Ruiz de Apodaca y Beranger, Jose Maria Biografia

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Biografía de don José María Ruiz de Apodaca y Beranger

Teniente general de la Real Armada Española.

Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III.

Senador del Reino.

Orígenes

Vino al mundo el 12 de octubre de 1788 en la villa de San Fernando, siendo sus padres don Vicente Ruiz de Apodaca y Eliza, y doña Antonia Beránger y García.

Hoja de Servicios

Sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Ferrol el 26 de octubre de 1802, con catorce años y catorce días de vida. Expediente N.º 3.122.

Al aprobar los estudios teóricos se le ordenó embarcar en el navío Miño, zarpando con rumbo a Cádiz, al llegar se le ordenó trasbordar al navío América, realizando un crucero por el Mediterráneo, regresando y trasbordando por orden superior al bergantín Volador, regresando a finales de diciembre de 1804 a Ferrol

El 3 de enero de 1805 embarcó en la cañonera nº 4, a las órdenes de don Cayetano Valdés, quien lo era de todas las fuerzas sutiles de la bahía de Cádiz para su protección, tanto de la ciudad como de su comercio marítimo de cabotaje, permaneciendo hasta el 17 de marzo siguiente, por recibir la orden de trasbordar al navío San Juan Nepomuceno, al mando de su cuñado el brigadier don Cosme Damián de Churruca y Elorza, por ello participó en el innecesario combate naval de cabo de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805.

En este trágico encuentro el navío de 74 cañones San Juan Nepomuceno, llegó a ser atacado por seis enemigos, uno de los proyectiles de cañón arrancó a su comandante Churruca la pierna derecha, ocasionándole la muerte en pocos minutos, pero tuvo tiempo de llamar a su cuñado y decirle: «Dí a tu hermana que muero con honor, queriéndola y amando a Dios.»

Al abordar el buque la dotación de presa fue arriada la bandera de España ya muerto su Comandante, fueron conducidos al puerto del peñón de Gibraltar, siendo una de las pocas presas que pudieron conservar los enemigos.

Los oficiales y tripulaciones fueron bien tratados y algunos como Apodaca, fueron puestos en libertad bajo palabra de no combatir al pabellón británico, mientras no se llegara a un acuerdo de canje oficial.

Al regresar al Departamento de Cádiz se le ordenó no embarcar, hasta que dicho acuerdo fuera finiquitado por las autoridades, estando en esta situación el 9 de noviembre, le fue notificado su ascenso a alférez de fragata, por la promoción general ordenada por el Rey, se le concedió pasaporte para incorporarse a su Departamento de Ferrol, utilizando el medio de postas presentándose el 28 de diciembre siguiente.

Después de disfrutar de una licencia de cuatro meses, se presentó en su Departamento siendo nombrado el 31 de julio Ayudante de arsenales.

El 7 de agosto de 1807 se le ordenó embarcar en el bergantín Descubridor, cruzando por las aguas del Cantábrico hasta julio de 1808, al producirse la invasión napoleónica y los marinos no tener buques, se decidió reforzar a los batallones de la Real Infantería de Marina y del Ejército, por ello estando en Ferrol se incorporó al tercer regimiento Real de infantería, en el ejercito de la izquierda al mando del general Blake, jefe en esos momentos del ejército de Galicia.

Con esta unidad participó en todos los combates que se dieron en esos momentos, entre ellos los de Durango, Zorroza, Solupe, Espinosa de los Monteros, los tres de Lugo, más algunos de menor trascendencia, tiempo después se le concedió las Cruz de distinción de Lugo.

Por Real orden del 23 de febrero de 1809 se le ascendió al grado de alférez de navío, siendo destinado al sexto regimiento de la Real Infantería de Marina, permaneciendo y participando en cuantos combates entró esta unidad, recibió la Real orden del 13 de abril de 1810 con su ascenso al grado de teniente de fragata, siendo nombrado el 15 siguiente segundo capitán de la cuarta compañía del tercer batallón del sexto regimiento.

Estando en ella se le encomendó una comisión para coordinar los esfuerzos militares con nuestros aliados británicos, por ello se desplazó en un buque de esta nacionalidad hasta la ciudad de Londres para entregar unos pliegos al embajador español, al terminar con éxito su misión, regresó por los mismos medios, incorporándose a su unidad y puesto.

