Salcedo Reguera, Eusebio Biografia

De Todoavante.es

(Diferencias entre revisiones)
Saltar a navegación, buscar
Todoavante (Discusión | contribuciones)
(Página creada con '<br> <center> '''<big><big>Eusebio Salcedo Reguera</big></big>''' <br> <br> '''<big>Jefe de escuadra de la Real Armada Española.</big>''' '''<big>Caballero Cruz de la Re...')
Edición más nueva →

Revisión de 08:26 6 may 2016


Eusebio Salcedo Reguera

Jefe de escuadra de la Real Armada Española.

Caballero Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 1ª clase.

Orígenes

Vino al mundo en la ciudad Departamental de Ferrol el 14 de agosto de 1804, sus padres fueron don Blas Salcedo y Salcedo y doña Ana Reguera y Pillado. Era hijo del capitán de navío don Blas Salcedo, el cual pereció en el naufragio de la división de buques de su mando el 1 de noviembre de 1810, en la ría de Vivero, encontrando su cadáver el 2 abrazado a su hijo Blas Ignacio. En atención a todas estas circunstancias el Rey le concedió dispensa, para sentar plaza de guardiamarina en la Compañía de Ferrol, por ello lo efectuó a la temprana edad de siete años el 6 de diciembre de 1811, un año después del trágico fin de su padre y hermano. Es el único caso hasta ahora conocido por nosotros de ingreso a esta edad. Expediente N.º 3.226.

Hoja de Servicios

Permaneció durante algunos años en la escuela, pues no fue hasta 1819 cuando aprobados todos los cursos se le ascendió al grado de alférez de fragata, recibiendo la orden el 1 de mayo de embarcarse en la fragata Viva, realizando con ella un viaje a Cantabria donde recogió a un convoy que escoltó a Cádiz, zarpando posteriormente para realizar varios cruceros de vigilancia sobre los cabos de San Vicente, Espartel y Santa María.

En enero de 1820 se le ordenó trasbordar a la fragata Mercurio, con la lancha de este buque armada en cañonera, recibió su bautismo de fuego, pues realizó el bombardeo de las defensas de la ciudad de Cádiz al ser invadida por los «Cien mil hijos de San Luis», pasando al Mediterráneo dando escolta a convoyes con destino a los puertos de Alicante, Mahón y Barcelona, de donde regresó a Cádiz escoltando a otro, a su arribada se le ordenó trasbordar a la fragata Pronta, zarpó el 30 de agosto con rumbo a la Habana y Veracruz, siempre dando escolta a convoyes, cruzó el océano en varias ocasiones, trasbordando con la misma comisión al bergantín Voluntario y goleta Galga, arribando a Ferrol el 18 de julio de 1822, donde fue destinado al servicios de brigadas.

El 26 de septiembre siguiente con el grado de alférez de fragata, se le destinó al 6º regimiento de Infantería de Marina, saliendo el 29 siguiente con destino a Lugo, participando en la zona de Monforte de Lemus en la persecución de contrabandistas, al terminar se le envió a tierras de Galicia, pasando poco después con la misma unidad a las Vascongadas.

El 15 de enero de 1823 al mando de una compañía de su regimiento, entabló combate en los campos de Mosaza y Ventas de Armendia, enfrentándose a fuerzas muy superiores que estaban al mando de uno de los cabecillas, Uranga, se batió con ardor y fuerza, pero resultó herido grave en la cabeza, y a la vez un hermano resulto muerto. Por esta acción se le concedió, la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 1ª clase. Parecía el sino familiar, lo habían prohibido embarcados, pero no lo previeron para entrar en combate en tierra y se volvió a repetir la Historia y en el seno de la misma familia.

Recuperado de su herida el 8 de mayo siguiente volvió al combate, poco después fue destinado al apostadero de Ferrol, donde se le confió la construcción de la fragata Iberia, al ser alistada zarpó el 26 de septiembre de 1825 con rumbo a la Habana dando escolta a un convoy con tropas, fondeando en el puerto de destino el 8 de diciembre, pasando incorporado el buque a la escuadra del general don Ángel Laborde, participó en todas las operaciones del momento, sufriendo una nueva herida cuando entre los días 4 a 6 de septiembre de 1826 se desató un huracán que maltrato a todos los buques.

