Perdida del crucero Sanchez Barcaiztegui 1895

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En la noche del 18 de septiembre el Comandante General del Apostadero de la Habana, contralmirante don [[Delgado_y_Parejo,_Manuel_Biografia|'''Manuel Delgado Parejo''']] quiso salir a verificar personalmente unos trabajos, para ello ordenó al crucero '''''Sánchez Barcáiztegui''''' se alistara, soltando amarras y dirigiéndose a la bocana de salida, cuando a las 23:40 horas se vieron las luces roja y blanca de un vapor que iba a entrar, el Comandante del crucero dio orden de meter timón a estribor, para darle más espacio acercándose demasiado a la fortaleza del Morro, pero en principio era preferible para que el mercante '''Conde de la Mortera''' pudiera pasar sin agobios.
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En la noche del 18 de septiembre el Comandante General del Apostadero de la Habana, contralmirante don [[Delgado_y_Parejo,_Manuel_Biografia|'''Manuel Delgado Parejo''']] quiso salir a verificar personalmente unos trabajos, para ello ordenó al crucero [[Sanchez_Barcaiztegui_(1877)|'''''Sánchez Barcáiztegui''''']] se alistara, soltando amarras y dirigiéndose a la bocana de salida, cuando a las 23:40 horas se vieron las luces roja y blanca de un vapor que iba a entrar, el Comandante del crucero dio orden de meter timón a estribor, para darle más espacio acercándose demasiado a la fortaleza del Morro, pero en principio era preferible para que el mercante '''Conde de la Mortera''' pudiera pasar sin agobios.
Al realizar la maniobra avisó por pitada del Código internacional de señales de la maniobra, pero el mercante no contestó, por ello ordenó una segunda pitada, el mercante que sí había oído la primera, pero no respondido, interpretó que la segunda era una señal y contestó con otras dos, indicativo en el mismo Código meter la caña a babor, esta giñada era mortal para el crucero pues el abordaje se produciría casi por el centro del buque, quien para evitarlo metió atrás con toda la caña a babor, aún se sumó un factor más en contra, siendo el destino el único que lo puede explicar, pues un fogonero se enredó en ese preciso instante (quizás por la sacudida al producirse el cambio brusco de la inversión de marcha del buque) con la correa de transmisión de la dinamo, esto se tradujo en que aparte de ser lanzado contra la estructura interior, el buque se quedara sin energía eléctrica, ni tan siquiera para las luces de posición, lo que a su vez asombró más al capitán del mercante, quien dio la orden de atrás toda, pero estaba demasiado cerca y el abordaje fue imposible de evitar.
Al realizar la maniobra avisó por pitada del Código internacional de señales de la maniobra, pero el mercante no contestó, por ello ordenó una segunda pitada, el mercante que sí había oído la primera, pero no respondido, interpretó que la segunda era una señal y contestó con otras dos, indicativo en el mismo Código meter la caña a babor, esta giñada era mortal para el crucero pues el abordaje se produciría casi por el centro del buque, quien para evitarlo metió atrás con toda la caña a babor, aún se sumó un factor más en contra, siendo el destino el único que lo puede explicar, pues un fogonero se enredó en ese preciso instante (quizás por la sacudida al producirse el cambio brusco de la inversión de marcha del buque) con la correa de transmisión de la dinamo, esto se tradujo en que aparte de ser lanzado contra la estructura interior, el buque se quedara sin energía eléctrica, ni tan siquiera para las luces de posición, lo que a su vez asombró más al capitán del mercante, quien dio la orden de atrás toda, pero estaba demasiado cerca y el abordaje fue imposible de evitar.

Última versión de 07:51 27 sep 2021



Pérdida del crucero Sánchez Barcáiztegui 1895



 Foto del crucero Sánchez Barcáiztegui.
Sánchez Barcáiztegui.
Colección de don José Lledó Calabuig.

En la noche del 18 de septiembre el Comandante General del Apostadero de la Habana, contralmirante don Manuel Delgado Parejo quiso salir a verificar personalmente unos trabajos, para ello ordenó al crucero Sánchez Barcáiztegui se alistara, soltando amarras y dirigiéndose a la bocana de salida, cuando a las 23:40 horas se vieron las luces roja y blanca de un vapor que iba a entrar, el Comandante del crucero dio orden de meter timón a estribor, para darle más espacio acercándose demasiado a la fortaleza del Morro, pero en principio era preferible para que el mercante Conde de la Mortera pudiera pasar sin agobios.

Al realizar la maniobra avisó por pitada del Código internacional de señales de la maniobra, pero el mercante no contestó, por ello ordenó una segunda pitada, el mercante que sí había oído la primera, pero no respondido, interpretó que la segunda era una señal y contestó con otras dos, indicativo en el mismo Código meter la caña a babor, esta giñada era mortal para el crucero pues el abordaje se produciría casi por el centro del buque, quien para evitarlo metió atrás con toda la caña a babor, aún se sumó un factor más en contra, siendo el destino el único que lo puede explicar, pues un fogonero se enredó en ese preciso instante (quizás por la sacudida al producirse el cambio brusco de la inversión de marcha del buque) con la correa de transmisión de la dinamo, esto se tradujo en que aparte de ser lanzado contra la estructura interior, el buque se quedara sin energía eléctrica, ni tan siquiera para las luces de posición, lo que a su vez asombró más al capitán del mercante, quien dio la orden de atrás toda, pero estaba demasiado cerca y el abordaje fue imposible de evitar.

Murieron, el Comandante general del Apostadero contralmirante don Manuel Delgado Parejo, cuyo cuerpo apareció dos días después, cuando los tiburones habían hecho su macabro trabajo, pues ya no tenía ni brazos ni piernas; Comandante, capitán de fragata, don Francisco Ibáñez y Varela, encontrado al día siguiente con grandes pérdidas de su cuerpo por el ataque de los escualos; el teniente de navío de primera clase señor López Aldazábal, los alféreces de navío don Abelardo Soto y Moreira, García Junco, y el señor Canto, el contador don Gabriel Puello Fernández, a quien se le encontró atado a la caja del buque, dando a entender que no quiso en ningún momento perder lo que por orden debía guardar; el cirujano don Faustino Martínez Díez, quien al ver se quedaba sin luz el buque se dio por enterado de lo necesarios que podían ser sus servicios, por ello a oscuras bajó hasta la dinamo para atender al fogonero y nada se supo de él, quizás fue comido por los tiburones o simplemente quedó encerrado y está en el mismo lugar; dándose la fatal circunstancia de que hasta la salida del crucero había estado en el Magallanes de servicio; el primer maquinista señor Zerzuela más ciento cincuenta y tres hombres de la dotación.

Bibliografía:

Bordejé y Morencos, F. Fernando de.: Crónica de la Marina Española en el siglo XIX, 1868-1898 (Tomo II) Editorial Naval. Madrid, 1995.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

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