitana la nao Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza; le seguían las cuatro galeazas al mando de don Hugo de Moncada en la San Lorenzo; comenzaba el cuerpo fuerte, a distancia le seguían formando tres cuerpos principales en la vanguardia, con el ala derecha al mando de don Juan Martínez de Recalde dividido a su vez en dos partes, una con quince naos gruesas y galeones, con capitana en el San Juan, la segunda de trece naos menores, detrás de ellos navegaban seis urcas y cuatro pataches, como reserva al mando de Juan Gómez de Medina, en la Gran Grifón; la segunda parte del ala derecha iba el galeón del Gran Duque de Toscana, capitaneado por don Gaspar de Sosa, con doce naos divididas en dos grupos de seis y como retaguardia cinco zafras; en el centro iba el galeón San Martín con don Alonso Pérez de Guzmán, con treinta naos en tres divisiones, la primera de dieciocho con el galeón San Mateo en su centro, a la derecha de éste la capitana de Leyva en La Rata Coronada y a la izquierda el galeón San Luis. Detrás del centro iban los ocho galeones del mando de don Pedro de Valdés, con capitana en el Nuestra Señora del Rosario, y a continuación veinte carabelas para aviso y refuerzo de tropas del centro. El ala izquierda al mando de don Miguel de Oquendo, con su nao Santa Ana en la parte izquierda el galeón San Marcos en el centro en el que iba don Francisco de Bobadilla y como segunda parte como jefe don Diego Flores de Valdés, en el galeón San Cristóbal y la escuadra de Levante al mando de don Martín de Bertendona, en la nao La Ragazona. El resto de unidades de estas escuadras, iban a retaguardia de ellas dejando en el centro a la escuadra de transporte formada por urcas resto de buques menores y para poder ocupar el puesto de algún compañero que fuera dañado o se perdiera.

El momento crucial del encuentro se produjo el jueves 10 de julio (estos datos son del calendario gregoriano, lo ingleses aún tardarían casi ciento setenta años en adoptarlo, por eso en las fuentes británicas, este día era el sábado 20 de julio), cuando se encontraron frente Plymouth sin ver ningún buque enemigo, lo que llevó a Recalde, Oquendo y Bertendona intentar convencer al Duque de atacar este puerto tan principal, pues si lograban entrar podrían dar buena cuenta de sus enemigos, lo que a su vez dejaría el paso franco al desembarco, pero Medina Sidonia seguido de don Pedro fueron poniendo impedimentos y al final el Duque, se reforzó con la orden de Rey de no atacar si no le atacaban, pues su misión principal era dar escolta a los Tercios de don Alejandro Farnesio. (Aquí se perdió la ocasión de oro, ya que aunque bien protegido el puerto era factible desbordarlo y dentro estaba lo mejor de la escuadra inglesa, ya que estaban esperando pasara la española para atacar como los traidores, por la espalda, en este caso por las popas)

Entramos quizás en un punto oscuro del porvenir de la expedición cuyo protagonista fue don Pedro de Valdés, cada autor dice y otro le desdice con feroz desencuentro de las letras. Después de leer varios libros y sobre todo documentos, hemos llegado a una conclusión, que a pesar de ser algo dudosa es por los hechos la más factible que cabe, para ello trataremos de explicarnos lo mejor posible.

Unas líneas más arriba hemos dicho —en el ala izquierda algo más retrasada que el centro, al mando de Juan Martínez de Recalde, con veinte buques de las escuadras de Andalucía y Vizcaya—. Pero al mismo tiempo en ese ala izquierda, se dividía al igual que la derecha en las dos escuadras, así la de don Pedro de Valdés al mando de la de Andalucía, formaba a la derecha y a su izquierda la de Juan Martínez de Recalde con su capitana el galeón San Juan, con la de Vizcaya. La formación adoptada era la vieja y clásica de las galeras, (muy poco apropiada para buques con artillería en las bandas), es decir, que cada una mantenía a cinco buques en línea de frente, con sus compañeros a su banda diestra y la escuadra de Guipúzcoa al mando de Miguel de Oquendo, capitana nao Santa Ana con el mismo dispositivo, pero algo más alejados de su ala derecha de Valdés, por lo que éste quedaba casi sin posibilidad de movimiento, dado que detrás del centro, iban los buques menores solo protegidos por los grandes buques del resto de las escuadras a su retaguardia, lo que hacía my complicado (por no decir imposible) salir de la formación y poder prestar ayuda a otro buque que la necesitara.