El 8 de febrero de 1812 la Regencia ordenó embarcara en la fragata Diana para ser transportado a la Habana, pero unos días antes enfermó y no pudo cumplir la orden, al recuperarse fue destinado ayudante de la Compañía de Guardiamarinas del Departamento del Ferrol.

El 3 de febrero de 1813 embarcó en la fragata mercante Brillante Rosa, zarpando de Ferrol con derrota a la Habana, arribando el 1 de abril, al presentarse se le ordenó embarcar en el navío Santa Ana, encontrándose de depósito de la escuadra, un tiempo después se le ordenó trasbordar a la corbeta Diana, siendo destinada a cruzar por los mares de las Antillas, vigilando especialmente las dos entradas del canal de las Bahamas, hasta el 10 de diciembre por serle otorgado el mando de la goleta Ramona, continuando en la misma comisión, al arribar de uno de sus cruceros se le entregó la Real orden del 5 de junio de 1815, siendo ascendido al grado de teniente de navío.

El 22 de mayo de 1816 recibió la orden superior de trasbordar al bergantín Borja, encontrándose de depósito de la escuadra, pasando a embarcar el 22 de junio en la corbeta Diana, zarpando con rumbo a Veracruz, donde desembarcó participando en el combate de la población de Virneyes, pasando a formar parte de las tropas al mando del brigadier don Ciriaco Llanos, tomando parte el 21 de enero de 1817 en la conquista de Tehuacán y en la del Cerro Colorado.

Por sus esfuerzos, buen hacer y valor demostrados, el Virrey le otorgó el ascenso a capitán de fragata, pero una vez más en la lejanía el Gobierno no estuvo de acuerdo con esta decisión, no siéndole confirmada, como desagravio le concedió el grado de teniente coronel del ejército.

El 6 de junio de 1818 fue elegido por el brigadier Llanos, Mayor General de las tropas destacadas en la Puebla de los Ángeles y de Veracruz, donde permaneció hasta 1821, siéndole concedido por su demostrado valor y buen hacer en su puesto el escudo de Distinción.

Estando en la localidad de la Puebla de los Ángeles, ésta sufrió un ataque con posterior sitio, por espacio de cuarenta y ocho días se mantuvo, pero el 26 de julio de 1821 casi sin hombres ni pólvora, para no aumentar las pérdidas e innecesariamente el sufrimiento de la población, decidió rendirse con unas honrosas capitulaciones, a pesar de ello le costó cuatro meses encontrar los medios para poder transportar a sus hombres a la Habana.

Quedó destinado el 28 de enero de 1822 al apostadero, pasando a la corbeta Ninfa encontrándose en el depósito de la escuadra.

El 11 de diciembre siguiente se le otorgó el mando del bergantín Marte, pasando a realizar comisiones de guardacostas en la parte N. de la isla y las entradas de los dos canales de acceso, en uno de ellos se encontró con una goleta colombiana, armada con diez carronadas y un cañón giratorio, no se arredro ante la superioridad de fuego de la enemiga, entablando combate con ella, después de unas horas de enfrentamiento, la puso en franca huída, no pudiendo darle alcance por su mayor andar, lo cual le quitó el triunfo de poderla apresar, pues se encontraba prácticamente fuera de combate, permaneció en la mar hasta el 15 de enero de 1825, por pasar destinado a la comandancia de marina y capitanía del puerto de Matanzas interinamente, permaneciendo hasta el regreso del propietario el 21 de febrero siguiente.

A su regreso a la Habana fue destinado al depósito de la escuadra, hasta el 7 de septiembre por embarcar en la fragata Sabina como oficial de órdenes del brigadier don Ángel Laborde, zarpando el 19 siguiente con pertrechos de boca y guerra con rumbo al fuerte de San Juan de Ulúa, estando en la derrota el 27 seguido se levantó un fuerte temporal propio de aquellas aguas quedando totalmente desarbolada, pudiendo regresar al apostadero de la Habana el 29 de octubre.

Se le ordenó regresar a la península, para ello embarcó de transporte en el bergantín Vengador, en la derrota se vió envuelto en un combate contra un buque insurgente de mucha mayor fuerza, donde manifiesto su valor, pues poniéndose a las órdenes del comandante del buque realizó una gran labor, dando como resultado que el enemigo se viera obligado, a pesar de ser más poderoso, a abandonar su intención de apresar al español, fondeando en la bahía el 17 de marzo de 1826.