Por Real orden del 29 de marzo de 1827 fue ascendido al grado de alférez de navío, participando en el bloqueo de la escuadra mejicana y en todas las acciones navales que se llevaron a cabo en la isla de Cuba, Cayo Hueso, Veracruz y Cartagena de Indias. El 1 de noviembre de 1828 zarpó de la Habana con rumbo a Cádiz dando escolta a un convoy, al arribar en enero siguiente recibió la orden de embarcar en el navío Héroe, zarpando el 20 seguido dando escolta a un convoy con tropas y derrota a la Habana.

Entre los años 1830 á 1834 permaneció en la Antillas, embarcado sucesivamente en el navío Héroe, fragata Casilda y bergantín Marte, por ausencia de su comandante se le otorgó interinamente el mando de éste último, hasta recibir la orden de trasbordar al navío con el que arribó a la bahía de Cádiz el 22 de junio de 1834. Formó parte de la última dotación del navío Héroe, pasando 1835 y 1836 trasbordando de un buque a otro comenzando por goleta Cristina, bergantín Estatuto, barca Veloz y fragata Perla, con la comisión en todos ellos de guardacostas en las bañadas por el mar Cantábrico. Por Real orden del 20 de diciembre de 1836, se le otorgó el mando de la goleta Ligera, zarpando el 28 de febrero de 1837 con rumbo a la Habana, permaneciendo en la custodia de las costas de la isla hasta el 20 de agosto de 1840, zarpando con rumbo a la bahía de Cádiz, donde al arribar se le responsabilizó de habilitar el navío Soberano, así como de los almacenes depositados en los cascos del Héroe y Guerrero.

Por orden del 3 de marzo de 1841 del Regente, fue nombrado oficial de la Secretaría de la Junta del Almirantazgo, puesto en el que cesó en octubre siguiente por ser destinado al Departamento de Ferrol, donde se le comisionó para verificar el desarme de las fragatas Perla y Cristina. Por Real orden del 7 de julio de 1842 se le otorgó el mando del vapor de ruedas Isabel II, realizando diferentes servicios, recibiendo la Real orden del 23 de noviembre seguido con su ascenso al grado de capitán de fragata.

Al estallar el alzamiento en la ciudad de Barcelona en noviembre de 1842, se le ordenó aplacar a éste, pero como las cosas no eran fáciles, al ser reprimida la sublevación, pidió fuera visto su proceder en Consejo de Guerra por los procedimientos usados, para que observada su conducta fueran sancionados o confirmados, del que salió con todos los pronunciamientos a su favor, haciéndose pública la sentencia del Tribunal para conocimiento del pueblo al ser publicada por Real orden del 26 de mayo de 1843.

El 2 de abril de 1844 se le nombró capitán del puerto de Sevilla, responsabilidad que cumplió hasta el 2 de mayo de 1846, recibiendo la Real orden del 6 de mayo seguido por la que era destinado al Departamento de Cádiz, en el que más tarde se le otorgó interinamente el mando de la fragata Cortés. El 17 de diciembre siguiente asumió el mando el vapor de ruedas Blasco de Garay, pasando a Vigo a tomar posesión de su buque el 14 de enero de 1847, salió con destino a realizar cruceros por el Mediterráneo, en comisión de corso contra los corsarios berberiscos y cumpliendo comisiones militares de apoyo a los presidios norteafricanos, todo ello le llevó a recibir la Real orden del 21 de noviembre seguido distinguiéndole con el grado de coronel de Infantería graduado.