Y precisamente esto es lo que pasó: Estaba arribando el galeón San Salvador de la escuadra de Oquendo, el cual incomprensiblemente se le había enviado de descubierta, cuando era el buque que transportaba la mayor parte de todos los fondos de moneda para asistir a la escuadra. Sucedió que un buque de la escuadra flamenca porque su capitán no había cumplido una orden superior, se le ordenó regresara a puerto, éste enfadado decidió embarrancar el buque saltando así a tierra la dotación y por un dispositivo de mecha que le llevaba a la santabárbara hizo explosión, esto desorganizó un poco las línea de la escuadra, momento que el almirante Howard, viendo el desconcierto ordena a sus buques atacar la retaguardia española.

Medina Sidonia y Recalde fuerzan vela y se arrumba a impedir que sea capturado el San Salvador, conocedores de su valor. Pero con esta maniobra el centro pierde poder, ya que a ellos les siguen unos cuantos galeones más, lo que aún produjo mayor debilidad en la línea, viendo esto Howard intenta meterse desde la retaguardia por el centro hasta la primera línea, como la escuadra de Valdés estaba más cerca recibe la orden de cortar el paso al almirante inglés, dada su situación (ya explicada) al intentar virar a la diestra aborda a otro buque, lo que le causa graves daños en la proa dificultando mucho que el buque hiciera caso al timón, de hecho el bauprés desapareció e incluida un ancla.

De esta forma en vez de servir de ayuda, pasa a necesitarla. El galeón San Salvador se ha prendido fuego, dándosele remolque se le lleva al centro de la formación, donde los pontones se encargan casi de vaciar al galeón, poniendo así a salvo gran parte del tesoro embarcado, haciendo explosión un tiempo después, pero todos advertidos no causó ningún daño a ninguno. Caso parecido le sucedía al Santa Ana de Recalde, por lo que de nuevo se moviliza todo el centro para prestarle ayuda, pues estaba siendo acatado por siete enemigos, que abandonaron su segura presa al verse venir encima los refuerzos, consiguiendo incluso salvar parte de la artillería y casi toda la tripulación, ya controlado esto el Duque se queda mirando al Nuestra Señora del Rosario de Valdés, que al no poder gobernar bien está siendo arrastrado por la corriente justo en dirección contraria a la escuadra, por lo que a cada minuto estaba más lejos y a su vez más cerca de los ingleses.

Pero el almirante inglés Howard se mantenía a la espera (tenían una gran experiencia en ello), por lo que Medina Sidonia no considera conveniente enviar galeones a ayudarle, ya que imperativamente dejaría huecos en la muralla de defensa. Decide entonces enviar los grandes botes de los galeones más poderosos, pero considera que con dos serán suficientes para remolcarlo, pero la mar del Canal no les permite avanzar como normalmente ocurre, por lo que difícilmente estarían en situación de darle el remolque deseado, se decide y da la orden de regresar, pasando a dar la orden la de ir a por la nao a dos pataches, pero uno de los capitanes viendo a lo que se arriesgaban dejando la formación, se niega.

Viendo esta reacción, le pide consejo a su segundo don Diego Flórez Valdés (eran primos hermanos, don Diego y don Pedro), éste le indica que el buque está ya muy cerca de los enemigos, romper de nuevo la formación ya les había costado dos galeones y éste podría ser el tercero, pero si se iba en su ayuda de forma parcial las pérdidas podrían aumentar considerablemente, diciéndole al final, que lo mejor era perder a esa nao y no a más por salvarla. Medina Sidonia le hace caso y don Pedro se queda solo ante todo el enemigo, siendo Drake con su Revenger, el que le ataca cuando ya la formación española no le puede prestar ninguna ayuda. (Obviamente antes no por el gran peligro) Esta actitud causo un muy alto mal estar en toda la escuadra, don Pedro era querido por muchos y no vieron correcto el proceder del mando, ya que lógicamente todos se sabían abandonados, si era capaz de dejar a su suerte a todo un capitán de una de las escuadras.

 Óleo representando el galeón español San Martín.
Galeón San Martín.
Por E. Farrán. Retocado por Todoavante.

Otro problema es que don Pedro a pesar de llevar una gran nave con dos compañías de un Tercio (sobre trescientos hombres), no le presento combate a Drake y solo al cruzar unos disparos se rindió. Se pueden sacar cientos de conclusiones, menos una, no se rindió por tenerles miedo ni por ser superiores. Si descartamos esto, ya que es imposible pensar de un marino ya fogueado al igual que la infantería que llevaba, solo queda una lógica razón. Al quedar abandonado por su Jefe sin ningún remedio ni ayuda, quedaba demostrado que nada le importaba su persona, su tripulación ni su buque, ya que si conseguía vencer a Drake le sustituiría otro y así hasta que no quedara nadie a bordo o el buque se fuera al fondo. Si a su jefe esto no le importaba, ¿para qué iba él a sacrificar tantas vidas? ¿para qué serviría tanta efusión de sangre?, por lo que decidió arrojar al mar una parte del situado de su escuadra que transportaba en incluso cañones de bronce y se entregaron.