A su llegada a España se le comunicó su ascenso anteriormente denegado de capitán de fragata graduado por Real orden del 25 de agosto, siendo efectivo por otra Real orden del 17 de junio de 1827, ello produjo fuera nuevamente destinado a la isla de Cuba, al llegar fue comisionado el 14 de diciembre para inspeccionar las matrículas de las provincias de Trinidad de Cuba y Puerto Príncipe, regresando el 28 de julio de 1828, siendo destinado al depósito de la escuadra.

El 7 de febrero de 1829, se le destinó interinamente Comandante de marina de San Juan de los Remedios y de Nuevitas, con el mando en su estación naval, permaneciendo hasta el 5 de febrero de 1830, cesando al llegar su propietario restituyéndose a la Habana, donde se le nombró segundo comandante del navío Soberano, regresando a Ferrol el 29 de julio seguido, se le concedió licencia y pasaporte el 10 de septiembre para desplazarse a la Corte.

Por Real orden del 30 de octubre de 1830 fue ascendido al grado de capitán de navío, ingresando en el escalafón de los Tercios Navales, poco tiempo después fue designado como Comandante de Marina de la provincia de Santiago de Cuba y como capitán de este puerto, tomando el mando el 16 de mayo de 1831, permaneciendo hasta el 13 de marzo de 1837.

Regresó a Ferrol obteniendo licencia y pasaporte por Real orden del 29 de septiembre para acudir a la Corte, siendo exonerado de culpa alguna por los sucesos políticos desagradables en la isla de Cuba ocurridos el año anterior, estando tan conforme S. M. quien firmó la Real orden del 4 de octubre siendo nombrado Secretario de la Junta de Almirantazgo, por otra R. O. del 18 seguido pasó a la clase activa.

Por Real orden del 7 de abril de 1838, se le concede licencia ilimitada para permanecer en el ciudad de Cádiz, encontrándose en la Mancha de regreso a la Corte fue atacada su diligencia por los defensores al trono de don Carlos quienes le hicieron prisionero, obteniendo la libertad a cambio de un buen dinero.

Al llegar regresó a su destino en el Almirantazgo, permaneciendo hasta el 21 de marzo de 1839, por ser nombrado segundo Comandante del apostadero de Filipinas, se desplazo por postas a Cádiz donde embarcó en un buque de comercio, fondeando en Manila el 1 de diciembre siguiente, encontrándose en su destino, por la promoción general del 27 de abril próximo pasado, se le otorgó el ascenso a brigadier, permaneciendo hasta el 2 de abril de 1842, siendo comisionado para pasar una revista a las fuerzas sutiles del archipiélago, al concluirla y entregar su ‹Memoria› permaneció hasta poder embarcar el 1 de diciembre en la fragata particular San Fernando de Manila, arribando a la bahía de Cádiz el 7 de mayo de 1843.

Pasó por Real orden a Madrid, donde se le entregó otra R. O. del 24 siguiente, por ella era nombrado Vocal de la Junta de Gobierno del Montepío Militar, por otra R. O. del 7 de agosto se dispone su regreso a la escala activa, recibiendo otra R. O. del 10 continuo, siendo nombrado mayor General interino de la Armada y por otra fechada el 16 de noviembre seguido se le nombra Comandante de marina del apostadero de Filipinas.

Presentándose en Cádiz el 22 de enero de 1844, zarpando el 1 de junio, para arribar a Manila el 1 de diciembre siguiente. Por Real orden del 2 de febrero de 1845 toma el mando de la comisión hidrográfica del apostadero, por otra fechada el 11 regresa al escalafón de matriculas, el 4 de agosto hace entrega del apostadero a su sucesor, pero éste fallece y debe tomar el cargo sin dejar el anterior de la Comisión el 2 de noviembre de 1847.

Esta acción naval con desarrollo en tierra, fue llevada a cabo el 26 de enero de 1848, siendo personalmente dirigida por el capitán general de las islas el general don Narciso Clavería, estando al mando de las fuerzas navales su jefe el brigadier don José Ruiz de Apodaca, quien enarbolaba su insignia en el vapor de ruedas Reina de Castilla, más los vapores, también de ruedas Magallanes y Elcano, acompañados por todas las fuerzas del apostadero, compuesta por tres bergantines, dos pataches y una división de falúas cañoneras en la expedición contra el nudo de la piratería de aquellas islas siendo la isla de Balanguingue.