En 1848 por los buenos y gratos servicios prestados en el reino de Nápoles, se le concedió la condecoración de Comendador de número de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III, un tiempo después se le otorgó en propiedad el grado de coronel de Infantería, por los méritos obtenidos en el problema de Denia por los acontecimientos políticos de este año, por Real orden de febrero de 1849 se le ascendió al grado de capitán de navío, cesando en el mando del vapor por ser destinado Capitán del puerto de Matanzas en la isla de Cuba, donde permaneció hasta el 1 de abril de 1851 al recibir la orden de regresar a la península.

Por Real orden del 23 de agosto siguiente se le otorgó el mando del vapor Isabel II, con 16 cañones, realizando varios viajes y desempeñando diferentes comisiones. En abril de 1852 embarcó en su buque en el Grao de Valencia el duque de Montpensier, transportándolo a Palma de Mallorca, Mahón, Villafranca y Génova donde desembarcaron, a su regreso quedó incorporado a la escuadra del brigadier don Joaquín Gutiérrez de Rubalcava, en julio siguiente se le comisionó viajar a Southampton, para embarcar de nuevo al Duque visitando Ferrol, Coruña, Marín, Lisboa y Cádiz, donde desembarcaron tan satisfechos que lo recomendaron a S. M., cesó en el mando del vapor el 12 de noviembre de 1853. En éste año se le destinó como ayudante del jefe de escuadra don Joaquín Bocalán, en la revista que debía pasar al Depósito Hidrográfico, al concluir esta comisión, se le nombró capitán del puerto de la Habana, al mismo tiempo se le otorgó el mando del pontón Villavicencio, donde permaneció hasta recibir el Real decreto del 6 de septiembre de 1855 por el que era ascendido al grado de brigadier y nombrado vocal del Almirantazgo, por ello regresó a la península y viajó a Madrid.

Los vaivenes de la política de la época se pronunciaron, por ello en 1856 se disolvió el Almirantazgo, provocando que todos sus miembros fueran desterrados, a Salcedo le tocó en Ferrol, eso sí, sin menoscabo de su honor ni graduación. Un tiempo más tarde se le designó interinamente como segundo jefe del Departamento donde se encontraba desterrado, permaneciendo en él, hasta que por Real orden se le otorgó el mando del navío Rey don Francisco de Asís.

En julio de 1857 sin abandonar el mando de su navío, embarcó en el vapor Isabel La Católica, por expreso deseo de los duques de Montpensier, a los que acompañó en el viaje que estos realizaron al Reino Unido. Por Real decreto del 11 de noviembre siguiente, se le nombró Director de los cuerpos de Artillería e Infantería de Marina, tomando el mando por las mismas premisas de la Corte el 28 siguiente, en ellos desarrolló una gran labor de mejora de la organización interna. Fueron tan alabadas por todos estas mejoras que enterado el Gobierno le entregó la Real orden del 20 de junio de 1860 con su ascenso al grado de jefe de escuadra y por Real orden del día siguiente se le nombró Comandante General del Apostadero de Filipinas, arribando a Manila el 21 de septiembre siguiente.

En este cargo su inquietud era total, pues tuvo que combatir la piratería que navegaba por las costas atacando a los buques sueltos, para ello se encargaron unos guardacostas y armó buques pequeños, para poderlos seguir por aquellas intrincadas islas, llenas de bajíos que impedían la acción de los grandes buques, además de tomar otras medidas, como atacar el núcleo central de los piratas. Lo que le llevó a planear y efectuar el ataque a éste lugar el 17 de noviembre de 1861, siendo el desembarco-abordaje de la cotta de Pagalungán en la isla de Mindanao, en el que el capitán de fragata don Casto Méndez Núñez se cubrió de gloria y su nombre aquí ganado, le llamó a ser uno de los marinos españoles con más renombre y recordado, porque aquí no quedó todo, pues unos años después sus decisiones le hicieron ganar una fama imperecedera, es curioso anotar que en este asalto participaron, los entonces alférez de navío don Pascual Cervera Topete y don Patricio Montojo y Pasarón, a su vez por este combate fueron los últimos ascendidos por méritos de guerra, no volvió a ascender nadie por este motivo hasta el fatídico año en que ambos al mando de las escuadras de Santiago de Cuba y Manila, corrieron la misma mala suerte. El destino a veces juega muy malas pasadas.