El propio don Alonso Pérez de Guzmán, Capitán General de la Gran Armada contra Inglaterra, nos dice: «La artillería jugó un papel muy importante en los dos campos, pero la enemiga no nos afectó mucho, por disparar desde muy lejos…El San Juan sucumbió solamente al ser atacado por los tres mejores barcos de la flota inglesa…El San Salvador, fue destruido por un acto de sabotaje y no por los cañones enemigos. Aquí los ingleses prácticamente no intervinieron.»

Así el 1 de agosto de 1588 fue apresado junto a todos sus hombres por el marino Drake, quien celebró a su manera la victoria obtenida, pues al abordarlo sin resistencia registraron el buque y encontraron la caja del situado, pero casi vacía, aunque solo hubiera encontrado una moneda le hubiera sabido igual la presa, aparte de la artillería del buque que era de bronce, siendo todo lo que consiguieron, aunque para ellos era mucho, ya que artillería de bronce solo tenían la que capturaban a los españoles. Fue llevado a Plymouth y allí desembarcado, pasando a un castillo para su custodia, siendo bien tratado por su segura alta posición.

El resto de la historia es un cúmulo de desgracias casi personales, todas provocadas por la imposibilidad de regresar por el mismo Canal, viéndose obligados a bojear toda la parte Este y Norte de la isla de Albión y el oeste de Irlanda, con sus más que temidos escoyos en casi toda ella y donde quedaron para siempre la mayor parte de los buques perdidos; lo más importante es que la gran mayoría logro regresar, poniendo de manifiesto el gran conocimiento marino de los capitanes españoles, algo que ha quedado en el olvido de muchos incluidos por desgracia los autores españoles. Una cosa es combatir a los de fuera, pero tener que medirse con los de dentro, causa una desazón indescriptible, pero para ajustar la verdad de la Historia, no nos queda otra.

Para intentar destruir el mito de la gran derrota española por la armada inglesa, aportamos datos recientes que aclaran mucho la verdadera situación de las pérdidas: La escuadra que zarpó de Lisboa estaba compuesta por ciento veintisiete buques, al arribar a Ferrol y zarpar de nuevo quedaron en él las cuatro galeras y una nao de la escuadra de Vizcaya; por accidentes entre los mismo buques se perdieron tres; perdidos en combate, cuatro; por temporales, veintiocho, regresando a la península en diferentes puertos noventa y dos, bien es cierto que los perdidos eran de los más grandes, significando el 39'20 % del tonelaje, regresando el restante 60'80 % a España. (No sabemos dónde está la tan cacareada victoria o derrota, si la comparamos con la visita de Vernon a Cartagena de Indias en 1741, habría para un libro y no pequeño.)

Para lo que otros nos cuentan hay una gran diferencia, pues realmente en combate solo se perdieron cuatro. Añadiendo que desde el principio fue una empresa casi imposible de salir bien, sobre todo que los Tercios de Alejandro Farnesio pudieran cruzar el canal, pues sus buques planos tenían que ser remolcados, impidiendo lanzar cabos a ellos desde los grandes galeones y buques, por no tener acceso dada la falta de profundidad o demasiado calado de los buques de guerra, por esta razón Farnesio nunca movió un dedo para conseguir el salto a la isla, pues no quiso en ningún momento arriesgar el gran valor de esos Tercios. A ello se sumaba el problema de las comunicaciones pues siempre llegaban con días de retraso, convirtiendo casi en un milagro el intento de asaltar la isla. Fue sencillamente una gran demostración de poder que en definitiva no sirvió para nada. Pero tampoco la gran derrota que nos quieren hacer ver.

Bibliografía:

Altoaguirre y Duvale, Ángel de.: Don Álvaro de Bazán. Primer marqués de Santa Cruz de Mudela. Estudio Histórico-Biográfico. Tipografía de los Huérfanos. Madrid, MDCCCLXXXVIII.

Casado Soto, José Luis.: Los barcos españoles del siglo XVI y al Gran Armada de 1588. San Martín. Madrid, 1988. Premio Virgen del Carmen 1988.

Cervera Pery, José.: La Estrategia Naval del Imperio. Auge, declive y ocaso de la Marina de los Austrias. San Martín. Madrid, 1982. Premio Virgen del Carmen de 1981.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Herrera Oria, S. J. Enrique.: Felipe II y el Marqués de Santa Cruz en la Empresa de Inglaterra. Según los documentos del Archivo de Simancas. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1946.

Martínez, Elviro.: Cartas de Felipe II al general Pedro de Valdés. Gijón, 1980. Los manuscritos son propiedad del Archivo del Conde de Revillagigedo.

VV. AA.: La Batalla del mar Océano. Ediciones Turner, 1988-1993, 4 tomos 5 volúmenes.

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