Al llegar los buques comenzaron el bombardeo de los fuertes, llamados allí ‹cottas›, después de preparado el terreno habiendo hecho enmudecer a la casi totalidad de la artillería enemiga, en los botes se transportó a las tropas del ejército, quienes desembarcaron y tomaron al asalto el principal de ellos, al conseguirlo los piratas sufrieron un considerable castigo, pero imposibilitados por la falta de medios de poder permanecer en aquella isla, regresaron a Manila.

Los tres vapores de ruedas mencionados, fueron los primeros de España en aquellas aguas y con esta acción demostraron el valor de los buques, al ser patente su valía por no depender de los caprichosos vientos, pudiendo así realizar los movimientos correctos en cualquier momento. El vapor y sus sistemas de propulsión se iban imponiendo.

Como resultado de este triunfo entre otros ascensos merecidos, por Real orden del 3 de mayo se le ascendió al grado de jefe de escuadra.

Al poco tiempo se le ordenó regresar, con la orden de hacerlo lo antes posible presentándose en Madrid el 7 de octubre, permitiéndole S. M. permanecer en la Corte hasta ser destinado, por Real decreto del 8 de mayo de 1849 se le designó Comandante General del Departamento de Cartagena, tomando posesión de su cargo el 3 de junio siguiente.

Al poco tiempo de ascender a general, por cumplir los requisitos S. M. le concedió la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo; por Real orden del 1 de julio de 1852 se le otorgó Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

Por Real orden del 25 de enero de 1853 fue nombrado vocal de la Junta Consultiva de la Real Armada, además sin pérdida del anterior, por Real decreto del 16 de febrero se le entrega la Comandancia General de los cuerpos de Artillería e Infantería de Marina.

Por Real orden del 4 de enero de 1854 es designado consejero Real Ordinario.

Fue activado de nuevo el desaparecido Almirantazgo que a su vez había sido sustituido por la Junta Consultiva de la Real Armada, por ello fue cesado en sus anteriores cargos y nombrado vocal de este nuevo organigrama, por Real decreto del 12 de diciembre siguiente.

En 1856 por uno de los tradicionales conflictos entre organismos, que ya en su día había hecho desaparecer el Almirantazgo, se produjo un nuevo encontronazo entre éste y el Ministerio de Marina, traduciéndose la solución en la orden del Ministro de turno, por la que todos los miembros del Almirantazgo fueran desterrados de la Corte, siendo Apodaca confinado en la ciudad de Cádiz, saliendo de la Corte en febrero de 1856.

Permaneció en esta situación hasta el mes de julio siguiente, por nuevo cambió de Gobierno, siendo llamado a la Corte al volver a ser activado el Consejo Real, pasando a ocupar su puesto como a tal.

Permaneció en su destino hasta el 19 de julio de 1858, por ser designado Ministro del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, al año siguiente se le concedía la Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III.

Por Real decreto del 23 de septiembre de 1861, por rigurosa antigüedad fue ascendido al grado de teniente general, por otro R. D. del 18 de octubre seguido se le nombra Senador del Reino.

Sin pérdida de su anterior nombramiento en abril de 1862, se le designa Vocal del Consejo de Administración y Gobierno del fondo de redención y enganches de los matriculados de mar.

Se le otorgó en 1864 la pensión en la Gran Cruz de San Hermenegildo.

Fue de nuevo designado Consejero de Estado por Real decreto del 5 de febrero de 1865, cesando por ser incompatible en el Supremo Tribunal de Guerra y Marina, donde obtuvo la Presidencia de la sección de Ultramar, por ser un experto en ella.

Desempeñando este cargo, falleció en Madrid el 13 de marzo de 1867, cuando contaba con setenta y nueve de edad, de ellos sesenta y cinco de honrosos servicios a España.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Estado General de la Armada año de 1835. Imprenta Real. Madrid.

Estado General de la Armada para el año de 1847.

Estado General de la Armada para el año de 1850.

Estado General de la Armada para el año de 1853.

Estado General de la Armada para el año de 1854.

Estado General de la Armada para el año de 1859.

Estado General de la Armada para el año de 1861.

Estado General de la Armada para el año de 1864.

Estado General de la Armada para el año de 1866.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

González-Aller Hierro, José Ignacio. La Campaña de Trafalgar (1804-1805) Corpus Documental. Ministerio de Defensa. Madrid, 2004.

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Guardia, Ricardo de la. Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Lledo Calabuig, José. Buques de vapor de la Armada Española, del vapor de ruedas a la fragata acorazada, 1834-1885. Aqualarga, 1998.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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