Por su iniciativa comenzaron los estudios hidrográficos del posterior puerto de Subic; más el levantamiento de planos de las islas y sus aguas, de todos estos trabajos se redactaron posteriormente unas «Memorias», todo ello llevado por saber la indefensión en que se encontraba Manila, sin tener protección ninguna por estar totalmente al descubierto de la misma naturaleza. Pero al llevar a cabo todos estos trabajos le maltrataron su salud, dado que a pesar de su alto cargo nunca pudo tener un secretario por prohibirlo la Hacienda Real, viendo que ya no podía desempeñar el puesto con la eficacia que en él era propia, se vio en la necesidad de pedir el relevo, a pesar de ello lo retrasó por pasar a realizar las pruebas de una nueva cañonera diseñada por él y construida en Cavite, con ello avanzó la estación de malos vientos.

Por su modestia y para evitar aglomeraciones, saludos y adioses, nada trascendió de su marcha, pero en prevención de que alguien de los pocos conocedores de la noticia, pudieran haberlo comentado anticipó su embarcó realizándolo a las 24 horas del 19 de mayo de 1863 en el vapor de ruedas Jorge Juan, saliendo de Manila con rumbo Hong Kong. El 23 seguido embarcó en el vapor Alphé de la compañía francesa de mensajerías imperiales, saliendo con rumbo Singapur y punta Gales, donde desembarcaron el correo, volviendo a salir el 10 de junio con rumbo al Mar Rojo, se fue encontrando peor y el 22 al amanecer falleció, encontrándose a la vista del puerto de Adén, donde atracó el vapor.

Sus restos fueron desembarcados, el duelo fue presidido por el capitán del buque y sus oficiales más otros franceses que regresaban a su casa, y su sobrino, el alférez de navío don Ramón Reguera que viajaba como su ayudante, conducidos y enterrados en el atrio de una iglesia católica de la localidad, junto a los de su amigo el general don Manuel Mac-Crohon y Blake, quien había fallecido en su viaje de ida al destino del que venía. Contaba con cincuenta y ocho años de edad, de ellos cincuenta y dos de ejemplares servicios a España.

Entre otras condecoraciones ya citadas, estaba en posesión de Comendador de número de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III. Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel La Católica; Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y la de Comendador de la Real y Militar Orden portuguesa de Nuestra Señora de la Concepción de Villaviciosa.

Otro cuerpo de un español, de los muchos diseminados por todo el planeta, descanse en paz. Y si por alguna casualidad lee esto alguien interesado, no estaría de más intentar que ambos cuerpos, Salcedo y Mac-Crohon fueran repatriados.

Bibliografía:

Ceballos-Escalera y Gila, Alfonso de. Vizconde de Ayala, Ceballos-Escalera y Gila, Luis de, y Madueño y Galán, José María.: Los Marinos en la Orden de San Fernando. Ministerio de Defensa. Madrid, 2011.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1857. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa-Calpe. Tomo 53, 1927, páginas, 188 y 189.

Estado General de la Armada año de 1835. Imprenta Real. Madrid.

Estado General de la Armada para el año de 1846.

Estado General de la Armada para el año de 1847.

Estado General de la Armada para el año de 1848.

Estado General de la Armada para el año de 1850.

Estado General de la Armada para el año de 1852.

Estado General de la Armada para el año de 1853.

Estado General de la Armada para el año de 1854.

Estado General de la Armada para el año de 1856.

Estado General de la Armada para el año de 1858.

Estado General de la Armada para el año de 1859.

Estado General de la Armada para el año de 1861.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

Compilada por Todoavante ©

Herramientas personales
Espacios de nombres
Variantes
Acciones
Navegación
Hª NAVAL de ESPAÑA
Estado Mayor
Ordenes Militares
Flotas
Buques General
De 1248 a 1514
De 1515 a 1700
De 1701 a 1833
De 1834 a 1957
Herramientas